Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


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«El fracaso significa haberlo intentado, merece un aplauso»

Javier Iriondo, exdeportista de élite, hoy experto en marketing y desarrollo personal.

La contra de la Vanguardia

El sueño americano

A los 20 años cumplió con creces su sueño: triunfar en América como deportista de élite. Pero el sueño duró ocho meses, al cabo de los cuales se convirtió en un fracasado, en un orillado del sueño americano. Lo perdió todo y comenzó a reconstruirse con deporte y libros de autoayuda llevados a la práctica. Quince años después ha escrito una novela, Donde tus sueños te lleven (Oniro), que tiene mucho de biográfica y que arranca con una dedicatoria que de por sí sitúa al lector en las cosas esenciales: «Dedicado a mis porqués, Kelly, Kevin, Kimmy y Keith (sus hijos)». Y que termina con una frase que resume su camino: «Ahora sabes que tu pasado no determina tu futuro».

 

Mi horizonte siempre fue América, y gracias a la pelota vasca lo conseguí, aunque el camino estuvo plagado de ladrones de sueños.

¿Ladrones de sueños?
Sí, todos esos que te dicen: «Tú no puedes, mejor te dedicas a algo productivo». Gente con buenas intenciones y con malos consejos producto de sus miedos. Uno debe tomar sus propias decisiones aunque se equivoque una y otra vez.

¿Y qué fue de su sueño?
Se convirtió en una pesadilla. Llegué con 20 años a EE.UU. orgulloso de ser un jugador profesional, pero al cabo de ocho meses comenzó una huelga de pelota vasca que duró dos años. El dinero se acabó, pero no las facturas. Había unos cuantos esquiroles y yo estaba en un piquete, insultando a todo el mundo, lleno de rabia.

Una situación delicada.
Aquello se convirtió en un infierno tóxico y cruel. El ambiente era tan negativo que muchos nos entregamos al alcohol.

¿Adiós al sueño americano?
Me convertí en mi gran enemigo. El único momento en que no me torturaba era cuando estaba borracho como una cuba. Mi mente me decía: «No vales para nada, no tienes estudios, no tienes recursos y estás solo». Un día me encontré tirado en el suelo sobre mis propios vómitos, gritando al cielo y considerando la opción del suicidio.

Pero decidió vivir.
Comencé a hacer deporte seis horas diarias y conseguí un trabajo de guardaespaldas. Ante una situación como la que yo viví, o ante esta crisis, nos sentimos inocentes.

El victimismo destruye.
Sí, y ahora hay demasiada gente adscrita al club de la queja. Hay que protestar, pero si sólo hablas de lo malo, lo perpetúas.

Hay que tomar perspectiva.
El entorno nos influye mucho más de lo que pensamos, afecta a nuestra manera de pensar y de vivir. Deberíamos ser conscientes de que cada vez que abrimos la boca somos para el otro una influencia: destruyes o construyes. Es estéril repetir como loros malas noticias, ser un agorero.

Hábleme de su experiencia.
El «todo es una mierda» colectivo me dejó sin capacidad de reacción, así que hui de ese entorno y busqué, por primera vez, ayuda en los libros. Me leí sesenta en un año.

¿Y qué leía?
Autoayuda, y me fue muy útil: gané autoestima poniendo en práctica los consejos que leía. Al cabo de tres años volví a España.

¿Qué ideas le transformaron?
No puedes pretender que las cosas cambien si piensas y actúas de la misma manera. Si quieres conseguir algo, tienes que convertirte en la clase de persona que lo merece.

Disciplina.
Sí. Todos hemos tenido proyectos ilusionantes, pero a menudo el miedo nos asalta y se quedan por el camino. Para vencer esos miedos has de conquistarte a ti mismo y entender que lo importante no es lo que consigues, sino la clase de persona en la que te conviertes durante el proceso.

El fracaso no tiene consuelo.
Hay que desmitificar el fracaso en este país; si el Barça pierde un partido, el titular: «El Barça ha fracasado» está garantizado. El miedo vende. Pero el fracaso significa haberlo intentado y merece un aplauso.

¿Y el consuelo?
El consuelo es lo aprendido, los fracasos esculpen el carácter. El que no tiene problemas es el que está en el cementerio.

De acuerdo.
La sociedad de consumo ha condicionado la valoración de las personas en función de logros muy banales, para ser hay que tener. El mantra del ego es más: cuanto más tenga, más soy. Nos hemos convertido en animales incompletos que siempre queremos lo que no tenemos.

¿Qué fue de usted?
Me convertí en un experto en marketing y empecé a dar conferencias por el mundo. Pero antes me pasé dos años reprogramando mis pensamientos, consciente de que somos esclavos de nuestra mente y de que cada vez que señalas con un dedo hacia fuera, tres te apuntan a ti.

