Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


#HablamosDE “RESILIENCIA Y NEUROCIENCIA, dos palabras llenas de posibilidad”

https://ineverycrea.net/comunidad/ineverycrea/recurso/hablamosde-resiliencia-y-neurociencia-dos/86397c92-a02f-b8dc-6ebf-714566bf9cea?modified

¿Por qué unir las dos palabras?

 

Si te interesa el mundo de la educación estas palabras  te atrapan por su  profundidad y sentido. Llevamos más de 20 años  trabajando por separado estos conceptos y cuando lo haces interseccionar la mirada educativa se convierte en una mirada generativa, mucho más amplia, con más detalle y más matices. Tanto resiliencia como neurociencia  son cualidades irregulares porque están compuestas de múltiples dimensiones y estas dimensiones están o pueden estar relacionadas entre sí.

 

¿Pero son conceptos que se han puesto de moda?

 

Son conceptos que  hoy en día ya están presentes en la sociedad, y eso es bueno. Hay que conocerlas, hay que saber todo lo que nos pueden ofrecer.  Nosotros escribimos nuestro primer libro de resiliencijunto a Jordi Grané en 2007 y el de neurodidáctica junto a Marta Ligioiz en 2009. Realmente en aquel momento y en nuestro país escaseaba la literatura de ambos conceptos y mucho menos investigaciones relevantes al respecto.

Ambas palabras  son emergentes y muy sugerentes, si las sumamos, tenemos por delante el desafío de saberlas trabajar  también desde y en el aula, en familia y en comunidad, en la vida. Las neurociencias nos  han  evidenciado una información muy relevante en estos últimos años que debemos saber transferir al mundo educativo para seguir promoviendo la resiliencia.

 

Resiliencia, neurociencia…Parece un juego de letras

 

Si me lo permites, si vamos a jugar  con estas dos palabras. Fíjate entre resiliencia y neurociencia hay 8 letras en común. Y con las letras que sobran de las dos palabras, lo que obtienes es una nueva palabra. ¿Sabes cuál?

RESILIENCIA   =SIL

NEUROCIENCIA = NUOC

SOLUCION (con la licencia de sumar una O de más )

Así pues entre resiliencia y neurociencia tenemos la solución.

 

Neurodidáctica

 

 

Neuroeducación: por otra escuela

 

 

¿Y cuál sería la solución?

 

Ja ja ja, claro,  eso es muy atrevido, porque  realmente no hay soluciones únicas a los problemas de la educación pero si hay caminos posibles. Por ejemplo los avances de la neurociencia nos han hecho ver que no sólo  hay una relación entre el cerebro y la mente sino que los últimos descubrimientos evidencian que también la mente influencia en el cerebro, nuestro cerebro cambia por cada pensamiento, experiencia. Y eso llevado al terreno de la resiliencia tiene mucho que aportar.

 

Neurociencia  y Resilencia Anna Forest

Los estudios sobre  la resiliencia han ido evolucionando y sus ejes han dejado de ser centrados en el estudio del estrés o del estrés postraumático a estudiarse la resiliencia más como proceso, y de ahí la importancia en  estudiar la relación con el otro, con los otros, las teorías del vínculo. Los estudios más recientes de resiliencia ya  apuntan a  la importancia de la epigenética, y por tanto el poder de los pensamientos y del lenguaje para  modificar a nuestro cerebro. Guillén (escuela con cerebro)  nos recuerda que una persona resiliente puede llegar a activar hasta treinta veces más su región prefrontal izquierda que otra con baja resiliencia (Davidson, 2012). Además, las personas que se recuperan rápidamente de las adversidades muestran conexiones más fuertes (más materia blanca) entre la corteza prefrontal y la amígdala.

 

¿Cuáles son los temas o temáticas entre ambas disciplinas?

 

Con Jordi Grané hemos escrito un libro entre ambas diciplinas que saldrá en el 2019, Plataforma Editorial, en él  partimos de estos primeros puntos de encuentro:

 

Neurociencia y Resilencia Anna Forest

 

Las primeras investigaciones sobre resiliencia se centraron en estudiar todo el proceso de adaptación, más tarde superación y transformación del ser humano a aquello que se vive como adversidad. Estas primeras investigaciones tomaron como foco la infancia en situaciones de riesgo. La preocupación de estudio se centró en esos factores internos que hacen que unas personas  sobrevivan a situaciones inhumanas como los campos de exterminio de la segunda guerra mundial.

