Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Somos lo que nos rodea

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http://www.lavanguardia.com/vivo/20160521/401937187894/culturas-psicogeografia-colin-ellard.html

Colin Ellard (Londres, 1958), neurocientífico cognitivo en la Universidad de Waterloo que colabora estrechamente con planificadores, arquitectos y diseñadores urbanos, es uno de los mayores expertos mundiales a la hora de dictaminar cómo reaccionará un individuo a un lugar, es decir, los pensamientos, emociones, sentimientos y acciones que pondrá en marcha su presencia en un entorno determinado. Una de las principales líneas de investigación en las que está inmerso el centro Urban Realities Laboratory que dirige consiste en el desarrollo de un kit de herramientas ligero que les permita medir la experiencia urbana. “Hemos desarrollado un método con el que involucramos a una serie de participantes en paseos por la ciudad mientras registramos mucho datos físicos y psicológicos –medimos de todo, desde aspectos cognitivos ligados a la memoria y capacidad de atención al movimiento ocular e incluso sus ondas cerebrales– señala a Cultura/s por correo electrónico–. Aspiramos a entender los principios que explican cómo las variables en el diseño urbano inciden en la psicología humana. ¿De qué modo nos afecta la altura de los edificios? ¿Cuál es la cantidad óptima de naturaleza que necesita una ciudad?”.

Siguen algunos de los apuntes más destacados de su ensayo Psicogeografía. La influencia de los lugares en la mente y el corazón, ampliados con declaraciones.

ATRACCIONES INNATAS

Usted quizá no sea consciente pero se siente atraído de manera innata por lugares que reúnen características que para nuestros antepasados podrían haber supuesto la diferencia entre la vida y la muerte. Esto explica que las viviendas más caras suelan ubicarse en la cima de una colina o en la cara de un acantilado orientada a amplias extensiones de agua. Usted puede que no lo perciba, pero su preferencia por las superficies curvas se explica porque está dotado de muchas más células corticales dedicadas a analizar los matices de las mismas que las de las angulosas. Y, cuando se expone a escenas de grandeza, ya se trate de fenómenos naturales como un cielo estrellado o los desfiladeros del Gran Cañón del Colorado o de un artefacto de construcción humana, como el techo de un catedral, abre la boca o se lleva conmovido la mano al corazón, pero también puede estar modificando el concepto que tiene de sí mismo, el modo en que va a tratar al prójimo y su percepción del paso del tiempo.

La evolución llega hasta cierto punto, somos más primitivos de lo que sospechamos. “Aunque la mayoría de nosotros vive en entornos que difieren mucho de los de nuestros ancestros, nuestros cerebros arrastran marcados trazos hereditarios que explican nuestras preferencias por determinados modelos –argumenta Ellard–. Parecemos estar programados para sentir atracción por la naturaleza y parte del cableado cerebral responsable de esta inclinación es notablemente similar al involucrado en nuestro deseo de comida y sexo.

Desarrollamos una preferencia innata por localizaciones que nos permiten ver aquello que está ocurriendo a nuestro alrededor (perspectiva) pero, al mismo tiempo, necesitamos sentirnos resguardados y protegidos (refugio). Estos deseos se manifiestan en espacios de todo tipo, por ejemplo en el modo en que privilegiamos los extremos sobre el centro en las zonas públicas”.

UNA CUESTIÓN DE SALUD PÚBLICA

El ensayista no tiene ninguna duda que el diseño de entornos urbanos afecta a la salud pública de diversas formas. “Los entornos aburridos (por ejemplo, localizaciones urbanas o suburbanas que ofrecen poca variedad) pueden provocar estrés, lo que a largo plazo tendrá efectos sobre nuestra fisiología –nuestra salud cardíaca y metabólica, comenta por email–. Diría que el principal objetivo de los planificadores urbanos debería ser garantizar que todo el mundo, con independencia de donde vivan en la ciudad, y de si son ricos o pobres, tenga un fácil acceso a vistas a la naturaleza. Esto puede sonar algo utópico, pero debe tenerse en cuenta que el mero acceso a unas vistas modestas, pongamos un miniparque en medio de la jungla urbana, que cuente apenas con unos pocos árboles y un puñado de bancos en los que sentarse, tendrá unos efectos positivos muy evidentes sobre nuestro estado de ánimo, sentimientos, el modo en que tratemos al prójimo y la salud”.