Está hablando de responsabilidad.
Sí, un sentimiento esquivo. Todo el mundo entiende que si quieres estar bien físicamente tienes que cuidar lo que comes; la mente es igual: si alimentas tu mente de pensamientos basura, tendrás una mente basura.

¿De qué otros fracasos ha resurgido?
De la ruina y de la separación. A los 40 años sentí que ya había llegado y dejé de formarme, de tener metas, y empezó la caída. Sin motivo aparente sentía frustración y tensión, estaba mal conmigo mismo.

Todo lo que sube baja.
En la vida no hay una meseta a la cual llegar: «Aquí me planto». Nos creamos una foto de futuro: «A estas alturas de la vida debería tener una familia feliz, hijos modélicos, y estabilidad emocional y financiera».

Una película de Walt Disney.
Sí, y comparamos lo que se supone que debería ser nuestra vida con la realidad, y si el presente no cuadra con las expectativas, sentimos que nos falta algo.

Así es.
La plenitud personal es estar en el camino, seguir mejorando, somos aprendices de por vida; y para estar alegre no hay nada mejor que ayudar a otros.


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Us convido a llegir al Ferran

http://www.ferranramoncortes.com

 

10/06/2012

¡Lo sentimos pero no os creemos!

La comunicación política pasa por horas bajas. Aunque los votamos, no nos creemos a nuestros políticos ¿Qué falla en su comunicación? ¿cómo podrían ganarse nuestra complicidad

 

Sabemos que es lo que hay que hacer, y lo vamos a hacer.

Y por eso hacemos lo que hemos dicho que íbamos a hacer.

Y por eso seguiremos haciendo aquello que nos toca hacer, a pesar de que alguno no se crea que vamos a hacer lo que hemos dicho que íbamos a hacer.

 

Esta es la transcripción literal de una intervención de un político de primera línea en las últimas elecciones, que tuvo lugar en un polideportivo lleno a reventar de un enjambre de seguidores que aplaudía enardecido. Un ejemplo de cómo decirlo todo sin decir nada, o de cómo simple y llanamente, no decir nada.

 

La comunicación política se ha desconectado en muchos casos de los ciudadanos. Las campañas electorales son un gran teatro en el que cada partido moviliza a sus fieles seguidores, (observe el lector que pueden verse las mismas caras en las primeras filas de cada evento) mientras la gran mayoría de la gente trata de ignorarlas haciendo zapping a cada bloque electoral. ¿Qué está ocurriendo para que nos sintamos tan lejos de la mayoría nuestros políticos?.

Invirtiendo los papeles

 

Desde mi punto de vista, todo comienza por un error fundamental que algunos políticos cometen: en la comunicación política, en lugar de estar el político al servicio de la gente, ponen a la gente al servicio del político. Observemos cualquier acto político, desde inauguraciones a fiestas populares, pasando por cenas, celebraciones o cualquier acto social. En la mayoría de los casos, la estrella es el político. Es el último en llegar y el primero en desparecer. A él todos le han de esperar. Él no espera a nadie. Él habla y la gente escucha, cuando lo lógico sería que él quisiera escuchar, y animase a los ciudadanos a contarle, a hablar.

 

Muchos políticos han confundido su papel. Nos hablan de su servicio a la gente cuando escenifican a diario todo lo contrario. He asistido a actos de participación ciudadana en los que el encadenado de parlamentos de cada político se ha comido literalmente el tiempo de debate, y en los que ni un solo ciudadano ha tenido la más mínima ocasión de abrir la boca. Y puedo contar con los dedos de la mano los actos a los que he asistido (y he asistido a muchos) en los que el político de turno se ha interesado de verdad por lo que los asistentes tuvieran que decir. Su rol natural es el discurso, hablar a la gente, “colocarles” su mensaje, cosa que da a entender, aunque no sea cierta,  una falta de interés por los demás. Deberían de entender que si están al servicio de la gente, la gente es la protagonista.

Acción – Reacción

 

El segundo error fundamental (en mi opinión, claro está) consiste en la agresividad desmesurada de la comunicación, el uso y abuso del lenguaje vulgar, y el uso y abuso del insulto literal.

 

Basta con ver una sesión de control en el Congreso, o la secuencia de declaraciones de los diferentes líderes políticos ante una decisión del Gobierno de turno. Cuando uno habla, los otros reaccionan. Y el nivel de confrontación, agresividad e insulto es claramente mayor que el que impera de forma natural en nuestra sociedad. Es mucho más agresiva la comunicación que nos muestran algunos políticos, que la que tenemos cada uno de nosotros con nuestros vecinos, conocidos, competidores o clientes. Con la paradoja de que tras mostrarnos su agresividad en cada intervención, nos aleccionan con grandilocuentes campañas sobre la no-violencia y el respeto entre jóvenes o entre parejas. ¿Y si los viéramos debatir con educación y respeto? ¿No sería acaso un valioso ejemplo?.

