Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


Doble equipo: Autismo, los cambios como oportunidades de aprendizaje

https://www.dobleequipovalencia.com/autismo-emociones-cambios-aprendizaje/#iLightbox[gallery9651]/null

Hay muchas cosas que podemos hacer para enseñar a los niños y niñas a ser resilientes, es decir a sobreponerse ante una situación estresante o de cambio y salir de ella reforzado con nuevos aprendizajes. Entre todas ellas, la autorregulación emocional cobra vital importancia.

¿Qué es la autorregulación?

La autorregulación es la capacidad para identificar lo que sentimos, saber en qué parte del cuerpo lo sentimos y cómo es esta sensación, para después poder expresarlo poniéndole una palabra.

Es importante que en estos días hablemos con los más pequeños sobre cómo se sienten y les ayudemos a gestionar sus emociones. La incertidumbre que vivimos con esta compleja situación puede ser una oportunidad para explicar qué etapas nos va a llevar este proceso, dónde estamos y qué es lo siguiente que vendrá. Estamos en un momento perfecto para acompañar a nuestros hijos e hijas a ser resilientes.

Los niños necesitan expresar lo que viven a través del juego, la pintura, la música, el teatro o cualquier otra actividad. Tenemos que hablar con ellos con naturalidad de aquello que les preocupa o les inquieta sin negarlo, o evitarlo. En estos caso decir “no pasa nada” no es lo mejor que podemos hacer.

Si… pero mi hijo/a con Autismo no lo entiende…

En el caso de niños y niñas con autismo este proceso puede hacerse más complejo porque los adultos que acompañamos muchas veces damos por hecho que “no lo van a entender” o que “no se entera del todo”. Esto es una creencia que puede limitar el aprendizaje. Tenemos que ayudarles a identificar esos signos físicos que sienten (conciencia interoceptiva), después ponerle nombre (conciencia emocional) para poder expresar lo que están viviendo y por último darles estrategias para la regulación emocional. Todo ello ajustándonos a su forma de entender y procesar la información.

Es importante darles información como a cualquier niño/a. Además muchos de ellos pueden mostrar dificultades para hacernos saber que están preocupados, que no entienden qué pasa o que notan en el ambiente una sensación de angustia. Si ante esto no hacemos nada, su incertidumbre aumentará y con ello su estado de ansiedad. Quizás no estemos entendiendo su forma de expresar preocupación, nerviosismo, incertidumbre… pero eso no quiere decir que no lo sientan.

Ángela Corredor nos cuenta esta vivencia con su hijo en este artículo:

«[…] ya sea porque escuchó los noticieros en los últimos días o porque escuchó nuestras conversaciones en casa, pero ya tenía una colección de vídeos de “Los Simpsons” donde hablaban de catástrofes y una ciudad sin habitantes (así estaban las cosas).

Esa mañana le expliqué lo que sucedía y no tardó en aumentar sus ecolalias y su ansiedad de mirar por la ventana una y otra vez. “Todo está cerrado” “la gente se fue” “por el virus”.

Hay dos cosas que no debemos olvidar. Todos tenemos derecho a la información y todos podemos ser resilientes.

Modelar para expresar emociones

Para hablar con los más pequeños sobre la situación que estamos viviendo podemos usar esta infografía realizada por Monstserrat Alonso Álvarez partiendo del artículo de Pilar Jericó.

impacto emociones pandemia

A continuación te mostramos cómo podemos ir hablando de las diferentes etapas que viviremos, qué sentiremos y qué aprenderemos con la ayuda de un comunicador (Proloquo2Go), porque la ausencia de lenguaje nunca es un motivo para dejar de hablar con tu hijo e hija.

Este es un ejemplo, cada familia deberá ajustar la manera y el contenido a sus necesidades y las de sus hijos e hijas.

Antes de hacer esta explicación de las diferentes etapas y las emociones que podemos sentir, tenemos que haber explicado la situación actual («la llamada»). En los últimos días muchas personas han compartido generosamente guiones, cuentos, vídeos para explicar esto a los más pequeños. Aquí os dejamos algunas de estas explicaciones:Doble


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TERAPIA NARRATIVA EN EL AULA: “EL ÁRBOL DE LA VIDA”.

 

 

http://terapianarrativayescuela.blogspot.com.es/2016/03/terapia-narrativa-en-el-aula-el-arbol.html?spref=fb

Recientemente hemos realizado en uno de los colegios de nuestro sector de intervención la actividad denominada “El árbol de la vida” con un grupo de alumnos/as de 6º curso de Educación Primaria. La iniciativa surgió a partir de la demanda de intervención del equipo docente por las dificultades en la convivencia y conducta del grupo.
¿QUÉ ES EL “ÁRBOL DE LA VIDA”?

