Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


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El sentido de la vida existe y no tiene nada que ver con la charlatanería

 

 http://elpais.com/elpais/2017/05/11/buenavida/1494509669_387977.html

Poseer un propósito infiere ánimo y convicción, pero también mejora el estado de salud. Hasta sus genes tienen algo que decir…

Como dijo el psicoanalista Erich Fromm, el sentido de la vida no es más que el acto de vivir en uno mismo. Cómo experimentamos cada una de la horas y los días, de los meses y los años, moldea el propósito de nuestra existencia. Y este, a su vez, es el responsable de sentir plenitud. Muy filosófico. Pero es que además, tal y como avalan numerosos estudios científicos, incide en nuestra salud. Hay muchos ejemplos: la investigación dirigida por la psicóloga Mei-Chuan Wang, de la Universidad de Memphis, en el que se dice que que ayuda a reducir el estrés y las tendencias suicidas. O la coordinada por Patricia A. Boyle, del Centro Rush para el alzhéimer de Chicago, que asegura que reduce la incidencia de la enfermedad y el deterioro cognitivo leve en personas mayores. Kim Erich, del departamento de Psicología de la Universidad de Michigan, ha estudiado cómo disminuye el riesgo de infarto en la tercera edad. E incluso favorece que un toxicómano pueda dejar sus vicios, según los resultados obtenidos por investigadores del Centro de Estudios sobre el Alcohol y la Adicción de la Universidad Brown de Providencia (EE UU). Hace muchos, muchos años que la comunidad científica internacional trabaja para ver hasta dónde el estado de la mente influye en el del cuerpo, un pack indisoluble e hiperconectado. Una de las conclusiones más sorprendentes: estar motivado influye hasta en los genes. Así lo asegura Steve Cole, profesor de Medicina y Psiquiatría de la Universidad de California en Los Ángeles, quien, bajo la dirección de la profesora y psicóloga Barbara Fredrickson, de la Universidad de Carolina del Norte, lleva años estudiando cómo reaccionan nuestros genes ante el estrés y cómo sentirnos bien mentalmente incide en el genoma

“Los placeres hedonistas son como calorías vacías: no aportan nada. Todo indica que, a nivel celular, respondemos positivamente a un bienestar psicológico basado en la conexión y el propósito” (Barbara Frederickson, de la Universidad de Carolina del Norte)

Para realizar el estudio, Cole distinguió dos tipos de bienestar psicológico. Uno, vinculado a los eudaimonistas, poseedores de una motivación que da sentido a su existencia; y dos, el hedonista, que básicamente obtiene satisfacción de la constante autogratificación, especialmente a través de la búsqueda y posesión del placer material y físico. De forma inesperada –¿justicia poética o bioquímica?– Cole descubrió que, mientras el perfil genético de los eudaimonistas es favorable a las células del sistema inmune (potencia niveles bajos de inflamación y una fuerte expresión de genes vinculados a anticuerpos), el hedonista se manifiesta de forma contraria: alta inflamación y baja expresión de los genes antivirales y anticuerpos. ¿Cómo puede ser si ambos grupos, en principio, mostraron un mismo nivel de felicidad? Seguramente, opina Cole, la actitud de los primeros les lleva a vivir con más tranquilidad, con todos los beneficios que esto conlleva. Los hedonistas, en cambio, parece que viven con mucha más presión, lo que les acarrea estrés. Y este, entre otros muchos perjuicios, puede dañar los telómeros, los extremos de los cromosomas cuya función es evitar daños en el ADN, haciendo que envejezcan antes. Los placeres hedonistas, concluye Frederickson, son como calorías vacías que no aportan nada y no contribuyen a beneficiarnos físicamente. “Todo indica que a nivel celular el cuerpo responde positivamente al bienestar psicológico basado en el sentido de conexión y el propósito”, resume.

Y usted… ¿qué tipo de motivación tiene?