 

Sería injusto acusarlos a todos en este capítulo –conozco a políticos exquisitos en su dialéctica- pero desgraciadamente los más agresivos son los que gozan de mayor visibilidad.

 

Renuncia al matiz… y a la verdad

 

La comunicación política se rige hoy en día por la lógica del titular escandaloso. Tiene su explicación, y es que si no dicen nada especialmente impactante, no salen en los medios, y si no salen en los medios, no existen. Desde esta dinámica, es mucho más eficiente un titular a trazo grueso, una verdad parcial, mientras sea especialmente impactante, que la información completa y objetiva.

 

Se está construyendo una comunicación en la que sólo vale el blanco y el negro, en la que se renuncia deliberadamente a toda la escala de grises. Y detrás de ella se instiga una dinámica de buenos contra malos, de “estás conmigo o contra mi”. Es curioso ver cómo en esta dinámica los propios políticos que la llevan a cabo no toman consciencia que cada ataque, cada titular escandaloso, cada denuncia exagerada, contribuye, en global, al desprestigio de todos ellos. ¿Cómo pueden sorprenderse después de la tan comentada desafección?

 

Vivimos tiempos difíciles, y la comunicación política está inmersa en un tactismo de partidos que nos afecta negativamente a todos. Se está en muchos casos problematizando falsamente la realidad, buscando con ello beneficios tácticos, y el resultado global es el desaliento de toda la sociedad.

 

Inmersos en el “Show de Truman”

 

Vista desde fuera, la comunicación de nuestros políticos se parece a la famosa película. Porque funciona para ellos y entre ellos, abriéndose una amplia y profunda brecha con el resto de la sociedad.

 

Cuando un político insulta a otro (y lo digo así de claro porque así es como sucede a diario), sus “hooligans” de partido están encantados, y así se lo transmiten. Recibe el aplauso de los propios, ignorando que la mayoría de los mortales asistimos perplejos al espectáculo. Así, poco a poco, se van encerrando en su realidad. Una realidad en la que las opiniones que reciben son las de sus compañeros de filas, en la que sólo ellos comprenden exactamente qué es lo que nos dicen y por qué nos lo dicen. En la que importa más el contraataque que la explicación de la realidad.

 

Es significativo observar cómo muchos políticos acaban secuestrados por la maquinaria de sus propios partidos. Cómo acaban percibiendo la realidad a través de los ojos de sus gabinetes, en lugar de captarla en directo. Cómo acaban rodeados de una maquinaria que los aparta del contacto con la gente de la calle. El día en que el político deja de formarse la opinión a través de la experiencia propia, franquea la entrada del plató de este especial show que se monta al margen de la realidad. Esto lo saben bien los que no han caído en ello, que sin ser la mayoría, son los que acaban siendo más queridos en la sociedad.

 

Para ganarse nuestra complicidad…

 

No es cierto que despreciemos a los políticos. Estamos dispuestos a creerles, a dejarnos liderar por ellos. Porque hacen un trabajo fundamental que necesitamos y valoramos. Pero mucho ha de cambiar la comunicación de muchos de ellos para que les creamos. Esto es lo que esperamos de ellos si quieren nuestra complicidad:

 

Queremos que nos respeten, y que se visualice que nos respetan. Que no nos hagan sentir que ellos son más importantes, y que nosotros estamos a su servicio.

Queremos que se expliquen más y se desacrediten menos. Que debatan serenamente y educadamente. Con firmeza y convicción pero sin agresividad. Mostrándonos que es posible discrepar sin insultar.

Queremos que nos digan la verdad, con todos sus matices. Que no se escondan ni se queden en el titular grandilocuente. Y que en momentos cruciales como el actual, dediquen mucho tiempo y mucha energía a explicarnos las cosas.

Queremos que nos escuchen. Que no tengamos que gritarles al oído la realidad de lo que nos ocurre. Que sintamos que están a nuestro lado, a pesar de que sabemos que no todo lo van a poder solucionar.


