Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


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“Dialoguem sobre els nostres sentiments no per buscar la victòtia sobre l’altre, sinó per arribar a la comprensió mútua”p. 50

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“La tercera Revolución Industrial es, a un tiempo,la última fase de la gran saga industrial y la primera de la era colaborativa emergente.representa una especie de interregno entre dos periodos de la historia económica:el primero, caracterizado por la conducta industriosa y el segundo, por la conducta colaborativa”  p.351

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” Para mi, la felicidad es ver que los niños están bien, esa es mi felicidad.Poder ayudar a los niños y que ellos aprendan a que todo en la visa cuesta pero tienen que ponerle de su parte y avanzar” p.55

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Progreso: 10 razones para mirar al futuro con optimismo

 

Progreso: 10 razones para mirar al futuro con optimismoNuestra percepción puede decirnos que todo va mal, pero los datos indican que el mundo mejora y que lo hace, en muchas ocasiones, para aquellos que se encuentran en un peor punto de partida: en casi todos los rincones del mundo la gente vive más años, con mayor prosperidad, más seguridad y mejor salud. Y así lo demuestra el detallado examen que Johan Norberg hace en este libro de las cifras oficiales de organizaciones internacionales.

Entrevista al autor: “Somos adictos a las malas noticias”, en El País del 05/02/2018.


Ensayista considerado parte de los ‘nuevos optimistas’. Defensor del liberalismo y la globalización, considera que, a largo plazo, todo siempre irá a mejor.

Johan Norberg fue anarquista en sus años mozos y ahora es un gran defensor de la causa liberal. Este ensayista sueco de 44 años despuntó en 2001 con la publicación de En defensa del capitalismo global, uno de los 15 libros que ha escrito hasta la fecha, y desde entonces recorre el mundo dando conferencias. Se considera parte de los ‘nuevos optimistas’, una suerte de corriente de pensamiento que engloba a académicos, miembros de think tanks, y autores de distintas sensibilidades políticas que tienen en común el uso de datos para estudiar tendencias a largo plazo y contrarrestar el pesimismo reinante. Entre ellos está el psicólogo y profesor de Harvard Steven Pinker, autor de Los ángeles que llevamos dentro.

Formado en la Universidad de Estocolmo y especializado en Historia de las Ideas, Norberg publica ahora en España Progreso: diez razones para mirar al futuro con optimismo (Deusto, Grupo Planeta), ensayo que fue libro del año en 2016 según The Economist. En él recurre a una decena de variables (pobreza, esperanza de vida, alimentación, libertades) para compararlas con las de hace dos siglos y concluir que vivimos la mejor época de la historia de la humanidad. Concede esta entrevista en la Fundación Rafael del Pino, horas antes de pronunciar una de sus conferencias.

PREGUNTA. Su libro está plagado de indicadores que invitan al optimismo, pero si tuviera que elegir uno, ¿con cuál se queda?

RESPUESTA. Elegiría el de la esperanza de vida. Resume tantas otras cosas: nuestro mejor acceso a la alimentación, agua potable, riqueza, mejor sanidad en general. Es un indicador que no varió en 100.000 años y que en tan solo 100 ha pasado de los 30 a los 71 años.

P. Usted destaca que se ha avan­zado en la lucha contra la pobreza. Plantea que en 1820 el 94% de la humanidad subsistía con menos de 2 dólares y en 2015 ya solo el 10% estaba en esa situación. Pero en el reciente Foro de Davos se alertó de la creciente desigualdad y se dijo que en los últimos cinco años el crecimiento no sirvió para reducir la pobreza.

R. Me inquieta cuando la gente dice que las desigualdades son la gran amenaza. El problema es la pobreza, no la riqueza. Es bueno que la gente haga dinero creando nuevas tecnologías que permiten un mayor acceso al conocimiento, que se mejore la logística. Cosas como la esperanza de vida, el acceso al conocimiento, a la educación, están mejor que nunca, en parte porque las tecnologías del transporte han reducido el coste de todo. Por eso pienso que la apertura y la globalización son lo más importante para el progreso.

