Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


202 de 365

“Un juguete deja de serlo  cuando en vez de  ser un punto de partida, es un punto de llegada” p. 22

IMG_20180720_080247.jpg

Anuncios


201 de 365

“Cerca del anochecer de su segundo día en el agujero, Marc ya había perdido la fe eb la naturaleza humana.”p. 89

Resultado de imagen de el niño que cayo en un agujero


200 de 365

“Aprender y dominar nuevas habilidades es lo que crea  y refuerza las conexiones neuronales , y nosotros podemos estimular el aprendizaje realizando actividades que supongan un reto y rompan con lo rutinario y familiar” p. 92

 

Resultado de imagen de como invertir en su cerebro


“Un genio es un curioso sin límites”

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20180613/4576010399/un-genio-es-un-curioso-sin-limites.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=whatsapp&utm_medium=social

El vector eterno

La categoría humana es inversamente proporcional a la ostentación que se hace de ella, y Isaacson tiene mucha. Es de una humildad que llega a incomodar a su interlocutor cuando reduce su deslumbrante trayectoria en Harvard, Oxford, la dirección de Time, la presidencia de la CNN y sus biografías de genios millonarias en lectores a la casualidad de haber estado allí y haber intentado hacerlo lo mejor posible. En su biografía de Kissinger, lúcida reflexión sobre el poder, ya se intuye que no hay mayor placer que el de crear, el único que complace a Isaacson, que ha mandado mucho, y que la única perfección posible está en buscarla. Nadie es eterno ni perfecto, pero lo que nos hace humanos –y un poco genios– es aspirar a serlo.

Ha sido biógrafo de Einstein, Franklin, Jobs y Da Vinci: ¿qué es un genio?

Lo que todos podemos compartir con un genio es la curiosidad. Son curiosos sin fronteras ni límites más allá de las respuestas que su época les da. No se conforman nunca con lo que saben. Y disfrutan maravillándose e interrogándose ante lo que para los demás resulta evidente.

¿Querer saber rejuvenece y creer saber envejece?

Por eso los genios tienen la curiosidad de los niños inquietos y mantienen esa frescura intelectual toda su vida. Y tal vez por eso también no suelen encajar bien con las estructuras académicas del saber que aspiran a dividirlo para convertirlo en poder.

Da Vinci y Jobs son autodidactas, y Einstein no encajó de niño en el cole.

Y Einstein se pregunta por qué el cielo es azul, igual que Da Vinci. He encontrado esa pregunta en sus notas. Y todos ellos toman apuntes sobre disciplinas que, en principio, no eran las suyas: astronomía, matemáticas, ingeniería, zoología, anatomía, música… Nunca renuncian a preguntarse sin límites.

¿Por qué?

Porque la otra característica del genio es su capacidad de relacionar cuanto, de entrada, parece distinto. El genio sabe intuir los patrones comunes en la belleza del universo. Y encuentran relaciones ocultas en lo existente.

¿Cuando te especializas, te las pierdes?

Profundizar en una materia no es más que trascenderla para aprender otras.

Muchos nos preguntamos de niños por qué el cielo es azul y hoy no somos genios.

Porque dejamos que se agotara la pregunta en sí misma. En cambio, a Da Vinci esa pregunta le lleva a estudiar la matemática de las espirales y hasta su muerte sigue dibujando las inundaciones bíblicas y son espirales y espirales.

¿El poder incentiva el genio o lo mata?

Cuando empecé a escribir en Time, yo disfrutaba del periodismo desde esa frescura e ingenuidad que adquiere quien admite su ignorancia. Preguntaba y aprendía sobre cualquier cosa con el lector. Y eso me hacía feliz.

Pero acabo usted de director de Time y de presidente de la CNN.

Acabé despidiendo periodistas y contratando otros y gestionando a cientos de profesionales.

Tenía usted un inmenso poder.

Pero no lo disfrutaba. Hay profesionales que son buenos gestores y disfrutan de su capacidad de decisión, pero yo, no. Lo malo es que para darte cuenta de lo que de verdad quieres hacer con tu vida a veces necesitas invertir una gran parte de ella en averiguarlo. Y hoy sé que lo mío era descubrir y contar historias.

Usted explica el genio como emanación de una inteligencia colectiva, un equipo.

Todos trabajaban con colaboradores y en equipo, pero no todos disfrutaban liderando equipos. Da Vinci prefiere que sea Verrocchio quien dirija grandes estudios de arquitectos y artistas. Él se divierte creando, pero no en solitario: le encantaba rodearse de colegas.

¿Acaso Steve Jobs no era un gran líder?

Era excepcional creando equipos, pero también muy duro con ellos, y volvía loco a todo el mundo, pero al mismo tiempo sabía sacar a cada uno lo mejor de sí mismo. A sus equipos les hacía atravesar paredes que antes de trabajar con él ni siquiera sabían que existían.

¿Por qué?

Porque cuestionaba lo que creían saber. Les sacaba de su zona de confort. Y la prueba es que escribió un anuncio que lo deja claro: “Para los que no encajan en ningún sitio, los rebeldes, los eternos insatisfechos: para todos los que piensan diferente, porque quienes están lo bastante locos para creer que pueden cambiar el mundo son quienes lo cambian”.

¿Y usted qué es?

Desde luego, no soy un genio, pero sí he sido afortunado al nacer en una familia que me dio la oportunidad de aprender. También le reconozco que nunca fui un rebelde.

Time, en efecto, no cuestionaba el orden.

El caso es que cuando encajas en ese orden acabas escribiendo sobre quienes lo desafiaron para mejorar el mundo. Y me siento muy afortunado de poder celebrar el genio humano y de que alguien me lea.

¿Qué es lo que motiva a un genio?

Ninguno de los que he biografiado se movía por dinero. Querían dinero para hacer cosas, pero no hacían cosas para tener dinero. Da Vinci y su Mona Lisa son un ejemplo.

¿Por qué es la pintura más famosa de la historia del arte?

Precisamente porque es un fin en sí; no un medio. Leonardo no la entrega a quien se la encarga y la cobra sino que se dedica a perfeccionarla el resto de su vida. Y esa genial negación de los propios límites es un anhelo de eternidad que todos los humanos compartimos.

¿La perfección es un vector o su diana?

Un vector que da la satisfacción a quien estudia la vida de sus creadores, de compartir su aspiración a la perfección. El genio mejora día a día, y me gusta pensar que, de algún modo, quien cuenta su vida y la lee, también.

¿Usted sigue mejorando?

He dejado Washington y he vuelto a Nueva Orleans, mi pueblo, porque allí siento que puedo devolver a la comunidad parte de lo que me ha dado. Y es maravilloso.