Aunque todos los indicios científicos apuntan a que tener un propósito en la vida nos beneficia y mucho, es evidente que no todo el mundo se apasiona por las mismas cosas, y que no todas despiertan el mismo grado de pasión ni de bienestar. Según explica el psicólogo Jonathan García-Allen, hay distintas maneras de clasificar las motivaciones. Una es diferenciarlas entre extrínsecas e intrínsecas. “Las primeras son externas al individuo y a la actividad que realiza. Por ejemplo, alguien puede trabajar o estudiar mucho porque lo que le mueve es ganar dinero o el reconocimiento social”, explica. En cambio, la intrínseca procede del interior de la persona, la cual no espera ninguna recompensa externa. “Esto se asocia a los deseos de autorrealización y de crecimiento personal. La experimentan, entre otros, aquellos que trabajan para el bienestar de la comunidad o que forman parte de un equipo deportivo”, observa. También hay motivaciones positivas, en las que la propia actividad es la que genera un estado de bienestar, y negativas que, de forma opuesta, espolean a las personas a emprender una acción para evitar una consecuencia negativa, como puede ser un despido, un fracaso, un castigo o una frustración. Una tercera clasificación las ordena en base a aquello que las estimula: así, se habla de motivación por logro (cuando el fin es el que mueve a la persona a vencer un desafío concreto ante sí mismo), por competencia (si el detonante es ser considerado el mejor realizando un determinado trabajo) y por afiliación (cuando la cooperación y el trabajo en equipo son el principal estímulo).

Lo que importa, de fondo, es comprender que todos nosotros somos susceptibles de sentirnos motivados. Así lo cree el neurólogo y psiquiatra austríaco Viktor Frankl, quien sobrevivió en varios campos de concentración nazis –donde perdió a sus padres y a su mujer–. Una experiencia que le inspiró a escribir El hombre en busca de sentido (Herder). En el libro cuenta, desde el punto de vista de un psiquiatra, que cualquier persona en cualquier circunstancia, aunque sea de sufrimiento extremo, puede aferrarse a una razón para vivir. En realidad no importa lo que esperamos de la vida, decía, sino lo que la vida espera de nosotros (por ejemplo, ayudar a los demás). Fruto de esas reflexiones creó un tipo de psicoterapia, la logoterapia, basada en la idea de que la motivación más importante del ser humano es precisamente esa: otorgar un sentido a la vida en cualquier situación.

El escarabajo pelotero y la rana hervida

“Hay dos tipos de bienestar psicológico: el de las personas poseedoras de una motivación que da sentido a su vida; y el de los hedonistas, que obtienen satisfacción a través del placer físico y material. Éstos podrían tener telómeros más cortos” (Steve Cole, de la Universidad de California en Los Ángeles)

Vic Strecher, profesor y director del programa de Innovación y Emprendimiento Social en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, y experto en las vinculaciones existentes entre el estado psicológico y la salud de las personas, está convencido de que el propósito y el significado que cada uno tenemos de la vida es la esencia de una buena salud. Lo explica en su libro Life on purpose donde, “más allá de las tendencias, las opiniones y las falsas esperanzas de los libros de autoayuda, se explora la increíble conexión entre una vida motivada y las últimas evidencias científicas sobre la calidad de vida y la longevidad”, explica. Strecher, gran comunicador, suele amenizar sus conferencias contando la historia de un animal que le fascina: el escarabajo pelotero. En él se inspira la deidad egipcia Khepri, cuya misión es la de empujar el Sol a través del cielo cada día para salvarlo de la noche y protegerlo hasta la jornada siguiente y que encarna el renacimiento, la transformación y la trascendencia. En la vida real, el escarabajo pelotero es un insecto especializado en transformar porciones de estiércol en bolas rodantes que, con la ayuda de las feromonas con las que las rocía, atraen a las hembras que acuden a ellas para aparearse y depositar los huevos en su interior.

Todos tenemos, dice textualmente, “mierda en nuestras vidas” que podemos transformar en algo bello, así como la capacidad de encontrar una motivación. En sus charlas, además de hablar de las habilidades de esos curiosos coleópteros (¿sabían que son capaces de orientarse en la noche siguiendo el rastro de la Vía Láctea?), suele hacer referencia a la famosa fábula de aquella rana que, en un primer experimento, es introducida en un cazo de agua muy caliente y reacciona dando un salto para huir despavorida. En una segunda ocasión, el mismo anfibio es colocado en una olla de agua fría que se calienta progresivamente, pero, en ese contexto, la rana no reacciona y tras quedar medio adormecida, acaba muriendo cuando el líquido llega al punto de ebullición. Al igual que ella, dice Strecher, muchas personas son incapaces de reaccionar y de cambiar determinadas rutinas a pesar de saber que son dinámicas vitales negativas, incluso susceptibles de causarles la muerte. Es el caso de muchos malos hábitos en el tema de la salud, como fumar, el sedentarismo, la obesidad, la mala alimentación… problemas que conocemos y que nos atacan progresivamente, frente a los cuales, en lugar de saltar, adoptamos una postura de pasividad que acaba por dejarnos bien hervidos.

