Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


Diccionario alternativo de la educación: Aprendizaje y bienestar

https://eldiariodelaeducacion.com/2021/09/15/diccionario-alternativo-de-la-educacion-aprendizaje-y-bienestar/

por Fernando Trujillo

  • Cuando leas este texto, tú y yo ya estaremos dando clases pues habrá comenzado el curso que esperábamos que fuera el primer año escolar tras el COVID-9. Sin embargo, no ha sido así… plenamente. Las mascarillas y la distancia seguirán presidiendo nuestras aulas a pesar de la vacunación. ¿No es acaso este un buen momento para pensar la relación entre aprendizaje y bienestar?

La crisis del COVID-19 ha venido a lanzar un mensaje claro: de entre todos los derechos fundamentales recogidos por la Constitución y otros documentos nacionales e internacionales, la salud ocupa el primer lugar como umbral para el ejercicio y disfrute de todos los demás derechos. Sin salud o cuando la salud se ve amenazada, se tambalea todo el sistema social y se reordenan las prioridades del individuo y su entorno.

En 1948 la Organización Mundial de la Salud definió así la salud: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Según la propia Constitución de la OMS, “el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social”.

Además, este mismo documento fundamental de la OMS hace una mención explícita a la salud infantil: “El desarrollo saludable del niño es de importancia fundamental; la capacidad de vivir en armonía en un mundo que cambia constantemente es indispensable para este desarrollo”. Así pues, el desarrollo saludable de niños y niñas requiere la capacidad de armonizar la vida personal con un entorno cambiante y complejo.

Aprender, precisamente, es la principal herramienta del ser humano para alcanzar esta armonización con el entorno. Kund Illeris (2018) explica con claridad que todo aprendizaje implica la integración de dos procesos diferentes: por un lado, un proceso de interacción externa entre quien aprende y su entorno social, cultural o material y, por otro lado, un proceso psicológico interno de elaboración y adquisición. Para ello, además, contamos con cuatro tipos diferentes de aprendizaje, según Illeris: el aprendizaje acumulativo o mecánico, que permite incorporar un nuevo esquema o patrón a nuestro conocimiento; el aprendizaje asimilativo, cuando añadimos nuevos elementos a un esquema preexistente, como suele ocurrir en las materias escolares; el aprendizaje acomodativo o trascendente, en el cual se transforma un esquema para interpretar una situación novedosa, como pretenden los defensores del aprendizaje basado en competencias; y el aprendizaje llamado transformativo, cuando se produce una auténtica transformación de la persona que aprende mediante una modificación en profundidad de sus esquemas de conocimiento y su identidad.

Pues bien, buscar y promover nuestro bienestar físico, mental y social requiere de estos cuatro tipos de aprendizaje. La propia complejidad de nuestro entorno requiere incorporar nueva información, ajustar nuestros esquemas, transformarlos y, en determinadas ocasiones, salir profundamente cambiado de este proceso de aprendizaje.

En este sentido, la educación puede realizar una aportación importante a la salud a través de la mejora y el aumento del “sentido de coherencia” de toda la comunidad educativa, incluyendo estudiantes, profesionales del centro educativo y familias. “Sentido de coherencia” es un concepto acuñado por Aaron Antonovsky en los años ochenta sobre el cual se asienta el modelo salutogénico, es decir, la comprensión de la salud como un continuo entre la ausencia total de salud y la “salud total” – y la afirmación de que el individuo es capaz de desplazarse a lo largo de este continuo para buscar su propia salud y favorecer la salud de quienes le rodean (Pérez-Wilson, Marcos-Marcos, Morgan, Eriksson, Lindström & Álvarez-Dardet, 2021).

Es más, el “sentido de coherencia” es un componente de la personalidad que se desarrolla en la infancia y adolescencia, es decir, en época escolar. Su desarrollo depende de las distintas situaciones vitales que afronta el individuo y de cómo las afronta: si una situación estresante es abordada con la confianza de que ésta puede ser comprendida, convenientemente manejada con los recursos adecuados y que ésta, además, representa un reto significativo en el cual merece la pena implicarse e invertir esfuerzo, tiempo y recursos, entonces el abordaje de tal situación puede fortalecer el sentido de coherencia de ese individuo y, según demuestran las evidencias científicas, cuanto más fuerte es el sentido de coherencia (medible a través de la escala SOC), más bajo es el número de quejas y síntomas de enfermedad (Eriksoon y Lindström, 2006; Braun-Lewensohn, Idan, Lindström & Margalit, 2016).

