Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Las cinco preguntas que todos deberíamos hacernos, según un decano de Harvard

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Con el final de la primavera empiezan a brotar en las universidades americanas ceremonias de graduación con sus correspondientes birretes, diplomas y, lo que es más importante, discursos. Muchos se sienten inspirados por el fantasma de Steve Jobs en Stanford y aspiran a hacer historia. Al fin y al cabo, es un terreno en el que se dan cita tanto políticos como economistas, académicos, deportistas y toda clase de celebridades mayores o menores. Una competición por ser el más brillante o, mejor dicho, una hoguera de las vanidades.

Este año brilla con luz propia el discurso pronunciado por el decano de la Facultad de Educación de Harvard James Ryan, que tiene todo aquello que constituye un buen discurso: anécdotas vitales, reflexiones de esas que solo puede dar la experiencia y, sobre todo, un titular llamativo… por mucho que él le diese el nombre de “Tres sugerencias sobre cómo hacer y responder buenas preguntas, incluyendo cinco ejemplos de preguntas esenciales más una adicional al final, cuya respuesta correcta es ‘sí’”. Efectivamente, su discurso trata sobre las preguntas, tema que se le ocurrió después de que alguien le interrogarse acerca de cuál iba a ser el tema. “Es una buena pregunta”, respondió. Ya lo tenía.

Mis hijos generalmente hacen esta pregunta cuando llego a un punto en la conversación cuando les pido que hagan una tarea o dos

Antes de empezar con las preguntas, aclara, hay que tener claras varias ideas: por una parte, que debemos cultivar el arte de realizar buenas cuestiones (“os animo a resistir la tentación de tener respuestas preparadas y pasar más tiempo pensando en las preguntas correctas. La verdad es que una respuesta solo puede ser tan buena como la pregunta que se ha hecho. Lo sé por mi propia experiencia”). Por otra, que aunque ello implique que hay malas preguntas, si prestamos atención como oyentes, siempre podemos sacar algo positivo de una cuestión estúpida.

“Mi afirmación es que, si te habitúas a hacer estas preguntas, tienes buenas posibilidades de ser exitoso y feliz”, señala Ryan, a la sazón autor de ‘Five Miles Away, A World Apart: Two Schools, One City, and the Story of Educational Opportunity in Modern America‘ (Oxford University Press) y experto en legislación educativa. ¿Cuáles son las cinco preguntas que todos deberíamos hacernos continuamente?

“¿Cómo?”: comprensión

Solemos pensar que pedir una aclaración nos hace pasar por estúpidos, aunque en realidad es todo lo contrario. “Mis hijos generalmente hacen esta pregunta cuando llego a un punto en la conversación cuando les pido que hagan una tarea o dos”, explica Ryan. “Desde su punto de vista, me oyen decir algo en plan ‘bla bla bla y limpia tu habitación”. Aunque puede parecer que solo hacemos la pregunta cuando algo llama nuestra atención mientras no atendíamos, si las cosas quedan claras, todo será mucho más fácil. Tanto para los demás como para nosotros.

“Es la pregunta que deberías hacer antes de llegar a conclusiones o antes de tomar una decisión”, señala el profesor. “Es importante entender bien una idea antes de mostrarte a favor o en contra”. Sobre todo si, como él mismo afirmaba en la presentación de su discurso, vivimos en un mundo cada vez más extremista, tanto en Estados Unidos como fuera de las fronteras del país americano.

“Me pregunto…”: curiosidad

Una pregunta reflexiva que puede ir acompañada de “por qué” o de “si”. En el primer caso, y como ocurre también con los niños, es la cuestión que ayuda a estimular nuestra curiosidad sobre lo que ocurre en el mundo; la segunda nos ayuda a mejorarlo un poco. Es decir, una vez hemos entendido la situación, debemos empezar a plantearnos una posible solución.

“¿No podríamos por lo menos…?”: progreso

Lo más importante en esta frase no es tanto el “podríamos” (que también) como el “por lo menos”: a lo largo de nuestra vida nos vemos en situaciones en las que el cambio o el acuerdo parecen imposibles. Sin embargo, esta cuestión sugiere que siempre hay algo que se puede hacer, así que por lo menos podemos intentarlo. “Esta es la pregunta que debes hacer si quieres salir de un atasco, es la que te permite pasar de los desacuerdos pasados a alguna clase de consenso, como ¿no podríamos ponernos todos de acuerdo sobre el bienestar de los estudiantes, aunque no estemos de acuerdo en la estrategia?”, se pregunta Ryan.

“También es una manera de ponerse en marcha cuando no estás seguro de dónde vas a terminar, como en ¿no podríamos al menos asegurarnos de que todos los chicos vienen al colegio con buena salud y alimentados?”, añade. Es decir: una vez conocemos la situación y hemos empezado a barruntar qué podemos hacer, es el momento de dar los primeros pasos.

La última cuestión es: “And did you get what you wanted out of life, even so?” (“¿Conseguiste lo que querías de la vida, a pesar de todo?”)

“¿Cómo puedo ayudar?”: buenas relaciones

En este caso, lo más importante es el “¿cómo?”, ya que es lo que marca la diferencia entre el sabelotodo y el modesto que quiere echar una mano y no ser el protagonista. “También sabéis, por vuestro tiempo aquí, que debéis tener cuidado con el complejo de salvador, donde sois el experto que irrumpe para salvar al resto”, señala el decano a sus antiguos estudiantes. Lo importante es conservar el instinto de ayuda y atender a las necesidades de los demás y reconocer que ellos también tienen voz y voto. Algo que, asegura, “te ayudará tanto como tú servirás de ayuda a los demás”.

“¿Qué es lo importante?”: el corazón de la vida

Es muy fácil que nos perdamos en caminos secundarios que quizá no lleven a ningún lado o, simplemente, nos hagan perder mucho tiempo. Ya que nos hemos puesto en marcha, es necesario fijar bien nuestro objetivo. “Es la pregunta que te lleva la corazón de los problemas y al corazón de tus propias creencias y convicciones”, añade Ryan.

Una pregunta extra, de Raymond Carver

Para terminar, el decano cita uno de los poemas del escritor de Oregon Raymond Carver, llamado “Late Fragments” (“Últimos fragmentos”), que descubrió en el funeral de su antiguo compañero de habitación Doug Kendall. En él, el autor de ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’ preguntaba: “And did you get what you wanted out of life, even so?” (“¿Conseguiste lo que querías de la vida, a pesar de todo?”).

Como ocurría con otras preguntas del discurso, aquí lo que marca la diferencia es lo aparentemente accesorio. En este caso, “a pesar de todo”, que como señala el decano, “captura perfectamente el reconocimiento del dolor y la decepción que inevitablemente componen una vida plena, y también la esperanza de que la vida, incluso así, ofrece la posibilidad de alegría y contento”.

La pregunta va acompañada por una respuesta, que es la que el decano espera que todos sus alumnos puedan dar cuando se la hagan al final de sus vidas: “I did. / And what did you want? / To call myself beloved. To feel beloved on the earth”. Es decir, “Sí. / ¿Y qué querías? / Poder considerarme amado. Sentirme amado en la tierra”. Como concluye Ryan, no se trata simplemente de una cuestión emocional; la aspiración debería ser sentirse respetado y valioso.

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