Es una metodología desarrollada dentro del Modelo de Terapia Narrativa. Este modelo, de nacimiento relativamente reciente (comienzos de la década de los 90), está comenzando a implantarse paulatinamente en el ámbito educativo, complementando a los otros modelos ya existentes, como el Cognitivo-Conductual o el Modelo Sistémico. En otro post ya expondremos con más detenimiento los fundamentos teóricos de la Terapia Narrativa (o Prácticas Narrativas).

La metodología del “Árbol de la vida” fue desarrollada por David Denborough (Dulwich Centre Foundation) y Ncazelo Ncube. Se basa en la realización de una actividad de desarrollo personal y emocional centrada en la ilustración de un árbol. A través de las diferentes partes del árbol (raíces, tierra, tronco, ramas, hojas y frutos) los participantes van explorando sus orígenes e historia familiar, su vida cotidiana, sus valores, capacidades y habilidades, sus esperanzas, sueños y expectativas, las personas que han sido y son importantes para él/ella y lo que estas personas le han aportado… Igual que las diferentes partes del árbol forman un todo, se va estableciendo la interrelación entre todos estos elementos que conforman la persona.

La actividad también se puede realizar individualmente, pero en esta ocasión lo hemos hecho de manera grupal. Cuando ya todos los/as participantes han terminado su árbol y lo han desarrollado, ya podemos conformar un “bosque de la vida” con todo ellos.

 

Además, en este caso, durante el desarrollo de la actividad se ha ido elaborando un Documento Colectivo con las aportaciones de todos los niños/as, que paso a exponer:

 

“Los alumnos y alumnas de 6º curso de nuestro colegio, después de realizar durante varias semanas nuestros “Árboles de la vida”, hemos llegado a las siguientes conclusiones:  

Hemos aprendido a elegir un futuro. Mi padre quiere que tenga estudios, que pueda aprender una profesión y no tenga que estar buscándome la vida en lo que salga. Ahora no hay trabajo para la gente que no tiene estudios.

Las cosas importantes para la vida nos las ha enseñado nuestra familia, nuestros padres. Nos han dado amor, cariño, ayuda. Nos han enseñado el valor de la responsabilidad. Cuando me quedo cuidando de mi hermana pequeña, eso es responsabilidad. Cuando le doy de comer a mi hermano pequeño, eso también es responsabilidad. Cuando dos niños se están pegando y tú los separas, eso también es ser responsable.

Paco de Lucía llegó a ser un gran artista porque fue responsable y tuvo el valor del esfuerzo. En el colegio nos esforzamos sólo a veces. Si no te esfuerzas no puedes tener estudios y no puedes aprender una profesión.

Es importante para nosotros el respeto. Respetar a los mayores y a los profesores es importante. A veces no les respetamos porque siempre queremos tener razón.

  

Esperamos que este documento pueda servir no sólo para nosotros mismos, sino también para otros niños y niñas de nuestro colegio y de otros centros”.

Javier Pérez Jiménez. PTSC.

Eduardo Gómez Arroyo. Orientador.


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Elogio del conflicto por Ferran Ramon-Cortés

http://www.mentesana.es/cuentos/encuentros-con-max/elogio-conflicto_133

Ana viajaba cómodamente instalada en el AVE en dirección a Barcelona, adonde se dirigía para visitar a un cliente. De repente sonó su móvil. Era Jorge, el director de fábrica de su empresa, que la llamaba para avisarla de que un pedido que tenían pendiente no iba a poder entregarse aquella semana.

Ana no se lo podía creer. Llevaban más de un mes de retraso con aquel pedido. En pocos minutos, la conversación fue subiendo de tono, hasta que se enzarzaron en una agria discusión que se prolongó durante unos largos veinte minutos.

Ana colgó soltando un improperio. De repente reparó en que, a su lado, un hombre mayor la miraba con sorpresa. Con cierta vergüenza, se disculpó:

—Lo siento, acabo de tener una airada discusión con un compañero de trabajo.

—No te preocupes, no me ha molestado.

—Además, me temo que me he metido en un buen conflicto…

—¿Y eso es malo?

Ana no reaccionó al inicio. No estaba segura de haber oído lo que creía haber oído. Llena de curiosidad le preguntó:

—Disculpe… ¿Me ha preguntado si es malo?

—Sí, efectivamente, eso he hecho.

