Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Maestros que buscan maestro

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  • Entre las ocho personas que se sientan a esta mesa hay un sistema educativo diferente, mejor en muchos sentidos que el que existe. Son ocho maestros de cuatro generaciones, cada uno en un estadio distinto de la profesión: un jubilado que sigue vinculado a su colegio como voluntario (Eduardo); dos profesores en activo y directores de escuela (María Eugenia y Manuel); dos universitarios a punto de acabar sus estudios para dar clases en primaria y secundaria (Irene y Antonio); un catedrático de universidad que enseña cómo enseñar a los futuros maestros (Rafael); un inspector que supervisa el trabajo que se hace en el aula (José Ramón) y una veterana maestra que ha trabajado una década en la formación del profesorado y ahora es jefa de servicio en la Consejería de Educación (Paqui). Este debate es un cruce inusual (y a veces un choque) de experiencias, expectativas y críticas en torno a la figura del maestro. Todos creen que el sistema orbita alrededor del profesor, piensan que su función se puede mejorar, y con ello, toda la escuela.
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Me gustaría empezar por los más jóvenes. ¿Pensáis que la formación que habéis recibido os ha preparado para ser profesores?

Irene López: En la facultad se da mucha teoría y te enseñan muy bien cómo es la metodología investigativa, pero luego llegas a un colegio y si el profesor que hay lleva su libro de texto y te dice: “Aquí no vas a hacer nada de eso”, te quedas igual que al llegar. Lo más importante son las prácticas, y la formación depende del colegio que elijas. ¿Cuál eliges? ¿Cómo sabes dónde se trabaja de una manera que te sirva para ser mejor maestra? Porque no todos los colegios valen. Sería importante saber qué escuela hace las cosas de una manera diferente a como lo hace el 90% de centros, si durante las prácticas quieres aportar algo nuevo y aprender de los mejores.

Antonio López: Yo estoy haciendo el máster de Secundaria y noto muchas deficiencias. Lo he notado al hacer mis prácticas en un instituto, veo que la responsabilidad es enorme porque tu cometido es formar conciencias críticas, y siento mucha inseguridad delante de los alumnos.

¿Cómo lo veis los docentes? ¿La facultad responde a las necesidades de la escuela?

Rafael Porlán: Evidentemente no. Hay un divorcio tremendo entre la universidad y la escuela. Son dos lógicas paralelas: la primera es más teórica, es la lógica racional de la disciplina, y la de las escuelas es más próxima a la realidad, más fenomenológica. En la universidad se valora muy poco el conocimiento empírico de los maestros, su experiencia. Esta es la única profesión donde los encargados de formar a los futuros profesionales no son los expertos en la profesión. Es un absurdo de partida. Es como si en la facultad de Medicina, los encargados de formar a los médicos no tuvieran ni idea de medicina. La mayor parte de mis compañeros en la facultad de Educación no sabe lo que es una escuela por dentro. ¿Cómo alguien va a formar a otro para que ejerza una profesión de la que no conoce el contexto ni la experiencia diaria? ¿Qué les enseña?

Irene: En la facultad, en Primaria, puedes preguntar a cualquier estudiante… Cuando llega a un aula por primera vez, en las prácticas, no sabe nada, no sabe qué hacer. ¿Qué hago? Entonces coges el libro de texto y te pones a leer, porque no te han enseñado a hacer otra cosa.

Los más veteranos, ¿cuántos años lleváis escuchando la crítica que acaba de hacer Irene?

Paqui Olías: Exacto, este problema está enquistado. Lo decía Antonio, la formación inicial y la permanente no están dando respuesta a las necesidades de la escuela. Los profesores estamos formados en la racionalidad moderna y los niños son postmodernos, no tienen nada que ver con lo que les enseñamos ni cómo se lo enseñamos.

José Ramón Jiménez: Pero, ¿cuál es el perfil profesional del docente? Si no lo sabemos, ¿cómo vamos a hablar de la formación que necesita? ¿Cómo vamos a profesionalizar el trabajo del maestro? Tenemos un sistema absurdo de acceso a la profesión. El profesor actual, excepto en Magisterio, no estudia para ejercer la docencia: estudia Biología, Matemáticas o Literatura… Pero se encuentra con un mercado laboral sin salidas y decide presentarse a unas oposiciones. En estas le vuelven a preguntar por el contenido de sus carreras, como si no fuera suficiente el título que le ha dado la universidad. Le preguntan sobre lo que ha estudiado en vez de sobre lo que tendrá que hacer en un aula. ¿Qué diferencia existe entre mis profesores y los actuales? Probablemente que en aquel tiempo era suficiente con trasladar unos contenidos, y hoy es innecesario, porque los contenidos son muy accesibles gracias a las nuevas tecnologías. Ahora enseñamos en competencias, enseñamos a usar esos conocimientos.

