Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Podar, abonar, poner al sol…

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Hace poco, en DeSalud, Aizpiri confesaba a Antonio Muro que el secreto de la salud (y, por ende, de la salud mental) está en la Naturaleza: “Sí. Es que soy agricultor y en mis horas libres me dedico a la fruticultura. Y todo en la Naturaleza se reduce a lo mismo. Podar es eliminar todo lo tóxico, abonar es dar nutrientes y poner al sol significa dar tiempo al ser vivo para que el sistema de limpieza y nutritivo haga su trabajo para que pueda desarrollarse y producir. Es el abecé de la Naturaleza y sirve lo mismo para los animales y las plantas que para las personas. Con los pacientes, pues, hay que hacer lo mismo. Hay que eliminar de su organismo todos los tóxicos así como corregir los hábitos nocivos; todo lo que evita que sus células se desarrollen y estén en plenitud. Obviamente, para ello hay que estudiar íntegramente a la persona, valorar la función del sueño, el ejercicio físico, el sistema nutricional, el sistema de excreción y su mundo afectivo y emocional. Después de podar hay que abonar, nutrir la célula, volver a recuperarla si está intoxicada o mal nutrida. Es curioso que en una sociedad del bienestar como la nuestra el mayor porcentaje de enfermos nos lleguen mal nutridos, antropológica y biológicamente. Y finalmente esperar, porque nuestro metabolismo tarda un tiempo en recuperarse. Asimismo hay que hacer que el paciente adquiera hábitos nuevos y saludables. Al final lo que habrá es un conjunto de células que vuelven a funcionar al unísono”.
Presidente y fundador de Medicina Psico-Orgánica S.L.P., Aizpiri ha escrito: “Los últimos descubrimientos están revolucionando la visión sobre las enfermedades del cerebro, que es el órgano más complejo del ser humano, por su localización y estructura, y por ser centro vital de la inteligencia, los afectos y las emociones. Esta complejidad ha sido la causa de su resistencia a la exploración, por lo que siempre ha estado a la cola de los grandes avances de la medicina. Sobre todo en una sociedad enmarcada en el culto al cuerpo, el reservorio del alma quedaba en manos de todo tipo de disertaciones, desde filosóficas hasta metafísicas, de muy poca base científica”. Y añade: “Por fin, los grandes descubrimientos médicos han podido materializarse en una impresionante apertura del conocimiento, de las funciones y estructura del cerebro. La llamada década del cerebro, en la que estamos, entre imponentes sistemas de visión y de exploración cerebral como el scanner, TEP, PET, SPEC, cartografías, etc., dirigidos por potentes ordenadores, cubre de siglas los nuevos sistemas de acceso, a los que se suman los descubrimientos de neurotransmisores, receptores y nuevas medicaciones. Todo ello está facilitando una nueva revolución y revisión de las enfermedades del cerebro, dando vuelco a una serie de patologías como el alcoholismo, la depresión, la ansiedad, los trastornos de la alimentación o el envejecimiento, y entrando en tabús como la personalidad, transformando el mundo de los afectos, de la emoción, de la relación impersonal, de la conciencia y de la voluntad. La aparición de la palabra integral vuelve a acercar al ser humano como un todo interrelacionado con su medio. Se revisan las funciones más simples como causas de severas perturbaciones del cerebro como el sueño, la alimentación, la excreción, el ejercicio o los tóxicos, base del sistema afectivo emocional de la persona que, junto a su genética (herencia) y a su aprendizaje (educación), le va a llevar al equilibrio, armonía y calidad de la vida”. Y concluye: “Los conceptos de energía, agotamiento y estrés dentro del impulso intelectual recogen los saberes para mantener más tiempo un cerebro en condiciones activas. No solo vemos una luz de esperanza en la resolución de los sufrimientos mentales, sino que enfermedades que hasta hace poco tenían un mal signo. Se benefician, se superan y se curan, muchas de ellas con brevedad. Esto exige un cambio de actitud. Hasta ahora el psiquiatra era el último especialista al que se visitaba. El enfermo llegaba, muchas veces, con años de sufrimiento para él y para los suyos”. En otras palabras, si quieres gozar de buena salud no bebas, no fumes, no tomes drogas (ni legales