P. Algunos sostienen que la globalización y el liberalismo, combinados, contribuyeron a la crisis de 2008. En los noventa, en pleno apogeo de la globalización, el comercio era más libre que nunca, se privatizó, se desregularon los mercados…

R. No fue el hecho de que tuviéramos una economía global y un comercio sin barreras lo que nos condujo a eso. Fue que todo el mundo en el sector financiero asumió demasiados riesgos. Sobre todo, los propietarios de casas, de inmuebles.

P. ¿Se refiere a la gente que compró casas?

R. Me refiero a los bancos. Todos los que compramos casas, los bancos que lo hicieron posible…

P. ¿Responsabilizaría usted a la gente que se compró casas?

R. No. Responsabilizaría a los bancos centrales. Y a las políticas monetarias. El dinero era gratis.

P. En 2005, el filósofo canadiense John Ralston Saul escribió El colapso de la globalización y la reinvención del mundo. En este ensayo aseguraba que el dinero se ha convertido en una especie de ficción. Daba el dato de que en los años setenta el comercio era seis veces el valor de los bienes y decía que para 2015 era 150 veces ese valor. La distancia entre la economía real y la economía financiera se fue ampliando, se creó una pura inflación de dinero. ¿Coincide con este análisis?

R. Estoy moderadamente de acuerdo con este argumento. Cuando ingresamos dinero en una cuenta de un banco, actuamos como si aún lo tuviéramos. Es nuestro, sí, pero alguien lo está utilizando a la vez, porque el banco se lo presta, de modo que la oferta de dinero se incrementa. Esto es lo que ocurre, entre otras cosas, con la deuda. Los bancos centrales juegan con el dinero porque no está basado en ningún valor, y eso puede crear grandes problemas porque cuando drenamos el sistema de liquidez, eso crea grandes crisis.

P. ¿Hemos hecho lo suficiente para evitar que vuelva a suceder?

R. A menos que volviéramos a algún tipo de patrón oro y aboliéramos la facultad de los bancos de mantener tan solo una fracción del monto de los depósitos de los clientes, es difícil mantener el sistema en forma. Lo que tendríamos que haber hecho desde el principio es asegurarnos de que los bancos no se sintieran demasiado seguros. Ese es el problema del legado de la crisis financiera: cuando las entidades financieras cometieron estos enormes errores, en cierto modo fueron rescatadas y salvadas por los contribuyentes. A veces se habla del capitalismo de casino, pero yo nunca he ido a un casino en el que, arriesgando, si ganas te llevas el dinero y si pierdes el contribuyente te lo devuelve. Los propietarios y los accionistas de los bancos no sufrieron lo suficiente; tendrían que haberlo perdido todo.

P. También en la última edición de Davos se dijo que no se descarta una nueva crisis. ¿Considera que es algo que pueda suceder a corto plazo?

R. Esto arruina un poco mi imagen de eterno optimista, pero creo que puede ocurrir en cualquier momento. Y nada me da más miedo que escuchar a analistas y empresarios decir que la economía va de maravilla, porque ese es el momento en que se cometen errores y, de pronto, la recesión golpea. Así ocurrió en 2006. Acabo de arruinar mi imagen de eterno optimista.

P. Desde luego.

R. Debo añadir algo. Puede haber problemas, incluso muy graves, a corto plazo, pero en la nueva economía nuestro conocimiento y nuestras capacidades tecnológicas no paran de crecer, así que podemos tropezar y caer, pero tropezamos sobre un suelo cada vez más alto.

P. El optimista está de vuelta…

R. Sí, ¡uf!

P. ¿Necesitamos más nuevos optimistas?

R. Sí. Necesitamos más datos que demuestren cómo ha evolucionado todo. Mi libro rebosa optimismo, pero lo que oigo es que la gente no cree en los datos y piensa que todo va a peor.

