Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

LOS MAESTROS SOMOS COCINEROS, según Manu Velasco

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Los maestros somos cocineros que cocinamos para cada alumno aquello que necesita comer. Cocinamos emociones, sentimientos y experiencias que les permiten sentir y descubrir para llegar a tener un conocimiento más profundo de sí mismos.
Antes de ponernos a cocinar tenemos que conocerlos, comprender sus tiempos, sus inquietudes, sus pasiones, sus miedos, sus habilidades y sus dificultades. Luego, debemos plantearnos dos preguntas:
1. ¿Para qué cocinamos?
2. ¿Cómo cocinamos?
1. ¿Para qué cocinamos?
Deberíamos dar más valor al SER que al SABER en todas las etapas educativas. Si conseguimos que nuestros alumnos SEAN, a buen seguro, SABRÁN. De nada vale saber mucho sin ser nada. Por eso debemos cocinar para que nuestros alumnos SEAN:
Buenos: para que nunca les sirva de excusa lo que otros han hecho mal. Para que su sola presencia alegre a los demás y para que no provoquen lágrimas en los ojos de otras personas.
Ellos mismos: para que no se dejen llevar por modas y para que estén orgullosos de lo que son, de su personalidad, de sus virtudes y de sus defectos. Para que no tengan miedo a ser diferentes.
Felices: para que vivan los buenos momentos con intensidad y disfrutando. Para que aprendan de los malos momentos. Para que nadie les impida hacer aquello que les hace dichosos.
Optimistas y soñadores: para que vean el mundo como un lugar con infinidad de oportunidades. Para que sepan que con esfuerzo e ilusión llegarán a la luna.
Creativos: para que aprendan a solucionar problemas o llegar a la meta utilizando diferentes caminos. Para que ellos elijan esos caminos, atreviéndose a decidir, sin temor a equivocarse.
Buenos amantes: para que amen a su familia, a sus amigos, a su ciudad, a su pueblo, a su colegio, a la vida, a lo que hagan y a ellos mismos. Para que descubran que no hay cosa más bella que amar y ser amado.
Bondadosos: para que aprendan a regalar gestos, miradas, sonrisas, caricias, abrazos…
Valientes: para que se atrevan a perderse. Para que abran su mente, brazos y corazón a nuevas cosas y a nueva gente.
Sinceros: para que se den cuenta de que solo la verdad les ayudará a crecer y a enfrentarse a la realidad.
Luchadores: Never give up! Para que lo intenten hasta el final. Para que pongan todo de su parte, haciéndose fuertes ante las adversidades. Para que persigan siempre sus sueños.
Generosos: para que regalen abrazos y besos. Para que compartan ideas, sonrían, acompañen y escuchen a quien lo esté pasando mal.
Curiosos: para que estén atentos y disfruten de la vida sabiendo que cada día es único e irrepetible.
Buenos amigos: para que puedan interpretar miradas, entender los silencios, perdonar los errores, guardar secretos, prever caídas, secar lágrimas. Para que cuiden sus relaciones sociales. Para que se olviden del teléfono móvil cuando estén con un amigo y para que escuchen de verdad, mirando a los ojos y disfrutando del momento presente.
Originales: para que busquen otras alternativas. Para que confíen en sus ideas y las hagan realidad.
Educados: para que nunca se olviden de decir buenos días, por favor, gracias, ¿cómo estás?, me alegro de verte, de nada, perdón, hasta luego… Sea en el idioma que sea.
Fuertes: para que no lloren por sapos que se creen príncipes. Para que afronten los malos momentos recordando los buenos y dando tiempo al tiempo.
Activos: para que descubran sus superpoderes. Para que se muevan y piensen con el corazón.
2. ¿Cómo cocinamos para conseguir que SEAN?
– Aprendiendo a no ser un elemento de presión en el aula.
– No generando urgencias.
– Huyendo de los castigos.
– Cuidando nuestro tono de voz y la manera de dirigirnos a los alumnos.
– Olvidándonos de hacer discursos.
– Procurando desarrollar en ellos capacidades diversas.
– Haciendo más rica nuestra oferta de experiencias educativas.
– Sabiendo que cada persona es única y actuando en consecuencia.
– Teniendo claro que los ladrones de infancia (los deberes) no tendrían porque ser necesarios.
– Escuchando y valorando sus opiniones.
– Teniendo en cuenta el papel fundamental del movimiento y del cuerpo en el aprendizaje.
– Sabiendo que no es necesario decir viente veces al día “sshh” para seguir siendo maestros.
– Sembrando alegría con una cara alegre. Sembrando confianza confiando.
– Practicando la mayor innovación atemporal: querer al alumno.
– Buscando cualidades, no defectos. Buscando soluciones, no problemas.
– SIENDO.
Simplemente, se trata de intentar ser el mejor cocinero que podamos ser, el mejor maestro que podamos ser. Este aspecto es muy importante porque un buen maestro es capaz de hacer buena una mala pedagogía y por el contrario, un mal maestro hace mala una buena pedagogía.
Otro aspecto a tener en cuenta es que si somos cocineros enseñaremos a nuestros alumnos a cocinar, no simplemente a memorizar recetas. Es muy sencillo, mis alumnos podrán saber los ingredientes y los pasos para hacer una tortilla, ¡muy bien! Lo tendré en cuenta. Pero no será lo que más valoraré porque lo que me interesa es que sepan hacer una tortilla. ¡Pongamos a nuestros alumnos a cocinar! Es ahí donde tiene lugar el verdadero aprendizaje, aquel que emociona, que engancha, que deja huella y perdura en el tiempo. Ese debería ser el examen, hacer una tortilla, no regurgitar en un papel los ingredientes y los pasos para hacerla.
Cocinemos para dotar a nuestros alumnos de confianza en sus capacidades y posibilidades. Cocinemos juntos, aprendiendo unos de otros, investigando en equipo, confiando y animándolos.
Cocinemos de manera creativa para acabar con el espacio tradicional del aula, con los horarios específicos y encorsetados, con los libros de texto y la metodología asociada al mismo como única fuente de aprendizaje, con la interacción del grupo clase con un solo docente, etc.
Cocinemos a su lado permitiéndoles hablar, hacer y equivocarse, porque es así como aprendemos.
Cocinemos sueños.

Soñemos el mismo sueño: Que nuestros alumnos SEAN.

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