Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


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Hay que acabar con el formato de clases de 50 minutos”

http://economia.elpais.com/economia/2017/02/17/actualidad/1487331225_284546.html

 

La neuroeducación, la disciplina que estudia cómo aprende el cerebro, está dinamitando las metodologías tradicionales de enseñanza. Su principal aportación es que el cerebro necesita emocionarse para aprender y desde hace unos años no hay idea innovadora que se dé por válida que no contenga ese principio. Sin embargo, uno de los máximos referentes en España dentro de este campo, el doctor en Medicina Francisco Mora, pide cautela y advierte de que en la neuroeducación todavía hay más preguntas que respuestas.

Mora, autor del libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama, que ya cuenta con once ediciones desde 2013, es también doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y se empezó a interesar por el tema en 2010, cuando acudió al primer Congreso Mundial de Neuroeducación celebrado en Perú.

Defiende que la educación puede transformarse para hacer el aprendizaje más efectivo, por ejemplo, reduciendo el tiempo de las clases a menos de 50 minutos para que los alumnos sean capaces de mantener la atención. El profesor de Fisiología Humana de la Universidad Complutense alerta de que en la educación se siguen dando por válidas concepciones erróneas sobre el cerebro, lo que él llama neuromitos. Además, Mora es adscrito al departamento de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos.

Pregunta: ¿Por qué es importante tener en cuenta los hallazgos de la neuroeducación para transformar la forma de aprender?

Respuesta: A nivel internacional hay mucho hambre por anclar en sólido lo que hasta ahora solo han sido opiniones, y ese interés se da especialmente en los profesores. Lo que hace la neuroeducación es trasladar la información de cómo funciona el cerebro a la mejora de los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, conocer qué estimulos despiertan la atención, que después da paso a la emoción, ya que sin estos dos factores no se produce el aprendizaje. El cerebro humano no ha cambiado en los últimos 15.000 años; podríamos tener a un niño del paleolítico inferior en un colegio y el maestro no darse cuenta. La educación tampoco ha cambiado en los últimos 200 años y ya disponemos de algunas evidencias que hacen urgente esa transformación. Hay que rediseñar la forma de enseñar.

P: ¿Cuáles son las certezas que ya se pueden aplicar?

R: Una de ellas es la edad a la que se debe aprender a leer. Hoy sabemos que los circuitos neuronales que codifican para transformar de grafema a fonema, lo que lees a lo que dices, no terminan de conformar las conexiones sinápticas hasta los seis años. Si los circuitos que te van a permitir aprender a leer no están conformados, se podrá enseñar con látigo, con sacrificio, con sufrimiento, pero no de forma natural. Si se empieza a los seis, en poquísimo tiempo se aprenderá, mientras que si se hace a los cuatro, igual se consigue pero con un enorme sufrimiento. Todo lo que es doloroso tiendes a escupirlo, no lo quieres, mientras que lo que es placentero tratas de repetirlo.

P: ¿Cuál es el principal cambio que debe afrontar el sistema educativo actual?

R: Hoy comenzamos a saber que nadie puede aprender nada si no le motiva. Es necesario despertar la curiosidad, que es el mecanismo cerebral capaz de detectar lo diferente en la monotonía diaria. Se presta atención a aquello que sobresale. Estudios recientes muestran que la adquisición de conocimientos comparte sustratos neuronales con la búsqueda de agua, alimentos o sexo. Lo placentero. Por eso hay que encender una emoción en el alumno, que es la base más importante sobre la que se sustentan los procesos de aprendizaje y memoria. Las emociones sirven para almacenar y recordar de una forma más efectiva.

P: ¿Qué estrategias puede utilizar el docente para despertar esa curiosidad?

R: Tiene que comenzar la clase con algún elemento provocador, una frase o una imagen que resulten chocantes. Romper el esquema y salir de la monotonía. Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga. La atención hay que evocarla con mecanismos que la psicología y la neurociencia empiezan a desentrañar. Métodos asociados a la recompensa, y no al castigo. Desde que somos mamíferos, hace más de 200 millones de años, la emoción es lo que nos mueve. Los elementos desconocidos, que nos extrañan, son los que abren la ventana de la atención, imprescindible para aprender.

P: Usted ha advertido en varias ocasiones de la necesidad de ser cautos ante las evidencias de la neuroeducación. ¿En qué punto se encuentra?

R: La neuroeducación no es como el método Montessori, no existe un decálogo que se pueda aplicar. No es todavía una disciplina académica con un cuerpo reglado de conocimientos. Necesitamos tiempo para seguir investigando porque lo que conocemos hoy en profundidad sobre el cerebro no es aplicable enteramente al día a día en el aula. Muchos científicos dicen que es muy pronto para llevar la neurociencia a las escuelas, primero porque los profesores no entienden de lo que les estás hablando y segundo porque no existe la suficiente literatura científica como para afirmar a qué edades es mejor aprender qué contenidos y cómo. Hay flashes de luz.

Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga

P: ¿Podría contar alguno de los más recientes?

