Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Un dueto excepcional, M Angélica y Miguel lara

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En esta segunda edición de Duetos queremos contrastar a través del diálogo a dos personas vinculadas al mundo de la Resiliencia por dos caminos muy diferentes. El académico por un lado, y la propia experiencia por otro. Así pues sin conocerse, sin verse, y sin entablar ningún tipo de interacción más que la que la red nos permite, conseguimos que una referente internacional del mundo de la Resiliencia y un educador social que ha experimentado en sus propias carnes la resiliencia se pregunten, se contesten y creen conocimiento para todos los que presenciamos ese encuentro virtual. A Miquel lo conocimos a través de Anna Forés en unas jornadas y nos cautivó. Le presentaron como “crossworker”, un término para referirse a aquellos personas que han experimentado un cambio resiliente en sus vidas y a pesar de no tener formación pueden optar a desempeñar dicho rol. Es educador social y coordinador de 5 centros en Tarragona UEC (Unitat d’Escolarització Compartida). Sin embargo su historia de vida le marca como un hombre que ha tenido que superar momentos muy delicados. Ha sido antiguo usuario de centro de menores, perdió un niño de 3 años ahogado y ahora comparte su tiempo entre su trabajo al lado de menores en situación de vulnerabilidad con su otra pasión que la música a través del grupo SAL150. María Angélica por contra, acude en calidad de formadora e investigadora.  Es Doctora en Filosofía con mención en Desarrollo Infantil, psicóloga, una referencia cuando se habla de resiliencia a nivel formativo y académico. Directora del CEANIM (Centro de Estudios y Atención del Niño y la Mujer).

                                Preguntas de María Angélica Miquel:

Entiendo que tuviste una infancia especialmente difícil y dolorosa. Una vez pasados esos años, ¿qué emociones, sentimientos, ideas y pensamientos se te repiten? Y ¿qué sientes, entonces?  ¿Qué haces con ellos?  
Los puedo mirar como parte de mi pasado pero no como lo que va a determinar mi futuro.
A veces vienen imágenes a mi mente de cuando hacía daño o me hacía daño a mí mismo, robaba, odiaba y agredía a otros sin motivo y consumía drogas y alcohol. Pienso en las cosas que hice bajo los efectos de los fármacos y que mi mente no recuerda. Me doy cuenta de lo afortunado que soy de poder contarlo, ya que muchos otros amigos se quedaron por el camino o sus mentes quedaron trastocadas por los tóxicos.
Considerando lo dolorosa que, debe haber sido tu vida durante la infancia, ¿cómo lograste “saltar, olvidar, seguir viviendo, dejándolos atrás” muchos de esos momentos, episodios dolorosos?  ¿Qué pensamientos se te venían a la mente? 
Aunque sí que hay momentos y situaciones que se van olvidando con el tiempo, hay otras que siempre permanecen ya que no tengo la capacidad de borrarlos de mi mente.
Sí, obviamente, hubo un punto de inflexión en mi vida que me impulsó a dar un giro a la misma, o mejor dicho a mi muerte, ya que me estaba destruyendo a mí y a lo que me rodeaba.
Una noche, a la edad de 19 años, estaba solo en un banquito de una plaza, sintiendo un enorme vacío en mi interior. En ese preciso instante, fue cuando me atreví a preguntarle a Dios si estaba vivo o era un cuento más de esta sociedad. Él me contestó de una forma muy sencilla pero muy personal; en la medida que le iba hablando y abriendo mi corazón pude sentir como me inundaba con su paz, una paz que nunca antes había experimentado. Venían a mi mente todo tipo de pensamientos e imágenes de cómo era yo, de mi maldad, del daño que hacía y me hacía; como una especie de película en mi mente que pasaba rápidamente.

