Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Los niños del “diente de león” (o de cómo resulta que Winnie the Pooh era un oso resiliente)

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http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2013/05/los-ninos-del-diente-de-leon-o-de-como.html

No penséis que me ha dado un ataque viral y que ahora me dedico a etiquetar a diestro y siniestro a seres reales e imaginarios como resilientes después de estar dándole muchas vueltas a este tema. Y eso que si se analiza la literatura infantil está repleta de protagonistas resilientes que sobreviven en circunstancias terribles, como la pobre Blancanieves que tenía una madrastra perversa cuya maldad perseguía su muerte; o el pequeño Rey León al que la ambición de un tío paterno le dejó huérfano; o la infeliz Cenicientaque vivía con una madrastra y unas hermanas que la rechazaban y humillaban continuamente…
Lo de que Winnie the Pooh es resiliente ni siquiera lo he inventado yo. Lo dice Stefan Vanistendael autor de la famosa casita de la resiliencia (podéis leer sobre ella en la entrada ¡Manos a la obra…construimos resiliencia!), y uno de los autores de referencia en el tema, en un artículo en la Revista Monitor Educador nº 131 (2009).
Habla Vanistendael en dicho artículo de la metáfora empleada por los noruegos con aquellos niños que pueden desarrollarse bien a pesar de tener dificultades muy grandes en su vida a los que les ponen el nombre delos niños del ‘diente de león’. Esta es una planta muy familiar por encontrarse habitualmente en cualquier jardín y en las praderas de cualquier campo. Aunque su flor central es amarilla, al madurar da lugar al famoso molinillo de viento blanco, que todos hemos soplado alguna vez pidiendo un deseo. Resulta curioso cómo de una planta que puede desarrollarse pese a las circunstancias adversas de su entorno, surge este molinillo tan frágil como hermoso.
En este artículo que os comento escrito por Vanistendael no hay párrafo que tenga desperdicio. A continuación transcribo algunos de ellos (lo que no está en cursiva son comentarios míos):
“Las bases de la resiliencia se dejan curiosamente explicar muy bien con la ayuda de un héroe de muchos niños, Winnie the Pooh. Su historia es imaginaria, para niños, pero sin embargo sería válida para los propios adultos.
Dejémonos guiar por Winnie por un instante, muy seriamente.  Parece que Winnie es un osezno solitario, sin familia conocida. Así como todo osezno debe tener padres, no sabemos si se ocuparon de él. Podría haber sido educado en una institución. Sabemos también que no es muy brillante. Winnie se plantea regularmente su falta de inteligencia, pero sin considerarse un desgraciado o caer en la depresión. Su gran amigo Christopher Robin lo quiere mucho, pero a veces trata a Winnie con negligencia. No es muy agradable. ¿Qué futuro hay para un pequeño osezno en estas condiciones?
Winnie siempre nos sorprende porque parece que le gusta su vida. Acepta los límites de su inteligencia. Le encanta inventar pequeñas canciones. En cada situación se plantea la pregunta: ¿qué puedo hacer? Y si piensa que necesita ayuda va a buscarla entre sus amigos. Es muy atento con otros animales del bosque donde vive y, en caso de equivocarse, a menudo es él quien encontrará una solución. Los expertos pueden preguntarse quién le ayuda a salir de tales situaciones. Está bien rodeado, pese a la ausencia de su familia. Una magnífica descripción del mandala de la resiliencia: iniciativa, introspección, creatividad, capacidad de relacionarse, moralidad, humor, independencia. ¿Qué dirían Wolin & Wolin los creadores de este mandala sobre este Winnie resiliente?
Su amigo Christopher cree en él y le ayuda. Le da tareas, ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles, desafíos ni demasiado duros ni demasiado ligeros. A veces Winnie y él deben descubrirlo juntos. Winnie está rodeado de animales que le quieren, cada uno a su manera. A Winnie le gusta participar en proyectos comunes, tiene sus pequeños placeres en la vida, como la miel y la leche condensada. Todo esto se puede concebir prácticamente como un mini tratado de resiliencia. ¿No os recuerda a Grotberg? “Yo tengo…Una o más personas dentro de mi grupo familiar en las que puedo confiar y que me aman sin condicionamientos, es decir, de forma incondicional; una o más personas fuera de mi entorno familiar en las que puedo confiar plenamente; personas que me alientan a ser independiente”… Vínculos afectivos y buen trato por parte de los que son importantes. ¡Miel que alimenta el corazón!
Hay muchos niños en dificultades – y también adultos – que nos dicen en cambio que una vida mejor es posible. La cuestión es: ¿qué podemos construir juntos, con el niño, y con su familia? Un niño, como todos nosotros, se crea en encuentros positivos que están en un marco formal y profesional, también en la red de amigos, de vecinos o de la familia. La importancia de la red social. Lo que mis amigos Sagra e Iñigo del Centro de Preservación Familiar llamarían experiencias cristalizadoras. La resiliencia es un concepto intersubjetivo, sólo puede nacer y desarrollarse en la relación con el prójimo…la importancia de lostutores de resiliencia.
Y como Winnie, hay un niño en todos nosotros, necesitamos por lo menos a una persona alrededor nuestro que quiera nuestro bien, que verdaderamente crea en nosotros, que nos acepte siempre, aunque hagamos tonterías y no esté de acuerdo con nuestro comportamiento.
Como Winnie, cada niño – y cada equipo – necesitará cosas positivas que le aten a la vida:
– proyectos,
– pequeños placeres creados,
– de la belleza,
– de indicaciones y normas,
– responsabilidades según sus posibilidades,
– el contacto con la naturaleza,
– las historias,
–  su propia historia…
Esto es lo que da una sensación de que tu vida tiene sentido. Este principio de sentido en la vida diaria no se debe descuidar. Está bien que este sentimiento esté rodeado de humor y amor, aunque con demasiada atención estos dos conceptos pueden destruir el fin buscado. La importancia de encontrar el sentido, que junto con los recursos internos y los recursos externos forman parte del modelo sináptico Romeu de la resiliencia (¿no, Javier?). Además, amor y humor en su justa medida, como acompañantes en la senda de la vida para encontrar un sentido o una resignificación.
Otros elementos que contribuyen a la resiliencia se incorporan sobre esta aceptación fundamental y sobre este descubrimiento de sentido: el aprendizaje de competencias, la estima de uno mismo, la alegría de vivir y el humor.
Todo esto no es verdaderamente revolucionario. Todos lo necesitamos, hasta en la vida ‘normal’. Pero ahora también sabemos que lo necesitamos especialmente en las situaciones difíciles. Esto supone que cambiemos nuestra visión sobre los niños, los adultos, la vida, que busquemos con inteligencia, con pasión, con paciencia, los puntos positivos que permiten construir algo por encima de los problemas. A su vez supone que nos neguemos a reducir a un niño a sus problemasUn niño nunca es un problema. El niño tiene problemas. Separar la persona de la conducta, reconocer su valor, su dignidad. Alejarnos de visiones culpabilizadoras y focalizar la atención abriendo el objetivo, situando al niño en el centro de su entorno como ser capaz y con fortalezas, en lugar de acentuar sus debilidades o puntos débiles.
 
