Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


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A punto de las 100.000 visitas al blog, GRACIAS

 

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Dicen que este símbolo era el que los peregrinos reconocían que iban por el camino de  Santiago en las  iglesias, monasterios, que iban encontrando en su peregrinaje.

Y ahí vamos haciendo camino en este blog, esta semana que viene llegaremos a las 100.000 visitas, gracias a tod@s los que acompañáis en esta travesía de la vida.

 

 


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“La casa puede ser más peligrosa para el niño que la calle”

 

http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/francesco-tonucci/

Toda la obra de este psicopedagogo es un alegato a favor de la independencia de los chavales. Impulsor de un exitoso programa para que los pequeños caminen solos al colegio, su ‘alter ego’ es Frato, un viñetista que reflexiona, sin dramatismo, sobre la educación.

Este psicopedagogo padre de tres hijos ha conseguido que miles de niños en el mundo vayan solos al colegio aprendiendo en ese trayecto casi tanto como en la escuela. En 1991, el italiano Francesco Tonucci (Fano, 1940) convenció al Ayuntamiento de su ciudad natal para iniciar el programa piloto Camino seguro, que instaba a los chavales a organizarse para ir juntos a la escuela. Hoy la exposición Imaginar la educación. 50 años con Frato le rinde homenaje en el Parque de las Ciencias de Granada. Frato es su seudónimo cuando dibuja tiras cómicas. Sus viñetas, sus libros –La ciudad de los niños o Cuando los niños dicen ¡basta!, ambos editados por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez–, toda su obra es un alegato a favor de la independencia mental de los chavales y su regreso a las calles.

¿La calle es peligrosa porque no hay niños en ella? Es una paradoja. Su presencia obliga a los adultos a tener cuidado. Son la seguridad más barata y sencilla.

¿Seguridad barata? La seguridad producida a partir de medios defensivos es una manera de delegar nuestra responsabilidad. Se la cedemos a la cámara de vídeo o al guardia al que pagamos y la asumimos cuando cuidamos de los niños. Si yo fuera delincuente, sabría que un lugar en el que cuidan a los pequeños no es un buen territorio para actuar. El bandido necesita descuido, abandono, desconfianza, oscuridad y miedo. Por eso siempre recomiendo a los padres que dejen a los niños solos en la calle.

¿Por qué tenemos tanto miedo? Educar a los hijos insuflándoles el miedo a los demás es lo peor que podemos hacer como padres. Su autonomía es fruto del amor, no del abandono. Un niño que tiene miedo es más vulnerable. Si le decimos: “Ojo, no te pares con nadie, no te fíes de nadie, no mires a nadie…”, lo estamos marcando de por vida.

“LA PRESENCIA DE LOS NIÑOS EN LA CALLE OBLIGA A LOS ADULTOS A TENER CUIDADO. SON LA MEDIDA DE SEGURIDAD MÁS BARATA Y SENCILLA”

¿A quién beneficia el miedo? Creo que a nadie. Pero lo producen la televisión y los políticos. La violencia es la excepción, pero los medios la hacen pasar como la norma. No es algo habitual en ninguna ciudad y menos en las europeas. Vivirlo como si lo fuera cuesta la libertad de los niños y su formación como futuros adultos miedosos. Hay violencia contra los niños y contra las mujeres, pero el 90% proviene de los familiares, de los educadores o de las parejas, y no de lo que sucede en la calle.

¿Hay una industria del miedo? Me temo que sí. Se considera que Londres es la ciudad del mundo más videocontrolada. Esa vigilancia tan estrecha es costosísima. En 2001 colocaron microcámaras en las gorras de los policías, como los pilotos de fórmula 1, y comprobaron cuántos delitos resolvían gracias a las cámaras callejeras. El resultado indicó que solo el 3%. En la misma época, en el barrio Almirante Brown de Buenos Aires, que es muy conflictivo, ocurrió un caso de abuso a una niña. La gente salió a la calle para protestar y se aumentó el número de guardias, pero allí más policía equivale a más tiroteos, así que tuvieron que buscar otra solución y recurrieron a mi propuesta de camino seguro. Tras esa experiencia, se comenzó a aplicar en Buenos Aires, y con la autonomía de los niños la criminalidad descendió un 50%.

Defiende reformas económicas y radicales. ¿Por qué no le escuchan los alcaldes?Algunos lo hacen. Un niño que se mueve con sus progenitores es un hecho privado. Aunque se porten mal los padres, no es fácil intervenir. Un menor que va solo es un hecho público. Por malos que seamos, que lo somos, prácticamente nadie rechaza ayudar a un niño.

En sus libros recomienda que si un pequeño está solo en la calle y le ocurre algo, pare al primer adulto que vea. Es importante que sea el primer adulto que encuentre.

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¿Por qué? Es fundamental que no le den criterios de selección, si no los feos serán pedófilos y los prejuicios le empujarán a ver monstruos. Hace 20 años que lo defiendo y nadie se me ha quejado nunca.

¿Por qué educamos en la desconfianza? Por miedo. Por eso pido a políticos y a periodistas que asuman su responsabilidad. Que el mayor daño lo causan los conocidos es un dato tan relevante como triste. Abusar de un niño no es fácil. Solo puede hacerlo quien tiene acceso afectivo a ellos.