Y es que los mensajes que nos amenazan constantemente con la enfermedad y la muerte no nos mueven a cambiar, dice Strecher. Atrapados dentro de una especie de castillo emocional –nuestro ego– tendemos a mostrarnos a la defensiva frente a los comentarios ajenos. Derribar ese muro, comenta, es algo que muchas personas consiguen tras una experiencia emocional dolorosa. Él, que ha trabajado con muchos pacientes de cáncer, afirma que ninguno de los que ha sobrevivido ha seguido con su vida de antes: todos han abordado grandes cambios. Él mismo sufrió la pérdida de su hija de 19 años, Julia, a causa de una larga dolencia, tras lo cual decidió romper su propia pared y buscar un nuevo propósito en la vida, uno más importante que él mismo. En su caso, difundir la necesidad de encontrar una motivación y tratar a todos sus estudiantes como si fueran sus propios hijos. Transmitirles, en definitiva, que los estímulos positivos, mucho más que los negativos, son los que nos empujan a luchar. Y que una vez lograda la motivación, la vida es más placentera…y mucho más saludable.

Estar sano es motivador, y estar motivado mejora la salud

Lola Márquez, que ha ejercido como técnica de salud mental en el Ayuntamiento de Sabadell y ahora es profesora y tutora en el posgrado en Coaching Ejecutivo en la Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra, explica que cuando estamos motivados “percibimos que tenemos el control sobre diversos aspectos de la vida, sobre los cuales sentimos que podemos influir. En paralelo, toleramos mejor aquellas situaciones que no dependen de nosotros. Esto nos ayuda a ser más resilientes, más capaces de adaptarnos ante situaciones adversas y salir de ellas transformados en positivo”. En definitiva, tener una o varias razones para vivir nos anima a ocuparnos de nuestra vida en lugar de preocuparnos por ella. Escucharnos es esencial. Es básico conocer nuestros deseos, valores y necesidades para poder seguir hábitos saludables que favorecen la experimentación plena del día a día y convertir aquello que nos limita en oportunidades.

“A partir de un mínimo en el que se cubren necesidades básicas, el incremento del bienestar material no parece tener demasiado efecto en el índice de felicidad de las personas” (Mihaly Csikszentmihalyi, pionero de la psicología positiva)

Según detalla, la motivación depende de varios factores: tendencias genéticas y circunstancias ambientales, estabilidad emocional… Pero también de la adopción de actitudes como la fuerza de voluntad, que se puede aprender y mejorar. Tener algo por lo qué vivir y ser fieles a nuestros valores nos encamina hacia la senda vital que más nos encaja, y eso siempre redunda en una mejor calidad de vida. Sin duda es un proceso a lo largo del cual hay que “hacer espacio en nuestro interior”. Es decir, eliminar lo superfluo y centrarse en trabajar en pro de nuestras íntimas y verdaderas prioridades.

¿Quiere descubrir su propósito en la vida? Busque su estado ‘flow’

Mihaly Csikszentmihalyi , de origen croata y pionero de la psicología positiva centrada en el estudio de los fundamentos del bienestar mental, vivió siendo niño la Segunda Guerra Mundial. Entonces se fijó en las habilidades que los adultos manejaban para lidiar con las tragedias de la guerra. ¿Por qué algunos eran capaces de llevar una vida casi normal, casi alegre, una existencia, al fin y al cabo, digna? Le intrigó averiguar qué es lo que hace a una persona percibir que su vida vale la pena y, tras buscar durante su adolescencia respuestas en la filosofía, el arte y la religión, se decantó por estudiar psicología y se especializó en entender las raíces de la felicidad.