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Inteligencia Ejecutiva

 a Vanguardia, 02/06/2012


Creo que está emergiendo un concepto de inteligencia más poderoso que los anteriores. Primero fue la inteligencia cognitiva: la función de la inteligencia es conocer. Después vino la inteligencia emocional, que se encargaba de comprender y gestionar nuestras emociones. Ahora llega el momento de la inteligencia ejecutiva, cuya misión es dirigir el comportamiento aprovechando las dos anteriores. El conocimiento y la emoción pueden estar enfrentados, pero necesitamos que colaboren. ¿Quien mediará entre ellos? La inteligencia ejecutiva, encargada también de tomar decisiones y elaborar planes. Ahora comprendemos mejor que la función principal de la inteligencia es dirigir bien el comportamiento. De nada sirve saber muchas cosas si luego no acertamos al emplearlas. El talento no es nunca una posibilidad, es una acción. No tiene sentido decir “¡qué gran jugador sería Fulano, si quisiera!”, porque querer serlo es un ingrediente del buen jugador. Robert Stenberg, uno de los más reputados investigadores sobre la inteligencia, dice una frase que suena escandalosa: “El talento es una decisión”. Voy a ser más cauto: el talento se demuestra en la elección y en la realización de decisiones. De ello se encarga la inteligencia ejecutiva, en la que confluyen dos grandes dinamismos de la evolución, el de controlar el comportamiento propio y el de dirigirlo hacia metas proyectadas imaginariamente.

El triunfo de esta idea me produce un entusiasmo adolescente, el deseo de gritar: ¡yo lo vi primero! Lo cierto es que se trata de un ejemplo más de un hecho misterioso que se repite en la historia. Parece haber ideas en el ambiente que se descubren al mismo tiempo en lugares diferentes. Newton y Leibniz descubrieron cada uno por su cuenta el cálculo infinitesimal; Darwin y Wallace, la teoría de la evolución; Graham Bell y Antonio Meucci, el teléfono; Gay-Lussac descubrió la ley de expansión de los gases al mismo tiempo que Dalton. Thomas Kuhn, un gran historiador de la ciencia, se pregunta ¿por qué a mediados del siglo XIX doce científicos llegaron por caminos diferentes al concepto de conservación de la energía? Sólo sé que nadie piensa encerrado en una burbuja, sino dentro de una red de ideas y sentimientos que estimulan o deprimen, insinúan unos caminos u otros.

Todo esto viene a cuento de la inteligencia ejecutiva, porque es una idea que emerge a la vez en ámbitos científicos diferentes, y en la obra de investigadores independientes. Los neurólogos hablan de ella porque investigan los lóbulos frontales, centro de nuestra capacidad de proyectar, seleccionar, mover a la acción. La informática, porque desde el principio descubrió que tenía que haber un programa ejecutivo de superior nivel que dirigiera las operaciones de programas inferiores. La psicología, porque al estudiar la memoria, la voluntad, la atención, descubrió un sistema supervisor central. La patología, porque muchas enfermedades, como los trastornos obsesivos compulsivos, las abulias, la impulsividad, la hiperactividad o los déficit de atención, son trastornos ejecutivos. La ciencia política, porque hace falta un poder ejecutivo que organice la pluralidad de intereses y de informaciones. El management, porque necesita conocer cómo medir esa inteligencia para poder seleccionar a los directivos. Por último, la educación. En este momento sabemos que su función principal es generar talento. Y eso incluye, inevitablemente, educar las funciones ejecutivas. Seguirán oyendo hablar de esta idea durante mucho tiempo. No me cabe duda.

Marina, José Antonio. «La inteligencia ejecutiva». Biblioteca UP, 2012. ISBN 978-84-344-0067-2


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FUTURO, todos autónomos

dimarts, 29 de maig de 2012 Benjamín Prado (El País)

El e-lancer, trabajador independiente muy cualificado, será el modelo de relación laboral para las próximas décadas, según los expertos. Trabajará por libre y desde casa a través de Internet, lo que supondrá nuevos riesgos de fragmentación y aislamiento. Surgirán nuevas profesiones: acuicultores, nanomédicos,webgardeners, microemprendedores, policías medioambientales, narrowcastes, bioinformáticos, banqueros de tiempo, creadores de identidades digitales…

¿Cuáles serán las profesiones más demandadas y más lucrativas en el futuro? ¿Qué trabajos nos ofrecerán más salidas dentro de dos décadas? Acuicultor, nanomédico, webgardeners, microemprendedores, policía medioambiental, narrowcastes, bioinformático… Hoy parecen palabras incomprensibles; mañana, las tendremos todo el día en los labios.