Es decir, bienestar y aprendizaje están íntimamente unidos, al menos si consideramos una definición de aprendizaje amplia como la expuesta anteriormente. La escuela puede, en este sentido, promover el sentido de coherencia y la salud de su alumnado cuando promueve uno u otro tipo de aprendizaje: básicamente, un aprendizaje acumulativo y mecánico puede tener un menor impacto en el sentido de coherencia de un adolescente que un aprendizaje trascendente o transformativo, que le permite abordar situaciones complejas y potencialmente estresantes enriqueciendo así sus estrategias y recursos para manejarse en el futuro ante este tipo de situaciones.

Ahora, si has llegado hasta aquí en la lectura, te preguntarás cómo desplegamos estas posibilidades en nuestro sistema educativo, ya bien saturado de “encargos docentes” y de nuevas tareas a realizar cada vez que surge una necesidad social que creamos que se puede abordar desde la educación.

Una posibilidad sería recurrir a una novedad legislativa: el “coordinador o coordinadora de bienestar y protección”. Sin embargo, esta figura, pendiente de desarrollo normativo autonómico, parece estar vinculada, según la LOMLOE, más con situaciones de violencia que con el sentido amplio que estamos aquí tratando de bienestar:

“Las Administraciones educativas regularán los protocolos de actuación frente a indicios de acoso escolar, ciberacoso, acoso sexual, violencia de género y cualquier otra manifestación de violencia, así como los requisitos y las funciones que debe desempeñar el coordinador o coordinadora de bienestar y protección, que debe designarse en todos los centros educativos independientemente de su titularidad.” (artículo 66 de la LOMLOE por el cual se añade el apartado 5 del artículo 124 de la LOE).

¿Cabe, por tanto, reducir la promoción de la salud y el bienestar en los centros educativos y para toda la comunidad educativa a la figura del “coordinador o coordinadora de bienestar”, sea esta figura encarnada por un docente del centro formado ad hoc o por la contratación de nuevo personal proveniente del ámbito de la Educación Social o la Enfermería? Si defendemos la promoción de la salud como un eje fundamental de la educación y la entendemos en los términos aquí enunciados como desarrollo del “sentido de coherencia” a partir del abordaje comprensible, manejable y significativo de situaciones potencialmente complejas a lo largo de la vida del estudiante, parece que ni un docente con una reducción horaria de su carga de trabajo ni una figura aislada y única (al estilo de la Orientación educativa) para todo el centro educativo pueden responsabilizarse de una tarea tan trascendental.

La solución, por otro lado, nos la proporciona nuestra propia respuesta al COVID-19. Es cierto que en todos los centros ha habido una coordinación COVID, que se ha dotado a los centros de personal extraordinario (el “profesorado COVID”) y que se han establecido vínculos con enfermeras y enfermeros de atención primaria del sistema de sanidad pública. Sin embargo, si hoy podemos afirmar que la respuesta educativa frente a la pandemia ha sido un éxito, se debe a que toda la comunidad educativa se ha comprometido con la salud: todos hemos asumido la importancia de la salud y todos hemos contribuido a mantener y cuidar nuestra salud y la de las personas que nos rodean.

Así pues, en este curso que ahora arrancamos, cuando los protocolos sanitarios empiezan a relajarse, cuando el miedo y la precaución dan paso al deseo de abrazarnos y de estar juntos, llega el momento de decidir si la salud será una “transversal” más, que aparentemente importa a todos pero que nadie cuida ni incorpora a sus prácticas sociales y educativas. Este curso será el curso de la pregunta fundamental: ¿volvemos a 2019 y simplemente esperamos a que llegue la nueva pandemia sin hacer nada al respecto o trabajamos todos de manera efectiva por la promoción de la salud en los centros educativos?