Desde la perspectiva más biológica y fisiológica  del término tuvimos la oportunidad de hablar de resiliencia junto al Dr. Manel Rabanal Tornero Cap de Secció de Vigilància i Publicitat dels Medicaments de la Direcció General d’Ordenació Professional i Regulació Sanitària, él había dirigido un TFG (trabajo final de grado) de Anna Tresserra sobre los mecanismos fisiológicos de la resiliencia en Bioquímica y Biología Molecular2016. En ella se describe como en la actualidad se desconocen la mayoría de mecanismos involucrados con la resiliencia. Ahora bien tanto el gen que codifica por la proteína encargada de la recaptación de la serotonina como por la proteína β-catenina están implicados en la resiliencia.  También  evidenciaron estos investigadores que los factores fisiológicos más estudiados en relación a la resiliencia hacen referencia al hipocampo, en relación con el efecto de los glucocortidoides sobre esta estructura y la capacidad de regeneración en el giro dentado, así como la remodelación dentrítica hipocampal. Recomendamos ampliamente consultar este excelente trabajo y muy innovador en su campo de estudio.

Pero realmente no todo queda circunscrito a lo más biológico, ¿verdad?

 

Los genes, la parte biológica, son solo la punta del iceberg. El cerebro se forma partiendo de este material biológico, pero lo hace en constante interacción sinérgica con el ambiente, que incluye todos los aspectos familiares, sociales y educativos.

Por tanto es muy relevante hablar y estudiar las aportaciones  de la epigenética y de la mentalidad de crecimiento, de nuestra gran capacidad humana de generar. Todos los estudios más cualitativos: autobiografías, estudios de caso, etnografías, dan cuenta de una resiliencia con una mirada más holística, más ecológica e integral, donde evidentemente las funciones ejecutivas son claves.

Las investigaciones en neurociencia apostarán por investigar las bases neurológicas de las prácticas que promueven la resiliencia generativa y nos proporcionarán los beneficios de cultivar un estilo de vida generativo. Es más, estamos delante de un nuevo concepto de resiliencia, más acorde  con el contexto actual y con las aportaciones de las neurociencias.

Queda mucho aún por investigar, por hacer, pero el camino es fascinante. ¿Verdad?. Sigamos.

 

 

 

 

 

 

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TERAPIA NARRATIVA EN EL AULA: “EL ÁRBOL DE LA VIDA”.

 

 

http://terapianarrativayescuela.blogspot.com.es/2016/03/terapia-narrativa-en-el-aula-el-arbol.html?spref=fb

Recientemente hemos realizado en uno de los colegios de nuestro sector de intervención la actividad denominada “El árbol de la vida” con un grupo de alumnos/as de 6º curso de Educación Primaria. La iniciativa surgió a partir de la demanda de intervención del equipo docente por las dificultades en la convivencia y conducta del grupo.
¿QUÉ ES EL “ÁRBOL DE LA VIDA”?

Es una metodología desarrollada dentro del Modelo de Terapia Narrativa. Este modelo, de nacimiento relativamente reciente (comienzos de la década de los 90), está comenzando a implantarse paulatinamente en el ámbito educativo, complementando a los otros modelos ya existentes, como el Cognitivo-Conductual o el Modelo Sistémico. En otro post ya expondremos con más detenimiento los fundamentos teóricos de la Terapia Narrativa (o Prácticas Narrativas).

La metodología del “Árbol de la vida” fue desarrollada por David Denborough (Dulwich Centre Foundation) y Ncazelo Ncube. Se basa en la realización de una actividad de desarrollo personal y emocional centrada en la ilustración de un árbol. A través de las diferentes partes del árbol (raíces, tierra, tronco, ramas, hojas y frutos) los participantes van explorando sus orígenes e historia familiar, su vida cotidiana, sus valores, capacidades y habilidades, sus esperanzas, sueños y expectativas, las personas que han sido y son importantes para él/ella y lo que estas personas le han aportado… Igual que las diferentes partes del árbol forman un todo, se va estableciendo la interrelación entre todos estos elementos que conforman la persona.

La actividad también se puede realizar individualmente, pero en esta ocasión lo hemos hecho de manera grupal. Cuando ya todos los/as participantes han terminado su árbol y lo han desarrollado, ya podemos conformar un “bosque de la vida” con todo ellos.

 

Además, en este caso, durante el desarrollo de la actividad se ha ido elaborando un Documento Colectivo con las aportaciones de todos los niños/as, que paso a exponer:

 

“Los alumnos y alumnas de 6º curso de nuestro colegio, después de realizar durante varias semanas nuestros “Árboles de la vida”, hemos llegado a las siguientes conclusiones:  

Hemos aprendido a elegir un futuro. Mi padre quiere que tenga estudios, que pueda aprender una profesión y no tenga que estar buscándome la vida en lo que salga. Ahora no hay trabajo para la gente que no tiene estudios.