Vivimos tiempos veloces e imprevisibles, en los que los avances de la tecnología y los retrocesos de la historia lo transforman todo de forma continua y el presente ha cambiado tanto que el futuro tampoco es ya lo que era. ¿Cómo será la Tierra cuando Europa y Estados Unidos vivan a la sombra de Asia y los dólares o euros sean papel mojado frente al yen? ¿Qué sustituirá al petróleo y quiénes serán los jeques de las energías renovables? ¿Qué va a ocurrir cuando un avatar o un holograma nos represente y haga de nosotros en una reunión virtual celebrada por videoconferencia, o incluso en la oficina? ¿Qué consecuencias tendrán las migraciones masivas o el envejecimiento radical de la población? ¿Con qué armas nos enfrentaremos a la contaminación atmosférica?

Aparte de a todo lo demás, esas dudas afectan también al mundo laboral, cuyo porvenir está lleno de preguntas para las que de momento no existen respuestas, sino solo apuestas: ¿cuáles serán las profesiones más importantes y más lucrativas dentro de una o dos décadas, cuando ya no sea tan lógico soñar con ser médico, abogado o ingeniero de telecomunicaciones?

Los analistas, que en este terreno son una mezcla de sociólogos y adivinos, pronostican que algunos oficios que hoy parecen simple ciencia-ficción, como los de fabricante de órganos humanos, acuicultor en plantaciones submarinas, banquero de tiempo, bioinformático, creador de identidades digitales o nanomédico, estarán el día de mañana entre los más codiciados y mejor pagados. Aunque todos ellos serán muy solitarios, porque lo que sí parece evidente es que para entonces la mayoría de los ciudadanos serán lo que ya se conoce como e-lancers, es decir, personas que ofrecerán sus servicios por libre y desde sus casas, conectados unos a otros y con sus clientes a través de Internet. En cualquier caso, parece obvio que ha llegado el momento de prepararse para lo desconocido.

Si uno se fija bien, sin embargo, los nombres exóticos de muchas de esas profesiones ocultan anhelos muy normales y, por encima de todos ellos, como es natural, el de la supervivencia, tanto biológica como económica, que por otra parte cada vez parecen más insolidariamente unidas: la buena salud es y será para los que pueden pagársela. Para demostrarlo, un estudio de la consultora Fast Future pronostica que entre las 20 profesiones que mejor se adaptarán a los avances científicos y tecnológicos que se avecinan de aquí al año 2030 están las de granjero farmacéutico —que se dedicará a cultivar plantas modificadas genéticamente para que tengan a la vez propiedades alimenticias y terapéuticas—, instructor para la tercera edad, geomicrobiólogo —cuyo fin será crear microorganismos que ayuden a eliminar la polución—, policía medioambiental —un agente de la ley que luchará contra los ladrones de nubes y controlará el lanzamiento de cohetes de yoduro de plata para provocar lluvias, algo que ya se hace en India y en China— y las ya mencionadas de nanomédico —una mezcla de doctor e informático que, entre otras cosas, nos podrá implantar microchips que aumenten nuestra memoria, igual que se hace con un ordenador— y fabricante de órganos, que será un reparador de la salud capaz de combinar cirugía plástica, mecánica robótica y clonación genética para remplazar las partes dañadas de nuestro cuerpo.

Pero todo cambio requiere personas dispuestas a organizarlo y por eso también estarán en primera línea los vendedores de talento, que buscarán a los profesionales mejor preparados y los colocarán en organizaciones de todo el planeta; o los gerentes del bienestar, encargados de la salud laboral en las empresas. En su libroPrepárate, el futuro del trabajo ya está aquí, recién publicado en España por Galaxia Gutenberg, Lynda Grattonda una serie de consejos sobre la dirección a seguir para tener un “futuro elaborado” en lugar de un “futuro por defecto”. En primer lugar, se trata de ver hacia dónde camina el mundo, cómo va a seguirle el paso a los nuevos gigantes que vienen de China, India y Brasil, y en qué medida nos van a afectar los cambios que se produzcan cuando la tecnología nos suplante, la globalización parta en dos la sociedad, los recursos energéticos se terminen y los cambios demográficos dejen sin sitio a parte de la población.

Otros problemas que ya sufrimos hoy, pero que se harán más grandes, son: la fragmentación, que dispersará cada vez más nuestras tareas, nos dejará sin tiempo y nos impedirá darle cohesión a nuestra vida; el aislamiento al que nos conducirá estar siempre conectados pero solo de forma virtual; la escasez de carburantes y la subida de sus precios, aunque en contrapartida se ahorrarán millones al trabajar desde casa y no tener que desplazarse; la exclusión de los pobres, que cada vez serán más y estarán a más distancia de las personas acomodadas, y la destrucción del ecosistema.