¿Aprenderemos algo de la experiencia dramática que ha supuesto el COVID-19 (Núñez y Hernán, 2020? ¿Seremos capaces de detectar en nuestros centros educativos los activos (Pérez-Wilson et al., 2015; Cofiño et al., 2016) que permitan fortalecer la salud y garantizar el bienestar de toda la comunidad educativa, sean personas, prácticas, espacios o recursos materiales? En nuestras manos está que salud y aprendizaje caminen unidas o sean caminos divergentes, alejando o acercando nuestro bienestar. El futuro está en nuestras manos.

Referencias:

Braun-Lewensohn, O., Idan, O., Lindström, B., & Margalit, M. (2016). Salutogenesis: Sense of Coherence in Adolescence. In M. B. Mittelmark (Eds.) et. al., The Handbook of Salutogenesis. (pp. 123–136). Springer.

Cofiño, R., Aviñó, D., Benedé, C. B., Botello, B., Cubillo, J., Morgan, A., Paredes-Carbonell, J. P. & Hernán, M. (2016). Promoción de la salud basada en activos: ¿Cómo trabajar con esta perspectiva en intervenciones locales? Gaceta sanitaria, 30, 93-98.

Eriksson, M., & Lindström, B. (2006). Antonovsky’s sense of coherence scale and the relation with health: a systematic review. Journal of epidemiology & community health, 60(5), 376-381.

Illeris, Knud. 2018. A comprehensive understanding of human learning. En K. Illeris (ed.). Contemporary Theories of Learning. London: Routledge, pp. 1-15.


Las claves de la motivación académica

Escuela con cerebro

La motivación es esencial: solo aprenderemos bien si tenemos una idea clara del objetivo que queremos alcanzar y nos involucramos plenamente.

Stanislas Dehaene

No hay duda de que la motivación (etimológicamente, “lo que nos mueve a actuar”) es un producto de la emoción. Y los seres humanos tenemos una premisa motivacional fundamental: buscamos el placer y evitamos el dolor. Necesitamos sentir placer para encontrarnos bien y alcanzar bienestar.

En el contexto educativo, escuchamos con frecuencia que los estudiantes no muestran interés por las cuestiones académicas y que no están motivados. Sin embargo, sí que lo están para realizar otro tipo de tareas que les resultan más gratificantes. Como consecuencia de ello, cabe preguntarse: ¿Qué podemos hacer los docentes en el aula? ¿Cómo podemos conseguir despertar el interés de los estudiantes por el aprendizaje (motivación inicial) y mantener una implicación regular (motivación de logro)?

¿Qué ocurre en…

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Tres minuts de veritat: el subjecte en l’educació

Ara que iniciem un nou curs, val la pena pensar si hi ha educació amb subjecte, si en les nostres pràctiques d’ensenyament reconeixem que dins de l’aula hi ha subjectes amb voluntats, desitjos, experiències, sentiments, passions, cultures, llengües i sabers diferents.