ni ilegales, cuida tu alimentación (que sea ecológica, de temporada), duerme bien, descansa lo suficente, no te expongas a tóxicos, no te estreses, ten relaciones no tóxicas, ten hábitos saludables, cuida de tu aparato digestivo y excreta lo pertinente, ten una infancia libre de traumas… En fin, todo lo que hemos dicho en The Ecologist en este número y en el anterior. Somos un eje infinito orgánico y no orgánico y todo deja huella en nosotros y en nuestro cerebro. En realidad, nuestro cerebro es un tesoro que hay que cuidar mucho. Lo contrario, es decir el funcionamiento de la sociedad actual, conduce a la actual alarma por las estadísticas disparadas de enfermedades mentales.
Concluyendo
El doctor Aizpiri, investigador en el campo de los aminoácidos libres periféricos, la cartografía cerebral y su interrelación en el diagnóstico y el tratamiento del alcoholismo, la depresión, el estrés, los síndromes de ansiedad y los cuadros involutivos, destaca la importancia de una dieta equilibrada para una adecuada salud mental. «La nutrición es esencial para el buen funcionamiento del cerebro, que necesita de cierta cantidad de nutrientes para la formación de neurotransmisores, es decir, los mensajeros químicos que acompañan a las señales eléctricas que pasan entre las neuronas». María Bernardo, en La Nueva España, a colación de una conferencia suya, ha escrito: “La concentración, la memoria, el rendimiento mental y los estados de ánimo están ligados al consumo de las sustancias contenidas en los alimentos. Sin embargo, tan importante es lo que comemos como el orden en el que lo hacemos; y cita al psiquiatra: ‘Los horarios escolares, la actividad laboral y las formas actuales de vida han modificado nuestros hábitos alimenticios. Es necesario respetar el horario de las comidas, así como desayunar, con el fin de cubrir los desgastes de los depósitos cerebrales, hepáticos y musculares. La cena, como previa al descanso y creación de material de reserva, es otro momento clave. De ahí proviene el dicho: Lo que se desayuna se quema, lo que se cena se engorda’”. Una vida en orden, sana, equilibrada, lejos de tóxicos biológicos y psicológicos, nos mantendrá alejados del galeno “mental”. Los trabajos de los aminoácidos en el desarrollo de patologías mentales son de sumo interés. Todo importa, algo que desde esta revista venimos diciendo. Hasta ahora, el asunto se veía claro en lo concerniente a las enfermedades físicas, pero no a las mentales. Afortunadamente, hoy, más que nunca, una nueva generación de psiquiatras sabe lo que el sentido común dicta desde el principio de los tiempos. Terminamos con sus declaraciones. De hecho, el equipo de neuropsiquiatría dirigido por el Dr. Aizpiri, que investiga la incidencia de la malnutrición en el funcionamiento del cerebro, ha encontrado que la mayoría de las mujeres entre 35 y 55 años que han ingresado por depresión o estrés en sus centros estaba asociada a una severa alteración de la dieta con regímenes bajos en lípidos: «Eran mujeres que llevaban tiempo con una dieta en la que habían restringido la leche normal tomando lácteos desnatados, bajísimo nivel de huevos, carnes rojas, pescado azul y disminución de las legumbres, en muchos casos asociado al alto consumo de cafeína, nicotina y/o alcohol. Está muy extendido desayunar café con cigarrillos, la mejor forma de deteriorar nuestro metabolismo y sistema cardiovascular.”
EcoActivistas
 
Más cuchara y menos sartén
Alimenta correctamente tu cerebro
Javier Aizpiri señala que la recuperación es posible en muchos casos de enfermedades mentales. Afirma que es factible recuperar el cerebro si sabes cómo aplicar la adecuada nutrición, y también que hay que tener paciencia, porque el cuerpo necesita su tiempo para estabilizarse. También el árbol, la tierra y el sol trabajan a su ritmo… Insiste en que nos alimentemos con más cuchara y menos sartén, mucha fruta y verdura, “pero la fruta”, dice, “hay que tomarla de primer plato”. De legumbres, también, varios platos a la semana, pero no sólo lentejas. “Arroz integral siempre que se pueda”. Pan integral, semillas, pescado, ajo, perejil, aceite de oliva, el mosto de uva… son algunos alimentos recomendables. Hay que restringir mucho los fritos, porque son nocivos para el cerebro.

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