Tras comprobar que a partir de un mínimo en el que las necesidades básicas están cubiertas, el incremento del bienestar material no parece tener demasiado efecto en el índice de felicidad, se interesó en descubrir en qué momento de la vida diaria los humanos se sienten más felices. “Estudié el perfil de personas creativas, artistas y científicos para entender qué les hacía invertir la mayor parte del tiempo en algo de lo que no esperaban conseguir ni fama ni fortuna, pero que sí daba un significado y valor a su existencia”, explicó en una charla TED. Es algo así como un estado de éxtasis que gente de todas las épocas y culturas ha experimentado, un sentimiento tan intenso que incluso la propia existencia pasa a un segundo plano. Cuando nos sumergimos en esos procesos tan cautivadores, olvidamos los problemas y ni siquiera nos acordamos de si estamos hambrientos o cansados. Toda la conciencia, todo nuestro hardware, se invierte en la concentración que necesitamos para hacer eso que nos parece tan motivador y nuestro yo queda en standby. Eso es lo que Csikszentmihalyi llama “el estado de flujo”, el estado flow, en el que lo importante es la tarea no el objetivo. Alcanzar con frecuencia esos estados de fluidez pone en orden nuestro caos interior, nos hace fuertes ante a las adversidades y nos protege de trastornos físicos y psíquicos.

 

Como decía la gran Dory, por ahora el pez cirujano azul más filósofo de todos los tiempos, en la película Buscando a Dory, parece que lo más importante en esta vida es recordar que, pase lo que pase, lo que hay que hacer es…¡seguir nadando! Porque llegará un día en el que moriremos, pero el resto del tiempo estaremos vivos. Y, parafraseando a Wim Hof, un holandés apodado The Iceman por su capacidad de soportar el frío extremo (ha logrado 26 récords mundiales, allá cada uno con sus motivaciones) lo que realmente da miedo no es morir, lo que es aterrador es no poder vivir plenamente, como explica de forma inspiradora, sobre estas líneas, el actor Will Smith, en una charla grabada en vídeo convertida en viral en las últimas semanas. No es para menos…


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Gran Morgado, desde la humildad científica

 

Vivimos en un país y en un sistema educativo donde ni todo el mundo lo hace mal ni todo el que lo hace mal lo hace mal siempre. Tenemos muy buenos profesionales, pero lo triste es que estemos llenando de “neuros” todos los campos del conocimiento, con el peligro de crear una burbuja que un día nos puede estallar en la cara.

Con gran éxito, entre los días 26 a 28 del pasado mes de abril se ha celebrado en Madrid el I Congreso Nacional de Neurociencia Aplicada a la Educación. Más de 600 profesionales de toda España llenaron a rebosar el Teatro Amaya de la capital. Las ponencias celebradas han hecho alusión lógicamente a temáticas pedagógicas y de aprendizaje, pero todas ellas han incluido como denominador común las neurociencias.

La que con muy buena didáctica y mejor semántica impartió José Ramón Alonso Peña, catedrático de Biología Molecular en la Universidad de Salamanca, sobre educación y plasticidad neuronal, concluyó con diez consejos prácticos dirigidos a la audiencia y basados en el conocimiento científico actual sobre el cerebro humano y su funcionamiento. Esos diez acertados consejos, que por ser aquí innecesarios no voy a repetir, tienen todos ellos una característica muy especial: para poder aplicarlos no es necesario saber nada de neurociencia.

Mal andamos los neurocientíficos si lo que trasladamos al mundo de la educación es algo de lo que los educadores pueden prescindir sin perder apenas capacidades. Sería lamentable que la neurociencia se convirtiera, como lo fue la psicología en su día, en una especie de florero para vestir de cientifismo los procedimientos pedagógicos actuales, muchos de ellos fundamentados en una fenomenal tradición secular. Vivimos en un país y en un sistema educativo donde ni todo el mundo lo hace mal ni todo el que lo hace mal lo hace mal siempre. Tenemos muy buenos profesionales, pero lo triste es que estemos llenando de “neuros” todos los campos del conocimiento, con el peligro de crear una burbuja que un día nos puede estallar en la cara. Ya veo a algún ilustrado del futuro reclamándonos dentro de unos años los prometidos milagros del matrimonio de la ciencia del cerebro con los demás saberes.

Quienes crean que los neurocientíficos vamos a decirle a los profesionales de la educación cómo tienen que hacer las cosas se equivocan. Hoy por hoy, lo mejor que puede hacer la neurociencia es explicar por qué funciona lo que funciona y por qué no funciona lo que no funciona. Y no es poco, porque ese conocimiento puede servirle a los maestros y profesores para reafirmarse en los procedimientos que dan buenos resultados y reclamar las ayudas y los medios que les permitan extenderlos y profundizar en ellos. Aunque no vamos a descubrir fórmulas milagrosas para solucionar los problemas de la educación, es cierto que también podemos fundamentar científicamente la falacia de mitos como el muy extendido de que lo único que utilizamos es el 10 por ciento del cerebro o que el cerebro adulto no genera nuevas neuronas. Está bien saberlo, pero, además de fundamentos, ese tipo de conocimiento no añade apenas valor práctico a los profesionales de la educación para ejercer su oficio.