Las cosas importantes para la vida nos las ha enseñado nuestra familia, nuestros padres. Nos han dado amor, cariño, ayuda. Nos han enseñado el valor de la responsabilidad. Cuando me quedo cuidando de mi hermana pequeña, eso es responsabilidad. Cuando le doy de comer a mi hermano pequeño, eso también es responsabilidad. Cuando dos niños se están pegando y tú los separas, eso también es ser responsable.

Paco de Lucía llegó a ser un gran artista porque fue responsable y tuvo el valor del esfuerzo. En el colegio nos esforzamos sólo a veces. Si no te esfuerzas no puedes tener estudios y no puedes aprender una profesión.

Es importante para nosotros el respeto. Respetar a los mayores y a los profesores es importante. A veces no les respetamos porque siempre queremos tener razón.

  

Esperamos que este documento pueda servir no sólo para nosotros mismos, sino también para otros niños y niñas de nuestro colegio y de otros centros”.

Javier Pérez Jiménez. PTSC.

Eduardo Gómez Arroyo. Orientador.


Cuento de Navidad para esos niños y niñas que sueñan, por la gran Conchi

https://resilienciainfantil.blogspot.com/2018/12/cuento-de-navidad-para-esos-ninos-y.html?fbclid=IwAR2yEOePkYBtexxWIM5vz39OzZ_wMGLE4KX_njFEge3P4R0m5ChtQFvjiDM

Os invito a leer este cuento de Navidad que he escrito, distinto y a la vez tan mágico y entrañable como todas las historias que tienen lugar en estas fechas tan señaladas. Espero que os guste.

Dedicado, con cariño, a todos los niños y niñas adoptados:

Eran las 16.30 horas de un día cualquiera. Uno de esos días en los que la desgana se columpiaba dulcemente desde un extremo a otro de la clase, haciendo un guiño travieso que impedía prestar atención a la maestra. Sólo la alegría de saber que faltaban cinco días para las vacaciones de Navidad era lo único que despertaba una sonrisa a Martina. Solo cinco días y podría respirar, sin tener que hacer esos malditos deberes que no entendía, aunque lo intentaba hasta rabiar, por mucho que los profesores no se dieran cuenta de su esfuerzo.

-“Hoy leeremos un cuento de Navidad, ¿quieres empezar tú, Lucia? “, dijo la profesora.

Los ojos de Martina cobraron luz de repente. Le gustaba mucho escuchar cuentos. Le recordaba a su madre cuando cada noche, desde su llegada a casa, al ir a dormir le leía una historia. Contar cuentos es mucho más que contar historias, es dejar fluir la imaginación desde lo real a lo imposible, de la certeza a la fantasía. Lucía, su compañera, empezó a leer en alto una bonita historia que hablaba de unos pastores que caminaban perdidos en una tarde de diciembre cuando se dirigían a una aldea en busca de una estrella. Martina escuchaba atenta el relato, entre entusiasmada y curiosa. Su capacidad de atención, seriamente defectuosa para las tareas escolares, se veía asombrosamente desarrollada cuando algo le atraía.

Mientras escuchaba, un pequeño rayito de sol, que entraba desde la ventana que estaba a su derecha, se posó sobre su retina, deslumbrándola. Miles de luces doradas aparecieron en ese momento destelleando y atrapando a Martina en una especie de túnel monocromático en el que se vio transportada, como si de un largo tobogán dorado se tratase.

-“¿Dónde estoy? “, se preguntaba, mientras miraba de un lado para otro.

No había visto nunca ese lugar. Solo recordaba la intensa luz que entró en sus ojos y, de repente, ese extraño lugar. Se deslizaba sin hacer ningún esfuerzo hacia un remanso de luz que había a lo lejos. Cuando llegó por fin, se detuvo en una especie de haz de luz que parpadeaba tímidamente, y quedó allí sentada. Nunca había estado allí antes. A decir verdad, no era ni siquiera un lugar como los que ella conocía. Todo estaba a oscuras, salvo el haz de luz que hasta allí la trajo, y pensó ¿qué hacía ella allí?.

De repente, una especie de ventana con forma redonda se abrió, y poco a poco comenzó a deslumbrarse a lo lejos algo que semejaba ser una casa. Allí, en una de las estancias, había una cuna de madera, desgastada pero limpia. Una niña jugaba en su interior balbuceando cortos sonidos mientras sonreía ella sola al escucharse.  Su madre estaba en un rincón de la sala haciendo con barro una figura que parecía ser un jarrón. Sus ojos, tristes y apagados, apenas se abrían lo suficiente para mirar de reojo a la niña, mientras sus manos deambulaban por el barro sin llevar un certero ritmo. Sólo sujetaban levemente la figura que iba forjándose, pero que aún se encontraba por definir cómo sería su aspecto final. Su lánguida cara reflejaba pesar y tristeza.

-“¿Sabes quiénes son? “, le dijo a Martina una vocecita que escuchó por detrás de ella.