Ha escrito que el lugar más peligroso para un menor es su casa y el coche de sus padres. Creemos que lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es darles la mano y que se queden en casa. El coche es un apéndice de la casa. Pero si va a urgencias y hace una encuesta verá que el 90% de los niños llegan por accidentes de coche y domésticos.

Pasan más tiempo ahí. Así es. Pero la casa no se percibe como peligrosa. Un niño despierto evita el peligro porque aprende a detectarlo. Y uno que se aburre tiene que aprender a salir del tedio, por eso considero que el aburrimiento es un regalo: obliga a imaginar. Inventar ha sido mi vida. El problema actual es hacerlo en casa: desmontar un enchufe, abrir el gas, mirar lo que la mamá esconde, abrir la botella rara. Esto se traduce en incendios, envenenamiento o caídas desde la terraza. Hay que dejar salir a los pequeños. No pueden jugar con todo su potencial dentro de una casa. Al estar en la calle, un niño puede encontrarse más seguro. Fuera de casa se portan de otra manera.

“HAY QUE AYUDAR A LOS PADRES. HOY SE ESTIGMATIZA AL ADULTO QUE DEJA LIBRE AL HIJO”

¿Qué datos sustentan esa idea? Muchos. Cuando describo el programa de llegar solo a la escuela, siempre hay un padre que me dice: “Me encanta lo que cuenta, pero no conoce a mi hijo. Se tirará debajo del primer coche que pasa”.

¿Pensamos que tenemos hijos tontos? Con frecuencia. Hay una razón: los conocemos del tiempo que pasamos con ellos llevándolos de la mano. Para nosotros movernos significa trasladarnos: salimos para llegar, y lo hacemos con el tiempo justo. Por eso no aceptamos que el menor se pare, observe, recoja porquerías, se quede mirando… Eso le obliga a portarse como un tonto. Y los tontos hacen tonterías. Los niños que mueren en la calle lo hacen cuando un adulto se despista. Buscan romper el aburrimiento. En Pésaro, Italia, 2.000 niños mayores de seis años van solos al colegio cada día. Pedí a la policía que me informara sobre los accidentes de este grupo a lo largo de una década. Ni uno. Ni atropellos, ni violaciones ni secuestros. Entre los que iban con sus padres hubo nueve accidentes.

¿Cómo es una ciudad pensada para los niños? Es una ciudad. Hoy no tenemos ciudades. La Segunda Guerra Mundial las destruyó. Se tuvieron que reconstruir y se hicieron para algunos, no para todos.

¿Eso no ha sucedido siempre? No. En la ciudad histórica, alrededor del mercado, el símbolo del encuentro, había ricos y pobres. Las casas de los nobles diseñadas por grandes arquitectos en Roma o Barcelona están pegadas a las casitas humildes de los artesanos. Eso enriquecía la ciudad. La llegada de la gente del campo para trabajar en la industria fomentó la periferia y la desertización de los centros históricos, que compraron los bancos y el comercio. Tras la Segunda Guerra Mundial, las ciudades se diseñaron para hombres adultos y con trabajo. Se pensaba que si eran buenas para el jefe de la familia, lo serían también para sus mujeres y los hijos. La idea es sencilla: “Si las hacemos a la medida de lo que pide el patriarca, él nos votará y arrastrará los votos de su familia”. Los ancianos, los niños y los discapacitados desaparecieron de la ciudad. Crear un lugar específico es una forma de segregarlos, de excluirlos.

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Tonucci o Frato, su seudónimo como dibujante, en una reproducción de su mesa de trabajo en Granada. SOFÍA MORO

¿Por eso está en contra de los parques? Siempre pienso que quienes llevan a sus hijos al parque son adultos que no han sido niños. ¿En cuántas de nuestras infancias hay columpios y toboganes? Los niños necesitan inventar.

¿Para un niño de hoy vivir la experiencia del descubrimiento y la aventura es imposible? Hoy el riesgo o no existe o es enorme. Esto produce efectos fatales.

En España hay más de 20 municipios seguidores de su programa La ciudad de los niños: Gandia, El Prat de Llobregat, Alzira… Los alcaldes se adhieren, pero eso hace que la iniciativa sea vulnerable a las elecciones.

Cuando le llaman, ¿qué sucede en las ciudades? El objetivo es la autonomía de los niños. Involucramos a los comerciantes, a los ancianos… A lo largo del camino hay tiendas identificadas con una pegatina donde se puede parar para pedir un vaso de agua o usar el baño. Hay jubilados que, durante una hora al día, se hacen cargo de cruces peligrosos, de pasajes.

No hay adultos que los acompañen. Esa es la clave. Solo pueden ser niños. Es fundamental trabajar la autonomía. El objetivo no es tanto llegar a la escuela como aprender a salir de casa. Para prepararlo, el recorrido casa-escuela es el más sencillo, se repite a diario y lo realizan muchos niños. Eso aumenta la seguridad y la tranquilidad de los padres. Pero es solo un primer paso.