En ese último reto, cobrarán una enorme importancia los ingenieros de vehículos alternativos, que buscarán opciones ecosostenibles para el transporte, y los científicos especializados en la lucha contra el cambio climático. Podremos acogernos a la telepresencia en 3D para celebrar en una sola jornada laboral cuatro reuniones de negocios sucesivas en Tokio, Moscú, Río de Janeiro y Nueva Delhi; o comeremos frutas y verduras transgénicas, cultivadas por los agricultores verticales en las fachadas de los rascacielos o crecidas en los invernaderos espaciales que algunos arquitectos interplanetarios ya han diseñado para que sean construidos en la Luna y en Marte; pero nuestra lucha contra la enfermedad y la muerte será la misma.

Vamos a necesitar mucha determinación y un gran sentido de la libertad para defender nuestros derechos frente a ese futuro que parece muy selectivo, con muchas posibilidades para los técnicos y muy pocas para los obreros. Lynda Gratton, a través de lo que ella llama cocreación, y otros autores como el inventor del términoe-lancerThomas W. Malone, en El futuro del trabajo, creen sin embargo que, si sabemos utilizar la tecnología para formar redes, alianzas de ocasión y corporaciones globales, “podríamos obtener los beneficios propios de las grandes organizaciones sin tener que renunciar a los de las más pequeñas, que son la libertad, la creatividad y la flexibilidad. Las grandes empresas se han dado cuenta de que la descentralización les beneficia. Intel, Microsoft o IBM se nutren de un complejo entramado de fabricantes de equipos, desarrolladores de programas informáticos y diferentes firmas de servicios que trabajan fuera de sus sedes comerciales. Y todas ellas han mejorado su rendimiento por ese sistema, y son más valoradas por los mercados”.

Consciente de que su apuesta dará lugar a una serie de interrogaciones inevitables sobre la desaparición de la justicia social y el intento de engañarnos llamándole independencia a la inseguridad, la profesora Gratton habla de los microemprendedores, que se benefician de la conectividad y forman ecosistemas de ideas con otros internautas, aunque no los relaciona con los famosos mini-jobs que tanto defienden consultoras como Hays, cuyo director general en España, Christopher Dottie, sostiene que la única salida posible de la crisis es “seguir el camino de Alemania, que con ese método mandó una poderosa señal a los mercados, la del descenso del paro, y así ha fortalecido su economía”. Malone redondea el argumento dando una solución estrambótica: “Las organizaciones descentralizadas le brindan a la gente mayor libertad y flexibilidad, pero ¿qué pasa con otras necesidades, como la seguridad financiera, la salud y la formación? Una vez que son independientes, ¿cómo puede tenerlas cubiertas? Muy fácil: volviendo a los gremios, que en la Edad Media servían para entrenar a los aprendices, buscarles una colocación, financiar sus estudios o hacerles un préstamo”. Uno no puede tomarse muy en serio ninguna propuesta que plantee reducir la capacidad adquisitiva de los ciudadanos e-lancers a aquello que puedan sacar eventualmente con sus minijobs o, directamente, regresar al siglo XV; pero el disparate deja muy claro que el nuevo reto al que nos enfrentamos es el de siempre: la desigualdad.

En cualquier caso, parece evidente que el kilómetro cero del futuro está en la palabra tecnología y, por eso, según vaticinan el estudio sobre las profesiones del futuro encargado por el Gobierno británico a Fast Future y otros, hechos por la empresa Iberestudios o por las universidades de Oxford y Barcelona, se acercan buenos tiempos para los abogados virtuales y los controladores de datos-basura, que nos protegerán de los hackers mezclando el Derecho y la Ingeniería Informática; y para los desarrolladores de aplicaciones para teléfonos móviles, los webgardeners, que se encargan de actualizar los contenidos de la Red, y los ayudantes denetworking, que serán mitad educadores sociales, mitad relaciones públicas con objeto de mejorar nuestra integración social en Internet; o, como consecuencia de todo eso, para los psicólogos a distancia, que tratarán las adicciones y síndromes que los internautas puedan contraer mientras navegan. También les irá bien a los telecomunicólogos, que serán quienes mantengan la interconexión masiva de computadoras en un mundo en el que prácticamente nadie carecerá de una; y, por supuesto, a los creadores de videojuegos. Todo lo cual vuelve a decirnos que en el fondo van a cambiar más las formas que los moldes: los intermediarios se llamarán gestores, y poco más.

Todo eso está cerca, pero aún no está aquí y, según otro estudio, llevado a cabo en esta ocasión por la firma Adecco Professional, los tres empleos más deseados hoy día en España siguen siendo, por este orden, los de comercial, administrador de grandes cuentas —los famosos key account managers— e ingeniero de telecomunicaciones. Nuestro país también necesita “ingenieros especializados en energías renovables, cuyos puestos de trabajo han aumentado un 235% en la última década; analistas financieros y médicos de familia, debido sobre todo al envejecimiento de la población, el más acusado del mundo, solo por detrás del de Japón”.

