Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

El profesor de felicidad

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Desde Confucio y Aristóteles, la humanidad anda dándole vueltas a lafelicidad: ¿Cómo conseguirla? El primero se conformaba con un poco de arroz, agua y un brazo doblado por almohada, y el segundo la situaba en el centro exacto de dos extremos. Luego vino Groucho Marx y dijo que estaba hecha de pequeñas cosas: “Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”… Ahora, el psicólogo y filósofo estadounidense e israelíTal Ben-Shahar (1970) se ha convertido en el gurú de la felicidad del siglo XXI. El éxito de este profesor nacido en Tel Aviv empezó en la prestigiosa Universidad de Harvard, donde el joven maestro se convirtió en todo un referente educativo impartiendo clases sobre felicidad. Con su psicología positiva, así le llaman ahora académicamente a la felicidad, Ben-Shahar ha atraído a 1.400 alumnos cada semestre. Una estratosférica cifra al alcance de unos pocos.

Hasta hace unos años, el privilegio de impartir la clase con más alumnos recaía siempre en terreno económico, y durante mucho tiempo el placer lo ostentó el reputado profesor de Economía Gregory Mankiw, con su clase de introducción a la economía, también impartida en Harvard. Pero de un tiempo a esta parte la felicidad desbancó a la economía en las preferencias estudiantiles y Ben-Shahar relevó a Mankiw del primer puesto, convirtiéndose así en el profesor de la felicidad en Estados Unidos y en medio mundo, donde imparte aplaudidas conferencias. Ahora, el feliz docente ha vuelto a Israel después de media vida en el exterior para proseguir sus clases sobre La ciencia de la felicidad en IDC-Herzliya, una universidad privada israelí.

Ben-Shahar dejó Israel para irse a los Estados Unidos a los veintidós años, recién completado su servicio militar. Su periplo hacia el éxito empezó con un docto­rado en Filosofía en Harvard. Luego trabajó durante dos años en Singapur como conductista organizacional para una com­pañía israelí y estudió educación durante un año en Inglaterra. Ha viajado por todo el mundo ju­gando a squash profesionalmente, ganando el campeonato in­teruniversitario norteamericano y el nacional israelí. Pero su mayor revés lo ha dado en el campo de la felicidad. Ben-Shahar parece haber encontrado su panacea. En resumen, para él la felicidad viene a ser “esa sensación general de placer y significado; una persona feliz disfruta las emociones positivas al mismo tiempo que considera que su vida está llena de significado”. Matiza que la definición no se refiere a un momento particular, sino a un agregado generalizado de nuestras vivencias: “Puede que una persona experimente dolor ocasionalmente, pero que sea feliz en lo global”. El profesor reconoce que su afición a la felicidad parte de su infelicidad: “Me iba bien como estudiante de Harvard, era un atleta de primer nivel, tenía una buena vida social, pero era infeliz”. Para superarlo se metió de lleno a estudiar a los grandes pensadores del pasado y a los investigadores contemporáneos y dio con el elixir: “Esos trabajos me ayudaron a ser más feliz, y luego quise compartir lo que había aprendido con los demás”, y hasta ahora. Ben-Shahar es autor de los best sellers internacionales The pursuit of perfect y Happier, traducidos a 25 idiomas.

Entre sus recetas para la eterna felicidad, Ben-Shahar destaca la necesidad de realizar algún ejercicio físico, “es igual de bueno que tomar un antidepresivo para nuestro estado de ánimo”, y recomienda treinta minutos al día. No olvidarse de desayunar es igualmente básico para insuflar la energía justa para afrontar con fuerzas el día, según indica el maestro. También recomienda listar la gratitud, escribir en un papel cosas que te dan felicidad. Otra de sus recetas es la de ser aser­tivo: “Pide lo que quieras y di lo que piensas”. Su larga lista también habla de economía y pro­pone gastar el dinero en experiencias y no en cosas. Tira de refrán para prescribir la necesidad de enfrentarse a los retos: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

En otro orden de cosas, recomienda pegar recuerdos bonitos, frases y fotos de seres queridos por todas partes: refrige­rador, ordenador, escritorio… Sonreír, caminar derecho o arreglarse para sentirse atractivo, forman parte del decálogo de la felicidad que formula Ben-Shahar. Llama la atención la importancia que le da al hecho de ir bien calzado para ser feliz: “Si te duelen los pies es seguro que te pondrás de mal genio”. El recetario termina con una buena alimentación: “Lo que consumes tiene un impacto importante en tu estado de ánimo”.

El maestro confiesa su automedicación para ser feliz: “Paso tiempo con mi familia, escribo y medito”. No varía en exceso del resto de los mortales a la hora de escoger el momento más feliz de su vida: “El nacimiento de mis hijos”. Tampoco se aparta del canon universal cuando se le requiere el momento más infeliz: “La muerte de mi mejor amigo en un accidente de avión camino a Singapur”. Y después del bache de juventud, reconoce que es feliz.

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