El dato: una empresa estadounidense, Sky Factory, ha empezado a comercializar tragaluces artificiales que contienen o bien fotografías de la naturaleza o bien reproductores de vídeo de alta resolución que muestran escenas naturales dinámicas. Tales dispositivos se han instalado en hospitales, salas de quimioterapia, consultas médicas…

EL DISEÑO DEL ENTORNO

“El asunto de diseñar entornos que influyan en los sentimientos y las acciones humanas es tan antiguo que de hecho antecede a cualquier otro aspecto de la civilización, inclusive la comunicación escrita, el diseño de ciudades y asentamientos e incluso la aparición de la agricultura” –apunta el autor en Psicogeografía–. La génesis de tal empresa se hallaría en Turquía, en las antiguas ruinas de Göbekli Tepe. Las evidencias de actividad humana halladas en el yacimiento llevan a pensar que se trataba de un lugar de peregrinaje donde se instigaba el pensamiento y el culto. La arquitectura religiosa, ya se sabe, dispuso los elementos para forzar al fiel a levantar la vista y sentirse intimidado por el Altísimo. “En los diseños góticos, por ejemplo, se emplearon elementos repetitivos de distinta escala para generar ilusiones de una altura inmensa, como si el propio techo del edificio se elevara hasta tocar el cielo”, escribe el autor.

Trocando la espiritualidad por el vil metal, Selfridge & Co, los grandes almacenes inaugurados en 1909 en la londinense Oxford Street, fueron los primeros del mundo con un diseño explícito centrado en la generación de situaciones placenteras para retener al cliente el máximo tiempo posible. Las técnicas para animarnos a gastar dinero en algo que no necesitamos han experimentado un refinamiento portentoso. “Una vez en el interior del centro comercial, el cliente se adentra en secreto en un entorno aislado, con una temperatura controlada y escrupulosamente diseñado de manera artificiosa –leemos en Psicogeografía–. En él abundan los espejos y otras superficies reflectantes, elementos de diseño concebidos para reducir la velocidad del paso mientras inspeccionamos nuestra imagen proyectada.

También son habituales las pasarelas sinuosas y las intersecciones entre bloques de comercios suelen disponerse en ángulos oblicuos. Ambos elementos nos dificultan ubicarnos mentalmente con respecto a los espacios más amplios del centro comercial y las suaves curvas crean el mismo tipo de anticipación agradable que se emplea en casinos y mataderos”.

Sobre los primeros, el gran gurú del diseño de casinos es un hombre llamado Bill Friedman, ludópata reformado y autor de la biblia Designing casinos to dominate the competition. ¿Uno de los consejos que ofrece? “Los jugadores de maquinas tragaperras se inclinarán más por ubicarse en un rinconcito que les ofrezca refugio visual del espacio general del casino, pero que no los escinda por completo del entorno, igual que nuestros ancestros seleccionaban un hábitat con una perspectiva elevada que les garantizara protección frente a los depredadores e invasores”.

EL HOGAR

El diseñador de hogares del futuro deberá ir mucho más allá de complacer al aparato perceptivo humano. Su misión consistirá en conocer la historia del cliente, el tipo de viviendas por las que ya ha transitado y las experiencias que le han ocurrido en estos lugares generadores de recuerdos. El horizonte último es que el edificio le conozca mejor que su amigo del alma.

“Dada nuestra predilección por determinados tipos de imágenes (de la naturaleza, por ejemplo) y los efectos psicológicos conocidos de ciertos tipos de colores, patrones e imágenes, es perfectamente plausible crear una casa que perciba cómo se sienten sus habitantes y modifique su aspecto en función de ello. ¿No se encuentra usted bien? Su casa podría atenuar las luces y apaciguarlo con el sonido del batir de las olas en una playa al atardecer” ( Psicogeografía).