Lloré amargamente durante mucho rato, recuerdo que lloré tanto que las lágrimas me quemaban las mejillas, realmente ahí me arrepentía de mi sucia vida y le pedía una oportunidad de empezar de cero.
De ahí en adelante fue un proceso lento pero seguro hacia la dirección de construir, de amar y esforzarme por lo bueno. No podía parar de pensar que si yo había salido de ese tipo de vida, los demás jóvenes también podrían salir. Descubrí que podía hacer algo bueno por los demás que crecían como yo, en el contexto de barrio, sin muchos recursos ni anhelos para salir adelante.
Tuviste la experiencia de compartir juegos, conversaciones con tus amigos en el barrio, en la escuela?  A partir de lo que conversaban, contaban tus amigos o compañeros sobre sus experiencias en familia, en la escuela o en el barrio, tú las sentías semejantes o distintas a las tuyas? ¿Podrías contarnos al menos una de estas experiencias y qué la hacía diferente?
No me crié en una familia desestructurada, aunque sí me desestructuré yo solito!. Vengo de una familia humilde, donde crecimos 3 hijos, mis dos hermanas y yo. Como experiencia, puedo contar que nunca llegó esa bicicleta que tanto deseaba en el día de reyes, mientras muchos de mis amigos sí la conseguían.
Un año pensé que llegaba, pero en vez de la ansiada bicicleta me regalaron un caballo de  geyperman rígido, aburrido, y además sin jinete. Después de eso robé muchas bicicletas en el conocido pueblo de Salou, a donde me dirigía andando y volvía sobre dos ruedas…
Uno de los estudiosos sobre resiliencia escribe que el arte, la música en especial, es una puerta abierta a la posibilidad de que se produzca un enfrentamiento o la comprensión del dolor que se tiene o tuvo? Para alguien, como yo, que no es especialmente dotada para la música, ¿qué podrías contarnos de cómo crees, entiendes que este proceso ocurra? 
En mi vida la música ha tenido un sentido muy importante como fuente de expresíon que me ayudó a transmitir esos sentimientos y emociones que de otra forma nunca hubiera sido capaz de representar con palabras.
Desde los 15 años comencé a componer canciones y letras sobre aquellas cosas que había dentro de mí. Hoy sigo componiendo junto a mi esposa Rosa i 4 músicos más formamos una banda llamada SAL150.
Acabamos de recibir un premio al mejor album independiente en los premios arpa en México, algo que quizás nunca hubiéramos imaginado, una gran satisfacción y ánimo para continuar haciendo música que hable de esperanza, de no tirar la toalla en las situaciones difíciles de la vida, y de ser capaces de disfrutar de cada momento, sea cual sea la circunstancia.
Tras el dolor que has de haber sufrido con la pérdida de tu hijo, ¿qué te hace capaz de tocar música, de enseñar en la escuela en fin de continuar viviendo? Comentan algunos que frente al dolor no hay que preguntarse por qué a mí, sino para qué, ¿qué lección me deja esta experiencia? ¿Tú piensas qué es así?,  O ¿cómo lo ves, lo piensas, lo sientes tú ?
Hace 28 años que mantengo una relación con Jesús, y el haberle conocido me ha dado conciencia de eternidad, es decir, sé que estamos de paso en esta vida, lo cual hace que pueda disfrutar de una esperanza viva, no ficticia. Cuando nuestro hijo Joan se fue, experimentamos como se desgarraba literalmente nuestro corazón; nunca sentimos un dolor tan fuerte. Teníamos ganas de morirnos, de desaparecer de la faz de la tierra…pero ahí es cuando comprobamos si nuestra fe era genuina o “un rollo religioso”. En medio del dolor nuestra oración como familia ( mío, de mi mujer, y dos hijos más, Anna y Miquel)  fue: ¡Gracias, Dios, por habernos regalado estos  tres añitos a Joan! ¡Sabemos que está contigo y que un día volveremos a estar juntos, seguiremos creyendo en ti y seguiremos amándonos cada día de nuestra vida!
Puedo seguir haciendo música, y ahora más fuerte que nunca, quiero decirle al mundo que hay esperanza, incluso mas allá de la muerte; que tienes que seguir luchando aunque te veas en el túnel más oscuro, porque siempre hay salida.
¿Crees tú que una persona que pasa por un dolor que, pudiese parecerse a lo que viviste en la infancia, tiene una ventaja como educador de niños frente al que no lo vivió? O más bien tiene desventajas?
Creo que no es un requisito indispensable, ya que cualquiera que tenga el deseo de ser educador, con preparación, vocación y voluntad puede serlo y perfeccionarse con la práctica perseverante. Aún así, también creo que cuando una persona atraviesa desiertos en su vida, que causan sufrimiento, es más fácil comprender y ponerse en la piel de otros que están pasando por donde tú pasaste, siempre y cuando haya habido un proceso de sanidad en ti.
Tenemos una canción que se llama “Sobre la lava” que habla de cuando pasamos por momentos difíciles y esas lágrimas producen en nuestros corazones perlas preciosas para que otros también las disfruten, haciendo un símil con la ostra.