Se giró rápidamente y pudo ver una especie de pequeño duende con orejas de elfo, un gorro verde a rayas del que lateralmente caía un enorme pompón blanco, un pantalón rojo con cinturón y unas babuchas acabadas en punta.

-“¿Quién eres tú?”, gritó Martina sorprendida.

-“Soy Max, uno de los duendes de la Navidad. Siempre he vivido en tu mente desde aquella mañana en que tu mamá te trajo al mundo. Ella deseó cuando tú naciste que nunca te pasara nada malo y que la felicidad te acompañara. Y en ese momento surgí yo, para acompañarte en cada Navidad. No me has visto antes porque andas siempre un poco enfadada cuando se avecinan estas fechas. La rabia es mi enemiga y, aunque llevo nueve años intentando hablar contigo, no había sido posible hasta hoy. “

 – “¿Nueve años?, ¿llevas nueve años conmigo?, !Que cosas tan extrañas cuentas¡. ¿Seguro que no eres una pesadilla de esas que a veces me molesta por las noches? “.

-“Tranquila, estoy aquí para enseñarte algo. ¿Ves eso de ahí abajo? Dijo señalando a la casa. “¿Ves a esa mamá y a esa niña?. Eres tú. Esta es tu historia antes de que te adoptaran esos papás que te quieren tanto.” 

-“¿Soy yo?” Dijo poniendo los ojos como platos. “Si soy yo… ¿Porqué no pude seguir allí? ¿Qué pasó para que me abandonara? ¡Era muy pequeña!. ¿Qué hice mal para que mi madre no me tuviera con ella? “.

-“Entiendo tu pesar, debe ser muy difícil pensar en ello. Es normal que te pongas triste y hasta un poco enfadada. Pero mira, mira ahí abajo. ¿qué más ves? Esa mamá está muy triste porque ha tenido que tomar una decisión muy difícil. Mira sus ojos, están vidriosos de tanto llorar. No puede cuidar de su pequeña”.

“¿Pero por qué?¿dónde está ella ahora?¿qué va a pasar con mi historia?¿porqué no pudo cuidarme? ¡Si me hubiese querido no me hubiera dejado!”.

Casi sin que pudiera terminar, empezaron a llover del cielo cientos de copos de nieve en forma de interrogante. Los había de muchos tamaños y formas. Unos más grandes y redondeados, otros más finos y con forma cursiva. Formaron de repente una tormenta de figuras que dejaron un enorme manto blanco en el suelo de ese misterioso lugar.

– El pequeño duende contestó: “No tengo respuesta para todas tus preguntas, pero tengo unas cuantas preguntas sin respuesta…¿Hasta cuando vas a sufrir por algo que quizás nunca sepas?¿Qué es peor, sufrir por lo que pudo haber sido y no fue, o disfrutar de lo que afortunadamente ha sido? No tenemos siempre un porqué a nuestro alcance para muchas de las cosas que ocurren. Un accidente que deja en silla de ruedas a alguien, un ser querido que se muere, un incendio que arrasa una casa, las guerras, el hambre, la soledad de muchas personas. En todas ellas, cuando sobreviene la desdicha, existen dos caminos: uno, el del lamento y la pasividad, el otro el de la aceptación y la lucha por seguir adelante. Tú no elegiste venir a este mundo, pero gracias a alguien que lo decidió por ti, hoy estás aquí. Y tienes la oportunidad de decidir cómo quieres que te acompañe tu historia.”

Mientras iba hablando la niña iba calmándose cada vez más y más. De repente, el elfo paró de hablar y señaló con el dedo hacia la ventana donde estaba la madre trabajando ese barro cada vez más endurecido. Martina y él pudieron observar como un rayito de sol, muy parecido al que entró por la ventana de la niña, hizo su aparición de forma repentina. La mujer, por primera vez sonrió mientras el rayito entraba en su retina y como si de un hechizo mágico de Navidad se tratara, comenzó a verse reflejado en el cielo un haz de luz que unía, de manera única, los ojos de Martina con los de aquella mujer. De su boca salió un pequeño susurro que decía “mi niña, se feliz allí donde estés”, mientras seguía con los ojos bien abiertos para no dejar escapar ni una pizca de esa luz que unía a las dos.

El timbre que anunciaba el final de la clase sonó. ¡Ya eran las cinco!.

-“Martina, despierta, que estás embelesada y ya es hora de marcharnos a casa”, le dijo Pedro, su compañero.

 La niña hizo un ademán como de despertar de un sueño ¿o quizás no lo soñó y fue cierto?. No lo sabremos, no tenemos respuestas para todas las preguntas. Pero siempre tendremos historias para contar en Navidad.

Por Conchi Martínez Vázquez