En los lugares que siguen su modelo hay un consejo de niños. Sí. Las ideas de los niños son las que están fuera del poder.

¿El proyecto de La ciudad de los niños se lo piden más en municipios de una ideología determinada? Porcentualmente, desde ciudades progresistas. Pero en Buenos Aires, cuando llegó Mauricio Macri, no interrumpió el proyecto, lo amplió.

“NO NECESITAMOS NI BUENAS NI NUEVAS LEYES EDUCATIVAS, TAN SOLO BUENOS MAESTROS”

En Pontevedra el alcalde también confió en usted. Me dijo que aquella era mi ciudad. Normalmente me despachan con un “me encanta, pero deme dos o tres años para ponerlo en marcha. Resuelvo el tema del tráfico y luego hablamos”. Así no va a funcionar.

¿Qué sucedió en Pontevedra? Allí llueve mucho. Pensamos en dos personas juntas con un paraguas abierto y medio metro más para los bancos. Eso dejaba tres metros para los coches, y tuvo que desaparecer el aparcamiento.

¿La gente protestó? Todo cambio genera protestas. Luego empezaron a caminar. Hicieron planos de la ciudad midiendo las distancias en metro por minuto. El alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, es médico. Conoce la importancia de que la gente camine.

¿Las ciudades no están bien diseñadas? Están proyectadas desde la imagen y el poder, no desde el uso. Si uno va a Pontevedra en coche, debe aparcarlo. La velocidad máxima en toda la ciudad es de 30 kilómetros por hora, y en el centro, de 20. El alcalde me contó que a 50 km/h muere uno de cada dos peatones atropellados. A 30 km/h, uno de cada 20.

¿El mantenimiento de la industria del automóvil está dibujando nuestras urbes?Los alcaldes se excusan: si quito los coches, no me votan. Fernández Lores lleva cinco legislaturas, es del Bloque Nacionalista Galego y Galicia no es una región progresista. Pero la gente lo ha entendido.

¿Cómo han afectado a su discurso las nuevas tecnologías? No se trata de volver atrás, pero cuando yo era pequeño mi madre nos echaba de casa. No es que no nos quisiera, es que no tenía otra opción para arreglarla. Hoy tenemos recursos para encerrar a los niños en una habitación y eso hace que usemos televisiones y ordenadores en su contra para controlarlos.

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Usted no tiene móvil. No. Y a los niños siempre les advierto de que es una herramienta de control: deben estar siempre disponibles para los padres y eso les obliga a decir mentiras porque no se pueden dar detalles siempre ni de dónde estás ni con quién. Una de las satisfacciones más grandes es despedir al hijo y esperar a que vuelva para que nos diga lo que ha hecho. Ya sabemos que no hablará de todo, pero la clave es la confianza, que hace que cuando quieran puedan contar.

¿Somos hoy peores padres? No. Siempre se hace lo mejor que se puede, pero hay que ayudar a los progenitores a salir de la prisión en la que se han metido con sus hijos. Socialmente, el adulto que deja libre al hijo es un mal padre.

Defiende la formación de niños como seres pensantes. Si pueden expresar lo que piensan, van a plantear conflictos porque tienen necesidades distintas de las nuestras. La chica canadiense que participó en la cumbre de Río de 1992 hablando en nombre de los niños de la tierra dijo que lo que hacíamos los adultos la hacía llorar por la noche. Los pequeños, si pueden hablar, denuncian. Y nos obligan a reflexionar, a aceptar que no lo hacemos todo lo bien que podemos. Pero la educación entendida como acostumbrar a los niños al pensamiento adulto es mucho más cómoda. Una formación así es una forma sofisticada de conservación. Un niño de Puebla, en México, me decía que los adultos le pedían siempre que tuviera paciencia, que cuando creciera lo entendería. Ese es exactamente nuestro modelo educativo: hay que crecer para ser como los adultos. Y si yo puedo ponerme como modelo de mis hijos y de mis alumnos, estoy utilizando modelos de ayer, es decir, estoy garantizando que no va a haber cambios, en lugar de mejorar a partir de mi experiencia. Aceptar al niño de hoy sí que sería revolucionario.

Muchos niños han pasado de ser mano de obra a ser clientes. Yo nací durante la Segunda Guerra Mundial y no tuve ni dinero ni juguetes. Muchas de mis ideas tienen su origen en aquella necesidad de fabricarme mis propios juegos con las cajas de medicinas de mi padre, que era enfermero.

Durante su infancia no había tiendas para niños. La ropa nos la hacía mi madre. Una misma prenda pasaba por los cuatro. Una vez, cuando fuimos a elegir un tejido para hacer un abrigo, vimos que mi hermano menor miraba la tela del revés. Mi madre se lo advirtió y él le contestó: “Es lo que me tocará”. Siempre ha tenido sentido del humor. Pero nuestra vida era así. Hoy está claro que la infancia es un mercado.

¿Cómo afecta eso a los niños? La publicidad los maneja. Y educa en esa manipulación. Es responsabilidad de los padres tratar de que sus hijos piensen por sí mismos.