 

Ahí es cuando además de ser un resiliente, puedes ayudar a otros a cruzar, que tiende la mano porque por encima de una conducta disruptiva puede ver un corazón que está gritando : ¡Socorro, que alguien me ayude!
                              Preguntas de Miquel a María Angélica:
¿De qué forma se le podría transmitir a futuros profesionales educadores que nunca han tenido una dificultad en la vida o una familia desestructurada, la importancia del afecto además de los límites en su tarea educativa?
Parece difícil que alguien pueda no haber vivido alguna dificultad en su vida,  bien podría ser que la haya borrado para protegerse de ese dolor. Como consecuencia de este no recordar puede ocurrir que el profesional no tenga las herramientas como para comprender o ser empático y así ejercer debidamente su profesión de educador.  Todo trabajo con otros- chicos, grandes, ancianos, jóvenes, adultos – requiere de haber experimentado alguna situación dolorosa.
A mí al menos, este “no recordar”, me llevaría a cuestionarme sobre cuán real es escuchar que no han vivido dificultades!! Desde mi experiencia la pregunta es ¿cómo hemos reaccionado frente a la o las dificultades vividas?. Y aquí hay distintas posibilidades de reacción. Podemos por ejemplo reflexionar sobre lo ocurrido y pensar en alguna estrategia para superarlo. Otra persona puede pensar “no podré enfrentarla”, y también otro piensa no podré enfrentarla y actuare “como si no me importara”. Esto significa que dejo sin resolver la dificultad experimentada. Hay también  otras reacciones, sin embargo,  lo importante es asumir las consecuencias que cada una de estas reacciones tiene más adelante en nuestra vida. Porque sí la tendrá.
A partir de lo dicho, me viene la pregunta ¿cómo alguien que no ha tenido dolor frente a los hechos que le han ocurrido pueda empatizar con alumnos que si lo han sentido?. La empatía, la sensibilidad, la comprensión, son herramientas fundamentales para educar en el área socioemocional, y como hoy sabemos, también cognitiva.
Todo grupo familiar vive momentos difíciles, o no tan difíciles. No es necesario pensar en familias disfuncionales o desestructuradas para suponer que no se sienta al menos malestar. Habrá quienes sientan más malestar que otros dado que las personas somos distintas y las cosas nos afectan de diferente forma.
A nivel personal, he percibido  que la disfuncionalidad surge de las relaciones entre personas, las que son dinámicas.  Las estructuras con las que se organiza una familia dan cuenta de los roles y funciones que tiene cada uno de los miembros y esto significa tener roles y funciones asignadas, lo que en si no es dinámico. ¡Ojo! las estructuras si condicionan las dinámicas. Hablar de estructura dice relación con los roles y funciones que se asignan consciente o inconscientemente a quienes forman parte de este grupo familiar.
Los profesores cuentan con distinto tipo de técnicas o estrategias para trabajar con los alumnos. Previo a definir la técnica a utilizar  es necesario considerar las variables; por ejemplo, edad, el género, la condición socio económica.
Sin duda toda persona tiene recuerdos que los hace sentir alegría, pena, dolor, entre otras emociones. A algunos los ojos se nos podrán llenar de lágrimas y frente al recuerdo de otros nos sonreímos aun estando solos. ¿Están ustedes de acuerdo? Si no lo recordamos como algo que nos ha pasado, pensemos en que le pudo pasar a un cuando jugábamos en el colegio.
En este punto, es, importante contarles que todas las personas reaccionamos de forma diferente ante los estímulos sean internos o que vengan del medio externo, sean alegres o  dolorosos, que nos rodea. Preguntémonos qué le podría estar ocurriendo a alguien que no tiene recuerdos de situaciones adversas. El afecto, tanto como el respeto por los límites  son el arma fundamental!!