Mª Eugenia Sánchez: Yo he echado de menos siempre que en la universidad no haya maestros impartiendo clases de cómo enseñar. En el sistema tenemos buenos profesores con experiencia para formar a los futuros maestros. Pero en las facultades los planes de estudio están enfocados a lo que yo como profesor puedo dar, y no a lo que las escuelas demandan de mí. Y creo que cuando los alumnos salís de la facultad, no tenéis ni idea de lo que es un aula. Y así es el shock que recibís cuando venís a hacer las prácticas, o cuando sacáis el número uno en las oposiciones y luego no os sirve de nada. Aquí no se hace como en otros países, donde se selecciona al que va a ser maestro no solo por su currículum, sino porque tiene habilidades sociales, un perfil comprometido, porque es participativo en su comunidad y tiene vocación… A las escuelas llega gente que no solo nunca se ha planteado ser maestro, sino que además le dan repelús los niños.

¿Todos aquí estudiasteis para ser maestros por vocación?

Mª Eugenia: A mí me echaron la bronca del siglo cuando dije que quería ser maestra: “Con lo que tú vales y las notas y el poderío que tienes, ¿te vas a meter a maestra?”. Pues precisamente por eso, porque me considero con poderío para enfrentarme a una clase. Pero entonces y ahora el Magisterio era el cajón de sastre para quien no podía acceder, por falta de notas, a la carrera con la que había soñado toda su vida. No tengo un 9 para ser astronauta, así que me meto a profesor. Eso no ha cambiado y sigue afectando a la forma de enseñar.

José Ramón: Es así. La anécdota más recurrente en la profesión es la del viajero en el tiempo que llega del siglo XIX a la actualidad, y no reconocería una calle, una tienda ni un automóvil, pero encontraría una escuela por dentro exactamente igual a como la dejó casi dos siglos atrás.

Manuel Bonilla: Yo trabajo dentro del aula cada día y veo una paradoja: se supone que es la juventud la que trae la savia nueva a la sociedad, en cambio en los colegios es al contrario. Somos los profesores que llevamos más tiempo los que, a través de la práctica, nos embarcamos en nuevos proyectos, en intentar cambiar, y a veces nos encontramos la rémora de que compañeros nuevos que han desembarcado nos dicen: “¿Esto para qué sirve?”. Recuerdo situaciones bochornosas con maestros con esta actitud.

Rafael Porlán: Bueno, también se da mucho la situación al contrario.

Cuando llegaste a tu escuela para hacer las prácticas, Irene, ¿viste que podías aportar cosas nuevas o ya estaba todo estructurado?

Irene: A mí me dejan libertad para que haga o deshaga. Pero a veces te encuentras con profesores que son muros y te dicen: “No, no, esto es así, y tú me puedes fundamentar lo que quieras, que yo llevo 40 años haciéndolo así y va a seguir siendo así”. Eso es otro problema que nos encontramos nosotros los nuevos.

María Eugenia: Creo que pasamos por alto que el elemento fundamental en el que debe estar formado un profesor es la atención a la diversidad. Alguien debe enseñar al maestro a conducir un aula con distintos ritmos de aprendizaje, donde hay niños con problemas especiales para aprender, y su responsabilidad es no dejar a nadie atrás.

Manuel: En atención a la diversidad tenemos un déficit. Nos estrellamos contra un muro, nadie nos ha preparado para solventar los problemas de aprendizaje específicos de un niño. Esto es un muro infranqueable que trae muchas angustias al maestro, y tiene como consecuencia la dejación y la rutina, que es lo peor que puede haber en nuestra profesión.

Irene: Es normal que en atención a la diversidad haya déficit. En la facultad solo hay una asignatura cuatrimestral en cuatro años. Y en educación especial, que se supone que es más especializada en el tema, la atención a la diversidad dura menos de un año. Los futuros maestros de Pedagogía Terapéutica solo van a tener cinco asignaturas de diversidad, ¿cómo van a llegar preparados?