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El italiano Francesco Tonucci, retratado en el Parque de las Ciencias de Granada. SOFÍA MORO

¿Qué hizo que usted se interesara por la educación? En mi infancia todos los niños estaban tristes. Yo lo estaba. No me gustaba la escuela y, de adulto, eso me dio que pensar. La educación que defiendo es una revancha de esa experiencia.

También las tiras cómicas que, desde hace décadas, firma con el seudónimo de Frato. Desde luego. Lo que más me apena es ver cómo, tras mis hijos, mi nieta pequeña de ocho años sigue haciendo lo mismo, recibe casi la misma educación. No es tolerable que con lo que ha cambiado el mundo en 75 años la escuela haya evolucionado tan poco.

¿Qué cambios propondría? Fomentar la independencia, evitar la imitación.

¿Qué tipo de padre ha sido? Todo lo que pienso como educador lo descubrí enseñando. Cometí todos los errores que cometen los padres: muchos con el primero, menos con el segundo, y así. Por eso soy partidario de no tener un hijo único.

¿Se va aprendiendo o uno se va debilitando? Rebajar el nivel de exigencia es positivo. Con los hijos uno debe formarse, y parte del aprendizaje consiste en suavizar las obsesiones. El niño no puede ser el extraterrestre que es el primer hijo. Sobre todo ahora que las familias viven la maternidad y la paternidad con mucho miedo. Un niño criado en un ambiente relajado tiene mejor vida.

Habla de escuchar a los niños. ¿No les hacemos demasiado caso? No. Les prestamos atención como objetos de consumo. Escucharlos es desarrollar una relación de confianza. Tenemos que demostrarles que nos interesa lo que piensan, con los riesgos que comporta. Porque si les preguntamos banalmente lo que piensan, como son listos, nos dirán lo que creen que queremos oír.
¿Los maestros están infrapreparados? No necesitamos ni buenas ni nuevas leyes de enseñanza. Necesitamos buenos maestros. Si alguien puede cambiar la escuela es el maestro. En España tienen una ley de educación absurda, la ley Wert. Dice cosas que en el mundo académico no puede compartir nadie. Ya en el prólogo establece que el objetivo de la escuela es la competición, y eso hoy casi parece un chiste. ¿Cree que algún buen profesor ha cambiado su forma de trabajar porque lo haya dicho la ley?

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¿Los maestros son buenos o malos al margen de las leyes educativas? Si lo que enseñas es a repetir, importa muy poco que los contenidos sean progresistas.

Defiende la posibilidad del descubrimiento, la necesidad de tomar decisiones. Y está en contra de los deberes. Son un abuso. Si el profesor ha dado bien la lección, no hace falta comprobar que lo han entendido. Los deberes impiden a los niños vivir el tiempo libre en el que se podrían producir las aportaciones de los propios menores a la escuela.

Se ha dedicado más a investigar que a formar. Solo di clase dos años a alumnos de segundo de secundaria.

¿Qué parte de su vida dedica a ser Frato, el dibujante de tiras cómicas que desenmascara los problemas educativos, y qué parte es Tonucci? Frato se queda con el placer. Siempre creí que había nacido artista, no investigador. Pensaba que un día lo dejaría todo y me pondría a pintar.

¿A qué espera? La vida me ha llevado por otro camino. Comencé a hacer viñetas para hablar de la educación desdramatizando. No veía lógico que solo se debatiera en cuadernos que solo leen los investigadores. Quise aportar cambios. Por eso dibujé con cierto pudor, porque ni un artista ni un investigador se dedican a hacer dibujitos. Y por eso también me puse un seudónimo: para esconderme.


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Empiezas a morir cuando dejas de aprender, nuevo post de la Catenaria

 

http://www.catenaria.cl/nl.php

¿Te has preguntado alguna vez hasta qué edad quieres vivir? OK, no nos pongamos tan dramáticos. Una pregunta menos comprometida. ¿Sabes qué te hace ilusión? Eso sí que lo debieses tener claro. Tal vez apoyar a tus hijos en su desarrollo, re encantar tu vida de pareja, progresar en tu profesión, disfrutar un hobby, volcarte en el servicio a otros, profundizar en tus creencias y cultivar tu lado espiritual… Sea cual sea el desafío que te hayas propuesto o tengas previsto plantearte, necesitarás aprender para alcanzarlo. Pero si no hay nada que te haga ilusión, si consideras que ya no merece la pena aprender nada más, entonces es que, independientemente de tu edad, estás muerto en vida.