R: Nos estamos dando cuenta, por ejemplo, de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, por eso hay que romper con el formato actual de las clases. Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos. En la práctica, puesto que esos formatos no se van a modificar de forma inminente, los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto… Hace unas semanas la Universidad de Harvard me encargó diseñar un MOOC (curso online masivo y abierto) sobre Neurociencia. Tengo que concentrarlo todo en 10 minutos para que los alumnos absorban el 100% del contenido. Por ahí van a ir los tiros en el futuro.

P: En su libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama alerta sobre el peligro de los llamados neuromitos. ¿Cuáles son los más extendidos?

R: Existe mucha confusión y errores de interpretación de los hechos científicos, lo que llamamos neuromitos. Uno de los más extendidos es el de que solo se utiliza el 10% de las capacidades del cerebro. Todavía se venden programas informáticos basados en él y la gente confía en poder aumentar sus capacidades y su inteligencia por encima de sus propias limitaciones. Nada puede sustituir al lento y duro proceso del trabajo y la disciplina cuando se trata de aumentar las capacidades intelectuales. Además, el cerebro utiliza todos sus recursos cada vez que se enfrenta a la resolución de problemas, a procesos de aprendizaje o de memoria.

Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.
Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. JAIME VILLANUEVA

Otro de los neuromitos es el que habla del cerebro derecho e izquierdo y de que habría que clasificar a los niños en función de cuál tienen más desarrollado. Al analizar las funciones de ambos hemisferios en el laboratorio, se ha visto que el hemisferio derecho es el creador y el izquierdo el analítico -el del lenguaje o las matemáticas-. Se ha extrapolado la idea de que hay niños con predominancia de cerebros derechos o izquierdos y se ha creado la idea equivocada, el mito, de que hay dos cerebros que trabajan de forma independiente, y que si no se hace esa separación a la hora de enseñar a los niños, se les perjudica. No existe dicha dicotomía, la transferencia de información entre ambos hemisferios es constante. Si se presentan talentos más cercanos a las matemáticas o al dibujo, no se refiere a los hemisferios, sino a la producción conjunta de ambos.

P: ¿Está influyendo la neuroeducación en otros aspectos de la enseñanza?

R: Hay un movimiento muy interesante que es el de la neuroarquitectura, que pretende crear colegios con formas innovadoras que generen bienestar mientras se aprende. La Academia de Neurociencias para el Estudio de la Arquitectura en Estados Unidos, ha reunido a arquitectos y neurocientíficos para concebir nuevos modos de construir. Nuevos edificios en los que, aún siendo importante su diseño arquitectónico, se contemple la luz, la temperatura o el ruido, que tanto influyen en el rendimiento mental.


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NEUROEDUCACIÓN. APRENDER MEJOR EN 6 CLAVES.Noemí Royes

 

Neurociencia y educación hace tiempo que comparten un diálogo sobre cómo aprende nuestro cerebro, explicando biológicamente, los procesos de aprendizaje.

A los apasionados de la formación, la neuroeducación nos plantea varios retos, entre ellos, cómo mejorar los diseños formativos, cual es la mejor forma de implementarlos en cada caso, cómo podemos acompañar mejor a las personas en su proceso personal de aprendizaje y, por supuesto, cómo evaluar desde una mirada holística e integradora el progreso que se produce en las acciones formativas que compartimos.

En este contexto, fruto de nuestra experiencia en la formación continuada, hemos seleccionado 6 claves para “aprender mejor” que, sustentadas en varias investigaciones sobre neuroeducación, estamos seguros que inciden de forma positiva en el Lifelong Learning (aprendizaje permanente).

Nota: Leer en tono de invitación.

6 claves para aprender mejor

Si hemos trabajado juntos es probable que alguna de las invitaciones que acabas de leer (o todas) te haya “transportado” a una situación concreta, una dinámica o un juego, quizás simplemente hayas sonreído sin saber muy bien porqué. Lo cierto es que cuanto más natural y ágil es una formación, más reflexión y preparación suele tener detrás.

Hoy queremos compartir contigo nuestros objetivos “más íntimos” cuando pensamos en tu formación. También qué herramientas y recursos utilizamos para conseguirlos.

Nuestros objetivos, tu formación

 

Nuestros objetivos, tu formación

¿Te apetece compartir un nuevo reto con nosotros?

Si quieres descargarte la infografía completa, haz clic aquí.

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Cuando el design thinking se fijó en la educación

 

http://www.yorokobu.es/design-thinking-educacion/

Aquello de que «los niños son como esponjas» se interiorizó tanto que, aprovechando su supuesta capacidad de absorción, el aprendizaje se aferró a la memorización. El alumno se limitaba a atender al profesor y al llegar a casa debía empollar lo visto en clase. Una forma de entender la enseñanza que aún sigue causando estragos en el sistema educativo pese a que los esfuerzos realizados para paliarlos cada vez son más notables.

Algunos de estos vienen directamente del entorno del diseño. Es el caso del design thinking, una metodología que hace años se instauró en la dinámica de muchas empresas, y no sólo del mundo del diseño, para ir ganando terreno poco a poco en otros sectores (como el de las ONGs, entre otros). Una evolución lógica, según Carmen Bustos, fundadora de SoulSight, para quien el pensamiento de diseño, más que un método, «es una actitud ante la vida».

