Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Filosofía visual para niños

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Ellen Duthie y Daniela Martagón son dos inconscientes, tres si sumamos en esta aventura a su editora, Raquel Martínez Uña. Tres inconscientes que se han empeñado con su ‘Filosofía visual para niños’ en que hacer pensar a los niños, a sus padres y a sus maestros, es una necesidad urgente para conseguir personas críticas. Si el mundo ya tenía demasiadas dudas sin resolver, ellas han venido para multiplicarlas y abrir algo que falta mucho en estos tiempos: el diálogo y el debate a partir de preguntas como ésta: ¿Matar hormigas te parece cruel?

Advertimos a todos los adultos que antes de seguir leyendo este artículo se hagan una sencilla pregunta: ¿Son ustedes de los que necesitan instrucciones o una guía exhaustiva para entender las cosas? Si la respuesta es afirmativa, quizá no deberían seguir leyendo. O quizá sí, quizá hoy deberían hacer una excepción. Porque Ellen Duthie y Daniela Martagón nos traen, en unas cajas muy atractivas, Filosofía visual para niños: 14 láminas que van a dar mucho que pensar, con más de 100 preguntas que se van a multiplicar en nuestras cabezas y en el intercambio dialéctico que vendrá después.

Filosofía visual para niños, de Wonder Ponder, es un proyecto que nace en un aula de niños de cuatro años. Cada dos semanas se reunía con ellos Ellen Duthie para realizar una sesión de filosofía para niños. Una iniciativa nacida de la mano de Matthew Lipman en 1970, que vio en la filosofía el modelo necesario para hacer una transformación de las prácticas educativas tradicionales, buscando el desarrollo cognitivo del pensar en detrimento de la repetición memorística de los conceptos.

En las primeras sesiones, Ellen Duthie abría el diálogo sobre un tema concreto en torno a un álbum ilustrado, a veces sobre algunas fotografías, donde viajaba con los niños en búsqueda de las teorías del por qué de las cosas. “Tratábamos de definir qué era un buen amigo, qué entendíamos por reparto justo, ¿siempre hay que repartir la tarta en tantos trozos como niños hay o más bien habría que repartirla dependiendo de sus necesidades, de si uno es más grande o tiene más hambre?”.

Un día, Ellen Duthie quiso tratar la crueldad con los niños y ahí todo cambió. No terminaba de encontrar el libro ilustrado que tratara el tema como ella necesitaba. Su cabeza pedía determinadas escenas y le trasladó esa inquietud a su amiga la ilustradora Daniela Martragón. Ella, en muy poco tiempo, preparó las escenas que Ellen necesitaba. “Cuando las utilicé en clase, enseguida vi que el enganche de las imágenes con el tema era directa. Los niños empezaron rápidamente a construir cosas. Nunca me había pasado eso en sesiones anteriores. Las escenas que Daniela había dibujado eran inmediatas, lo que no pasaba con los álbumes ilustrados”.

La primera sorpresa al abrir las cajas es que no nos vamos a encontrar por ningún lado con una guía exhaustiva de uso, sólo con una pequeña tarjeta orientativa. Hay tantas formas de usar Filosofía visual para niños como usuarios distintos se acerquen a ellas. Desde el enfoque más frívolo, donde simplemente echemos una sonrisa al ver las láminas de golpe. Hasta el enfoque más profundo, donde con un grupo de niños se organicen el debate y el diálogo como vehículos para el aprendizaje. Se pueden usar en modo individual o en modo grupal. Puede ser un material para niños o para adultos. Con tutorización o dejándoles al libre albedrío. Cualquier uso es correcto, siempre y cuando abramos las cajas sin prejuicios.

La idea fundamental del proyecto es provocar un divertido juego en las cabecitas de los más pequeños. Pero también en las cabezotas a menudo duras de los adultos. “Juega tú también, métete a pensar tú también con ellos. Los adultos que han utilizado las cajas se han quedado pegados a ellas mucho rato, porque no encuentran respuestas claras. Sobre todo porque pensaban que sí las tenían. Al principio es un choque brusco, pero enseguida empiezas a disfrutar. Y es que de repente hay un autorreconocimiento de tu incertidumbre y te entran una ganas terribles de ponerte a pensar”, nos cuenta Raquel Martínez Uña, editora del proyecto.

De momento están en el mercado Mundo cruel y Yo, persona, cada una con unos objetivos de trabajo muy concretos. Mundo cruel quiere hacernos reflexionar sobre el concepto de crueldad y sus derivados. Es una caja que quiere que hablemos con seriedad de este concepto con preguntas del tipo: ¿Matar hormigas te parece cruel?¿Crees que a veces los niños son crueles con los adultos?¿Cualquiera puede ser una víctima?

