Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

el erizo, de dando vueltas

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http://www.dandovueltas.es/2016/12/el-erizo.html

Foto: Juliet Earth en Fotoflirck
Texto de Xema Cabana, técnico de intervención Familiar en la Fundación Meniños. 

Tengo un erizo en mi jardín. Sí, lo descubrí una noche al abrir la puerta de la cocina. Resumiendo los hechos a grandes rasgos, lo vi, me vio y nuestras amígdalas cerebrales pusieron en funcionamiento nuestros sistemas de defensa, el del erizo hacerse bola y dejar al descubierto únicamente sus púas y el mío echar a correr con un grito. Una vez cerrada la puerta de la cocina, y cuando mi cerebro pudo integrar y darle sentido a lo que había visto, el miedo desapareció y dejó paso a la curiosidad y a cierta satisfacción ya que nunca había visto un erizo tan cerca. Y desde la tranquilidad de poder anticipar lo que me iba a encontrar, volví a abrir la puerta de la cocina, pero el erizo ya había desaparecido. Esta situación se repitió un número indeterminado de veces, con repuestas similares por parte del erizo (respuestas que fluctuaban entre hacerse bola y echar a correr). Parecía quedar claro que el animal no interpretaba como amigables mis intentos de acercamiento. El erizo y yo no podíamos darle el mismo sentido a lo que estaba pasando, él no era capaz de adivinar mis intenciones amigables y yo no era capaz de darle la seguridad necesaria para que no se activara su sistema de defensa. Hace días que no lo veo cuando abro la puerta de la cocina, empiezo a pensar que quizás no vuelva.

María llegó a nuestro programa después de que la vida la hubiera puesto varias veces contra las cuerdas. En este momento de su vida se encontraba sola, con varios hijos, sin ingresos y a punto de ser desahuciada de su vivienda. Cuando la conocimos, María traía con ella la historia de varias intervenciones anteriores que los y las profesionales resumían en: “ pasa de todo”, “ no hace nada por cambiar la situación”, “ no acude a las citas para poder ayudarla, y cuando acude muestra una actitud hostil”. 
 
En la primera entrevista que tuvimos con ella nos dejó claro que no nos lo iba poner fácil, veníamos de parte de “menores” y ella no quería esa “clase de ayuda” (se hizo bola y nos enseñó sus púas). Las siguientes entrevistas las anuló (salió corriendo).
 
Cuando trabajas en intervención social, situaciones como esta forman parte de nuestro día a día porque, seamos realistas, ninguna persona está encantada de acudir a un recurso de servicios sociales o a los equipos técnicos de menores. Acuden en el mejor de los casos voluntariamente cuando se han agotado las alternativas, o en el peor cuando les viene impuesto. ¿Y si a esta situación desagradable le sumamos una infancia en la que has aprendido que las personas que deben protegerte y ayudarte te dañan?, ¿y si además este aprendizaje lo han ido confirmando las experiencias y personas que han pasado por tu vida? En este punto, ¿ qué información le estará mandando a María su sistema límbico cuando aparecemos por la puerta de su casa? Casi con toda seguridad, se parece bastante a la que el cerebro del erizo le mandó al verme cuando abrí la puerta de la cocina, aquella que activó de forma inmediata su sistema de defensa, en el caso del erizo, las púas, en el caso de María la huída o la lucha, que nos llega en forma de rechazo. Rechazo…. qué gran palabra… Porque las púas del erizo no nos rechazan, simplemente se defienden. A nadie se le ocurriría que el erizo está rechazando la comida que le ofrezco amigablemente, porque “pasa de todo” o porque “ no quiere que le ayude a sobrevivir”. Claramente el erizo se está defendiendo, años de evolución le han enseñado que los humanos somos seres de los que, inicialmente, hay que defenderse, y su cerebro mamífero se lo transmite en milésimas de segundo cada vez que aparezco. ¿Qué pasa con María? ¿Por qué nos cuesta tanto ver la defensa y nos quedamos con el ataque?.

Hace años, como profesional solía pensar que conseguir una buena “alianza” con las familias dependía exclusivamente de mi actitud y mi pericia a la hora de utilizar las técnicas que me había dado la teoría, como si la empatía y la conexión fuesen herramientas que uno puede utilizar a demanda, como si las personas con las que me relacionaba no despertasen nada en mí y yo nada en ellas, como si las experiencias y vivencias de cada uno no tuviesen nada que ver a la hora de establecer una relación…. Es cierto que la actitud es importante, pero ¿què pasaría si no fuésemos capaces de entender que el erizo se está defendiendo porque nos teme? Probablemente interpretaríamos que nos está atacando, y aunque podríamos llegar a comprender que el ataque del erizo parte del mismo miedo que la defensa, nos costaría un poco más mostrarnos amigables y cambiaríamos la visión de animal entrañable por la de hostil, porque no reaccionamos igual ante una defensa que ante un ataque. Atribuirle un significado u otro depende de nuestra interpretación, y ésta, en gran medida, de nuestras experiencias. Pero hay algo más, en un contexto relacional, interpretar que alguien se está defendiendo nos lleva directamente a aceptar que podemos estar haciendo algo que levanta las defensas en el otro y eso no siempre encaja con la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Como profesionales de la intervención social deberíamos de ser capaces de ver más allá de las púas, reconocer cuál es la emoción que está detrás de la conducta y cuáles son las vivencias y el sentido que desencadena esa emoción. Reconocer el daño que despierta las defensas, pero no sólo el de las personas con las que trabajamos si no el propio. Necesitamos comprender y comprendernos para poder conectar, entender cómo han llegado hasta nosotros, y qué llevamos en nuestra propia mochila cuando las tenemos delante.
Hace unas semanas hemos vuelto a ver a Marís, nos habló de sus heridas y pudimos intuir sus fortalezas, que nos dieron pistas de por dónde empezar a construir una relación en la que se sienta segura, no podemos garantizar que esto vaya a ser suficiente, pero sabemos que es un buen comienzo.
“ Y si después de todo, 
resulta que las pistas eran el tesoro?
Guille Galván. Retrovisores
P.D:  El erizo no ha vuelto a aparecer por mi cocina, espero que esté bien.
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