Su aterrizaje en la escuela implica poner patas arriba el esquema clásico del aprendizaje en el aula. Como explica Miguel Luengo, presidente de la asociación Design For Change España, en un vídeo de eduCaixa, implantar un método de este tipo supone que el profesor ya «no es el poseedor del conocimiento sino el facilitador». Aunque es el rol del alumno el que realmente cambia radicalmente «del “¿puedo hacerlo?” al “¡puedo hacerlo!”».

El cambio educativo pretendido por la asociación pasa por dar más protagonismo a niños y jóvenes, aplicando para ello los pasos de la metodología del pensamiento de diseño en la resolución de problemas. Estos son cuatro, denominados Siente, Imagina, Haz y Comparte. «La creatividad, el pensamiento lógico, la colaboración, la empatía, el prototipado y el aprendizaje en el error son los pilares de este método. En él, los adultos facilitan el proceso y los niños lo protagonizan y lo lideran», cuentan desde la asociación.

Kiran Bin Sethi es «la cabeza, el corazón y el alma» de este movimiento, que ya está presente en más de 40 países y que cuenta con el respaldo de gente como Howard Gadner, e instituciones como la Escuela de Diseño de Stanford, IDEO o el Instituto de Diseño de la India (NID). En España, cuentan con el aval de Fundación Telefónica, y el impacto del proyecto está siendo analizado por la Universidad de Harvard. Proyectos contra el maltrato animal o contra el bullying, sobre compostaje o sobre temas como el respeto o los sueños son algunos de las iniciativas llevadas a cabo por parte de colegios en distintos puntos de nuestro país siguiendo las pautas del pensamiento creativo.

También en España, recientemente, The Papaya Group, consultora y empresa especializada en tecnología e innovación, lanzaba Khandu, un juego de cartas, dirigido a niños de entre 6 y 12 años, que desarrolla la capacidad para la resolución de problemas mediante el design thinking.

El juego se divide en cuatro partes diferenciadas y a través de ellas se pretende que los niños resuelvan problemas como el que Norberto Chio, uno de las responsables del proyecto, pone como ejemplo:  “Construye un robot que transforme la basura que generas con tu merienda, en productos que usas en la escuela (libros, bolis, libretas, etc)”. «Se trata de empoderar a los niños y hacer hincapié en conceptos como la comunidad y el trabajo en equipo. De llevarlos de lo descriptivo a lo narrativo, de lo predecible a lo inesperado, fomentar su pensamiento crítico y visual y conectarle con el mundo real que les rodean mediante la exploración de problemáticas y los retos del día a día», añade.

Una de los retos de Khandu es la de hacerse un hueco en las dinámica de las escuelas. Estas disponen en la web del juego de la posibilidad de personalizarlo con retos formulados ad hoc, etc. «También existe una guía de usuario para el profesor por lo que este no necesita estar familiarizado con la metodología design thinking, aunque obviamente, si la conoce, podrá exprimir la herramienta mucho más».

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En Estados Unidos, empresas como LittleBits están especializadas en el desarrollo de juegos basados en esta metodología. Aunque el contenido de los kits desarrollados por esta empresa neoyorquina parecen ligado a disciplinas como ciencias, ingeniería o arte (ya que incluyen motores, señores de luz, termómetros, etc.), el fundador de la compañía, Ayah Bdeir, asegura que puede emplearse para la resolución de problemas de cualquier materia: «el pensamiento de diseño es una evolución del método de ingeniería y este a su vez lo es del ciclo de la invención», aseguraba en FastCo.

El mismo reportaje, que firma Ashely O’Connell, se hace eco de Institute of Play, una organización sin fines de lucro, liderada por un equipo de desarrolladores de juegos, y en la que, como su nombre indica, el juego basado en el pensamiento de diseño es la vía para “enganchar” a los niños en los procesos de aprendizaje. Desde hace años, disponen de su propia escuela pública en Nueva York, llamada Quest to Learn, pero su propósito, como reconocen en su web, es crear un movimiento nacional. Para ello, cuenta con el respaldo de la Fundación Bill Gates, entre otras.

Las experiencias de este tipo son relativamente escasas y cortas en el tiempo. Tal vez por eso no existan aún investigaciones ni estudios que demuestren la eficacia del design thinking como método educativo. No obstante, según O’Connell, que es beneficiosa para los niños podría afirmarse sólo por el hecho de tratarse de una metodología eminentemente práctica y activa: «El compromiso físico genera una participación y un vínculo durante el proceso de aprendizaje que no se logra con la mera observación y la escucha pasiva». Y eso, añade, sí está ampliamente documentado con estudios como el de los investigadores Sara Price e Yvonne Rogers: «Según estos, permitir el juego exploratorio dentro del mundo real estimula el descubrimiento independiente y, al hacerlo, facilita tanto la adquisición de información sobre el ambiente como la experiencia con él».