Yo, persona invita a asombrarte y reflexionar sobre dos preguntas muy cortas y no tan sencillas: ¿Quién soy? (¿Yo?) y ¿Qué soy? (¿Persona?). Si te atreves a adentrarte en la resolución de estas dos cuestiones, tendrás que tomarte tu tiempo y reflexionar sobre los puntos clave de cada una de las preguntas de cada lámina.

Pronto vendrán más cajas para tratar temas como la libertad, la realidad, la imaginación, la felicidad, lo posible y lo imposible.

El humor está muy presente en todo el proyecto y se nota al ver los dibujos de las escenas. “Empleamos el humor como forma de cuestionarnos cosas. Una escena te puede hacer gracia y te hace preguntarte cómo te sentirías si estuvieras pasando por esa vivencia. Te ayuda a cuestionarte todo lo que hay dentro de ti, a tomarte las cosas de una forma menos seria. Además, no hemos hecho algo especialmente bonito o cómodo, esa era la primera trampa de la que queríamos huir. Hemos intentado que haya varios niveles de lectura. Con un punto de humor, el juego engancha mucho mejor. Las escenas son ricas e interesantes, son para todos los públicos y poder afinar eso nos ha llevado mucho trabajo. Ningún adulto puede quedarse indiferente antes las escenas, como les pasa a los niños”, nos explica Daniela Martagón, que ilustra el proyecto.

Tanto Ellen como Daniela han hecho un esfuerzo muy grande a la hora de redactar las preguntas y elaborar las escenas, revisándolas minuciosamente para sacar el mayor partido posible de cada una de las 14 láminas. “Vamos a hacer siempre una pregunta desde el ángulo completamente opuesto al que puedas estar mirando las escenas. Las escenas y las preguntas están pensadas para que se dé la sorpresa tanto en el niño como en el adulto. Queremos jugar con ellos”. Incluso en el proceso de producción han trabajado duramente. Desde el primer momento querían un producto 100% hecho en España, sostenible, con gastos asumibles y sin que se disparara el precio final del producto.

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Los adultos que no son nadie sin las guías de uso tendrán que relajarse un poco ante este innovador material. “Tendrán que prepararse un poco una vez que abran las cajas, leerse las preguntas, posicionarse antes de iniciar la conversación, para así poder enriquecer el diálogo entre los niños. Para evitar que se vayan del tema, para ayudarles a concretar, para reconducir. Si no puedes salir del ‘yo necesito un libro de texto para trabajar’, este material quizás no sea para ti. Sé que no es un material que puedan utilizar todos los maestros”, afirma Ellen Duthie.

Estamos ante unas nuevas cajas de Pandora, donde de pronto salen un montón de cosas, algunas no tan positivas al principio por la dificultad que plantea no poder dar respuestas inmediatas a la amplia variedad de escenas que hay. Pero, en el fondo, estas cajas guardan la esperanza de poder construir diálogos por el simple hecho de cuestionar cosas porque sí. “Hacerse preguntas se convierte en una actividad gustosa para mí, es un material que abre más que cierra”, añade Ellen Duthie.

ohmF5LfD1nO00RO_w-UjnvPNrLZ2S6K9EOW0_FNQWUM“Los niños van a pensar, aunque nos empeñemos en que no lo hagan”, interviene Daniela Martagón. “Con nuestro proyecto, piensan más a gusto, piensan en grupo, contrastando ideas, pensamientos. En ningún momento queremos darles desde Filosofía visual para niños ideas que no tendrían de otras formas. Todo lo que planteamos son cosas muy cercanas, y que van a venir antes o después y no van a necesitar de un adulto para hablar de ellas. No estamos insertando ideas, son cosas que salen de ellos, de su día a día. Sí o sí. Los niños son felices con las cajas. Tienen más problemas los adultos. Pero cuando ven cómo los niños se desenvuelven a las mil maravillas con ellas, se relajan. Es simplemente filosofía para niños, que es menos rígida de los que podemos llegar a imaginar”.

Con preguntas no directivas, con un pequeña pregunta que empieza el debate en cada escena. “Estamos tan acostumbrados a partir de la lección que queremos insertar en el niño”, termina Ellen Duthie, “que nos cuesta mucho abrir la posibilidad de barajar respuestas alternativas que no habíamos programado”.

Seamos valientes y aceptemos este reto que nos plantean desde Wonder Ponder. Porque cuando un adulto no quiere buscar respuestas, oculta al niño la posibilidad de pensar. Necesitamos que los niños tengan voz, esa voz que muchas veces apaga el sistema educativo al que pertenecen.

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