Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant

Consortium: cuestionar el sistema encima de un tablero

La plataforma valenciana Nittúa ha creado Consortium, un juego de mesa colaborativo para concienciar sobre la necesidad de un cambio de modelo que apueste por la sostenibilidad a través del entretenimiento y la didáctica.

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Consortium es un juego cooperativo enfocado en la transformación de la economía. Fotos cedidas por Nittua

Lis Gaibar

La premisa es simple: para luchar contra los males derivados de un sistema que devora los recursos naturales e incrementa las desigualdades, y sobre todo para convencer de la necesidad de hacerlo, hay que trascender de los ensayos, los artículos académicos, las mesas de debate y los análisis sesudos. Consortium, un juego de mesa creado por la plataforma Nittúa y que se encuentra en plena recta final de financiación a través de crowdfunding, nace con ese fin: mediante el trabajo en equipo, las personas jugadoras, convertidas en municipios, deben mejorar el nivel de bienestar en sus localidades, asegurar una serie de servicios y responder a los problemas que se presentan durante la partida en esa búsqueda cooperativa por la victoria, que en esencia no es otra cosa que construir una sociedad mejor.

Hay varios aspectos que hacen diferente a Consortium, más allá de la temática. Y todos son intencionados. Para empezar, la coherencia del juego entre el contenido y el continente. Tal y como explica Raúl Contreras, cofundador de Nittúa, el engranaje desde el diseño hasta la fabricación de los materiales pasa por esta máxima de poner la economía al servicio de las personas, y no viceversa. Las fichas del juego se producen en un laboratorio del barrio de Benimaclet utilizando material reciclado. Las cajas han sido encargadas a una empresa familiar pionera en formar trabajadores acompañantes, técnicos en la integración de personas, en su plantilla. Del montaje y distribución se encargan personas con discapacidad intelectual. Frente a la inercia habitual de buscar la mejor oferta en términos económicos —por ejemplo, encargar las piezas en fábricas chinas—, el equipo optó por opciones que “hagan estas tareas de manera sostenible, por empresas que aportan otros valores que asumimos y pagamos”, expresa Contreras.

Otro de los aspectos significativos del juego es la capacidad de criticar el sistema capitalista sin decir explícitamente que lo que se está haciendo es intentar corregir sus efectos. Y el economista valora positivamente esta estrategia: “Creo que es algo que hemos hecho bien: no poner nombres a las cosas, sino dejar que los jugadores experimenten los efectos, que vivan la partida. Posiblemente poner en el título del juego el término ‘anticapitalista’ puede generar rechazo, y lo que queremos es llegar al máximo número de personas posibles”. En el juego no existen términos económicos complejos, ni nombres de referentes pensadores de la economía social y solidaria: en el juego sencillamente una pandemia te quita puntos de bienestar y un nuevo espacio sociocultural te los suma.  

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Consortium es un juego cooperativo enfocado en la transformación de la economía. Foto cedida por Nittua

Tercera característica importante: el hecho de que sea cooperativo. Para Contreras, la apuesta por la cooperación frente a la competición trasciende de la dinámica del juego, y va más allá también del discurso de las economías transformadoras. “Las ventajas de la lógica cooperativa frente a la competitiva son evidentes y hasta al propio capital le toca morderse la lengua. Juntarse y cooperar es más rentable en términos económicos”, asegura el economista. Por otra parte, los creadores del juego tenían claro que era fundamental que hubiera diálogo durante la partida: “El hecho de que para ganar el juego sea bueno compartir cuáles son tus cartas al final no es otra cosa que apostar por el conocimiento libre”, explica el empresario. La posibilidad de intercambio de cartas entre jugadores y el hecho de que la derrota de un jugador sea negativa para el resto del equipo lanza un poderoso mensaje sobre la filosofía de la ayuda mutua frente a la competencia feroz, del mismo modo que lo hace el empleo de estrategias a largo plazo frente a las soluciones inmediatas. “Hay muchos aspectos relacionados con la necesidad de proteger la vida que no se mencionan de forma directa, pero que están presentes durante todo el desarrollo del juego”, resume el cofundador de Nittúa. 

Además de las aportaciones individuales, que se pueden realizar hasta este jueves, los municipios tienen la posibilidad de financiar su propia carta y que esta participe en la partida. Entre las cuatro ciudades que estarán presentes en el juego se encuentra la de València, cuyo ayuntamiento ha apoyado la campaña de micromecenazgo del mismo modo que lo han hecho —y pueden hacer todavía— otros consistorios de pueblos de distintos puntos geográficos. Aunque el proyecto ya ha obtenido el mínimo de financiación necesaria, la apuesta pasa por conseguir el mayor número de donaciones posibles para invertirlo en distribución y cubrir otros gastos relativos a la creación del juego.

Hasta el momento, sus impulsores han organizado multitud de partidas con participantes muy diversos. Con niños y niñas, con personas adultas, con gente con mucha experiencia o casi ninguna en juegos de mesa. Con ONG y colectivos sociales, con grupos a los que el modelo económico retratado a través de Consortium ha vapuleado en exceso. El feedback, en general, ha sido bueno. Y una cosa que aporta mucho valor a las partidas, añade Contreras, es la sobremesa. Las conversaciones que se suceden cuando concluye el juego y o todos consiguen la victoria de la partida o, por el contrario, todos pierden. Diálogos acerca de las acciones que reseñan las cartas, o acerca de las estrategias seguidas. Debates, en definitiva, alrededor del sistema… y de las alternativas que existen para que todos ganen.

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