Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


Cuento de Navidad para esos niños y niñas que sueñan, por la gran Conchi

https://resilienciainfantil.blogspot.com/2018/12/cuento-de-navidad-para-esos-ninos-y.html?fbclid=IwAR2yEOePkYBtexxWIM5vz39OzZ_wMGLE4KX_njFEge3P4R0m5ChtQFvjiDM

Os invito a leer este cuento de Navidad que he escrito, distinto y a la vez tan mágico y entrañable como todas las historias que tienen lugar en estas fechas tan señaladas. Espero que os guste.

Dedicado, con cariño, a todos los niños y niñas adoptados:

Eran las 16.30 horas de un día cualquiera. Uno de esos días en los que la desgana se columpiaba dulcemente desde un extremo a otro de la clase, haciendo un guiño travieso que impedía prestar atención a la maestra. Sólo la alegría de saber que faltaban cinco días para las vacaciones de Navidad era lo único que despertaba una sonrisa a Martina. Solo cinco días y podría respirar, sin tener que hacer esos malditos deberes que no entendía, aunque lo intentaba hasta rabiar, por mucho que los profesores no se dieran cuenta de su esfuerzo.

-“Hoy leeremos un cuento de Navidad, ¿quieres empezar tú, Lucia? “, dijo la profesora.

Los ojos de Martina cobraron luz de repente. Le gustaba mucho escuchar cuentos. Le recordaba a su madre cuando cada noche, desde su llegada a casa, al ir a dormir le leía una historia. Contar cuentos es mucho más que contar historias, es dejar fluir la imaginación desde lo real a lo imposible, de la certeza a la fantasía. Lucía, su compañera, empezó a leer en alto una bonita historia que hablaba de unos pastores que caminaban perdidos en una tarde de diciembre cuando se dirigían a una aldea en busca de una estrella. Martina escuchaba atenta el relato, entre entusiasmada y curiosa. Su capacidad de atención, seriamente defectuosa para las tareas escolares, se veía asombrosamente desarrollada cuando algo le atraía.

Mientras escuchaba, un pequeño rayito de sol, que entraba desde la ventana que estaba a su derecha, se posó sobre su retina, deslumbrándola. Miles de luces doradas aparecieron en ese momento destelleando y atrapando a Martina en una especie de túnel monocromático en el que se vio transportada, como si de un largo tobogán dorado se tratase.

-“¿Dónde estoy? “, se preguntaba, mientras miraba de un lado para otro.

No había visto nunca ese lugar. Solo recordaba la intensa luz que entró en sus ojos y, de repente, ese extraño lugar. Se deslizaba sin hacer ningún esfuerzo hacia un remanso de luz que había a lo lejos. Cuando llegó por fin, se detuvo en una especie de haz de luz que parpadeaba tímidamente, y quedó allí sentada. Nunca había estado allí antes. A decir verdad, no era ni siquiera un lugar como los que ella conocía. Todo estaba a oscuras, salvo el haz de luz que hasta allí la trajo, y pensó ¿qué hacía ella allí?.

De repente, una especie de ventana con forma redonda se abrió, y poco a poco comenzó a deslumbrarse a lo lejos algo que semejaba ser una casa. Allí, en una de las estancias, había una cuna de madera, desgastada pero limpia. Una niña jugaba en su interior balbuceando cortos sonidos mientras sonreía ella sola al escucharse.  Su madre estaba en un rincón de la sala haciendo con barro una figura que parecía ser un jarrón. Sus ojos, tristes y apagados, apenas se abrían lo suficiente para mirar de reojo a la niña, mientras sus manos deambulaban por el barro sin llevar un certero ritmo. Sólo sujetaban levemente la figura que iba forjándose, pero que aún se encontraba por definir cómo sería su aspecto final. Su lánguida cara reflejaba pesar y tristeza.

-“¿Sabes quiénes son? “, le dijo a Martina una vocecita que escuchó por detrás de ella.