Los neurocientíficos nos asombramos cuando descubrimos cosas como que en la corteza cerebral hay áreas especialmente configuradas para adquirir los sonidos del lenguaje, la poda de sinapsis que se produce en el cerebro durante la adolescencia, los brotes de espinas dendríticas que surgen en el hipocampo cuando memorizamos o las metilaciones del ADN que hacen posible la epigenética y la influencia del ambiente sobre la expresión de los genes, pero ese conocimiento tan específico y particular no debe alimentar nuestra vanidad hasta el punto de hacernos creer que vamos a descubrir con él todos los secretos de complejos espacios educativos donde interactúan múltiples factores biológicos y sociales.

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El hipocampo se encoje con la edad al perder las neuronas parte de sus proyecciones hacia otras regiones del cerebro y eso hace que perdamos capacidad de memoria, algo que ya sabíamos que ocurría sin conocer el por qué. El conocimiento, todo el conocimiento, siempre es bueno y ha de ser bienvenido, pero la vanidad siempre es mala, especialmente cuando se alimenta invadiendo terrenos profesionales que no son el propio. No hagamos de la neurociencia otro mito más de los muchos que hay sobre el cerebro. Acerquémonos al mundo de la educación con humildad, no sólo con la intención de ayudar, sino también con la de aprender, porque muchas veces nuestros estudios de laboratorio parten precisamente de la constatación de lo que ya funciona en la práctica y son otros, y no precisamente los neurocientíficos, quienes lo han descubierto. Aristóteles dijo que en la enseñanza no hay que empezar por el principio, sino por lo que más motiva. Lo dijo sabiendo que lo que motiva emociona, pero sin saber que las emociones activan hormonas suprarrenales, como la adrenalina, que facilitan la formación de la memoria en el cerebro. Hemos aprendido de él tanto o más de lo que él hubiera aprendido hoy de nosotros.

Para saber más: Aprender, recordar y olvidar: Claves cerebrales de la memoria y la educación (Ariel, 2014)


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El cerebro tiene neuronas sociales

 

Sólo se activan en presencia de otros, facilitando el éxito de una tarea

 

Científicos franceses han comprobado que el cerebro contiene neuronas sociales que sólo se activan en presencia de otros, facilitando el éxito de una tarea. Estas neuronas no están presentes sólo en las regiones cerebrales eminentemente sociales, sino que están distribuidas por todo el cerebro. Para una misma tarea, el cerebro no utiliza siempre las mismas neuronas, sino que depende de la presencia o no de un congénere para usar unas u otras.



 


Neurocientíficos franceses han descubierto que el cerebro, cuando tiene que hacer algo, activa neuronas diferentes dependiendo de si hay alguien más en el entorno, confirmando así la existencia de neuronas sociales, informa el CNRS en un comunicado.

Lo han comprobado en investigaciones realizadas con monos, cuyos resultados se publican en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience. Este descubrimiento mejora nuestra comprensión del cerebro social y permite comprender mejor el fenómeno de la facilitación social.

La facilitación social, presente en todas las especies que viven en grupo, llamadas especiales sociales, es la tendencia que tienen las personas a ejecutar mejor tareas simples cuando son observadas por otros, que cuando se encuentran solas. Por ejemplo, en una carrera ciclista, la presencia de otros ciclistas tiende a mejorar el rendimiento de los participantes. El descubrimiento puede explicar esta tendencia, observada desde 1898.

Un desafío mayor de las neurociencias consiste en comprender el funcionamiento del cerebro en su entorno social. La colaboración inédita entre un especialista de la neurofisiología del primate con un especialista en psicología social experimental, ha descubierto la existencia de dos nuevas poblaciones de neuronas en el córtex prefrontal, a las que han calificado de “neuronas sociales” y “neuronas asociales”.

La mayor parte de las áreas cerebrales están asociadas a tareas específicas. Algunas, conocidas por estar especializadas en el tratamiento del aspecto social de las informaciones, constituyen el así llamado cerebro social.