¿Por qué es importante aprender? Empecemos por lo más obvio: No puedes hacer nada si antes no lo aprendes. Y no aprendes nada que no quieras aprender y que por tanto, te interese. Por eso es tan trascendental explicitar tus intereses de forma consciente. Aprender es un medio para lograr un fin. Cuando conozco mis objetivos (lo que me interesa), entonces aprender se convierte en una herramienta que me ayuda a acercarme o a conseguirlos. Y es entonces cuando estoy motivado para aprender. Por otra parte, hay casos en los que no aprender, conduce irremisiblemente a perder la vida. El martes 17 de febrero de 2009 (verano en el cono sur), Emma Velasco de dos años de edad, hija menor del Ministro de Hacienda y de una conocida presentadora de televisión, cayó en la piscina de una casa de veraneo y comenzó a ahogarse. Minutos después, su Nana, Juana Reyes, percatándose de la situación, saltó a la piscina para rescatarla y trató de reanimarla aplicándole primeros auxilios. Tras unos momentos de gran confusión, la pequeña fue trasladada a un hospital donde ingresó en estado grave por asfixia por inmersión. La noticia acaparó la atención de todos los medios de comunicación y conmocionó al país entero. Emma pasó varios días en la UCI debatiéndose entre la vida y la muerte mientras sus angustiados padres recibían innumerables muestras de apoyo. Al cabo de unos días de gran tensión, Emma se recuperó y salvó la vida. ¿Porque Juana pudo salvar la vida de la pequeña Emma? Obviamente, tenía un conocimiento crítico (sabía nadar) que había aprendido antes, pero tenía otro conocimiento igualmente crítico que jugó un papel crucial en este caso: Sabía primeros auxilios, lo que hizo posible que Emma no quedase con ninguna secuela neurológica. ¿Y por qué se moría Emma? Porque le faltaba ese conocimiento crítico, no sabía nadar. ¿Cuál es la mejor solución para evitar ese tipo de tragedia? ¿Colocar una valla alrededor de la piscina? ¿Asegurarse de que siempre haya un adulto presente? ¿Instalar una alarma que avise de la caída de cualquier objeto al agua? No, la mejor respuesta siempre tiene que ver con aprender. En este caso, si Emma hubiese sabido nadar, el problema nunca se hubiese presentado.

¿Existe la alternativa de no aprender? Por supuesto, a eso le llamamos administrar la rutina y durante siglos, educamos a las personas para especializarse en ello. Hoy no parece una decisión muy inteligente. En primer lugar, las personas se aburren con las tareas repetitivas. Antes, era posible encontrar empleados que hacían el mismo trabajo durante décadas. Hoy, la mayoría de los jóvenes no se resignan a ese destino, tienen altas expectativa para su vida y son menos tolerantes con el aburrimiento. Lo que quizá no han aprendido todavía es que ya no pueden esperar que alguien les ofrezca un empleo como ocurría en el pasado. Y si se lo ofrecen, tampoco pueden esperar que sea para 30 años. En segundo lugar, cuando escoges no aprender, eliges una vida de menor esfuerzo, carente de compromiso y, aparentemente, libre de problemas. Es una opción lícita, mucha gente h a escogido vivir así. Pero mientras tú hibernas, el resto del mundo continúa avanzando y lo que sabes, tarde o temprano caduca porque todo lo demás cambia: Cambia el gobierno, cambian las leyes, los mercados, la tecnología, la competencia, las necesidades de los clientes, el clima, el precio del petróleo… y no aprender te condena a la tumba. El tiempo es el máximo innovador. Si dejas de nadar, los demás te adelantan por la derecha y la izquierda y además, terminas por hundirte. Cuando no aprendes, no puedes cambiar y si no cambias, mueres. Las propias células de tu cuerpo cambian continuamente para que tú puedas crecer. Por tanto, aunque sea tan solo para mantener lo que haces, necesitas seguir aprendiendo. Finalmente, las maquinas son mucho más eficientes que nosotros en gestionar la rutina. No podemos competir con ellas en capacidad de almacenamiento, en velocidad o precisión. Para un empleador, contar con robots tiene múltiples ventajas: no comen ni duermen, no piden sueldo ni aumentos continuos, no aspiran a ser jefes ni se pelean con sus compañeros, no se ponen enfermos ni piden permisos de maternidad, tampoco vacaciones o pensión ni siquiera tienen sindicato… La discusión sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo es apasionante y la conclusión es que si no aprendemos cosas que las máquinas no pueden hacer, estaremos en serio peligro. Si dejas de aprender porque ya crees saberlo todo, porque careces de intereses o por que no te quedan energías, todo se vuelve rutina y te conviertes en un zombi.

Ahora bien, no podemos desconocer que aprender lleva consigo aparejadas algunas contraprestaciones complejas:

 

  • Exige esfuerzo: Los seres humanos estamos diseñados para economizar energía. La famosa “resistencia al cambio” no es más que la reacción natural del organismo en su intento de mantener el estado de comodidad que proporciona la rutina. Aprender requiere abandonar la “zona de confort” mientras reaprovechar lo que ya sabes (gestionar el conocimiento) es mucho más seguro.
  • Es un proceso personal (que no es lo mismo que individual) e intransferible: Aprendes tú y nadie puede hacerlo por ti igual que nadie puede comer o dormir por ti.
  • Requiere proactividad. Aprender depende de ti y no de agentes externos como de tus padres, tu profesor, tu jefe o tu empresa. La iniciativa, la responsabilidad y desde luego el beneficio de aprender son tuyos e indelegables.
  • Aprender exige recordar y también olvidar lo que no es útil. La mayoría de errores ocurren no porque no sepamos qué hacer sino porque olvidamos. ¿Podrías aprobar hoy un examen de matemáticas o física de último año del colegio? Sé que no serías capaz aunque todos pudimos, de otra forma no hubiésemos finalizado la educación media. Pero no solo nuestro cerebro olvida lo que sabía, también nuestro cuerpo lo hace. Acabo de volver al gimnasio por primera vez en un año y el hecho de que me duela hasta el pelo, demuestra que mis músculos olvidaron todo lo que sabían no hace tanto tiempo.

