Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Rhodes: «La música ha salvado mi vida y la literatura me va a pagar los gastos»

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James Rhodes, ayer en Donostia, donde hoy recogerá el Euskadi de Plata.James Rhodes, ayer en Donostia, donde hoy recogerá el Euskadi de Plata. / USOZ
JAMES RHODES, MÚSICO Y AUTOR DE ‘INSTRUMENTAL’, El pianista James Rhodes, ganador del Euskadi de Plata por su autobiografía, ofrece hoy en medio de gran expectación una charla-recital en San Telmo
Ha superado su atormentada vida, «pero siempre estoy muy preocupado por mí porque sé que todo puede cambiar rápidamente»

La historia es conocida. Durante su infancia sufrió cinco años de violaciones continuadas a manos de uno de sus profesores. Ha llevado una vida atormentada que incluye intentos de suicidio, drogas y tratamientos psiquiátricos. Un día, la música clásica salvó su vida y ahora es un reputado pianista que con su libro de memorias, ‘Instrumental’ (Ed. Blackie Books), ha vendido sólo en España 40.000 ejemplares, una cifra fuera del alcance de buena parte de los grandes nombres de la literatura. Los libreros de Gipuzkoa le han galardonado con el Euskadi de Plata. James Rhodes (Londres, 1975) mantendrá con Mikel Chamizo una charla, salpicada de interpretaciones musicales, hoy en San Telmo (19.30 horas, con invitación). «Tocaré cosas de Bach, de Rachmaninov… Todavía no sé el formato de la charla, pero el público no debe esperar un recital normal. Lo seguro es que será divertido».

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– ¿Qué le parece finalmente la iglesia de San Telmo? Su tuit en el que la calificaba de «ridiculous» ha sembrado la confusión…
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– No, por favor, significa todo lo contrario: es un lugar maravilloso. Mi comentario se malinterpretó.

– ¿Quiere que obviemos las violaciones que sufrió de niño o le hurtaríamos algo al lector?

– Creo que es importante hablar de ese tema, pero igual que hablar de música o de cualquier otro tema. Esta entrevista no debería centrarse en eso y tampoco sólo en la música, todo son partes de lo que soy. Me parece importante hablar de la enfermedad mental, del abuso infantil y de la música clásica.

– Le han acusado de utilizar su tortuosa biografía para vender más.

– Siempre hay alguien que encontrará algún aspecto que criticar y si le sirve de algo me parece bien. De todas formas, la primera vez que hablé de este tema, ocupó un solo párrafo en una entrevista de dos páginas. Y al día siguiente vino un señor a explicarme que gracias a este párrafo la Policía había arrestado a la persona que abusó de mí. Esto me reafirma en la necesidad de no callarme. Siempre es importante hablar.

– En algunos pasajes de su autobiografía se retrata como alguien a veces cruel o insoportable. ¿A las víctimas les está permitido todo?

– No creo que a una víctima se le deba perdonar todo. Yo no soy responsable de lo que me sucedió, pero sí de mis acciones actuales. Es verdad que en el libro muestro que tuve comportamientos terribles, egocéntricos, egoístas y de todo, pero ser víctima no es excusa.

– La educación burguesa nos enseña que para crear, antes hay que sufrir muchísimo. ¿Lo comparte?

– No estoy de acuerdo. No creo que los grandes artistas hayan creado gracias a su sufrimiento, sino más bien a pesar de su sufrimiento. La creación es un síntoma de salud mental, no de enfermedad. A las tres de la mañana, cuando su sufrimiento era insoportable, todos estos grandes artistas encontraron la salud mental porque tenían a mano un pedazo de papel o un lienzo en el que reflejar sus sentimientos, en lugar de tirarse por la ventana. Todas las personas sufren.

– ¿Vivimos en una sociedad pederasta?

– ¡Por supuesto! ¡Claro que sí! Basta con abrir un periódico para verlo.

– Su libro habla del poder sanador de la música. ¿Sólo funciona para las víctimas o también reconforta a los verdugos?

– Reconforta a todo el mundo. La música es como el sol: no brilla solo para los que se lo merecen, sino para todo el mundo. La música puede cambiar la vida, no sólo la mía, sino la de cualquier persona.

– Reivindica la necesidad de devolver a las clases populares la música clásica, que le habría sido arrebatada.

– Arrebatar es una palabra muy fuerte, pero sí es cierto que con la música clásica todo el mundo tiene la sensación de que hay que entender o pertenecer a cierta clase social adinerada y educada, y me rompe el corazón que haya cincuenta millones de personas en Gran Bretaña que jamás han escuchado una sonata de Beethoven completa.