Vaig arribar un dia a classe amb el poema que Yevgueni Yevtushenko va dedicar a José Antonio Echevarría, el nom clandestí del qual era Manzana. Els versos del poeta són un text d’homenatge a Manzanita, un estudiant cubà que en plena dictadura de Batista al costat d’altres companys va ocupar l’emissora de ràdio i durant tres minuts va llançar al poble una proclama llibertària. Després va entrar la policia i el va matar d’un tret. I decidirem anomenar a l’activitat que ara us compte “Tres minuts de veritat”, que és el títol també del poema. L’activitat era, per cert, la més valorada per tot l’alumnat i, no obstant això, la més difícil.
Cada dia de cada setmana durant tot el curs començava la classe amb un o una estudiant dempeus, enfront del cercle d’iguals, i durant tres minuts (és una manera de dir un temps relatiu) es posava a parlar. No del tema 17 o dels exercicis realitzats el dia anterior, no, simplement es posava a parlar. El cor li bategava amb força, la saliva li faltava en la boca, les mans li suaven, però es posava a parlar, per pròpia voluntat. D’alguna cosa, esdeveniment, experiència o reflexió que li resultés significativa, seua, pròpia i que li agradés comunicar o compartir. Recorde una vesprada que un xaval ens va dir que volia explicar-nos com el seu iaio li havia ensenyat a parlar amb els arbres i les plantes de l’hort. L’avi li explicava que no sempre cal anar al camp a treballar i, en alguna ocasió, li prenia de la maneta i el portava fins a l’hort per a dialogar amb les plantes i escoltar el que necessitaven. No podeu imaginar la cara d’emoció amb la qual el xaval relatava, però també els emocionats rostres dels seus companys i companyes.
He portat aquí aquesta anècdota com a pretext per a obrir la reflexió sobre la teoria pedagògica però també política que hi ha darrere. Perquè el que val la pena pensar, ara que iniciem un nou curs, és si hi ha educació amb subjecte, si en les nostres pràctiques d’ensenyament reconeixem al subjecte, si quan obrim la porta de l’aula som conscients que allí endins hi ha subjectes amb voluntats, desitjos, experiències, sentiments, passions, cultures, llengües, sabers diferents. Subjectes també amb cossos, cossos diferents. I que és des del reconeixement del que confereix la seva identitat biogràfica, i des del respecte a aquesta identitat, com hem de continuar construint la possibilitat del desenvolupament integral de l’ésser humà, de la seua possibilitat creixent d’apoderament i emancipació.
En el relat hi ha també una teoria del subjecte docent, del subjecte professor. Algú que pren a les seves mans la revisió del lloc de treball i el posa al servei de l’educació emancipadora. Un subjecte docent amb capacitat de decisió pròpia per a organitzar els temps i els continguts del currículum. Algú que no se sotmet a la pressió burocràtica d’una programació on se suposa que hem de saber al minut allò que farem dins de tres mesos. Un subjecte docent que se sent interpel·lat per la mirada de l’alumne i no per la gestió administrativa. Un subjecte docent que també es posa dret, es mostra, parla amb veu pròpia.
Per si el lector o lectora pensen que en “Tres minuts de veritat” no hi ha contingut curricular, que la classe comença en acabar aquesta activitat, els diré que el contingut pot ser una entelèquia, un missatge efímer i circumstancial, irrellevant, si no connecta, si no es vincula, si no s’arrela en el subjecte, en la seua biografia, experiència i coneixements previs. Freire va argumentar que una acció cultural alliberadora anava precedida de la presa de la paraula, que institueix l’acte de coneixement. I que una praxi alliberadora necessitava prendre la paraula per a l’apropiació del contingut.
Som a l’aula per a saber-nos en aquest camí en construcció permanent, en un procés de creació de la nostra capacitat de ser subjectes; subjectes reconeguts, subjectes que ens sabem subjectats, però subjectes
Preguntar-nos pels qui som aquí, qui som, és un pas fonamental en el tractament del contingut, de qualsevol contingut. En el meu cas, sent professor de Didàctica en la Titulació d’Educació Social, el reconeixement del subjecte és un punt de partida bàsic per a qualsevol persona que s’aventure en els sabers de l’educació. El currículum, la proposta cultural, es converteix aquí en una eina que ajuda a formular preguntes, aprofundir en problemes i analitzar amb mirades complexes i crítiques la realitat quotidiana, aquesta en la qual ens anem conformant com a subjectes. La voluntat política de construir-nos com a subjectes, aquest acte de creació i resistència, produeix sabers, genera significats, des dels quals ens dotem d’aquesta identitat de subjecte (que se sap subjectat). No pense en sabers-informació amb els quals simbolitzem un cert estat de coses en un determinat àmbit social, polític, cultural, artístic o científic. És un altre saber que neix, precisament, de la fallida d’aquest saber-informació d’un determinat àmbit. Estic parlant d’un saber produït per subjectes compromesos amb la lectura interpretativa i crítica dels símptomes d’una situació i de les possibilitats de subversió d’aquesta.
En els inicis del curs passat el Diari de l’Educació va publicar el Manifest per una educació transformadora i emancipadora. 25 principis i propostes. L’última de les propostes, sota el títol Pedagogia de la presencia, reivindicava temps i espais en els quals es pugui construir una relació humanitzada, en els quals sigui possible la conversa espontània, la manifestació de tots els llenguatges, l’aprenentatge situat i profund. És a dir, la creació d’una situació en la qual es produeixin esdeveniments viscuts, experiències que ens colpegen i ens treuen de la rutina burocratitzant.
Freire deia que som caminant. I crec que en el senzill caminar de cada dia està l’inici de la capacitat de ser subjecte; subjecte subjectat, però subjecte. Som a l’aula per a saber-nos en aquest camí en construcció permanent, en un procés de creació de la nostra capacitat de ser subjectes, subjectes reconeguts, subjectes que -insistisc- ens sabem subjectats, però subjectes. Subjectes “sencers”, que caminen per la vida i per tant per l’aula enfrontant-se a l’escissió ment-cos i entren a l’aula amb el cor. És, per cert, un principi fonamental de la pedagogia crítica feminista. L’escriptora, feminista i activista social coneguda com “bell hooks” ho diu d’aquesta manera: en la mesura que les i els professors aportem passió, que ha d’estar en essència arrelada en un amor per les idees que som capaces d’inspirar, l’aula es converteix en un lloc dinàmic on es produeixen de manera concreta transformacions de les relacions socials i on desapareix la falsa dicotomia entre el món extern i el món intern de la Universitat (el llibre es titula Ensenyar a transgredir). Servisca aquesta anotació ara que iniciem el nou curs per a reivindicar des de la pràctica educativa la presència i el reconeixement del subjecte (discent i docent). Sense subjecte no hi ha pedagogia que pague la pena.