 

Sin embargo, aprender también entrega recompensas de incalculable valor:

 

  • Aprender es adictivo. Cada vez que aprendes algo que te interesa, se produce una emoción indescriptible, consecuencia del descubrimiento de lo nuevo (el efecto eureka). Dicha emoción te conduce irremediablemente a querer saber más. Al igual que ocurre con el entretenimiento, el acto de descubrir es apasionante y por eso las películas, las series o los libros tratan de involucrarte con tramas y escenarios basados en la sorpresa. Es en ese instante cuando aprender deja de suponer un esfuerzo al que no le veo sentido para convertirse en un proceso placentero que me ayuda a conseguir lo que estoy buscando.
  • Aprender te proyecta hacia el futuro, hacia lo que no sabes todavía. Mientras el conocimiento te relaciona con el pasado (lo que ya sabes), aprender te mueve hacia adelante, es el mecanismo para lograr aquello que te cautiva. Por eso, aprender es un proceso íntimamente guiado por tus intereses (y no los de terceros). Y por eso, no puedes aprender aquello que no te importa (tan solo disimulas haciendo que aprendes, justo lo que pasa en el colegio). Dado que aprender es la única forma de conectarse con lo que vendrá, para innovar hay que ser experto en aprendizaje. Lo más importante de la educación no es lo que te enseña sino que sea capaz de crearte el hábito de aprender, se asegure de enseñarte cómo aprender todo lo que necesitarás en la vida.
  • No hay nada más importante que aprender. Está científicamente comprobado que si no comes, te mueres y si no duermes, te mueres. Pero si no aprendes, también te mueres ya sea por una seta venenosa, saltarte un semáforo en rojo o caerte en una piscina.

 

¿Y qué sucede con las organizaciones si no aprenden? La historia está llena de casos de empresas que dejaron de aprender y por tanto dejaron de vivir. Quien no recuerda lo que ha ocurrido con Blackberry o Nokia o con empresas que tuvieron miedo de aprender como Kodak, la primera en descubrir la fotografía digital. Es interesante observar a las instituciones más antiguas de la historia y comprobar que mientras el Ejército lleva tiempo realizando cambios profundos (resultado de su voluntad de aprender), la Iglesia Católica se sigue resistiendo a pesar de los esfuerzos del nuevo Papa, nombrado aparentemente para encabezar la transformación. La semana pasada, durante un taller de trabajo colaborativo para los altos potenciales de una multinacional estadounidense, surgió la queja típica: “Tenemos algunos expertos que saben mucho pero no quieren compartir lo que saben con nadie más“. Si no quieres contribuir al aprendizaje de tus pares, pronto dejarás de ser importante para tu empresa. Cómo bien ilustró Ruben Blades¿De qué sirve saber algo si usted no comparte lo que sabe?” Es igual que el que no quiere pasar la pelota a sus compañeros de equipo. Lo que termina ocurriendo es que tus compañeros tampoco querrán compartir su conocimiento contigo con lo que se estancará tu proceso de aprendizaje y quedarás excluido. La otra cara de la moneda la representan ejemplos como el de Google que reconoce que necesita aprender porque cometeerrores. O un comité; del PNUD que acaba de convocar una licitación solicitando el diseño de una estrategia que le asegure un método de aprendizaje permanente. Incluso los países aprenden como Guatemala que está adoptando buenas prácticas internacionales en turismo.

Según Jack LondonLa vida no es cuestión de tener buenas cartas, sino de jugar bien una mala mano”. Y para eso hay que aprender. El verdadero proceso de aprendizaje comienza siempre a partir de lo que te interesa, te ilusiona, te hace feliz. Y eso está íntimamente ligado a priorizar tus intereses y buscar tu propio camino. Aprender no tiene nada que ver con el tedioso ejercicio de estudiar, hacer cursos o sacar buenas notas sino con seguir tus intereses sin miedo, ser curioso, hacerte preguntas y dejarte llevar. Aprender es un ejercicio de libertad donde aprendo sobre lo que yo quiero, sin límites. Y desde luego, aprender puede y debe ser entretenido lo que no significa que todo juego sea sinónimo de aprendizaje.
El aprendizaje es la principal característica del ser humano. Somos el ser vivo que más ha perfeccionado ese proceso. Durante largo tiempo, aprender para el hombre fue sinónimo de supervivencia. Tuvo que aprender a luchar con enemigos mucho más fuertes (hasta llegar incluso a domesticarlos) y crear conocimiento para lidiar con enfermedades y catástrofes naturales que lo diezmaron. La tecnología es la mejor muestra de la capacidad de aprendizaje del ser humano a lo largo de la historia. Si nosotros disfrutamos de una vida apacible es porque las generaciones anteriores aprendieron lo necesario para asegurarnos el bienestar. Una civilización más avanzada que las demás (lo mismo que una empresa líder), basa su predomino en su capacidad de aprender. No es cuestión de fuerza o de tamaño. Una de las principales cualidades de una persona no es ya su capacidad de aprender sino sus ganas. Lean al favorito al oro olímpico en Rio 2016 en la prueba de natación de 1.500 cuando dice “Me gusta trabajar y cansarme”. Si una persona no quiere aprender, se convierte en una rémora. Cuando las empresas se refieren a la dificultad de acometer procesos de gestión del cambio, justamente reconocen que sus empleados están acostumbrados a hacer las cosas de una manera (la que siempre han hecho y les ha funcionado) y no sienten deseos de progresar. No quieren cambiar porque están cómodos, les falta apetito.