FUSIÓN MENTE-VIVIENDA

En el ensayo de Ellard descubrimos que ya hubo experiencias pretecnológicas de fusión íntima entre el dueño y su vivienda. Por ejemplo, el pionero del psicoanálisis Carl Jung tuvo la posibilidad de construir una vivienda que reflejara su psicología interna desde cero, donde cada uno de sus elementos principales se correspondía con los “peldaños estructurales de su teoría envolvente de la psique”. Como reflejó en su autobiografía, dedicó una década a ir ensamblando un torreón que representara una versión a tamaño real de sus recuerdos de infancia, incluyendo en sus estructuras numerosos tributos a acontecimientos, ideas y personas relevantes de su vida”.

Otro caso, si bien con características diferentes, fue el del filósofo alemán Martin Heidegger, quien vivió y trabajó durante gran parte de su vida en una pequeña cabaña en la Selva Negra. Colin Ellard apunta la posibilidad que “en el aislamiento del resto del mundo entre los valles y montañas de su hogar, viera una metáfora de sus propias concepciones acerca de las difi­cultades de filosofar, que equiparaba a ‘hablar desde la cima de una montaña a la cima de otra mon­taña’. Su lenguaje, conocido por su dificultad, (…) también parece hacerse eco de la confusa complejidad de los senderos montañosos que transitaba”.

PELIGROS NADA VIRTUALES

En Psicogeografía su autor recuerda que Walter Benjamin afirmaba en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica que realizar una copia exacta de un objeto de arte modificaba el significado de la obra original. Al hilo de esto se pregunta por los efectos derivados de poder extrapolarse tal visión al conjunto de la experiencia por culpa de la realidad virtual. ¿Cuál habría de ser nuestro mayor temor respecto a ella?

“Existe el riesgo de lo que podríamos llamar el abaratamiento o degradación de lo real –contesta Ellard–. Si tengo a mi alcance recrear un momento en todo su esplendor sensorial simplemente apretando una tecla en un ordenador, el valor de la autenticidad de la experiencia se ve disminuido. En tiempos pasados mostramos exactamente el mismo tipo de preocupación con la aparición de la posibilidad de reproducir imágenes por medio de la fotografía y creo que esos miedos estaban hasta cierto punto justificados. Pero el nivel de alerta es más profundo cuando hablamos de una tecnología que nos promete la posibilidad de sumergirnos en una simulación de la realidad tan convincente que no resulta sencillo distinguir lo real de lo virtual. Este tipo de tecnología encierra algunas promesas interesantes, pero asimismo efectúa recortes en nuestras preciadas relaciones con las experiencias auténticas, y justo en un momento en que probablemente deberíamos estar vitalmente concienciados con el mantenimiento de esas relaciones por el bien del planeta y de toda la vida que sigue habiendo en él”.

El dato: el Interactive Media Lab de la University of Southern California ha producido el Proyecto Siria, que permite a los espectadores experimentar las imágenes y sonidos de un ataque con misiles en Aleppo.

CONTRA LAS CIUDADES INTELIGENTES

Colin Elluard se alinea al 100% con las tesis vertidas por Adam Greenfield, director del despacho de arquitectura en su libro Against the smart city. Los gigantes de la tecnología, que son los grandes actores en el mercado de las ciudades inteligentes, es decir, Siemens, Microsoft y Cisco, optimizan el funcionamiento de una ciudad mediante un conjunto de algoritmos globales. Esto implica ofrecer un sistema genérico a un serie de ciudades de una complejidad y un interés infinitos, pasando por alto aquello que más valoran los habitantes de un lugar: su cultura, su historia y personalidad. Además, estas empresas pretenden monetizar los sistemas, reteniendo el control absoluto del software, manteniéndolo opaco y cobrando por su uso. Diseños puntuales (Pruitt-Igoe)y ciudades enteras (Brasilia y Chandigarh) han abundado en deficiencias.

“Mis ciudades predilectas son aquellas que facilitan el paseo (Londres, Berlín, París, Nueva York). Y, en consonancia con lo dicho sobre la importancia de la naturaleza, aplaudo aquellas que se toman el paisajismo tan en serio como el diseño arquitectónico” nos comenta.

Colin Ellard

Psicogeografía. La influencia de los lugares en la mente y el corazón

ariel. Traducción: Gemma Deza Guil. 308 páginas. 19,9 euros.

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