Anna Forés Miravalles

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Stephen Heppell: “Debemos preparar a los estudiantes para lo inesperado”

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Stephen Heppell | Tiching

 

Investigador, docente, asesor en materia de educación

Su libro favorito era Swallows and Amazons, de Arthur Ransome. De su infancia recuerda con entusiasmo un proyecto de investigación que culminó en el British Museum. Actualmente es profesor de la Universidad de Bournemouth, asesor educativo del gobierno británico e impulsor del learnometer. Se le conoce como el hombre que puso la “C” en las TIC.

Nos enfrentamos a un futuro profesional incierto, ¿cree que el sistema educativo está preparando a los estudiantes para ello?
La incertidumbre sobre las profesiones del futuro siempre ha existido, pero la diferencia es que en la actualidad las condiciones de la mayoría de puestos de trabajo cambian muy rápidamente. Sin embargo, en las escuelas siempre se hace lo mismo; no estamos preparando a los estudiantes para acceder a un mundo profesional lleno de situaciones inesperadas.

¿Cómo deberíamos preparar a los estudiantes?
Mediante sorpresas. Actualmente los alumnos van a la escuela y siguen un horario durante todo el año, se sientan en el mismo sitio y estudian siempre las mismas materias. La rutina no ayuda. Si sorprendemos a nuestros estudiantes, veremos cómo nos asombran con su capacidad de hacer frente a lo inesperado. Debemos sorprenderlos y retarlos.

¿Cómo un docente puede aplicar estas sorpresas dentro del aula?
En primer lugar es importante que los docentes se doten de ideas para probar nuevos métodos. Ésta es una práctica muy positiva que muchos profesores ya están llevando a cabo mediante el intercambio de experiencias. Otro método útil sería modificar a menudo el horario escolar o utilizar el aprendizaje basado en proyectos.

¿Cómo beneficiaría?
El aprendizaje basado en proyectos permite retar a los estudiantes a resolver un problema difícil, a partir del cual siguen aprendiendo matemáticas, literatura o ciencias pero aplicando los conocimientos en la resolución de un caso práctico. Y estas situaciones se convierten en factores sorpresa. Otra fórmula para sorprender es otorgándoles autonomía.

¿Dejándoles decidir?
Permitiendo que los estudiantes gestionen la manera en que utilizan el espacio del aula para desarrollar el trabajo que el profesor les ha encomendado, empoderándolos para ser más autónomos. La dificultad está en que los alumnos están acostumbrados a que los docentes les digan qué deben hacer en cada momento.

A menudo menciona que el estudiante debe ser el protagonista de su propio aprendizaje. ¿A qué se refiere?
Históricamente hemos intentando construir el aprendizaje centrándonos en los alumnos de manera individual, pero esto ha derivado en un plan de estudio muy individualista y egoísta. Actualmente queremos que los estudiantes trabajen de manera conjunta y una forma de conseguirlo es permitiéndoles ser dueños de la mejora de su propio aprendizaje.

¿Qué ventajas se pueden conseguir con este cambio de modelo?
Hay muchos estudiantes con grandes ideas que pueden mejorar la educación. No les pedimos sus opiniones, sino que lo que queremos es que investiguen para saber cómo podemos organizar la escuela, cómo mejorar la lectura en clase basándonos en cómo leen en casa… Cuando les involucramos en la investigación para mejorar su aprendizaje, les convertimos en profesionales reflexivos; se sienten dueños de lo que está pasando y pueden apreciar y entender lo que hacen sus profesores desde un punto de vista profesional.

Muy interesante…
Hay muchos niños en el mundo que ven cómo su educación mejora día a día y cómo adquieren más autonomía. Desde la escuela debemos motivar a los estudiantes para que se ayuden unos a otros, que quieran enseñar y ser enseñados. Debemos fomentar el trabajo colaborativo.

En un mundo cada vez más tecnológico, ¿cuál debería ser el rol de las nuevas tecnologías en el proceso de aprendizaje?
Deben fomentar la curiosidad en la mente de los niños para que sientan interés para inventar la tecnología del mañana. La educación ha prohibido tradicionalmente cualquier tipo de nueva herramienta tecnológica hasta no entender su utilidad. Y creo que en este milenio debemos acoger las nuevas tecnologías y analizar cómo podemos utilizarlas en clase desde un primer momento.

Fomentar la curiosidad y ser útiles.
Efectivamente. La tecnología también debe ayudar a los estudiantes a sentirse seducidos por el aprendizaje y a disfrutar de la educación. Además, deben jugar un papel muy importante a la hora de buscar el efecto sorpresa que he comentado anteriormente.

En este contexto educativo de sorpresas, seducción y liderazgo por parte de los alumnos, ¿cuál debería ser el rol de los docentes?
Es esencial que los profesores conozcan en profundidad la materia que imparten, pero es más importante que sientan pasión por su trabajo. También es fundamental que sean diferentes para que los estudiantes puedan disfrutar de su diversidad. Está bien que los docentes sean excéntricos e inusuales. Y, finalmente, deben ser siempre aprendices. Si no se reciclan constantemente, no podrán seguir los avances de la educación.

Cambiando de tema, ¿cuál es su opinión respecto a los test?
Las pruebas tienen que ser mucho más sofisticadas y complejas, ya que si no estamos fomentando un grupo de niños que podrán manejar lo esperado, pero que estarán aterrorizados ante las sorpresas. Hicimos una investigación a partir de la cual vimos cómo los estudiantes son más ambiciosos que los propios planes de estudio al marcarse sus objetivos de aprendizaje. También es importante que ayudemos a preparar a los estudiantes a afrontar un examen con éxito.

¿A qué tipo de ayuda se refiere?
Por ejemplo, asesorando sobre qué deben desayunar o ingerir antes de un examen; como si de deportistas se trataran. También mejorando el ambiente del aula en la que se realiza el examen. En este sentido, hemos desarrollado una herramienta que puede ser muy útil, el learnometer.

¿En qué consiste?
Hemos estado observando las condiciones ambientales en las aulas: el CO2, la temperatura, el nivel de luz, la humedad; y hemos analizado de forma científica los niveles óptimos para el aprendizaje. Por ejemplo, sabemos que la temperatura ideal de una clase está entre los 19º y los 21º. Y esto es igualmente aplicable a los espacios donde los niños hacen los deberes, que a menudo son muy oscuros y calurosos.

¿Cómo cree que será la educación en diez o veinte años?
La educación será mucho más global. Viviremos en un mundo donde los niños trabajarán proyectos conjuntamente con estudiantes de otros países. Una de las implicaciones es que ya no tendremos planes de estudios nacionales, sino que serán globales. También entenderemos mucho más sobre aprendizaje, sobre cómo funciona el cerebro, sobre las condiciones óptimas de una clase… Y todos estos conocimientos cambiarán el modo en que enseñamos. Por último, los niños serán cada vez más dueños de su propia educación.

Antes de finalizar, ¿le gustaría añadir algo más?
Sí, me gustaría terminar diciendo que los profesores son lo más importante de la economía y los niños son la base de nuestro futuro, y creo que actualmente ambos están infravalorados. La sociedad cree que los niños siempre son problemáticos y que el trabajo del docente es muy sencillo. Pero cambiará, los profesores y los niños se convertirán en las superestrellas del futuro.

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