«La música reconforta a víctimas y verdugos; el sol no brilla solo para el que se lo merece»
«El personaje y yo somos la misma persona, y eso es lo que me asusta y me gusta»
– También las fábricas se han convertido en centros de cultura, la vestimenta obrera se ha transformado en línea de moda, las tascas en lugares para gastrónomos y las músicas populares, como el fado, el jazz o el flamenco, parecen cosa de las élites.

– Sí percibo ese fenómeno, pero es algo que se puede cambiar. Por otra parte, veo la tendencia opuesta. La Tate Modern Gallery de Londres recibe millones de visitas al año de gentes que no son necesariamente ricas, intelectuales. O sea que también se produce el movimiento inverso. Ocurre que la música clásica es la última en subirse a este carro y no es una cuestión de dinero porque un partido de fútbol es más caro que un concierto. Pienso que se debe a una serie de parámetros que todo el mundo ha interiorizado: tienes que ir de traje, saber cuándo aplaudir y pronunciar el nombre de los compositores. Toda una serie de cosas que no sirven para nada.

– Defiende que en la música no todo es una cuestión de gustos.

– Tenemos un problema de inmediatez. No sé si aquí tienen formatos como ‘Tú sí que vales’ o ‘Factor X’, en los que en menos de un minuto de canción el concursante se convierte en Harry Styles (cantante del grupo One Direction). ¿Qué ha pasado con el esfuerzo del día a día, con las diez horas de ensayo, con el progreso lento? No se puede comparar a un pianista que lleva treinta años ensayando diez horas diarias con alguien que se pone delante de su ordenador, le da a tres teclas y hace una canción electrónica. En nuestra sociedad hay demasiada pretensión.

-¿Existen el buen y el mal gusto?

-No, en absoluto. Nada que ver con el gusto. Jamás intentaría convencer a una niña de ocho años de que Beyoncé vale menos que Mozart.

-¿Y a un adulto?

-No, no es eso. Ése es un tipo de juicio que es inútil. ¿Quién soy yo para decir que Beyoncé es mejor o peor que Bach? Yo voy a elegir siempre a Bach, pero lo importante es qué es lo que te mueve y te emociona a ti. Si crees que los Beatles están por encima de todo y son los que han salvado tu vida, quién soy yo para discutírtelo. Es más bien un tema relacionado con la remuneración: alguien que compone una canción electrónica en dos minutos y pretende ponerse al mismo nivel de fama que un gran compositor. La gente crea con la expectativa de ser famoso o de obtener un cheque con muchos ceros, no por el gusto de la creación.

– ¿Qué le ha dado la música que no lo haya proporcionado la literatura? Jamás venderá tantos discos como ejemplares de su libro.

– Digamos que la música ha salvado mi vida y la literatura me va a pagar los gastos. Y sí quiero decir que si no puedes comprar el libro porque es muy caro o por lo que sea, no importa: la lista de Spotify es gratuita y te puede cambiar la vida.

– ¿Piensa continuar con su autobiografía en futuros libros?

– Probablemente, porque me gusta mucho contar cosas, pero mis prioridades en este momento están muy claras: primero, ser buen padre; después, ser buen marido; y finalmente, quiero seguir practicando mucho para tocar muy bien el piano.

– ¿Qué le sugiere el hecho de que le hayan premiado, no los lectores o los críticos, sino los libreros?

– Me encanta porque si alguien conoce el mundo de los libros son los que trabajan en librerías. Me da una gran confianza, para mí significa muchísimo. Estoy muy agradecido.

-¿Hay que preocuparse por usted o ha superado ya sus problemas?

– (Risas) No lo sé. Yo mismo estoy muy preocupado por mí mismo, siempre lo estoy, todo el rato. San Sebastián es una ciudad preciosa, luce el sol, mañana (por hoy) me van a dar un premio… Suena a vida perfecta, pero soy muy consciente de que todo esto puede cambiar muy rápido y no porque pase algo externo, sino en mi interior. Soy muy consciente de eso y no quiero caer en la autocomplacencia.

– «La música clásica me la pone dura» es la primera frase de ‘Instrumental’. ¿La mantiene?

– Por supuesto que sí.

– ¿Teme que en su caso el personaje acabe devorando a la persona?

– No hay un personaje. El personaje y yo son la misma persona y eso es lo que me da miedo, pero a la vez, también es algo que me gusta de mí mismo.

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