En una investigación desarrollada por Marie Demolliens, Driss Boussaoud y Pascal Huguet, del CNRS, estos científicos propusieron a los monos una tarea en la cual debían asociar una imagen, presentada en una pantalla, a uno de los cuatro elementos presentados en las esquinas de la misma pantalla.

Esta tarea asociativa implica al córtex pre-frontal, pero no a las áreas cerebrales llamadas sociales. Los investigadores registraron la actividad eléctrica de las neuronas en el córtex pre-frontal durante el ejercicio presentado a los monos, durante el cual había momentos en los que estaban acompañados y otros en los que estaban solos.

Aunque las neuronas registradas en el córtex pre-frontal están implicadas principalmente en la realización de la tarea visual motriz, esta investigación descubrió que la mayoría de estas neuronas son sensibles a la presencia o ausencia de otro mono en el momento de realizar la prueba asociativa.


Activación de las diferentes neuronas, sociales y asociales, según la tarea se realiza solo o acompañado. © M.Demolliens. CNRS

Activación de las diferentes neuronas, sociales y asociales, según la tarea se realiza solo o acompañado. © M.Demolliens. CNRS
Solo o acompañado

Comprobaron que algunas neuronas no se activan durante el ejercicio propuesto sino cuando un congénere está presente (de ahí el nombre de neuronas sociales), mientras que otras sólo se activan cuando el mono que realiza la prueba está solo.

Además, descubrieron con sorpresa que cuando las neuronas sociales se activan en presencia de un congénere, el mono que está haciendo la prueba obtiene el éxito con más facilidad. De ahí concluyen que las neuronas sociales están en la base de la facilitación social.

Asimismo, cuando las neuronas asociales se activan cuando el mono está solo, también se facilita el éxito de la tarea, pero no tanto como cuando está acompañado y se activan las neuronas sociales.

Los investigadores han podido comprobar también que si se activan las neuronas sociales cuando el mono está solo, o si se activan las neuronas asociales cuando está acompañado (algo que ocurre pocas veces), el éxito en la realización de la tarea disminuye.

Estos trabajos revelan la importancia del contexto social en el funcionamiento de la actividad neuronal y sus consecuencias en el comportamiento: para una misma tarea, el cerebro no utiliza siempre las mismas neuronas, sino que depende de la presencia o no de un congénere para usar unas u otras neuronas.

Las neuronas sociales, por tanto, no están presentes solamente en las regiones cerebrales eminentemente sociales, sino que están distribuidas por todo el cerebro para permitir la realización de diferentes tareas, ya sean sociales o no.

Esta constatación obliga a repensar el cerebro social, así como algunos trastornos del comportamiento característicos de enfermedades como el autismo y la esquizofrenia.



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María Zambrano: sabiduría del “dejarse ir”

El vuelo de la lechuza

María ZambranoAunque vivieron períodos distintos de la historia de España, podemos inscribir a Miguel de Unamuno y María Zambrano en una línea continua de pensamiento, cuyo cometido principal –aunque no exclusivo– sería el de declarar la cercanía y parentesco directo entre filosofía y poesía, rescatando de un sospechoso y flagrante olvido, institucionalizado en las cátedras de universidad, cierta sabiduría poética que podemos rastrear en los orígenes mismos de la filosofía.

En múltiples ocasiones afirma el autor vasco que el sentimiento del mundo y la comprensión que de él tenemos son, necesariamente, “antropomórficos y mitopeicos”, y que es de la fantasía –y no al revés– de donde surge la razón. Poetas y filósofos son, en este sentido, casi gemelos, si es que no son la misma cosa. En paralelo, ambos autores reivindican el poder cognoscitivo de la metáfora como herramienta original mediante la que nos es permitido percibir el complicado entramado…

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CLAVES DE LA NUEVA EDUCACIÓN PARA POTENCIAR LOS DIFERENTES TALENTOS

 

 

https://ined21.com/educacion-para-potenciar-los-diferentes-talentos/

Webinars, videojuegos didácticos, apps educativas, redes sociales…con Internet se abre una nueva realidad de oportunidades en la que no hay fronteras de espacio y tiempo. Entonces ¿qué nos limita?

La educación dispone de las herramientas más avanzadas para dar respuesta al contexto actual. Sin embargo, aún queda mucho por hacer. El gran reto es aprovechar al máximo las ventajas tecnológicas que tenemos y, sobre todo, cambiar la forma de pensar.

