Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

La música en aforismos

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En la música, en el ajedrez y en la matemática existen verdades absolutas y eternas del lenguaje que la realidad no puede desmentir

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/28/babelia/1482927728_954262.html?id_externo_rsoc=TW_CC

En el primer movimiento del quinto concierto de Brandeburgo, el clavecín arranca aceptando la misión encomendada: será el bajo continuo. Pero poco a poco se va cansando de tan previsible función. Entonces se rebela y se postula para asumir el protagonismo. A partir de ahora (¡ya está bien!), los solistas serán los acompañantes y el clave será el acompañado. El violín y la flauta protestan tímidamente con un largo trino in crescendo, pero el clave ignora el aviso, se apodera de la cadencia y entra en territorio desconocido (¡ahora que me dejen solo!). Pero es un laberinto y al poco rato se ha perdido. Entonces divaga, da tumbos a ciegas, ¿cómo escapar de aquí?, se desespera un poco, se desespera mucho, explora, se inspira, se marea y, de repente, una luz lejana anuncia la salida. Es una invitación para recuperar el ritmo y la armonía y para acelerar el paso hacia la libertad. Estamos en 1720, son los tiempos en los que Newton deslumbra al mundo con el determinismo de su mecánica y Bach, en estos pocos compases, propone dos saltos para el lenguaje musical: el concierto para teclado y orquesta y la improvisación. Con ello intuye la trascendencia del azar y se adelanta dos siglos a la ciencia.

En la música, en el ajedrez y en la matemática existen verdades absolutas y eternas del lenguaje que la realidad no puede desmentir. Solo dentro de estas tres formas de conocimiento nace a veces un niño prodigio. Bach es el lenguaje; Mozart, la belleza; Beethoven, la naturaleza; Vivaldi, la vida; Chopin, la inspiración; Chaikovski, la pasión; Alban Berg, la tristeza; Paganini, el límite; Schubert, la melodía; Gershwin, la frescura…

1. El gozo musical se mueve entre la ofensa del cerebro (por anticipar demasiado mucho) y su frustración (por anticipar demasiado poco).

2. La música realista y la pintura abstracta corren el mismo riesgo: quedarse en lo decorativo.

3. La música realista sortea la inteligencia para proponer estados de ánimo por la vía directa: la folclórica, pertenencia; la religiosa, hipnosis; la militar, euforia; el himno, emoción…

4. Los temas de Beethoven son irreducibles, universales, únicos y diversos, como las leyes fundamentales de la física, evocando lo máximo con lo mínimo.

5. Existe una música que produce el mismo efecto sobre la audiencia que ciertas conferencias: cabezadas si atiendes, sobresaltos si te duermes.

6. Lo mejor de la peor música es el alivio de desconectarla.

7. El primer sonido sonó mucho antes de que el primer oído pudiese escucharlo.

8. No se puede hacer vibrar un cuerpo sin que suenen los múltiplos de la frecuencia fundamental, de ahí la armonía y el gozo innato por la música tonal.

9. La armonía es más natural que cultural, por eso a un bebé no le entusiasma una nana dodecafónica ni un café amargo.

10. La textura es el tacto de la vista, y el timbre, la textura del sonido.

11. Conviene conocer las leyes de la armonía incluso para no usarlas.

12. La envidia es el único pecado capital que no da placer, salvo la que se siente ante la complicidad mutua de los músicos de un cuarteto.

13. El momento más sublime de la interpretación musical se alcanza cuando un instrumento consigue hacerse pasar por una voz humana.

14. El lenguaje musical es universal, pero transcribir partituras de un instrumento a otro es un ejercicio perfectamente prescindible.

15. Se diría que la chacona de la partita número 2 de Bach intenta reencarnarse cada vez que alguien se sienta ante un pentagrama virgen con la intención de escribir para violín solo.

16. La música sublima por triple colisión de tres inteligencias: la que escribe, la que la interpreta y la que escucha.

17. Una colisión de tres móviles es altísimamente improbable, pero ocurre todos los días entre compositores, intérpretes y melómanos.

18. La improvisación obliga al compositor, al intérprete y al melómano a trabajar dentro de un mismo artista.

19. No escucho a Wagner porque temo que me guste.

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