José Ramón: Estoy de acuerdo con Mª Eugenia y Manuel en que la atención a la diversidad debe ser el objetivo fundamental de la formación universitaria del profesor. Pero es curioso. ¿Por qué cuando se ofertan cursos de formación permanente, la atención a la diversidad no es de los cursos más demandados? ¿Por qué no hay demanda si es tan importante? Porque aparte de la formación en la carrera, está la permanente, la que se hace en el desempeño de la profesión, que también es importante.

Paqui: Muchos entienden que esos cursos son para especialistas de Pedagogía Terapéutica, no para cualquier maestro generalista.

Irene: Porque la costumbre hace, y yo lo he visto, que al alumno que te presenta un problema específico de aprendizaje se lo mandas al especialista terapeuta, y ya está, el problema ya no es tuyo.

Mª Eugenia: Es que formarse en atención a la diversidad es como formarse en respirar. Tú convives con la diversidad en clase. En mi centro, primero nos formamos en qué entender por diversidad y en cómo atenderla. No es lo mismo un niño que una niña, un chico que ha iniciado su orientación sexual y otro que no, ni un niño rumano con papeles que otro sin papeles. Esto no se resuelve con un curso de atención a la diversidad de 50 horas. Si tengo un niño que viene de China, aprendo cuatro palabritas en chino para que se sienta un poco más cómodo. No es lo que yo quiera aprender como profesor y entonces lo doy, sino lo que tú necesitas que te enseñe y yo me adapto a tus necesidades.

Con las leyes que tenemos, ¿qué podemos hacer para mejorar la preparación del maestro?

Eduardo Barrera: Sobre la preparación del profesor, es cierto, hay déficit en la formación universitaria y en la posterior, pero también habría que examinar la formación personal de cada maestro. Habría que mirar en las bibliotecas de algunos profesores cuántos libros de educación, de pedagogía o de psicología tienen, o cualquier otro tipo de libro, si es que los tienen. Ahora estoy haciendo una tournée dando charlas a profesores de primaria y ESO, y cuando les pregunto cuál es el último libro que han leído sobre psicología de la educación, o cuántos libros han leído, es imposible.

Paqui: Es cierto que el profesorado en Andalucía tiene muchos déficit. Donde trabajan 123.000 personas es difícil no encontrar fallos, los encontramos ya en un solo claustro. Siempre en un claustro le ponemos nombre y apellido al garbanzo negro, al que estropea el trabajo en equipo de verdaderos profesionales. Todos los que hemos vivido la escuela por dentro lo hemos visto. Es lo que llaman la curva del mal desempeño, a mí aquello se me quedó grabadísimo: es un estudio científico que demostró cómo un alumno de primaria, de 8 a 11 años, durante esos tres años de su vida académica, pierde el 53% de su capacidad de desarrollo personal con un mal profesor. Es literalmente como si el médico no te curara, te enfermara.

Esa idea es para echarse a temblar. Un alumno que desacelera su ritmo de aprendizaje personal al cruzarse con un mal maestro.

Paqui: Sí, pero en Andalucía también tenemos muchas pequeñas Finlandias. Un problema serio del docente es la privacidad: no queremos enseñar lo que hacemos bien, al contrario del médico bueno, que enseña a los demás sanitarios. ¿Por qué no usamos a tan buenos profesores que se están jubilando, como Eduardo, que tienen mucho que enseñar a los nuevos? ¿Por qué no los usamos como mentores, con la experiencia que tienen en el aula, que pueden complementar el trabajo de los jóvenes? Eso se puede hacer y no sería caro. Pongamos acompañamiento de mentores a los alumnos de la facultad, durante cuatro años, que no se pierda el caudal de conocimiento de los mejores docentes. Da pena.

¿Por qué no se han aplicado medidas o leyes para dar cierta estabilidad al sistema educativo?

Rafael Porlán: Llevamos muchísimos años de gobiernos, supuestamente de izquierdas, donde se pretende cambiar el tipo de educación que se hace a largo plazo. Si desde el principio se hubiera llevado un modelo político educativo estable en el tiempo… Porque es incomprensible que aún hoy no haya un modelo de referencia. La educación no se cambia con las leyes, ha habido normas educativas en Andalucía muy avanzadas que no tenían nada que ver con lo que ocurría en las aulas. El currículo que se imparte en las facultades no tiene nada que ver con lo que pasa en las escuelas.