Se giró rápidamente y pudo ver una especie de pequeño duende con orejas de elfo, un gorro verde a rayas del que lateralmente caía un enorme pompón blanco, un pantalón rojo con cinturón y unas babuchas acabadas en punta.

-“¿Quién eres tú?”, gritó Martina sorprendida.

-“Soy Max, uno de los duendes de la Navidad. Siempre he vivido en tu mente desde aquella mañana en que tu mamá te trajo al mundo. Ella deseó cuando tú naciste que nunca te pasara nada malo y que la felicidad te acompañara. Y en ese momento surgí yo, para acompañarte en cada Navidad. No me has visto antes porque andas siempre un poco enfadada cuando se avecinan estas fechas. La rabia es mi enemiga y, aunque llevo nueve años intentando hablar contigo, no había sido posible hasta hoy. “

 – “¿Nueve años?, ¿llevas nueve años conmigo?, !Que cosas tan extrañas cuentas¡. ¿Seguro que no eres una pesadilla de esas que a veces me molesta por las noches? “.

-“Tranquila, estoy aquí para enseñarte algo. ¿Ves eso de ahí abajo? Dijo señalando a la casa. “¿Ves a esa mamá y a esa niña?. Eres tú. Esta es tu historia antes de que te adoptaran esos papás que te quieren tanto.” 

-“¿Soy yo?” Dijo poniendo los ojos como platos. “Si soy yo… ¿Porqué no pude seguir allí? ¿Qué pasó para que me abandonara? ¡Era muy pequeña!. ¿Qué hice mal para que mi madre no me tuviera con ella? “.

-“Entiendo tu pesar, debe ser muy difícil pensar en ello. Es normal que te pongas triste y hasta un poco enfadada. Pero mira, mira ahí abajo. ¿qué más ves? Esa mamá está muy triste porque ha tenido que tomar una decisión muy difícil. Mira sus ojos, están vidriosos de tanto llorar. No puede cuidar de su pequeña”.

“¿Pero por qué?¿dónde está ella ahora?¿qué va a pasar con mi historia?¿porqué no pudo cuidarme? ¡Si me hubiese querido no me hubiera dejado!”.

Casi sin que pudiera terminar, empezaron a llover del cielo cientos de copos de nieve en forma de interrogante. Los había de muchos tamaños y formas. Unos más grandes y redondeados, otros más finos y con forma cursiva. Formaron de repente una tormenta de figuras que dejaron un enorme manto blanco en el suelo de ese misterioso lugar.

– El pequeño duende contestó: “No tengo respuesta para todas tus preguntas, pero tengo unas cuantas preguntas sin respuesta…¿Hasta cuando vas a sufrir por algo que quizás nunca sepas?¿Qué es peor, sufrir por lo que pudo haber sido y no fue, o disfrutar de lo que afortunadamente ha sido? No tenemos siempre un porqué a nuestro alcance para muchas de las cosas que ocurren. Un accidente que deja en silla de ruedas a alguien, un ser querido que se muere, un incendio que arrasa una casa, las guerras, el hambre, la soledad de muchas personas. En todas ellas, cuando sobreviene la desdicha, existen dos caminos: uno, el del lamento y la pasividad, el otro el de la aceptación y la lucha por seguir adelante. Tú no elegiste venir a este mundo, pero gracias a alguien que lo decidió por ti, hoy estás aquí. Y tienes la oportunidad de decidir cómo quieres que te acompañe tu historia.”

Mientras iba hablando la niña iba calmándose cada vez más y más. De repente, el elfo paró de hablar y señaló con el dedo hacia la ventana donde estaba la madre trabajando ese barro cada vez más endurecido. Martina y él pudieron observar como un rayito de sol, muy parecido al que entró por la ventana de la niña, hizo su aparición de forma repentina. La mujer, por primera vez sonrió mientras el rayito entraba en su retina y como si de un hechizo mágico de Navidad se tratara, comenzó a verse reflejado en el cielo un haz de luz que unía, de manera única, los ojos de Martina con los de aquella mujer. De su boca salió un pequeño susurro que decía “mi niña, se feliz allí donde estés”, mientras seguía con los ojos bien abiertos para no dejar escapar ni una pizca de esa luz que unía a las dos.

