Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Si quieres que te sigan, mira y acércate. Si quieres enganchar, pregunta con la mirada.Por la gran Iolanda

Si quieres que te sigan, mira y acércate. Si quieres enganchar, pregunta con la mirada.

Los estímulos emocionales interactúan con las habilidades cognitivas, afectando a la capacidad de razonamiento, la toma de decisiones, la memoria, la atención, la actitud y la motivación para aprender, por eso podemos afirmar, siguiendo a Begoña Ibarrola, que las emociones son “las guardianas del aprendizaje”, y que son elementos importantes tanto para el que aprende como para el que enseña.

Waldegg (2003) menciona que la emoción es la puerta y la conexión directa al aprendizaje.

Para Bisquerra, las emociones matizan los significados: el estado emocional proporciona información para la formación de significados, es la relación inseparable entre la cognición y la emoción. Y, por tanto, la necesidad de cuidar la parte emocional es indispensable para el aprendizaje, en tanto la base afectiva emocional es necesaria para que la motivación y el aprendizaje puedan suceder (Bisquerra et al., 2012).

Para Damasio (2006), las emociones mantienen la curiosidad, nos sirven para comunicarnos y son imprescindibles en los procesos de razonamiento, es decir, los procesos emocionales y los cognitivos son inseparables.

Francisco Mora (2019) define la emoción como el vehículo que transporta las palabras y su significado. Para Mora sin emoción no hay significado, y sin significado no se puede aprender nada. Y es esa emoción que, si se maneja adecuadamente, hace despertar la curiosidad y la atención. Enseñar significa emocionar, evocar su atención desde dentro.

Conocer bien los fenómenos emocionales, su emergencia, cómo se expresan, cómo se regulan, abre la puerta a docentes y estudiantes a entender, acompañar y gestionar la complejidad y las múltiples dimensiones de universo emocional. Aprender a conocer nuestra dimensión emocional va  más allá de identificar las emociones, forma parte de la personalidad de todo ser humano y nos ayuda a comprender a los demás y favorecer un buen aprendizaje social.

La cognición y la emoción constituyen un todo dialéctico de manera tal que la modificación de uno irremediablemente influye en el otro y en el todo del que forman parte. Si los aprendizajes forman un binomio indisoluble con las emociones, entonces se nos plantea, por un lado la necesidad de preguntarnos acerca de quién enseña y de quién aprende, así como sobre la relación que se construye ente ellos y por otro lado el reto de entender cómo funcionan las emociones en el aprendizaje. No solo cómo funciona el sistema emocional sino las emociones como mecanismos de acción  (aprendizaje), de interacción entre personas (relación) y cómo confluyen y ocurren en un clima emocional (aula) sea este presencial o virtual.

Por ello en el aula muchas veces el aprender depende más de la emoción que de la razón con que se trabajan los objetivos del aprendizaje, y se actúa sobre los mismos, depende más de que lleguemos al corazón de cada alumno/a y de esta forma a su propio aprendizaje.

– Iolanda Nieves –

Profesora de Exdintra en los cursos de especialización de postgrado sobre enseñanza de español y docencia virtual

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