Paqui: La cultura educativa tarda mucho en cambiar, Rafa, pero las leyes ayudan. A veces ayudan, como la norma que regula las comunidades de aprendizaje en Andalucía. Eso está cambiando la cultura de educar, y creo que está cerca de ser el mejor sistema posible.

Rafael: Hay medidas estratégicas que no cuestan dinero y que a largo plazo provocan cambios estructurales, y yo no me preocuparía tanto por el marco legal. Si la cultura escolar no cambia, la escuela y la forma de enseñar no cambiarán nunca. Por ejemplo, si yo digo que para entrar en el sistema escolar voy a primar unas habilidades como profesor sobre ciertos conocimientos, eso condiciona todo el sistema y no cuesta dinero. Y si incorporo a docentes en excedencia como mentores de los futuros maestros, cuesta dinero, pero lo sacamos de otras cosas que se están haciendo y que quizá no sirven para nada…

José Ramón: Estoy de acuerdo con Rafa en que las leyes no cambian la forma de educar. Y es incomprensible que los profesores no vendan lo que hacen, como los médicos. La caja negra de lo que pasa en los colegios es el aula, pero en el aula no entra nadie que no sea el profesor. La inspección andaluza está entrando ahora, pero yo me he llevado mucho tiempo en que entrar en un aula era poco menos que violar el tabernáculo. Sin embargo, en Finlandia o Suecia, entran varios profesores en un aula y ambos ven lo que hace el otro, después reflexionan juntos y a nadie le importa que te digan: ¿no te has dado cuenta de que estos alumnos se han quedado atrás durante la explicación?

¿Por qué a los maestros no les gusta que examinen su trabajo?

José Ramón: El trabajo del profesor es solitario, y hoy día no se trabaja así. Mientras un cirujano tiene una retroalimentación continua, porque está delante del anestesista o del enfermero que le están ayudando y pueden poner cara de espanto si el médico se equivoca, el profesor puede equivocarse sin que nadie le diga que se equivoca. Es sorprendente que en el momento en que la inspección le dice a un profesor: “Vamos a reflexionar sobre los resultados de estos alumnos”, este se lleva las manos a la cabeza. Nadie les ha dicho nunca que deben reflexionar sobre los malos resultados de los estudiantes, porque si hay más del 50% de suspensos en una clase, algo debe estar pasando, ¿no? El trabajo en solitario del profesor es algo que hay que cambiar.

María Eugenia: Yo no recuerdo lo que aprendí en la facultad. Seguro que salí con muchos déficits. Lo que hice fue pegarme al profesor del que creía que podía aprender algo, es lo que hemos hecho todos, y entonces empiezas a chupar y a chupar. Es así, te pegas al maestro que da mejor olor, el que más me sugería con sus prácticas.

Manuel: Sí que se pueden hacer cosas que no cuestan dinero. Recuerdo, cuando empecé en esto, que el horario del profesor eran las horas lectivas y las guardias, y nos pegábamos codazos por ver quién cogía el mejor horario. Y la guardia era contar a ver quién faltaba en el recreo, y si no faltaba ninguno te ibas a casa. En eso se ha avanzado, porque ahora el trabajo es más cooperativo. ¡Qué fácil sería unificar los horarios en secundaria, como lo están en primaria! ¿Por qué no podemos todos tener el mismo horario? Eso no cuesta nada. Que en ese horario haya momentos para el trabajo en equipo y, sin embargo, estamos como al principio, en septiembre nos echamos otro enemigo por pelearnos por el mejor horario.

¿Creéis que la formación permanente debería ser obligatoria, en vez de voluntaria como ahora?

José Ramón: Desde la inspección, hace muchos años que defendemos que los cursos deben ser obligatorios. Un profesor no debe dejar de formarse cuando ha conseguido la plaza, porque la escuela está en constante cambio.

Paqui: Debe ser obligatorio que un profesor en activo participe en cursos de formación en las áreas donde más déficit tiene. Tendría que ser obligatorio, pero los sindicatos, desde luego, se opondrían…

Manuel: Por supuesto, la formación permanente es más que necesaria, debe ser obligatoria, pero regulada. No hay que olvidar que hasta no hace mucho se ofertaba un curso de gastronomía andaluza y todo el claustro se apuntaba, para aprender a cocinar carne con tomate. [Risas]

Paqui: O cómo hacer bien un gazpacho.