Qué consejos y pautas darías a los educadores para realizar una buena y efectiva acción tutorial, que produjera cambios de conducta reales en la personalidad del menor
Qué maravilloso ser educador!!! Ustedes tienen  parte de la vida de la juventud en sus manos. Gran parte del presente y futuro de la humanidad!.  Ahora a creerlo y hacerlo propio!!!
Lo primero y más importante a comunicarles, es lo valiosos que son y el gran e importante rol que tienen hoy y mañana en la sociedad toda! Y cuan ciego estamos los demás de ello!
Pues bien: a ganar confianza y mejorar la auto-imagen que, quizás la sociedad – sin quererlo conscientemente, ha inhibido y/ o disminuido. A ser gran aceptadores, creadores o reforzadores de  sus palabras, sus gestos, su forma de hablar y comunicarse, su forma de mover el cuerpo, sin inhibirlo. No solo son importante las palabras si no también lo no verbal, el mirar, y escuchar sin juzgar y con educar permanentemente. ¡Ojo! ¡¡que son modelos!!!
Lo  escrito es en la práctica lo que hace un tutor de resiliencia. Y nada menos que eso! En este punto se hace indispensable no creer, no pensar que los tutores de resiliencia son seres iluminados, capaces de traspasar el alma de los demás. No, Uds. lo son solo por el interés y por el compromiso humano y social de quien educa. Quien educa, acepta y reconoce que esa tarea es la que desea ejercer, por tanto tiene una MISION. En qué consiste esta misión? En ser y estar con los alumnos, con la vida. Que ésta los hace sentirse seres humanos integrales y comprometidos, pero no solo con ustedes y los más cercanos si no con el futuro de la juventud de la humanidad.
Importante punto: ser sensible y empático frente a un “otro”, frente a “unos otros”. Ser sensible al dolor propio y ajeno, ser sensible a la alegría y la rabia, los celos y envidias propias y ajenas. Escuchar y ver, a la vez que ser claro en cuánto a qué aceptar, a cuáles son los límites de las conductas escuchadas y observadas. Ocurra esto en un partido de futbol, en una presentación de índole académica así como en una conversación con los padres, los pares, los profesores, los “educadores”.
Tener conciencia y hacer presencia de que ustedes son modelos, en todo minuto, que sus patrones de comportamiento serán – consciente o inconscientemente- imitados. Sus modelas al comer, su forma de hablar y también los contenidos que priorizan en cada una de sus observaciones, en su  mirar, en cómo su cuerpo de dobla, se estira, se mueve. Recordemos aquí que el cuerpo es el espejo del alma. Por tanto, cuidemos y estemos atentos, alertas sobre el cómo está el cuerpo de esos “otros” que creen en Uds. Si hay gestos, movimientos de dolor, impaciencia y sobretodo del sentirse heridos, no escuchados y aún más no respetados.
Por último tener presente que si niños pequeños estás en sus manos, si jóvenes están en sus manos, si adultos mayores y no tanto están para escucharlos, para solicitar contención y comprensión, afecto y sonrisas. No a las comparaciones. No a la falta de respeto. Recordar que cada persona es única e irrepetible. Recordemos que cada niño, niña, joven y también adultos y personas en la etapa de adultez tardía requiere también de Uds. contención, comprensión, cariños y sonrisas. Comprensión de suspiros y lágrimas. Ver sentir, tocar con afecto una mano, un hombro, un codo, con un gesto, transparente, sensible y sobretodo honrado y  empático. Esto no implica perder la legitimidad, el respeto y muchas veces un liderazgo sensible por una pobre preparación en aquello, en aquella materia en la cual ser distinguidos como liderando  la conversación, la explicación, recordar que son “ respetables y respetados directores de una orquesta con múltiples músicos, todos y todas diferentes los habrá bajos y, altos, morenos y rubios, entre otros “
