Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Orientaciones acerca del uso de las pantallas en niños y niñas, por Conchi Martínez

 

http://resilienciainfantil.blogspot.com/

 Si tuviera que decir una preocupación que es el denominador común de la mayoría de los padres y madres con los que trabajo es lo difícil que les resulta el manejo de los tiempos en relación al uso de las pantallas (videoconsolas, televisión, tablets, móviles). Sus hijos e hijas nunca tienen bastante. Por no decir, las discusiones sin fin acerca de qué tipo de juegos (está causando furor algunos de ellos totalmente inadecuados para un cerebro en formación, con violencia totalmente explícita),arguyendo el tan famoso “es que todos los tienen y yo no”.

 

La epidemia del siglo actual no viene en forma de tos y fiebre. Son alarmantes los datos que recogen las estadísticas sobre los y las adolescentes que han generado adicciones tecnológicas, tanto o más preocupantes que las adicciones a sustancias. Recientemente en la ciudad en la que vivo se celebraron unas jornadas de prevención en la que la concejala la Sanidad y Salud decía: “el juego es cada vez más temprano y adictivo entre los jóvenes“. Palabras sabias basadas en la evidencia, igual que el consabido eslogan “fumar mata” pero el consumo de tabaco sigue estando ahí en cifras desorbitadas.

Conclusión: tenemos un problema. Algo que es bueno, como son las (nuevas) tecnologías, mal usadas se están convirtiendo en fuente de placer para unos (los y las niños y adolescentes) y en fuente de conflicto y preocupación para otros (padres, madres y educadores/as), tanto por las consecuencias que generan su uso-abuso como por las dificultades en la convivencia familiar.

En esto, como en todo, hay un principio. De repente no tenemos un adolescente enganchado en casa o a una niña de 10 años que sube fotos en Instagram.  Cuestión de educación, de hábitos, de normas y límites. Los niños y niñas que hoy tienen 3, 5, 7, años…se enfrentan a un mundo digital tan lleno de posibilidades como de riesgos. El mayor riesgo es dejar de ser niños y niñasdejar de pensar como han de pensar los niños y niñas conforme a la naturaleza de sus cerebros que la naturaleza ha provisto (y no de los estímulos e información inadecuada e incapaz de poder ser procesada adecuadamente), y dejar de jugar a lo que siempre han jugado los niños y las niñas por centrar su tiempo y atención en aparatos diversos. Algo hay que hacer.

Por eso, cuando una mamá me pidió que yo valorara unas normas que ella entendía que podría ayudar a que sus hijos usaran de manera adecuada las pantallas, me pareció que eran muy interesantes y le pedí que me prestara esas ideas para desarrollarlas un poco, añadir alguna cuestión más y poder compartirlas en una entrada.

Estas orientaciones en principio irían dirigidas a padres, madres y educadores/es de niños y niñas de 2 a 12 años (antes de esa edad existen profesionales médicos, entre ellos la Asociación Americana de Pediatría que desaconsejan su uso). Ni están todas las que son (o deberían ser) ni pretenden ser dogma para nadie, sólo reflexiones que pueden ser compartidas (o no):