Manuel: Exacto. O cómo hacer una guía turística en el pueblo para cobrar los sexenios, mientras los cursos de formación para la atención al alumnado inmigrante se quedan vacíos. Esa es la realidad que hemos tenido en la formación de profesores muchos años.

Irene: Aparte de las leyes y de la obligatoriedad de la formación, lo que necesita el profesor son ganas y creer que se puede hacer algo diferente. Porque tú puedes formar mucho a alguien, pero hay gente que no termina de creer ni de ponerle ganas. Si obligas a formarse a alguien que no tiene ilusión ni ganas, le entrará por un oído y le saldrá por el otro. No creo que el problema esté en las leyes. Ahora hay profesores que están trabajando por debajo de lo que dicen las leyes, y las leyes hablan de muchas cosas que no están ocurriendo en las aulas. Hay maestros que no tienen ganas, y eso debería controlarse. Habría que lograr que haya profesores motivados que quieren innovar. Tienen que creer en un modelo distinto y que ese modelo se puede hacer.

José Ramón: Es difícil creer si no se conoce ese modelo de formación ni lo que se está ofertando. Yo hablo de una formación que debe ser evaluada y que debe tener consecuencias. No me parece que todos los profesores tengan que cobrar lo mismo si están haciendo trabajos diferentes y están rindiendo de manera distinta. Las ganas hay que estimularlas y en un sistema donde cobra igual el que tiene muy pocas ganas, como tú dices, que el que se esfuerza cada día por enseñar mejor… Ese es un sistema muy poco estimulante.

Rafael: ¿Que si la formación del profesor en activo debe ser obligatoria? Las cosas que se hacen por obligación difícilmente calan en la mayoría. Por supuesto, hay ciertas cosas que deben ser obligatorias, porque los estudiantes tienen unos derechos a aprender ciertos contenidos en cierto tiempo, y si hay que formar a los profesores para que cumplan obligatoriamente con esos criterios para formarles, se hace. Pero habría que mantener medidas estructurales. Eso es lo que se hizo en Finlandia: una ley muy sencillita y 20 años aplicándola, con autonomía en los colegios, experimentación en el aula y delegación en las comunidades locales para que sean capaces de llevarla adelante.

Eduardo: Cuando yo criticaba las leyes de educación me refería a la base pedagógica de esas leyes. Todas enfocan la diversidad como problema en el aula, cuando debería ser una riqueza. Si todos fuéramos iguales no aprenderíamos unos de otros. Sacando al alumnado con dificultades del aula, ya sean físicas o psíquicas, no le ayudas a aprender y tampoco aprenden los que se quedan en el aula. A los niños con problemas de aprendizaje no se les segrega, no se les educa en laboratorios separados del aula donde están los demás. Esto no lo tienen interiorizado muchos políticos ni profesores. La formación del profesorado es un problema de los que están en clase, de los que estuvimos y de los que estarán en la escuela.

María Eugenia: Las normas no siempre coartan y oprimen, a veces incluso sirven de guía para convencer al compañero a hacer algo nuevo. A veces nos da miedo dar pasos hacia la innovación, porque creemos que va a venir el inspector a decirnos: “Eso no lo puedes hacer”. Pero si lo fundamentas bien, las puertas están abiertas a la innovación. Nosotros convencimos, empezando desde abajo, de que era necesario meter a un profesor más en el aula. En mi colegio se vio que había una necesidad de un segundo maestro por clase, e hicimos que ellos mismos lo demandaran. Partió de ellos, empezamos por una clase y ahora están en todas. Hoy no entienden que un maestro vaya a estar solo en la clase, igual que no entienden que la directora no pueda entrar en el aula. Yo soy compañera, además de la directora, pero el inspector es aún el inspector. Hay retroalimentación entre nosotros. En mi colegio la formación es obligatoria, pero no se entiende como tal.

Paqui: Este trabajo es más que una nómina, es la predisposición a querer educar, esa empatía con la sociedad que en Finlandia se escanea: allí escanean al futuro docente para ver si ha estado vinculado a una ONG, si participa en la asociación de vecinos, porque entonces sabrá atender a la diversidad del alumnado y no le darán asco las heridas, le darán cariño. A lo mejor necesitamos más responsabilidad colectiva. Claro que la formación del profesor en activo debe ser obligatoria. ¿Es que solo somos funcionarios de por vida? ¿Podemos hacer lo que queramos? ¿Por qué no nos evalúan cada cuatro o cinco años para ver si lo estamos haciendo bien, si merezco o no lo que estoy cobrando, si se ven los resultados en mis alumnos? La educación está ligada a la rendición de cuentas y esta debe estar unida al éxito para todos los estudiantes, para aquellos a los que les resulta fácil aprender y para los que les resulta difícil. A mí me pagan para enseñar a los que no quieren, porque para enseñar a los que quieren ya hay muchos, sobramos. Esos aprenden a pesar de nosotros.