Mi último mensaje es invitarlos a ser capaz, con humildad y sinceramente a reconocer un olvido, algo no estudiado y frente a éste decir con claridad  – sin vergüenza ni culpa,  “no lo sé, no lo recuerdo” Será esta la mejor e inesperada lección. Recordar siempre que todos somos humanos…
¿Crees que es importante aplicar la fe como herramienta en el trabajo con este tipo de menores en situación de riesgo social o con personas que han afrontado traumas o situaciones difíciles?
Cuando nos referimos al mecanismo de la fe se hace necesario distinguir  – de acuerdo a un sacerdote católico y un pastor luterano, en ambos casos por una conversación directa  – entre espiritualidad y religiosidad como también entre religiosidad y asistir a los ritos específicos de los diferentes credos; siendo la espiritualidad un concepto más amplio y que no implica necesariamente sentirse parte de algún en particular.
Respecto de los ritos: con un equipo de trabajo realizamos, hace tres años, una evaluación en un sector rural y tradicional (sin radio, ni línea telefónica ni hablar de wi-fi) para comparar “supuestamente” respecto de profesar la fe. Con anterioridad a nuestra intervención, que versaba  sobre crear o reforzar el mecanismo protector específicamente de la fe, entre otros. Como ejemplo cuántos días al mes ha asistido Ud. a misa? Luego de 10 meses repetimos la evaluación con el objetivo de conocer cómo había aumentado la asistencia a misa. El resultado mostró cifras equivalentes entre el cuestionario aplicado en la primera etapa comparada con la segunda etapa.
¿Gran desilusión? ¿Qué  estuvo mal en la intervención, en el cuestionario entre otras dimensiones?
Pasó el tiempo sin que nosotras tuviésemos respuesta, rondaban las incógnitas. De pronto, atrasado como siempre, nos llega uno de los libros de nuestro fiel y maravilloso amigo Stephan Vanistendael. Allí aprendimos que estábamos equivocadas. Ni la espiritualidad ni la religiosidad implican cumplir con los ritos en el caso de los diferentes credos.
¿Qué opinas sobre los educadores que se “queman” o se desaniman en la realización de la tarea educativa, por no ver los resultados deseados a corto plazo? ¿Lo relacionas con falta de vocación,  de fe o  de paciencia?
NO OLVIDEMOS!!!! Que no es pertinente ni adecuado juzgar ni pre-juzgar los comportamientos de las demás personas y tal vez tampoco los propios!!!!  POR ELLO, algunas consideraciones previas a la respuesta.
Parece necesario comenzar respondiendo a la situación planteada, conversando sobre temas que podrían parecer marginales a este “quemarse” o desmotivarse como respuesta a una condición cuyo objetivo no se cumplió  en un plazo breve. Comencemos por desmenuzar una de las variables que forman parte de este análisis: quién definió el tiempo frente a una tarea específica?,  quién decide qué es breve frente a una tarea y no lo es a otra? La brevedad de ese plazo, quien la definió?
Al referirme a este tema recuerdo que, en una de las preguntas anteriores – parte de este cuestionario- discutimos sobre las diferencias individuales con las cuales respondemos a los mismos estímulos. Tengamos esto presente. Presente es también el hecho de que no hay tiempo ni espacio en el cual sea posible responder a una situación sin tener presentes sus características y contexto.