6 ejercicios que practica cada día la neurocientífica Wendy Suzuki para mejorar su fortaleza mental

  • BBC News Mundo
Diseño cabeza y cerebro humano

Es raro imaginar la ansiedad como algo positivo. ¿Qué tiene de bueno sentirse nervioso y preocupado?

Según Wendy Suzuki, neurocientífica y profesora del Centro de Ciencias Neuronales de la Universidad de Nueva York, la ansiedad puede ser una buena emoción.

En lugar de luchar contra ella, Suzuki cuenta que durante su vida ha utilizado esa emoción para ser más productiva, más optimista, y, en última instancia, más resistente.

La investigadora —autora del libro Good Anxiety: Harnessing the Power of the Most Misunderstood Emotion (“Ansiedad buena: aprovechando el poder de la emoción más incomprendida” en español, que se publica este mes)— se ha especializado en el estudio de la plasticidad del cerebro y los efectos transformadores del ejercicio físico en la salud mental y el desarrollo

“La ansiedad buena se refiere al hecho de que, desde una perspectiva evolutiva, la ansiedad fue diseñada para protegernos de los peligros de este mundo”, le dice Suzuki a BBC Mundo.S

El problema, según Suzuki, es que tenemos niveles de ansiedad colectiva “demasiado altos”, lo que hace que esa ansiedad pierda gran parte de su valor.

Wendy Suzuki
Pie de foto,Wendy Suzuki es profesora de Ciencias neuronales y Psicología en la Universidad de Nueva York.

“Para volver a las funciones protectoras beneficiosas de nuestra ansiedad”, dice la experta, “necesitamos aprender a bajar el volumen de nuestra ansiedad, explorar lo que esos sentimientos incómodos asociados con nuestra ansiedad nos dicen sobre nosotros mismos y, al hacerlo, aprender más sobre nosotros, sobre nuestros sentimientos y nuestras vidas emocionales”.

En un reciente artículo del portal Make it, de la cadena CNBC, Suzuki plantea que “la forma más poderosa de combatir la ansiedad es trabajar constantemente para desarrollar la resiliencia y fortaleza mental”.

Para lograr ese objetivo, la neurocientífica practica estos seis ejercicios diariamente y los explica con sus propias palabras.

1. Visualiza resultados positivos

Al principio o al final de cada día, piensa en todas esas situaciones inciertas que hay actualmente en tu vida, incluyendo tanto las grandes como las pequeñas.

¿Recibiré una buena evaluación de desempeño?, ¿mi hijo se asentará bien en su nueva escuela?, ¿recibiré una respuesta después de mi entrevista de trabajo?

Ahora toma cada uno de esas situaciones y visualiza el resultado más optimista que puede tener la situación.

No solo el resultado bueno, sino el mejor resultado posible que puedas imaginar. Esta práctica permite entrenarse en el desarrollo de esperar resultados positivos.

2. Convierte la ansiedad en progreso

La plasticidad de nuestro cerebro es lo que nos permite ser resilientes durante tiempos difíciles: aprender a calmarnos, reevaluar situaciones, replantear nuestros pensamientos y tomar decisiones más inteligentes.