La rendición de cuentas con el profesorado no es fácil. Muchos sienten que cuestionan su trabajo

Eduardo: Es algo fundamental que debemos hacer entre todos, no lo podemos hacer aisladamente, no puede ser que unos maestros evolucionen y otros se estanquen, y el sistema ampare a ambos.

Paqui: Si en mi colegio tengo un 40% de suspensos en Inglés, este año tengo que formar a mis profesores para enseñar mejor en Inglés. Si no rendimos cuentas con los maestros, estamos gastando un montón de dinero y luego la rentabilidad será escasa. Un docente puede decirse a sí mismo que se forma, y el sistema puede decir que tiene 32 centros de formación de profesores y que, por tanto, forma. Pero debemos ver nuestros resultados, y en ellos no puede haber ningún niño al que dejamos atrás porque le cueste más aprender y a mí enseñarle. Para que mi mochila sea más ligera, no puedo decir que ese chaval no vale para estudiar, que vaya a trabajar al campo. Cumplimiento no es decir cumplo, pero miento.

José Ramón: Es un país curioso este, donde entendemos que la educación es muy necesaria, pero la formación no puede ser obligatoria porque entonces nos obligaría. Estamos acostumbrados a no cumplir las leyes que hay que cumplir. Tiene que ser obligatorio y nos tenemos que acostumbrar a que la formación es inherente a nuestra profesión, y para lo que tenemos que hacer y las necesidades que yo tengo como docente. Es increíble que un alumno pueda pasar diez años de escolaridad obligatoria sin hacer una exposición oral en público. Increíble que nadie se lo haya pedido, y cuando vaya a pedir un trabajo, lo primero que le pedirá el empresario es que exponga cómo su biografía se puede adaptar a las características de la empresa o cómo puede defender los objetivos que la empresa plantea.

Irene: Yo sigo pensando que la base para hacer las cosas bien es querer hacerlas. Durante mis cuatro años de carrera he ido a prácticas en colegios sin que me las paguen, quitándome dinero, pagándome el transporte de casa a la escuela, sin que eso me cuente para nada en la nota de la carrera, sin ninguna evaluación… Y aún así lo he hecho, porque he querido y creo que se pueden hacer otras cosas para mejorar. La formación previa de la universidad es nula, pero hay que querer poner un poco de tu parte.

Rafael: Yo quiero ser optimista. Creo que este país va a sufrir un importante meneo, y yo me apunto a ese meneo. La escuela tiene todavía en España un atraso histórico fruto de muchos años del franquismo. También la escuela necesita un cambio con entusiasmo y ahora iniciamos un ciclo de cambio político y social. La educación debe trascender la línea del menor esfuerzo, de profesionalidad reducida, y llegar a una profesionalización amplia y generosa de la labor docente. En esas tenemos que estar todos.

¿QUIÉN ES QUIÉN?

José Ramón Jiménez

Catedrático de Lengua. Exdirector del IES San Isidoro y del Ciudad Jardín. Inspector de Educación desde 1995.

Antonio López

Licenciado en CC. Ambientales. Cursa el Máster de Profesorado en Secundaria para ser docente.

Eduardo Barrera

Maestro jubilado. Exdirector del Colegio Andalucía, en las Tres Mil. Sigue como voluntario en su centro y da charlas a futuros profesores.

Rafael Porlán

Profesor de Didáctica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. Especialidad: Formación del Profesorado.

Irene López

Alumna del último curso del grado de Primaria en la Universidad de Sevilla. Futura maestra. Hace las prácticas en el Colegio Jacarandá.

Manuel J. Bonilla

Profesor de secundaria y director del Instituto Profesor Juan Bautista, de El Viso del Alcor.

Paqui Olías

Maestra durante 23 años. Dirigió el Centro de Formación del Profesorado de Alcalá 13 años. Cuatro años en la Consejería de Educación. Jefa de Servicio de Participación Educativa.

María Eugenia Sánchez

Maestra y directora del Colegio Paulo Orosio. Medalla al Mérito en la Educación 2012.

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