Para terminar, diremos que hay malas perspectivas para los medios de comunicación, donde parece que la actividad con más futuro será la de narrowcaster, es decir, la de experto en segmentación informativa, un profesional que combinará el periodismo, la publicidad y las relaciones públicas para dar noticias a la carta, destinadas a grupos específicos de personas y adaptadas a sus intereses, teniendo en cuenta su nivel de vida, su religión, su estado civil, su lugar de residencia, etcétera. No parece que la palabra objetividad tenga sitio en ese proyecto con aires de plan de fuga.

El mundo cambia deprisa y el futuro, ese “espacio negro para muchos sueños, / espacio blanco para toda la nieve”, según lo describió el poeta Pablo Neruda, empieza a dejarse ver en el horizonte. Cuando estemos allí, tendremos todo el día en los labios esas palabras que ahora suenan tan extranjeras, acuicultor, nanomédico,webgardeners, microemprendedores, bioinformático… Y a los que puedan ser definidos con alguna de ellas parece que les va a ir muy bien. El futuro ya no es lo que era, como dijo Paul Valéry.


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Dret al treball: només volem ser ciutadans

Oscar Martínez

Professor de la Facultat d’Educació Social i Treball Social Pere Tarrés (Universitat Ramon Llull), consultor de la Universitat Oberta de Catalunya i educador social a TEB d’Habitatge. Educador Social, Psicopedagog i Màster en Societat de la Informació i el Coneixement. Coautor del llibre ‘Alterando la discapacidad’.

 

http://www.social.cat/opinio/2954/dret-al-treball-nomes-volem-ser-ciutadans


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Facebook y la comunicación de emociones Ferran Ramon Cortés

Facebook y la comunicación de emociones

Se debate mucho, y no sin razón sobre los peligros de facebook. Pero empieza a constatarse un aspecto muy positivo: parece que los adolescentes, como nunca antes, son capaces de transmitirse emociones. ¿Estamos ante un nuevo paradigma?

 

Tuve la ocasión de debatir durante largo rato con un grupo de profesionales (algunos de ellos verdaderos sabios) sobre el estado actual de la comunicación y las redes sociales. Yo, como había hecho ya otras veces, mostré abiertamente mis reticencias a las relaciones que se establecen por Facebook, alertando de sus riesgos y de la limitación que puede suponer para la insustituible comunicación cara a cara. Entre los debatientes se encontraba una joven recién licenciada que está desarrollando su tesis alrededor de este tema, y un comentario suyo me impactó. Me dijo: “Nunca había visto la complicidad y los abrazos que hoy veo entre los adolescentes que se relacionan vía facebook”.

 

Me estaba claramente sugiriendo que Facebook, para los adolescentes, lejos de limitar sus relaciones podría estar impulsando como nunca antes la comunicación de sus emociones. Sería una gran noticia, que quería contrastar. Dispuesto a saber más, cité a cuatro adolescentes para hablar sobre el tema: Sonia, Alex, Berta y Paula. Y tras un par de horas de intensa charla me confirmaron sin ninguna duda la tesis: facebook es una gran ayuda en sus relaciones.

 

Facebook: la vida en directo.

 

“Claro que estudiamos con Facebook, nos ayuda un montón: puedo colgar un esquema que he hecho e inmediatamente todos lo ven”

Sonia

 

Facebook está cambiando las reglas del juego de la comunicación para los adolescentes. Y visto desde la óptica adulta, hay motivos de preocupación, sea por las horas que pasan delante de la pantalla o por el tipo de relaciones que establecen. Pero lo cierto es que es un mundo que nosotros no hemos conocido, y que por ello a veces no acabamos de entender. Un mundo que hemos de empezar a mirar con otros ojos.

 

Para los adolescentes, Facebook es el medio de vivir en directo sus relaciones y estar al corriente permanentemente de todo lo que ocurre y les ocurre. Si tienen algo que decirse, o si surge una noticia (el día que me entrevisté con ellos saltó la noticia de un posible bachillerato de tres años) se comenta al instante en Facebook.

 

A través de Facebook, muere la idea del “hasta mañana” a la salida de la escuela. Cualquier cosa que pase en sus vidas será compartida por ellos en cualquier momento.

 

La puerta de entrada a las emociones.