Este punto positivo puede ser pequeño e insignificante a nuestros ojos, pero para el niño puede significar mucho, como la miel para Winnie. En lugar de ver la vida como un taller donde hay que reparar averías y defectos, deberemos aprender a situarnos en la vida como un niño con elementos de una caja de construcción. Con posibilidades, con metas de crear una construcción resistente. Cada mirada de aprobación, cada gesto de cariño, cada palabra de elogio… constituyen el cemento que va uniendo esas piezas de edificación.
Por lo tanto, poco a poco la resiliencia nos invita a articular la esperanza y el realismo, de acuerdo con la hermosa fórmula del profesor alemán Friedrich Loesel. El realismo y la esperanza son la vida. Si falta el realismo, vivimos en peligrosas ilusiones; si falta la esperanza, podemos caer en la trampa del cinismo que ahoga a la vida.
El ‘diente de león’ crece en lugares sorprendentes e inesperados. Es como un símbolo de  realismo que se une con la esperanza.”  
Como habéis podido comprobar, todo un mini tratado de resiliencia infantil expuesto magistralmente por Vanistendael.
Y ahora soplemos todos imaginariamente uno de esos remolinos de diente de león y pidamos un deseo compartido: que el compromiso social de todos consiga mantener la ilusión y la esperanza de un mundo sensibilizado con la infancia.

 

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