  • En relación a los contenidos:
  1. Programas o contenidos de tipo informativo:Videos cortos que explican cosas del tipo de “cómo se hace” (experimentos, manualidades, papiroflexia, etc), o algún otro contenido que fomente su curiosidad a partir de situaciones reales, es decir, que les facilite herramientas para promover la creatividad o ideas para desarrollar su capacidad de razonamiento.
  1. Programas infantiles o dibujos animados o juegos interactivos que previamente los adultos hayamos comprobado que son adecuados, es decir “relatos” o historias que no sean contrarios a los valores que se pretenden transmitir en la familia. Quedarían fuera  programas que sexualizan a niños o niñas desde pequeños o las series dirigidas a personas adultas;  o aquellos otros donde la figura del mujer  o niña aparece sometida o humillada al poder masculino; o programas o viodeojuegos excesivamente violentos  donde la única trama es la conquista o dominación; o programas que desautorizan a las personas adultas bien porque las ridiculicen o bien porque las muestren comportándose de una manera inmadura y poco responsable (como ocurre en algunos dibujos animados bien conocidos).
  •  En relación a los tiempos:
  1. No tener la TV encendida como “música de fondo” todo el tiempo y que tengan acceso de manera indiscriminada a cualquier cosa: telediarios, concursos tipo reality sohw,  programas de “cotilleo”, etc. La mente de los niños es fácilmente influenciable con la información que proviene de los informativos, en los que en numerosas ocasiones se informa de tragedias, desdichas y desgracias varias. De hecho, en buena medida contribuyen a la creación y mantenimientos de miedos que, aún siendo evolutivos algunos de ellos (como el miedo a la muerte o a que pase algo a la familia) se cronifican al ser reforzados con la cantidad de muertes, accidentes y peligros de los que se informan. De igual modo, los reality show muestran que todo puede ser exhibido, que no hay lugar para la intimidad y además, se presencian formas de comunicarse y resolver situaciones de convivencia en muchas ocasiones de hostilidad, insultos y otras lindes. Los programas de cotilleo, por su parte, no aportan a los niños y niñas ninguna información de interés, ni cultural, ni de ocio sano, sino más bien la intromisión en la vida de las personas.
  1. En cuanto a los tiempos, y teniendo en cuenta como hemos dicho antes que no valen todos los contenidos, y con independencia de que sea en la TV, tablet o movil , no más de 3 o 4 capítulos o jugadas, nunca más de hora y media seguidas en el caso de los/las más mayores, mucho menos en los/las pequeños/as a los que no se debería dejar más de una hora. Obvia decir que los videojuegos no deben interferir las rutinas y hábitos saludables de los niños y niñas, por lo que dado que entre tareas, rutinas, juegos con otros niños/as, etc., tendrían que estar restringidos a los fines de semana.
  1. En el coche al viajar, NO acostumbrarles a coger las pantallas en todos los trayectos, solo cuando el viaje dure más de 30 minutos. El poder adictivo de los videojuegos engancha de una manera increíble, de tal forma que se convertirá pronto en un hábito que, además de ir sumando el tiempo de exposición a las pantallas, va en detrimento de las relaciones interpersonales.
  1. En el caso de las películas, que tienen una mayor duración, por supuesto no vamos a demonizar su visionado cuando estas pueden ser una herramienta pedagógica muy útil, pero no podemos encadenar una tras otra. Cuando se termine la película se pedirá al niño o niña que cambien de actividad. Con ello no sólo les educamos en el buen uso y evitamos adicciones, sino que también estamos educando en la tolerancia a la frustración problemática que se encuentra a la base de todos y casi todos los problemas de conducta.
  1. Las pantallas NO deben ser utilizadas en forma de “chantaje” para que se porten bien, no son una alternativa al buen comportamiento. ¡Ceder por parte del adulto para no oírles llorar o para que se callen cuando nos interrumpen les lanza el mensaje de que es posible conseguir un ratito más de Tablet o de TV, solo hace falta que el medio que utilizan como moneda de compra (llanto, gritos, interrupciones) cobre más fuerza!.
  1. Tampoco deben ser utilizadas para distraerlos ante una frustración, decepción o algún otro estado emocional que no están sabiendo gestionar. El precio es caro pero lo peor no es la dependencia en sí que se puede gestar. Lo peor es el aprendizaje de asociar la calma ante el estrés, enfado o frustración a la “administración de la pastilla virtual”, es decir, a la tranquilidad que le proporcionan las máquinas y no el buscar la seguridad en el adulto, la reflexión y el autoconocimiento.
  1. Nunca para irse a dormir o al despertarse. Las pantallas no deben ser ni lo primero que vean al levantarse ni lo último que utilicen antes de irse a dormir. Para inducir el sueño se aconseja realizar actividades tranquilas que inviten al cuerpo y a la mente a dejarse llevar por el sueño, como por ejemplo contar un cuento o charlar acerca de cómo ha ido el día.
  •   En relación a los contextos:
  1. En compañia de alguna persona adulta. Dos son los conceptos claves que SOLO LOS ADULTOS deben tener en cuenta: Supervisión y límites. La primera por lo que ya hemos comentado, los segundos porque los niños y niñas no entienden de tiempos cuando están embelesados ante una pantalla y siempre quieren más.
  1. Dar pie a que se pueda comentar juntos/as lo que se ha visto al terminar el visionado de un programa de televisión o un juego. Aunque vivimos en la era de la información, lo cierto es que ni ha habido ni habrá mejor información que la que proviene de un padre, madre o tutor/a sensible, atento y disponible ante la curiosidad o el interés de un niño o niña por un tema. Las pantallas pueden ser herramientas. Los adultos somos los técnicos de la información que enseñan a emplearlas adaptándolas a la edad cronológica y mental (que no siempre van parejas).
  1. El uso de los aparatos debe respetar al resto de personas con las que se comparte el  espacio, es decir, el volumen no muy alto, pactar lo que se va a ver para que no siempre salga ganando una de las partes, negociar el reparto del espacio en el sofá, etc.

Obviamente esto no son más que reflexiones acerca de lo que sería recomendable en cuanto al uso de las pantallas de niños y niñas de 2 a 12 años  y por supuesto habría muchas más cosas a tener en cuenta.

Algunas otras recomendaciones realizadas por la Asociación Española de Pediatría y la Policía Nacional son las que se recogen en esta imagen:

Como reflexión final yo acabaría esta entrada con dos frases para invitaros a seguir pensando:

          LAS PANTALLAS NO SON JUGUETES

          ELLOS PIDEN, TÚ DECIDES

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