Hoy en día, la educación ya no es una forma de domesticación social para encajar en un mercado ya determinado. Es el camino para despertar y potenciar los distintos talentos de las personas con el objetivo de que puedan alcanzar el equilibrio entre el ser y el hacer.

Es la semilla de los sueños; la base sobre la que se construye una vida elegida por cada persona y donde el sentido de misión se traduce en una aportación de valor al mundo.

La educación  ya no es un trámite, casi obligatorio, para una sola etapa de la vida. Es un acompañamiento perenne a lo largo de todo el camino.  Sus pilares deben ser dinámicos y despertar la curiosidad y la creatividad que se necesita para hacer frente a un mundo incierto, global y competitivo.

Se acabó el imponer una perspectiva fija para hacer las cosas y el dirigir los pasos en dirección al proyecto de otro. Es la hora de dar alas a los soñadores y de ofrecer los recursos para obtener los mejores resultados con las capacidades únicas y valiosas de cada persona.

Por ello, y para dar respuesta a la nueva realidad, se debería apostar por un sistema educativo que incluyera las siguientes claves:

1

Inteligencia emocional

Este concepto, acuñado por primera vez por Peter Salovey y John Mayer (1990) y popularizado por Daniel Goleman (a través de su libro “Inteligencia Emocional”, 1995), hace referencia a la capacidad para gestionar adecuadamente las emociones propias y ajenas. Un término que abarcaría, entre otras muchas habilidades, algunas como la automotivación, la gestión del estrés, la adaptación a los cambios o la empatía. Todas ellas, imprescindibles para hacer frente al mundo de hoy en día.

2

Tecnología

Es la puerta a las oportunidades globales. Integrarla en nuestra vida es la mejor manera de adaptarse a los nuevos tiempos y de hacer brillar los distintos talentos de la persona a nivel mundial. Los que sean pioneros en el uso de la tecnología conseguirán ventajas competitivas frente a quienes  las asumen de forma tardía. Sin embargo, en esta área también es importante educar en su uso, ya que las tecnologías siempre deben facilitar la vida y no convertirse en una fuente de control, estrés o dependencia.

3

Habilidades comunicativas

Actualmente, tan importante es tener talento como saber comunicarlo. Vivimos en sociedades hiperconectadas en las que la comunicación es el eje central de las relaciones. Por ello, es esencial educar en habilidades comunicativas, tanto on-line como off-line, que permitan a las personas dar visibilidad a sus fortalezas y valor diferencial.

4

Innovación

Para poder destacar en cualquier sector hay dos caminos: ser el primero en llegar o bien innovar. Así, en el 99% de los casos será esencial trabajar la capacidad de hacer las cosas de manera diferente al resto. Una destreza muy vinculada con las habilidades propias de la inteligencia emocional.

5

Personal Branding

Trabajar la marca personal sería el resultado de aplicar de una forma práctica las cuatro herramientas anteriores en la carrera de desarrollo personal y profesional de una persona concreta. A través del autoconocimiento, la focalización de objetivos y las habilidades comunicativas, toda persona puede dejar una huella o recuerdo positivo en la mente de los demás y lograr, de este modo, grandes oportunidades. Podríamos definirlo como la estrategia para potenciar los talentos y aprender a comunicarlos con eficacia con el fin de alcanzar nuestras metas o sueños.

Además de trabajar los aspectos señalados, la educación debe ser un reflejo de un nuevo contexto en el que ya no hay verdades absolutas, solo perspectivas diferentes. Es importante trabajar la interdisciplinariedad y el despertar de la curiosidad a través del juego (El País, 2017)1.

La experiencia en primera persona es la mayor fuente de aprendizaje. Porque tal y como apunta  Francisco Mora, referente en neuroeducación, «el cerebro necesita emocionarse para aprender» (El País, 2017). Y, para ello, hay que mantenerlo activo. Ya pasó el momento de memorizar grandes cantidades de información; es la hora de conocer las técnicas para encontrarla, seleccionarla y comunicarla eficazmente en un mundo saturado de datos.

Por último, destacar como las clases interminables deben dar paso a otro tipo de sesiones en las que «los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto…» (F.Mora, 2017).