P. Tal vez esto ocurra porque hay una generación, por ejemplo en un país como España, que sabe que va a vivir peor que sus padres, que no podrá comprarse una casa, que no tendrá estabilidad laboral…

R. Sí, pero esto es el resultado directo de la crisis financiera, de cosas que han ocurrido, sobre todo, desde 2008. Desde entonces se ha producido una verdadera sacudida de las cosas: España ha mejorado su dato de PIB con respecto a los años de la crisis. Pero es cierto que ha perdido varios años de crecimiento y oportunidades. Si esto se mezcla en la mente de la gente con todo tipo de riesgos geopolíticos, con el terrorismo, todo ello crea la sensación de que hay problemas.

P. Los medios influyen en nuestra visión negativa del presente. Y dice usted que nos hemos convertido en adictos a las malas noticias. ¿Es así?

R. El periodismo recurre mucho a lo dramático, a lo chocante. Pero no hay que responsabilizar a los periodistas. Yo y tantos otros lectores somos los responsables porque queremos eso, somos adictos a ellas porque está en nuestros genes, creo.

P. ¿Lo considera una cuestión genética?

R. Pienso que exagerar los riesgos fue un valor para sobrevivir durante decenas de miles de años. Y los psicólogos lo han demostrado: lo malo tiene más fuerza que lo bueno.

P. Steven Pinker es uno de los que decían esto…

R. Efectivamente, y su trabajo me ha inspirado mucho. Él considera que en la prehistoria de nuestra evolución necesitábamos conocer las malas noticias inmediatamente. Seguimos programados así, aunque vivamos en condiciones más seguras que nunca. La diferencia es que ahora nos enteramos antes y más que nunca porque siempre hay alguien con un móvil para documentarlas y compartirlas al instante. Siempre hemos sido adictos a las malas noticias, pero nunca nos hemos ahogado tanto en ellas como ahora.

P. Que hayamos ido a mejor no implica que esa tendencia se vaya a mantener. ¿Cree que seguiremos yendo a mejor?

R. Esa es la gran cuestión, ¿no? Soy optimista con respecto a lo que la gente puede hacer cuando tiene libertad de explorar nuevos conocimientos, de experimentar con nuevas tecnologías y modelos de negocio, de intercambiar más allá de las fronteras. Pero no soy optimista con la política. Hemos visto fuertes reacciones contra el liberalismo y la idea de una economía abierta. El populismo, de derechas y de izquierdas, los Donald Trump del mundo, podrían amenazar el progreso de muchas maneras. Dicho lo cual, uno de los mejores empujones a favor de la globalización y el libre comercio ha sido la llegada de Trump: la gente se ha dado cuenta de que no podemos confiarnos. Soy optimista a largo plazo porque, si cometemos errores estúpidos en Europa o en Estados Unidos, otros vendrán a recoger la antorcha y continuarán con el progreso de la humanidad.

P. ¿Es legítimo ser tan optimista con la globalización cuando estamos frente a un fenómeno como el cambio climático?

R. Creo que sería irresponsable no ser optimista cuando nos enfrentamos a retos como este. A veces se confunde el optimismo con confiarse y dormirse en los laureles. Si transmitimos la idea de que todo son problemas y no hay solución, aparece la desesperación y no hacemos nada. El riesgo ahora es que la gente esté demasiado asustada con el mundo, y lo que hay que hacer es inyectar un optimismo basado en hechos que ayude a solucionar los problemas.

P. Hay quien considera que la necesidad de crecer cada año, en un planeta con recursos finitos, es lo que ha conducido al mundo a esta situación.

R. No estoy de acuerdo. Creo, como Indira Gandhi, que la pobreza es lo que más contamina. Hasta que no consigues niveles de vida dignos, no te preocupas por el río o por el bosque. La riqueza es lo que nos ha dado la oportunidad de saber cómo combatir esos problemas medioambientales.