 

“Si quiero ser amigo de alguien, comienzo con un “me gusta” en su Facebook. Luego entro en el chat. Y acabaré haciéndome amiga en la realidad”

Berta

 

Los adolescentes utilizan Facebook para iniciar el acercamiento a posibles amistades, para abrir la puerta con personas con las que no tienen tantas oportunidades de relación, y para decirse cosas que no se han atrevido a decirse cara a cara. Si se han enfadado, a través de Facebook hacen el primer intento de reconciliarse, ahorrándose la posibilidad de un “zasca” (chasco en lenguaje adolescente) en directo. Llegan al extremo de empezar a salir por Facebook… y de cortar también.

 

Parecería pues que lo que está consiguiendo Facebook es que los adolescentes compartan sus emociones mucho antes y con mucha más intensidad de lo que fuimos nosotros capaces de hacerlo. Porque se sienten igual de incómodos que nos sentíamos nosotros haciéndolo cara a cara, pero en cambio se sienten cómodos haciéndolo de esta manera, y están desarrollando e integrando el lenguaje necesario para hacerlo. Ellos están creando su lenguaje. Y la prueba son los vínculos de afecto que consiguen. Expresan abiertamente que la interacción vía Facebook no les resta motivación para verse en persona, sino que sienten aún más ganas.

 

Es cierto que en todo este proceso también entra la crítica, y en ciertas ocasiones el insulto. Y que existe el riesgo de retroalimentación de esta crítica o este insulto. Pero reconocen que son contadas las ocasiones en que ocurre.

 

Facebook les permite además desahogarse de los episodios que han vivido en la escuela o en casa, (conflictos con los amigos, una bronca de los padres…) ayudándoles a no quedarse dentro todas estas emociones.

 

Siempre se ha recomendado por parte de los especialistas en comunicación no gestionar las emociones vía e-mail, por los malentendidos que se pueden generar al no poder captar el tono exacto de lo que se comunica. Esto sigue siendo válido para los mensajes que nos cruzamos con los que tenemos interacciones esporádicas, o con fines profesionales. Pero parece no ser tan cierto en el caso de las relaciones adolescentes. En sus diálogos vía Facebook saben perfectamente qué se están diciendo, la intensidad de cada expresión, “se tienen la medida”. Y funciona. Quizás porque es un diálogo muy vivo, en el que se matiza en directo. Quizás porque el lenguaje les pertenece, han nacido con él y están completamente metidos en él. No tienen las dificultades de interpretación de los mensajes que los adultos sin duda podríamos tener.

 

Un facebook virtual, y uno real

 

“Hay gente muy falsa, que lo único que quiere es que la vean como amiga de alguien en Facebook”.

Paula

 

Reconocen los propios adolescentes que hay dos Facebook: uno en el que los amigos son realmente amigos, y uno en el que se agregan amigos para tener más contactos que los demás, y en el que se proyecta una personalidad ficticia. El primero sirve para reforzar las relaciones. El segundo, para “que te vean y vean que eres amigo de alguien”.

 

La buena noticia es que saben quien es de Facebook ficticio y quien es de Facebook real, y tienen muy claro que pueden esperar en uno u otro caso. Y en el Facebook real, no aceptan amigos que no estén absolutamente contrastados, y sean realmente amigos.

 

Es este Facebook real, y sólo este, el que ayuda en el proceso de comunicación de las emociones. Y es precisamente el Facebook ficticio el que plantea todos los peligros que hasta ahora hemos atribuido a Facebook. Es importante establecer esta diferencia para poder juzgar los límites que tenemos que ponerle en el caso de nuestros hijos adolescentes.

 

Límites muy claros y muy necesarios

 

“No dejamos de hacer nada por engancharnos al Facebook. Lo usamos cuando no tenemos nada mejor que hacer…”

Alex

 

Una vez puesta de manifiesto esta bienvenida capacidad de compartir sentimientos a través de Facebook por parte de los adolescentes, es conveniente también poner los límites necesarios.

 

Porque una característica evidente de la etapa adolescente es el hecho de no tener clara la frontera entre lo público y lo privado, las imágenes que pueden o no compartir, las manifestaciones que deberían o no hacer públicas. El límite de pudor en la adolescencia es en ocasiones temerario, y debemos ayudarles a no sobrepasarlo.

 

También es evidente, que aunque ellos manifiestan su autocontrol, y su determinación a no renunciar a otras actividades por Facebook, los límites de tiempo son también necesarios. Porque de la misma manera que manifiestan que sólo lo utilizan si no tienen algo mejor que hacer, también reconocen que lo usan cuando lo que tienen que hacer como alternativa no les apetece.

 

En cualquier caso, como adultos, nos toca seguir investigando. Facebook está en sus primeros años de vida, es un mundo muy nuevo y tenemos muy poca experiencia. Es lógico que tengamos prevenciones. Pero es importante también que estemos abiertos a lo bueno que trae consigo.


3 comentarios

Galeano

Pobrezas

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.

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