 

Los invito también a que al analizar la respuesta “quemarse” nos planteemos una serie de preguntas y desde allí decidir qué pensamos sobre los educadores “quemados”, y en base a qué los condenamos, los comprendemos o nos abstenemos de responder.
Una de las preguntas podría ser, ¿cuál es la función que cumple el profesor en el colegio en el cual trabaja? Pasemos a si el  profesor eligió de forma, relativamente libre la incorporación a ese colegio o se vio obligado por ejemplo, pues había estado desempleado por un tiempo, o bien, en qué términos lo acepto.
Luego, asumió el rol que le ofrecieron sintiendo que le era afín a sus intereses o experiencias? .El asumir/escoger esta función le fue impuesta o aceptada gustosamente ? Bajo ¿qué apremios estaba este educador previo a postular a ese trabajo?
Hay otras dimensiones a considerar, qué características tienen los niños o niñas con que se está trabajando, edad, género, procedencia, etnia. Esto lo rescato pues estas variables condicionan en medida importante las conductas de los alumnos las que si bien son importantes en sí misma más aun lo son en la interacción con los o las profesoras.  Qué características tienen los profesores, son jóvenes recién egresados, adultos por jubilarse, qué disposición tienen?
RECORDEMOS EN ESTE PUNTO: la empatía de los profesores hacia los alumnos, la sensibilidad de los profesores hacia las necesidades de la infancia, niñez y juventud en  general y la honestidad y capacidad de reconocer las necesidades de cada niño en particular. Y más cuando un niño no me resulta agradable- lo que es natural entre los seres humanos- tener la valentía para reconocerlo y aceptarlo como rasgo propio y por ejemplo entonces delegar esta atención a otro profesor o de aclararlo con los colegas y tomar decisiones conjuntamente de forma de no perjudicar a ninguno; ni profesor ni alumno.
DESDE LO DICHO, no tengo opinión sobre la reacción de “quemarse”. No más que aquella que dice relación con el respetar, revisar, analizar las reacciones de otros especialmente si no he estado enfrentada a una situación “equivalente” a la que provoca esa “quemazón”.
DESDE LO DICHO: hay dos situaciones – no en condiciones experimentales – equivalentes
PUEDO/DEBO JUZGAR los comportamientos de un “otro” que no soy yo?
¿Crees que es posible ver cambios reales en las personas que han afrontado adversidades si no hay una implicación personal trascendiendo lo meramente técnico por parte del educador o psicólogo?

 

NO CLARAMENTE MI RESPUESTA ES NO!! La experiencia tanto a nivel personal como profesional me “sopla al oído, me muestra a los ojos” que la técnica, es decir: Paso 1, paso 2 .. etc, no conduce necesariamente a hacer frente a lo que la persona requiere para lograr producir transformaciones o cambios en la vida. Podrían producirse lo que llamamos cambios “cosméticos” o bien cuando la relación entre el educador o psicólogo, es de carácter vertical; es decir el profesional indica – no sugiere – si no que explícita o implícitamente – ordena. La sumisión frente a una autoridad puede actuar en los casos de niños o niñas pequeños o bien son indicaciones que podrían tener más el carácter de una manipulación. Sin embargo, no se trata  de ello.
Para que un cambio deseado o aceptado sea efectivo, se requiere que trabajen conjuntamente los dos en juego: quien desea vivir una transformación y esté abierto a aceptar las proposiciones que recibe y quien guía. Este último debe ser honesto y trasparente en su rol de guía. Como condición para el éxito de este emprendimiento se hace necesario que se trabaje con quien desea el cambio o bien lo estima necesario, de forma fundamentalmente positiva, con una disposición de apertura, una escucha silenciosa para que quien lo busca se sienta acogido, comprendido y acompañado en su paso a la transformación. Muy posiblemente los caminos serán desconocidos y por veces no simples. El proceso de cambio implica tener esperanza en éste y fe de que la meta se alcanzará. El cambio, que se desea alcanzar, actuará como un faro cuya luz irradiará a quien busca, posibilitándole así llegar a cumplir el objetivo.

 

Se requiere de la disposición a ” abrir el corazón ” como diríamos coloquialmente, se requiere escuchar y emocionarse, se requiere de un involucramiento personal haciendo uso de nuestra capacidad de empatía y la sensibilidad – sin juicios, sin vayas, sin piedras- propia de todo ser humano que guíe, que dirija.

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