 

Ilustración y progreso

El ensayista sueco Johan Norberg destaca en su último libro que el progreso nace con la Ilustración y se desarrolla gracias al liberalismo y la globalización. A continuación, un extracto de Progreso; diez razones para mirar al futuro con optimismo, que acaba de publicar el sello editorial Deusto (Grupo Planeta).

“Este progreso empieza a desarrollarse con la Ilustración y sus grandes avances intelectuales, que se dan entre los siglos XVII y XVIII y nos ayudan a examinar el mundo a través de las herramientas del empirismo. Poco a poco aumenta el escepticismo ante las autoridades, las tradiciones y la superstición. El corolario político de este cambio es el liberalismo clásico, que rompió las cadenas del autoritarismo, la esclavitud y los privilegios. Y, no lo olvidemos, la Revolución Industrial transformó la economía a lo largo del siglo XIX y ayudó decisivamente a vencer la incidencia del hambre y la pobreza. Estas sucesivas revoluciones bastaron para liberar a gran parte de la humanidad de las duras condiciones de vida que, hasta entonces, eran habituales. Más recientemente, en las últimas décadas del siglo XX, la globalización ha contribuido a que estas ideas, libertades y avances tecnológicos se extiendan por todo el mundo, ampliando y acelerando el alcance del progreso”.

 

Norberg, Johan. “Progreso: 10 razones para mirar al futuro con optimismo”. Deusto, 2017. ISBN 978-84-23428-80-9


Terrícoles’: entrevista a en Francesc Miralles i a l’Álex Rovira

 

“Amb els anys anem perdent l’alegria”, assegurava l’escriptor, economista i consultor Àlex Rovira al programa d’entrevistes de Betevé ‘Terrícoles’. El seu presentador Lluís Reales el va entrevistar fa unes setmanes a ell i al també escriptor Francesc Miralles. Tots dos, grans amics, acaben de presentar el seu nou llibre ‘Alegria’, que parla sobre un do que forma part de la nostra essència i que només necessitem redescobrir.

‘Terrícoles’: entrevista a en Francesc Miralles i a l'Álex Rovira

Tant Álex Rovira com Francesc Miralles admeten en el programa d’entrevistes de Betevé, presentat per Lluís Reales, que l’alegria involuciona amb els anys. “A mesura que passa el temps, cobrim les emocions amb capes de prejudicis, experiències, obsessions…”, opina Miralles. “Ens creem un escut que ens impedeix sentir l’alegria amb la facilitat amb què ho fèiem quan érem petits”.

Encara que no ens ho creguem, podem controlar quan sentir l’alegria. el filòsof Baruch Spinoza distingia, de fet, entre les alegries actives i les passives. Les actives depenen directament d’un mateix, com la que et pot provocar un sopar que organitzes per als teus amics, l’alegria que sents quan la prepares i un cop estàs amb ells. Les alegries passives, en canvi, són aquelles alienes a nosaltres, com quan et poses content perquè guanya el teu equip favorit. Francesc Miralles advoca per fomentar la creació d’alegries actives, ja que “ens ajudaran a millorar el nostre estat d’ànim i el d’aquells que ens envolten”.

Igual que podem controlar (en certa mesura) quan sentir alegria, podem decidir també amb qui ens relacionem. No obstant això, en àmbits com el laboral no decidim amb qui convivim. I a més, és normal contagiar-se de les emocions que perceps en aquest cercle. És per això que Miralles cita una interessant reflexió del conferenciant americà Jim Rohn qui afirma que “som la mitjana emocional de les cinc persones amb les que més ens relacionem i que no necessàriament hem escollit nosaltres”. A partir d’aquest punt, un mateix decideix si deixar-se influir pels estímuls positius o pels negatius. A més, així pots valorar si deixar enrere les relacions negatives i acostar-te a persones que t’influeixin més positivament.