Empiezas a morir cuando dejas de aprender porque todo proceso de mejora obliga a invertir tiempo y recursos. En realidad, no puedes no aprender nada porque de otra forma dejas de existir. Si quieres vivir, aprende. ¿Por qué estás dispuesto a luchar? ¿Por qué cosas merece la pena vivir? ¿Qué vas a aprender en los próximos 12 meses? “Vive cada día como si fuera el ultimo, aprende como si fueras a vivir para siempre” (Gandhi)

PD: Me acabo de encontrar con un amigo que me comentaba que ha bajado 12 kilos en los 3 últimos meses. No le dio tiempo a contarme cómo lo hizo pero claramente, aprendió cosas que a mí me interesa aprender.


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Acreditar otro tipo de talentos

 

http://www.lasexta.com/noticias/virales/emocionante-carta-que-recibe-nino-autista-colegio-suspender-todos-examenes_201607145787700c6584a86fb36b0077.html

Cuando con cinco años a Ben Twist le diagnosticaron autismo, su madre decidió matricularle en el colegio Landsbury Bridge, un centro educativo especial donde tienen métodos para “respetar los patrones de conducta respecto al tiempo, ritmos y hábitos” de los niños y jóvenes con discapacidades. En la actualidad, Ben tienen 11 y después de haber suspendido todos los exámenes finales, ha recibido una emocionante carta del centro.

Gail Twist, madre de Ben, ha recibido la mayor y mejor de las sorpresas, cuando en lugar de una bronca se ha encontrado una felicitación por parte de los profesores del centro educativo reconociendo las increíbles habilidades del niño para trabajar en equipo o para hacer amigos nuevos. Unas habilidades que como reconocen los propios docentes, los exámenes no pueden medir.

Tan sorprendida y emocionada se mostró la mujer que no dudó en compartir la carta a través de su cuenta de Twitter.

“Algo muy importante que queremos que entiendas es que los exámenes finales sólo miden un poco de ti y de tus habilidades. Está claro que son importantes pero tú tienes otras muchos talentos que en Lansbury Bridge medimos de otra manera.

Algunos de ellos son:

  • Tu talento artístico
  • Tu capacidad de trabajar en grupo
  • Tu amabilidad
  • Tu capacidad de expresar tus opiniones
  • Tus habilidades deportivas
  • Tu habilidad de hacer amigos y conservarlos
  • Tu habilidad de debatir y conservar tu propio progreso
  • Tu diseño y construcción de talentos
  • Tu habilidad musical

Somos muy felices de que todos y cada uno de estos talentos y habilidades te hagan la persona tan especial que eres.

Éstas son el tipo de aptitudes que desde Lansbury Bridge evaluamos para asegurarnos de que estás progresando y de que continúas desarrollándote como un joven absolutamente brillante. Bien hecho, Ben.

Estamos muy orgullosos de ti”.

La conmovedora respuesta del colegio al suspendo de Ben, hizo llorar de alegría a la madre que quedó tan sorprendida que declaró que “es la más maravillosa y hermosa carta que he recibido en mi vida”. También ha manifestado que que “no esperaba que Ben aprobara y sé que no lo ha hecho pero estoy orgullosa de él“.


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Apoyar a los otros te hace feliz

 

http://terceravia.mx/2016/07/investigadores-demuestran-apoyo-mutuo-fundamental-felices/

El método científico es una de las grandes herramientas que tenemos para entendernos, lo usamos para confirmar o rechazar lo que nuestro sentido común nos dice y muchas veces nos sorprende porque es capaz de desbaratar certezas con las que caminamos cotidianamente. Por ejemplo, por alguna razón pensamos que cuando hemos pasado por un mal momento, reconfortarnos a nosotros mismos es la mejor solución; una actitud egoísta que por lo general conduce al consumo de algún postre favorito, ver una película que nos agrada, salir a un espacio que disfrutamos o cualquier otro ritual que implique darnos un capricho.

Sin embargo, un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad del Sur en Sewanee, Tennessee (Estados Unidos) y publicado en la revista Emotion, plantea que este tipo de terapia para tratar el mal humor es inservible.

Para el estudio, los expertos han contado con la participación de 473 voluntarios que fueron separados en cuatro grupos. Cada grupo tuvo que completar diferentes tareas durante un período de seis semanas. El primer grupo tenía que realizar actos de bondad para mejorar el planeta, como podía ser la recolección y reciclaje de basura. El segundo grupo, tenía que llevar a cabo actos de bondad hacia otras personas, tales como comprarle a un amigo una taza de café o ayudar a un miembro de la familia a preparar la comida. El tercer grupo recibió instrucciones para realizar algo bueno para sí mismos, tomar un día libre de vacaciones o comprarse una prenda de ropa que les gustase mucho. Finalmente, el cuarto grupo no hizo nada fuera de sus actividades ordinarias, como para establecerlos como grupo de control.

