Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Learnability’, la palabra del futuro

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http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2017-04-25/learnability-palabra-futuro_1372167/

Significa el deseo y la habilidad de aprender rápida y eficazmente. No he encontrado en castellano una palabra sinónima. Existe educabilidad, pero enfatiza más la capacidad de recibir una enseñanza que la capacidad de aprender. Implica por ello una cierta pasividad, ausente en el término inglés.

Las grandes empresas sienten fascinación por los ‘knowmads’: aquellas personas que pasan con facilidad de un conocimiento a otro

Hasta este momento, la posibilidad de encontrar un empleo dependía de las competencias y de los conocimientos que se tuvieran. En este momento, comienza a darse más importancia a la capacidad de aprender. La razón es sencilla. El mundo de la empresa cambia con mucha rapidez, lo que hace necesaria una actualización constante. Se supone que los jóvenes que terminan este año sus estudios tendrán que reciclarse entre 10 y 14 veces a lo largo de su vida laboral, lo cual exige una capacidad de aprendizaje muy amplia. Aprender no estará motivado por la ignorancia, sino por la necesidad de desarrollo personal. La sociedad del conocimiento se rige por una ley que no podemos olvidar: “Una persona, una organización, una empresa o una sociedad entera necesitan para sobrevivir aprender al menos a la misma velocidad con que cambia el entorno. Y para progresar, necesitan hacerlo a más velocidad”. Como escribe Eric Schmidt, que fue director ejecutivo de Google y ahora es presidente de Wikipedia, la estrategia de reclutamiento de Google es contratar “versatile learning animals”, grandes aprendices versátiles. Las grandes empresas sienten fascinación por los ‘knowmads‘. Para tranquilizar a mi amigo Iñigo, advertiré que es una palabra intraducible porque, además de su peculiar etimología, encierra un juego de palabras. ‘Knowmad‘ es una contracción de ‘know’ (conocer) y ‘nomad’ (nómadas). Son aquellas personas que pasan con facilidad de un conocimiento a otro. Pero la palabra podría significar locos por el conocimiento. Esto es lo que las empresas valoran y lo que deberíamos valorar también en los sistemas educativos.

Por estas razones, el foco de muchas iniciativas se centra en el aprendizaje. Pero el concepto ‘learnability’ nos permite enfocarlo desde una perspectiva nueva. ¿Se puede ampliar la capacidad de aprender? ¿Cuáles son los límites del aprendizaje de una persona? No se trata de saber cómo podemos mejorar los procedimientos didácticos para que nuestros alumnos aprendan más, sino de algo más fundamental y previo: aumentar su capacidad de aprender. Sobre ello, trabajo en tres frentes. La investigación, desde mi cátedra Inteligencia ejecutiva y educación, en la Universidad de Nebrija. La práctica educativa, en los programas de la Universidad de padres. La aplicación al mundo laboral, a través del Human Age Institute, una organización en la que participan más de quinientas empresas.

La inteligencia es una capacidad ampliable

El esquema de nuestra propuesta es sencillo. La capacidad de aprender depende de dos factores diferentes: (1) neurológico y (2) psicológico. Sabemos que hay cerebros que aprenden con más rapidez (el de los niños con altas capacidades) o que tienen dificultades para aprender, que debemos resolver para que progresen.

La actitud supone el interés por aprender, una postura activa ante el aprendizaje, la confianza en la propia capacidad intelectual

Se está intentando ampliar la capacidad de aprendizaje mediante sustancias químicas, los llamados “potenciadores cerebrales”. Hasta ahora se trata de estimulantes –muchos de ellos de la familia de las anfetaminas- que ayudan a mantener la atención y a resistir el cansancio. Eric Kandel, premio Nobel de Medicina, uno de los grandes investigadores de la memoria, fundó en los noventa la empresa Memory Pharmaceutical, para crear productos que la mejoraran. En el 2008 fue comprada por los laboratorios Hoffmana-La Roche, sin que hayan tenido el éxito que esperaban. Por ello, me interesan más los métodos psicológicos y pedagógicos para mejorar la ‘learnability’. Desde el mundo de la pedagogía se trata de fomentar la capacidad de aprender del alumno. A eso van dirigidos los métodos de Reuven Feuerstein, fundador de Centro Internacional para el Acrecentamiento del Aprendizaje Potencial (International Center for the Enhancement of Learning Potential), en Jerusalén, la iniciativa Building Learning Power, de Guy Claxton o Learning without Limits de Mandy Swann, Alison Peacock, Susan Hart and Mary Jane Drummond, en la Universidad de Cambridge. Todos piensan que la inteligencia, que se define por la capacidad de aprender, es una facultad ampliable. También están de acuerdo en que antes de empezar a presentar contenidos a los alumnos, conviene dedicar el tiempo necesario a preparar y estimular su capacidad de aprender. Esto es válido a todas las edades y en todas las situaciones.

 

La capacidad de aprender se mueve en dos niveles: la actitud para aprender y la aptitud para aprender. La actitud supone el interés por aprender, una postura activa ante el aprendizaje, la confianza en la propia capacidad intelectual. El conocer y valorar la experiencia de aprender. Es importante la influencia del entorno. En el estudio de la OCDE ‘Future Directions for Learning Environments in the 21st Century’, se insiste en que el aprendizaje no se da solo “dentro de los individuos”, sino en la interacción con el entorno. Hay contextos inteligentes y contextos estúpidos. Aquellos facilitan y estimulan el aprendizaje, estos lo dificultan y disuaden.

Las aptitudes para el aprendizaje emergen de la educación de las estructuras neurológicas. El modo de aprovechar su plasticidad va a hacerlas más o menos capaces de aprender. Pondré un ejemplo. La bibliografía sobre “empleabilidad” insiste en la necesidad de desarrollar la flexibilidad, la agilidad mental, la habilidad para transferir habilidades de una situación a otra. El modo rígido y estático de aprender, dificulta el ejercicio de ese “talento ágil”. Siempre aprendemos desde lo que ya sabemos. Y este conocimiento previo puede facilitarnos el aprendizaje o bloquearlo. Los prejuicios impiden aprender.

Los programas educativos en que trabajamos mi equipo y yo satisfacen estas demandas, porque enseñan a gestionar el propio cerebro, – a diseñar los planes personales de aprendizaje-, desde la escuela primaria hasta el desempaño de la profesión. Las expectativas son fascinantes. Creo que España, por una vez, podría estar en la vanguardia educativa.

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