Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

¡Viva la disrupción!

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CARLOS FRESNEDACorresponsal Londres

Podemos hablar tranquilamente de amigovios y papichulos, de apechusques y de jonrrones, pero no de “disrupción”. El Diccionario de la Real Academia Española sugiere probar con “disfunción”, “disyunción” o “irrupción”, al menos en su versión digital, que es todavía la del 2013 (¿a qué esperan?).

Sí está, sin embargo, oficialmente admitido el adjetivo “disruptivo” (“que produce ruptura brusca”). Pero nuestros propios ordenadores tiemblan y subrayan en rojo el palabro de turno cada vez que lo tecleamos…

Disrupción: algo más que ruptura. Amenaza, apuesta. Caos, confusión. Superación, separación. Punto y aparte. Acabar con lo establecido. Poner patas arriba un negocio o un sector. Purgar lo desfasado y viejo, incorporar lo rabiosamente nuevo.

Algunas las atinadas definiciones pertenecen a Eduardo Archanco, que nos recuerda en Elespectadordigital.com el profundo impacto que tuvo en su día una de las tecnologías más disruptivas de la historia: la honda de David. Recalca Archanco cómo en el 90% de las ocasiones es el gigante quien aplasta al enano, pero en el caso que nos ocupa es Goliat quien acaba “disrupcionado” (aunque a la RAE le cueste reconocerlo).

Lo cierto es que la ‘Innovación Disruptiva’ lleva dando vueltas desde la invención de la rueda, pero su uso no se popularizó en inglés hasta finales de los 90, cuando acuñó el concepto el profesor de la Harvard Clayton Christensen en ‘The innovators dilema’. Al fin y al cabo, se trataba de una puesta al día de la idea de la ‘Destrucción Creativa’, popularizada medio siglo antes por el economista austriaco Joseph Schumpeter, que lo definía como “el hecho esencial del capitalismo”, avanzando a golpe de innovación y de emprendimiento (otra palabra pasó años peleándose con los diccionarios).

Y en esto llega James McQuivey, con su libro ‘Digital Disruption’, y nos habla de las nuevas herramientas y plataformas, impulsadas por la última generación de “disruptores” que ya ha causado un marasmo en sectores como la música o la información, y que no va a dejar títere con cabeza.

‘Un cambio positivo’

Dos clásicos “disruptores digitales” han sido Amazon o eBay. Los más recientes son si acaso Airbnb -la plataforma de alquiler de casas entre particulares que ha puesto en armas a la industria hotelera- o Uber -la aplicación de móvil que promete revolucionar el transporte en las ciudades y que ha provocado la condena mundial de los taxistas-.

“Vivimos efectivamente en tiempos disruptivos, pero esto no ha hecho más que empezar”, advierte Ken Webster, de la Ellen MacArthur Foundation, que celebra durante cuatro semanas el Disruptive Innovation Festival (DIF).

“Una nueva economía está tomando cuerpo ante nuestros ojos, impulsada por las tecnologías de la información”, asegura Webster. “Lo que necesitamos son nuevas narrativas que puedan ayudarnos a canalizar un cambio positivo con todo lo que está ocurriendo. En nuestro festival ‘on line’ queremos iluminar todas esas posibilidades”.

La economía circular, el consumo colaborativo, el internet de las cosas y otras tendencias que hemos intentando esbozar en esta serie en los últimos tres años se dan la mano en este festival que convoca virtualmente a decenas de pensadores, economistas, emprendedores e innovadores varios, unidos con la idea de “catalizar el cambio sistémico hacia una nueva economía”.

Los cofundadores de Ecovative Eben Bayer y Gavin McIntyre.

“La disrupción se produce a través de una serie combinada de factores que actúan simultáneamente y ante los que el sistema no tiene más remedio que adaptarse”, advierte Ken Webster. “Nuestro actual sistema industrial vive de la explotación de recursos finitos y depende básicamente de una gestión de la escasez. El único y verdadero cambio de paradigma ocurre si le damos la vuelta a la tortilla y creamos un modelo que gestione la abundancia”.

Jeremy Rifkin habló la semana pasada sobre el advenimiento de una “sociedad de coste marginal cero” que acabará eclipsando el actual modelo de capitalismo. William McDonnough, impulsor del concepto “cadle to cradle”, aseguró que se están dando las condiciones perfectas para la creación del ese “modelo circular” de producción que él mismo anticipó hace dos décadas. Eben Bayer, fundador de Ecovative, explicó la revolución de los “biomateriales” y las grandes posibilidades de la fusión de la biología y la ingeniería.

 

“El cambio a gran escala ocurrirá no sólo por la innovación, sino por la conectividad”, concluye el afitrión del DIF, Ken Webster. “Los medios sociales nos permiten formas radicalmente nuevas de colaboración. Lo que queremos es ver todas esas innovaciones conectadas y trabajando juntas”.

“¿Qué es realmente una innovación disruptiva?”, “Disrupt or Die”: ¿Por qué unas organizaciones son capaces de subirse a la ola, mientras otras se quedan en la orilla?”.

 

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