Sense moure’ns de l’àmbit laboral, tant Àlex Rovira com Francesc Miralles afirmen que les emocions juguen un paper molt importants a les empreses. Sense anar més lluny, Rovira, a partir de la seva experiència com a consultor, afirma que veu poca alegria a les organitzacions. “Més que mai, les empreses han de fomentar les emocions positives. No serveix de res tenir algú talentós si la persona no està a gust”. Tanmateix, l’economista veu llum al final del túnel, vaticinant que cada vegada més l’alegria serà un factor clau en àmbits de Recursos Humans com ara la formació i la selecció.

De totes maneres, la capacitat de retenció del talent depèn en gran mesura de la voluntat de l’alta direcció. I Rovira la relaciona directament amb l’estat d’ànim. Què vol dir això? “La psicologia crea l’economia”, sosté. “De la mateixa manera que la misèria moral ens ha portat a la misèria econòmica, una certa ètica i la voluntat de servir ens poden portar a uns millors processos econòmics”. Això porta a pensar que l’alegria és una eina més poderosa que l’esforç, malgrat que realment, si ambdues es combinen, poden resultar molt potents. “L’esforç sense alegria porta a la destrucció. L’esforç amb alegria porta a la transformació”.

Una important conclusió d’aquesta entrevista és que l’alegria hauria d’estar present en el màxim d’àmbits possibles. El llibre de Rovira i Miralles tracta d’això: l’alegria a la feina, en la política o en la vida personal milloren l’actitud davant els problemes i, com a conseqüència, milloren els resultats obtinguts.

 

Accés a l’entrevista a Francesc Miralles i Àlex Rovira al Canal de Youtube del programa Terrícoles de Betevé: https://www.youtube.com/watch?v=kc80igkrbl8

 


La intuición es lo más auténtico de ti que hay en ti

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20180210/44652220840/la-intuicion-es-lo-mas-autentico-de-ti-que-hay-en-ti.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=facebook&utm_medium=social

El nómada

Lo conocí con 37 años, cuando iniciaba su vuelta al mundo en bicicleta ( La Contra 24/IX/2004). Trece años después me llama: “Ya he vuelto”. Vivimos escapando de nosotros mismos y de la muerte, me dijo entonces. Y todo se repite: la Navidad del 2002 se confunde con la del 2003. “Ojalá algún día sepas lo que quieres”, le dijo su jefe cuando se despidió de la notaría de Madrid. “Aquello me sentó muy mal, pero luego entendí que en la vida no hay por qué saber lo que quieres hacer, basta con querer lo que haces”. A sus 50 años sigue siendo el mismo, tal vez más seguro y expeditivo. La experiencia te forma, pero no te cambia. En el camino ha hecho varios libros, un par de documentales y cientos de espectáculos gratuitos.

Le entrevisté cuando inició su vuelta al mundo en bicicleta.

Sí, hace 13 años.

¿Y qué ha comprendido?

Que las únicas fronteras de este mundo son las que crean el miedo, la resignación, el confort y nuestra mente.

Abandonó una buena vida.

En un extremo de la balanza, un puesto de trabajo que me ocupaba 11 meses al año; en el otro, ser dueño de mi tiempo.

A un alto precio: un buen trabajo, la seguridad, amigos, casa, futuro…

¿Qué futuro?… ¿trabajar por un salario y esperar al fin de semana para vivir? La moneda de cambio es atreverte, respetar tus deseos, pero tiene premio. La intuición es probablemente lo más auténtico de ti que hay en ti.

¿La intuición?

La suma de nuestra experiencia y de nuestro olfato, un músculo que hay que entrenar, teniendo en cuenta que la mayor parte de nuestros problemas nos los creamos nosotros mismos.

Cierto, muchos de ellos.

Si vas ligero de equipaje por la vida, también vas ligero de problemas.

No siempre funciona.

No, pero perseguido por el tiempo y con la vida repleta no hay perspectiva posible. Ligero de equipaje te haces más consciente del presente, lo único que existe, y de la futilidad de la existencia; te vuelves más práctico y no dedicas tu tiempo a hacer planes, sino a ejecutar algunos de ellos y no posponer el vivir.

