Anna Forés Miravalles

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Philippe Meirieu: “Los niños han olvidado que aprender aporta placer y satisfacción”

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Entrevista al escritor y pedagogo francés Philippe Meirieu: “La crisis educativa puede ser considerada como una oportunidad para que todo el mundo participe en la creación de un nuevo planteamiento educativo.”

Philippe Meirieu durante la entrevista. / Foto: Pablo Ramírez

Philippe Meirieu (Alès, Francia, 1949) es ante todo una eminencia, uno de los referentes de la educación más influyentes de la actualidad. Ha dedicado toda su vida a la enseñanza y al estudio de la pedagogía, desde que en 1985 empezara ejerciendo como profesor en la Universidad Lumière Lyon 2 hasta ser nombrado asesor educativo del gobierno de François Mitterrand, pasando por la dirección del prestigioso Instituto Nacional de Investigación Pedagógica. Su paso por el 50 aniversario de la Escuela de Verano de Rosa Sensat nos permite abordar lo que él identifica como una crisis educativa y los mecanismos necesarios para replantear el modelo actual desde los valores democráticos.

¿Estamos en un momento de crisis educativa y consecuentemente escolar?

Sí, nos encontramos ante una crisis educativa, y esta está unida de alguna manera a los grandes modelos y sistemas que se impusieron en las sociedades occidentales en el pasado. En ellos, a través de la tiranía o de la teocracia se imponía qué debían aprender los niños durante sus períodos escolares. Por ejemplo, en los años 50 en la Unión Soviética no vivían crisis educativas porque el partido único que gobernaba en ese momento era el que decidía qué se debía estudiar. No había ningún tipo de debate.

En cambio ahora, en democracia, el bien común se debe construir. Todo el mundo debe tener derecho a decidir y a participar en el planteamiento educativo. De esta manera, la crisis educativa puede ser considerada como una oportunidad, como una ventaja.

Según el informe Eurostat publicado este año 2015, España tiene la mayor tasa de abandono escolar prematuro en Europa. Un 21,9% de los jóvenes españoles entre 18 y 24 años han decidido abandonar los estudios en 2014. ¿La juventud ha perdido el interés en el saber?

La pregunta tiene una respuesta compleja. Inicialmente podemos explicar lo que está pasando a través de un fenómeno sociológico y antropológico. Según la tradición occidental, hasta los años 50 los hombres sufrían a través del cuerpo, y creían que para alimentar el espíritu era necesario impregnarse de arte, de cultura… En cambio, ahora las sociedades se basan en el bienestar del cuerpo. La interpretación que se da es que solo el cuerpo genera bienestar y el espíritu provoca sufrimiento.

¿La pedagogía tiene parte de responsabilidad?

Sí. En la actualidad no se enseña a los niños que aprender aporta placer y satisfacción. Por este motivo es necesario que los adultos demuestren que el saber comporta placer.

También la escuela selectiva es generadora de este fracaso. La frustración reiterada de los alumnos provoca el abandono de los estudios. Hasta ahora, los gobiernos de las sociedades occidentales no han puesto ni medios económicos ni humanos para ayudar a los jóvenes con dificultades, que son los que están en mayor riesgo de dejar los estudios.

¿La imposición de unas normas y la autoridad han tenido algo que ver en esta pérdida de interés?

Hay que tener claro que el niño para crecer necesita límites y un entorno estable. Creo que, tal y como afirma la filosofía, no hay que decir ni un sí ni un no inmediatamente, sino dar un tiempo para reflexionar. Si se dice sí rápidamente, es una respuesta al capricho; si se dice no, puede suceder lo mismo. Por eso es necesario que los adultos demuestren que para tomar una decisión se necesita un tiempo para pensar, un espacio de reflexión. Explicar a los niños y niñas que las decisiones no son arbitrarias sino que tienen un motivo detrás, es importante para que aprendan a reflexionar sobre sus acciones.

¿Los deberes en casa pueden dificultar la motivación por aprender?

Depende, hay que tener en cuenta distintos aspectos. Por un lado, creo que la escuela no debe pedir algo para hacer en casa que no se haya aprendido previamente en clase. Además, en algunos casos los deberes pueden ser una fuente de desigualdad, porque no todos los niños pueden tener un adulto al lado que les enseñe a realizarlos. En cambio, en el caso de los estudios secundarios y universitarios es importante que el alumno aprenda a trabajar individualmente en casa.

¿Las nuevas tecnologías están impidiendo que los niños y jóvenes se desarrollen y crezcan teniendo en cuenta la presencia del otro?

No hay que demonizarlas. Las nuevas tecnologías son útiles pero se debe aprender a utilizarlas para que no sean una fuente de acoso ni afecten al día a día. El problema al que nos enfrentamos en las redes es que la no presencia del otro impide ver la humillación y el sufrimiento de la persona que se encuentra al otro lado de la pantalla. El acosador no tiene miedo ni remordimiento por sus acciones.

En el caso de los videojuegos, el niño asume que puede matar y que sus acciones no tendrán consecuencias porque el jugador revivirá en la siguiente partida. En muchas ocasiones en las que la adicción al juego o a las redes sociales es muy grande, los chicos tienen dificultades para volver a establecer relaciones personales en el mundo real. Para hacerlo, necesitan ingerir importantes cantidades de otras sustancias adictivas, como el alcohol o las drogas, para perder la vergüenza antes de una reunión social.

¿Cómo puede afectar esta adicción en clase?

En las aulas podemos encontrarnos ante lo que yo llamo un «niño bólido». Un chico incapaz de concentrarse, guiado por impulsos y por la inmediatez de cada momento. No existe reflexión en sus actos, vive en un estado de «subatención» constante en clase. Por eso es importante que los adultos estén presentes para evitar que las nuevas tecnologías se conviertan en un problema para los niños y jóvenes.

¿Cuáles deben ser los objetivos de la educación democrática? ¿Qué tipo de trabajo pedagógico debe llevarse a cabo?

En primer lugar, la educación democrática debe ser accesible, formar en la práctica de la democracia y promover el derecho a las escuelas. En todos los países occidentales se ha demostrado que desde el año 2000 ha habido una regresión en la promoción social, es decir, los chicos de clases más bajas no han podido acceder a ella.
Hay que formar a los jóvenes para que aprendan a dialogar y a trabajar democráticamente. La escuela debe dejar de estar basada en la pasividad y actuar activamente para promover el debate, y enseñar a los alumnos a reflexionar antes de hablar.

Philippe Meirieu durante su conferencia del pasado miércoles. / Foto: Pablo Ramírez

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