Es más fácil aprovechar esto cuando nos recordamos que la ansiedad no siempre tiene por qué ser mala. Considera estas proposiciones:

La ira podría bloquear tu atención y capacidad de desempeño, o podría impulsarla y motivarla. La ira agudiza tu atención y sirve como recordatorio de lo que es importante.

El miedo podría desencadenar recuerdos de fracasos pasados. Cuando eso ocurre, te quita la atención y disminuye tu desempeño. Pero también podría hacerte más cuidadoso con tus decisiones, ayudarte a profundizar tus reflexiones y crear oportunidades para cambiar de dirección.

La tristeza podría aplanar su estado de ánimo y desmotivarte, o podría ayudarte a cambiar tus prioridades y motivarte a transformar tu entorno, circunstancias y comportamiento.

La preocupación podría hacer que pospongas las cosas y evitar que logres tus metas, o podría ayudarte a afinar tus planes, ajustar tus expectativas y volverte más realista para que puedas orientarte a conseguir objetivos.

La frustración podría obstaculizar tu progreso y eliminar tu motivación, o podría desafiarte a mejorar.

Estas comparaciones pueden parecer simplistas, pero apuntan a opciones poderosas que producen resultados tangibles.

3. Prueba algo nuevo

En estos días, es más fácil que nunca tomar una nueva clase en línea, hacer un deporte o participar en un evento virtual.

No hace mucho, participé en un entrenamiento en vivo de Instagram con la campeona de Wimbledon, Venus Williams, donde usaba botellas como pesas.

Nunca había hecho algo así antes. Resultó ser una experiencia fantástica y memorable.

Mi punto es que de forma gratuita (o solo por una pequeña tarifa) puedes empujar tu cerebro y tu cuerpo a probar algo que nunca antes habías considerado.

No tiene por qué ser un entrenamiento y no tiene por qué ser difícil; puede ser algo justo por encima de tu nivel o simplemente fuera de tu zona de confort.

4. Comunícate con otras personas

Ser capaz de pedir ayuda, mantenerse conectado con amigos y familiares y fomentar activamente las relaciones alentadoras y de apoyo no solo te permite mantener la ansiedad a raya, sino que también refuerza la sensación de que no estás solo.

No es fácil de cultivar, pero la creencia y el sentimiento de que estás rodeado de personas que se preocupan por ti es crucial en momentos de enorme estrés, cuando necesitas recurrir a tu propia capacidad de recuperación para perseverar y mantener tu bienestar.

Cuando sufrimos una pérdida u otras formas de angustia, es natural retirarse. Incluso vemos este tipo de comportamiento en animales que están de luto.

Sin embargo, también tienes el poder de empujarte hacia la compañía de aquellos que pueden ayudarte a cuidarte.

5. Practica el auto-tuit positivo

El artista Lin-Manuel Miranda publicó un libro en el que habla de los tuits que envía al principio y al final de cada día.

En él, comparte lo que son esencialmente pequeños mensajes optimistas que son divertidos, singulares y en general encantadores.

Si lo observas en sus entrevistas, verás a una persona intrínsecamente fuerte y optimista. ¿Cómo puedes llegar a ser tan resistente, productivo y creativo?

Claramente, parte de la respuesta son recordatorios positivos. No es necesario que los compartas con el público. La idea es animarse a hacerlo al principio y al final del día.

Si te resulta difícil, intenta pensar en qué te diría una persona que ha sido importante en tu vida (hermano, amigo, mentor, padre) y luego escribe el tuit o simplemente dítelo a ti mismo.

6. Sumérgete en la naturaleza

La ciencia ha demostrado una y otra vez que pasar tiempo en la naturaleza tiene efectos positivos en nuestra salud mental.

Algunos estudios han encontrado que puede aumentar significativamente tu bienestar emocional y resiliencia.

No necesitas vivir junto a un bosque para sumergirte en la naturaleza. Un parque cercano o cualquier entorno tranquilo con vegetación donde no haya mucha gente funcionará bien.

Respira, relájate y toma conciencia de los sonidos, olores y visiones. Utiliza todos tus sentidos para crear una mayor conciencia del mundo natural.

Este ejercicio aumenta tu capacidad de recuperación general, ya que actúa como una especie de restauración de energía y restablece tu equilibrio.

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