No cree usted en paraísos.

Creo que el paraíso está en esta Tierra. Pero nuestra forma de actuar, nuestro ego, convierte el paraíso en infierno. Si hay otro al morir, perfecto, ya tenemos dos paraísos. Pero si por acaso no lo hubiera y desperdiciamos este, nos quedamos sin ninguno.

Hay que saber disfrutarlo.

Disminuir la velocidad te garantiza poder observar más cosas y disfrutar las emociones y situaciones que se suceden. Vivir más no equivale a vivir más años, basta con vivir a fondo lo que te pasa a diario, con más pasión, intensidad.

El tiempo es el lujo.

Estar menos atareado produce más placer y te muestra quién eres. Un hombre puede poseer miles de hectáreas –dice un proverbio chino–, pero cuando duerme lo hace sobre una cama de dos metros.

¿Y qué hace con el miedo?

Un día me detuve en una pequeña villa, abrí mis alforjas y me vi rodeado de diez hombres que miraban mis pertenencias. Presentí el peligro, así que me fui rápidamente sin mirar atrás, pero oí: “Ah, el gringo tiene miedo”.

Tal vez fue la intuición o el sentido de supervivencia lo que le alejó de allí.

Era mi inseguridad, mi falta de confianza la que había causado mi nerviosismo. Y ese miedo es como un mal olor, aquellos hombres lo presintieron. El miedo hace que ocurra lo que temes.

A veces el miedo es justificado.

El miedo pocas veces está justificado. Es más una carga que una señal de alarma. No ayuda a tomar decisiones, nos bloquea y nos limita nuestra libertad. El único miedo que hay que tener es a no cumplir tus sueños en esta vida.

Imagino que no siempre ha sido bien­venido.

Me he encontrado con personas que desconfiaban de mí, aunque no ha sido la norma. Una vez que estableces la comunicación con el corazón y la mirada, el otro ser humano te acepta aunque no te entienda.

¿Desconocer el idioma no es una barrera?

Hablo inglés, pero pese a ello en Canadá o en EE.UU. no me abrían muchas puertas cuando llamaba para pedir agua. Tenían más miedo que curiosidad. Es una cuestión de idiosincrasia. Poseer te aísla.

No siempre es fácil entenderse.

Cuando intento aprender algunas palabras de un idioma o dialecto siempre empiezo por tres: perdón, gracias y permiso. Pidiendo perdón un japonés podría robar un banco.

“Si quieres compañía, navega sola”, me aconsejó un navegante solitario.

El hecho de que la mayoría de los días no pueda pagarme un hotel me obliga a llamar a la puerta de iglesias, hospitales, bomberos, vecinos, escuelas…, y al abrirme la puerta del lugar también lo hacen de su corazón y de su cultura. La soledad es como un buen perfume que atrae a otras personas. Pero hay algo más importante…

¿Qué?

Si no estás bien solo, ¿quién va a querer estar contigo?

¿Ha vivido sin rumbo?

Con destinos pequeñitos, el inmediato: ¿dónde voy a dormir dentro de unas horas? Y la idea de cuál será el próximo país que visitaré, pero sin guías. Recuerdo un día que un hombre se me acercó y me preguntó: “¿Vas o vienes?”.

Buena pregunta.

Me descolocó, no supe qué responderle, y cuando ya se había marchado pude hacerlo: estoy aquí ahora, soy brasileño porque ahora vivo en Brasil, pero ayer era argentino. Hablo tu lengua, como y me visto como tú, soy tu hermano.

¿No temía terminar este viaje?

No, porque he aprendido a vivir en la incertidumbre, sin tenerlo todo atado. La vida, el universo y su magia, tiene grandes planes para nosotros. Hay que confiar.

La vida se mueve, y tú sólo debes estar atento para tomar el camino que te marca tu intuición.