Antes y después de las seis semanas que duró el estudio, todos los voluntarios completaron un cuestionario para evaluar su bienestar psicológico, emocional y social. También expusieron sus emociones positivas y negativas cada semana durante todo el experimento. El equipo de investigadores ha descubierto que lo que funciona para mejorar nuestro estado de ánimo es dar algo a los demás, ser solidarios, practicar actos de bondad con otros y no orientados a uno mismo ni neutrales (grupo de control). Hacer cosas por los demás es lo que realmente puede mejorar el estado de ánimo y el bienestar general del individuo.

“No me sorprendió que el comportamiento pro-social llevase a la gente a sentir mayores emociones positivas, y a su vez, un mayor florecimiento. Una cosa que me pareció muy interesante, sin embargo, fue que cuando nos dirigimos estas acciones hacia nosotros mismos, no vemos ninguna mejora en las emociones positivas o negativas, ni consideramos que mejora la salud psicológica. Creo que esto es importante porque la gente a menudo se anima a tratarse a sí mismos (con caprichos) como una manera de sentirse bien; sin embargo, nuestros hallazgos sugieren que la mejor manera de sentirse feliz es ayudar a otra persona en lugar de a uno mismo“, comenta la investigadora Katherine Nelson, líder del estudio.

Por un lado, este trabajo permite reconocer que es probable que nuestra necesidad de construir en colectivo sea esencial a nuestra naturaleza, en tanto se mantiene a pesar de la imposición de una cultura como la nuestra en estos tiempos, que impulsa el comportamiento ególatra y el consumo irracional. Pero más allá de esta conclusión que sin duda resultará polémica, lo cierto es que los comportamientos tribales son fundamentales para mantener nuestro equilibrio personal; porque incluso desde una visión egoísta, se demuestra que el apoyo mutuo es una buena apuesta para mejorar el ánimo personal


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«El més important no és ser sinó ser-hi. »Regal de Jaume Cela

 

http://diarieducacio.cat/escolaestiurosasensat/2016/07/07/un-regal-destiu/

Pensava sobre què escriure aquests dies d’Escola d’Estiu per publicar al Diari i he pensat que seria una bona idea fer-vos un regal.

«El més important no és ser sinó ser-hi.» Aquesta afirmació, aquest aforisme tan contundent, el podeu trobar al llibre La lectura com a pregària, del filòsof i professor Joan-Carles Mèlich, publicat per Fragmenta.

Si pensem en aquestes paraules des de la perspectiva educativa convindreu amb mi que poques vegades podem trobar una veritat tan profunda expressada amb tan pocs mots. Fer de mestre és important, ser aprenent de mestre encara ho és més i, sobretot, més realista i més modest, però el més rellevant és «ser-hi», que vol dir estar al costat, a la distància precisa d’aquell que ens necessita.

L’aforisme de Joan-Carles Mèlich situa l’acollida, la companyia i la responsabilitat cap a l’altre al centre de la reflexió i de l’acció educatives.

I ara llegiu aquest poema de David Jou, físic, catedràtic i poeta, que podeu trobar al llibre La mística dels dies, publicat per Viena Edicions. El poema es titula «Una mare planxa la camisa del seu fill per a una entrevista de feina».

Diu així:

El seu futur ja no depèn de mi,

sinó tan sols d’ell i de la sort.

Però li planxo la camisa

com si li dibuixés una aura protectora,

com si a través d’ella

la meva presència l’hagués d’acompanyar

sense que ell ho sàpiga,

inspirant-li la resposta justa i el gest adient

—que, ben mirat, no sé quins són—.

 

Elimino les arrugues

com si planxés les ones de les tempestes de la vida,

com si li estigués aplanant els camins del món.

Ell ni se n’adonarà, de tot això,

com mai no ens adonem d’allò que trobem fet,

a punt, en ordre, esperant-nos

com si fos natural i  no exigís cap esforç.

Però és el que puc fer i el que em plau fer:

somiar mentre planxo

—tan pesat, tan avorrit, però de vegades,

com ara,

amb un toc d’amor, d’ansietat i de tendresa

tan intens que alguna cosa salva—.

 

No trobeu en els versos de Jou la mateixa veritat que en les paraules de Mèlich? Quina magnífica comunió, la que lliga el filòsof i el físic a través de la paraula poètica, una paraula poètica que comparteixen amb nosaltres. Aquest «ser-hi» es manifesta en el senzill acte de planxar una camisa, i quan el fill se la posi percebrà que la mare és amb ell, com ho deu haver estat sempre, com cada alumne ha de percebre el seu aprenent de mestre al seu costat. I somiar el que amb el seu gest està fent realitat.

És un  regal que us faig, amb el desig que inicieu el nou curs llegint als vostres claustres aquests dos textos tan impressionants i tan bells. Bon estiu.