Ana se quedó pensativa al tiempo que valoraba las intenciones de su acompañante, que no veía claras. Al final, y viendo la franqueza de su mirada, decidió seguirle la conversación:

—Pues sí, estoy convencida de que es malo. Cualquier conflicto lo es necesariamente.

El hombre se presentó:

Me llamo Max, y tengo que decirte que yo, en cambio, soy un gran defensor de los conflictos

—Yo me llamo Ana, y los odio. O mejor dicho, les tengo pánico. Por eso los evito a toda costa.

—Pues como tenemos un buen rato de viaje, déjame que intente convencerte de mi tesis. Tampoco puedes escaparte…

A Ana le gustó la ironía del anciano y, además, estaba en lo cierto. A 300 km por hora y sin más paradas hasta Barcelona, pocas opciones tenía.

—Adelante. Reconozco que soy su presa.

—Verás, Ana, durante mucho tiempo me asustaron los conflictos igual que a ti, pero ahora me asustan más las relaciones en las que no hay discusiones y en las que nunca pasa nada. Que no haya conflictos entre dos personas podría ser un ejemplo de perfecta convivencia, pero mucho más a menudo es un síntoma de una relación “anestesiada” en la que las personas han renunciado a discrepar o a discutir las cosas para tener la fiesta en paz. Relaciones aparentes que poco tienen que ver con la autenticidad…

.

—Max, va a tener que explicarse mejor si quiere convencerme.

—Los grupos, los equipos o las relaciones que están vivas tienen discrepancias. Discuten. Y algunas veces entran en conflicto. Y eso demuestra que las cosas se dicen y se defienden, y que en aquella relación hay energía.

—Energía y muy mal rollo, ¿no?

—Puede que lo haya en un momento dado. Pero si se sabe abordar el conflicto, no durará. Y habrá habido un crecimiento por el camino.

—Entiendo ese punto, pero estoy lejos de convencerme.

—Ana, al conflicto no hay que temerlo. Lo que hay que saber es cómo solucionarlo.

No deberíamos aspirar a no tener conflictos, pero sí a tener el valor y la voluntad de abordarlos

—Sigo sin entender de qué nos sirven…

Es que, sencillamente, son inevitables si tenemos una relación abierta y franca. Evitarlos nos lleva a dejar de defender nuestras convicciones. Pero, insisto, la clave es hablar sobre ellos.

Ana empezaba a simpatizar con los argumentos de Max. Reflexionó un instante y le preguntó:

—¿Alguna pista de cómo hacerlo?

—En primer lugar, elegir el momento oportuno: ni demasiado pronto, cuando el conflicto está incandescente, ni demasiado tarde, cuando se ha enfriado demasiado. En el primer caso es muy fácil que las emociones nos traicionen. En el segundo, las malas interpretaciones ya habrán aparecido.

—¿Y cómo se solucionan llegado el momento?

—Compartiendo un café y hablando de lo que nos ha pasado. Cada uno de lo suyo. Sin ataques, sin querer ganar la batalla, simplemente compartiendo las emociones.

—Me parece complicado de llevar a la práctica.

—Porque no nos atrevemos. Porque pensamos que el otro no querrá. Y a veces es cierto, pero muy pocas veces…

—¿Y cuando nos hemos dicho cosas desagradables, como las que yo me he dicho con mi compañero hace un rato?

—Hay algo que siempre funciona: pedir disculpas. Y, por supuesto, no exigirlas nunca.

Ana se quedó pensativa. Sabía las consecuencias de aquella respuesta, y sabía también que le costaría hacer lo que tenía que hacer. Se aventuró a una pregunta final:

—Y al final, ¿qué sacamos de ese conflicto? No olvido que usted lo defiende.

—Detrás de un conflicto hablado hay siempre un crecimiento en confianza. En la complicidad hay una dosis sana de confrontación y algún conflicto siempre se cuela.

Ana escuchaba atentamente y Max aprovechó para completar su explicación:

—No hay relaciones auténticas que no hayan pasado por el conflicto.

El conflicto es un maestro, aunque no lo sabremos hasta que lo hayamos superado

Anunciaron la llegada a Barcelona. El tren empezó a detenerse. Ana cogió su móvil. Sintió la necesidad de enviarle un mensaje a Jorge invitándolo a un café a su vuelta. Tras pulsar la tecla de envío se giró para agradecerle a Max aquella sugerente conversación.

Pero el asiento estaba vacío. Debía de haber bajado ya, aunque no comprendía cómo se había esfumado tan rápido. Y, ciertamente, por la pulcritud del asiento, parecía que allí no había viajado nadie…