Estamos en un momento de transición, de convivencia entre lo antiguo y lo nuevo. Pero el futuro cercano viene lleno de oportunidades y con un nuevo horizonte. Porque aprender es conocerse a uno mismo para sacar lo mejor que llevamos dentro y compartirlo de forma valiosa con el mundo.


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LOS 15 CONSEJOS DE CESARE CATÁ A SUS ALUMNOS

 

http://culturainquieta.com/es/lifestyle/item/10465-15-consejos-de-cesare-cata-a-sus-alumnos-el-profesor-que-revoluciona-la-educacion.html

En los últimos tiempos ha aumentado el número de padres que se lamentan por la cantidad de deberes escolares que sus hijos llevan a casa.

Sin embargo, creo que la mayoría de los padres asumiría de buena gana los deberes que les propuso a sus estudiantes el profesor Cesare Catà, quien trabaja en el Instituto de Ciencias Humanas Don Bosco, en la ciudad italiana de Fermo, enseñando Filosofía y Literatura. De hecho, esta inusual lista de deberes ya ha recorrido Italia y ahora está dando la vuelta al mundo.

 

El motivo de tal revuelo es muy sencillo: en vez de indicar lecturas obligatorias y ejercicios, este profesor le aconsejó a sus estudiantes algo completamente diferente, les dio consejos de vida dirigidos a mejorar el bienestar psicológico, alejándose de la clásica memorización mecanicista de contenidos.

Los 15 consejos de vida de un profesor a sus estudiantes para que aprovechen el verano:

1. Alguna que otra mañana, pasea por la orilla del mar en soledad total: mira el resplandor del sol en el agua y piensa en las cosas que más amas. Sé feliz.

2. Intenta usar las palabras nuevas que aprendiste a lo largo del año: mientras más puedas decir, mejor podrás pensar; y mientras más pienses, más libre serás.

3 Lee, todo lo que puedas. No lo hagas porque debes hacerlo sino porque el verano inspira aventuras y sueños y la lectura te dará alas para volar. Lee porque es la mejor manera que tienes de rebelarte y, si necesitas consejos de lectura, no dudes en acudir a mí.

4. Evita las situaciones y las personas que generen negatividad y provoquen una sensación de vacío. Involúcrate en actividades estimulantes y busca la compañía de personas que te enriquezcan, comprendan y aprecien por lo que eres.

5. No te preocupes si te sientes triste o tienes miedo, el verano, al igual que todas las cosas maravillosas de la vida, siembran confusión en el alma. Lleva siempre contigo un diario y escribe cómo te sientes. Si te apetece, lo leeremos juntos cuando comiencen las clases.

6. Baila, sin pena. En todas partes, en la pista de baile o a solas en tu dormitorio. El verano es una danza y sería un desperdicio no bailar a su ritmo.

7. Al menos una vez, disfruta del amanecer. Permanece en silencio y respira profundamente. Cierra los ojos y siéntete agradecido.

8. Practica mucho deporte.

9. Si encuentras a alguien que te guste, díselo con sinceridad y respeto. Si esa persona no te comprende, es que no estaba en tu destino. Si te entiende y te corresponde, entonces camina a su lado; ese verano será inolvidable.

10. Vuelve a leer los apuntes que tomaste en clases: cuestiona los autores y los conceptos e intenta aplicarlos a lo que te sucede.

11. Sé feliz como la luz del sol e indomable como el mar

12. No utilices palabras malsonantes, intenta ser cortés y amable.

13. Ve buenas películas cuyos diálogos hagan resonancia emocional en tu interior, mejor aún si son en inglés porque perfeccionarás el idioma y desarrollarás la capacidad de soñar. No permitas que la película se termine con los créditos, revive esas escenas en tu verano.

14. Aprovecha el sol brillante de las mañanas y las noches cálidas del verano para imaginar cómo será tu vida. Busca la fuerza para no rendirte y haz todo lo que puedas para alcanzar ese sueño.

15. Sé bueno.

 

Cesare Catà reconoce que estos consejos están inspirados en el personaje que interpreta Robin Williams en la película El club de los poetas muertos. De hecho, quizás nuestra educación va necesitando una nueva lavada de cara.

No se trata de olvidarse de las matemáticas, la historia y la física pero sí de comenzar a preocuparnos por algo más allá de los contenidos. Porque amueblarnos la cabeza no significa llenarla de información sino enseñarnos a pensar. Ya lo decía el escritor y poeta italiano Arturo Graf: “excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender”.