El timbre que anunciaba el final de la clase sonó. ¡Ya eran las cinco!.

-“Martina, despierta, que estás embelesada y ya es hora de marcharnos a casa”, le dijo Pedro, su compañero.

 La niña hizo un ademán como de despertar de un sueño ¿o quizás no lo soñó y fue cierto?. No lo sabremos, no tenemos respuestas para todas las preguntas. Pero siempre tendremos historias para contar en Navidad.

Por Conchi Martínez Vázquez

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Jordi Diz, cuando la vida te regala personas

http://jordidiz.com/

 

Renéixer

HOLA, EM DIC JORDI

L’any 2007 (tenia 27), al matí, quan estava a punt d’arribar a la feina, un cotxe es va creuar davant meu, i jo, que anava en moto, a uns 90km / h, vaig acabar sobre l’asfalt. Vaig lliscar uns 20 metres; fins que el meu cap va colpejar contra un element fix de la calçada.Una ambulància em va recollir del terra i em va traslladar a l’Hospital de Bellvitge on em van fer la primera avaluació.

Resultat:
Politraumatisme: vértebras C1, C7, contusió pulmonar, ròtula i escafoides.
TGC traumatisme cranioencefàlic greu.
LAD Lesió axonal difosa

EL COMA
16 dies en coma GCS Glasgow Coma Scale = 8..
Sedat, conectat a una màquina per respirar i amb un tub al crani per regular la presió del cervell.Quan vaig despertar…Quan vaig despertar tenia els ulls oberts, gairebé no podia parlar, no em podia moure gens… De les primeres setmanes a la meva memòria només hi ha visions borroses.

Després del coma, em van traslladar a l’Institut Guttmann,
centre neurorehabilitador.
El lema de Guttmann diu:
AJUDANT A COMENÇAR NOVES VIDES.

Ingresso a mitjans de febrer i rebo l’alta a finals de juny, amb alguna de les fractures encara per consolidar i, com a conseqüència del traumatisme i dany cerebral, amb seqüeles a nivell cognitiu i emocional i una hemiparèsia de l’hemisferi esquerre.

Hemiparèsia hemisferi esquerre: alteracions en la coordinació, la força, els reflexos, l’equilibri, la sensibilitat …

PRIMERA SENSACIÓ. INSTITUT GUTTMANN

En prendre consciència sobre la gravetat de la situació i tenir en compte les perspectives de futur la meva principal sensació va ser de tristesa. Tristesa absoluta. Tanta que, durant uns dies, abans de dormir, esperava no despertar: no volia viure tot el que m’estava passant.Van ser uns mesos durs, molt durs. Vaig acabar per no voler visites i no vaig fer amistats, de manera que la solitud em va acompanyar fins a l’últim dia.

DESPRÉS DE GUTTMANN

Un fisioterapeuta m’acompanya encara com a pacient en una excursió a la ciutat i durant el dia comprova quin és el meu nivell d’autonomia. Dies després vaig rebre l’alta i vaig continuar la rehabilitació en un centre assistencial de la meva ciutat.Des del dia que em vaig acomiadar de Guttmann, no he deixat de millorar; ni un de sol. El secret? treballar i treballar.

A partir d’aquí tot passa a dependre de mi.

Tornar a casa i començar de 0

PERSPECTIVES DE FUTUR

Les meves perspectives de futur són ben simples: aprendre cada dia a ser millor persona que ahir i gaudir amb alegria dels resultats.Aquest vídeo pot ser un bon exemple del resultat de l’esforç i del goig de sentir/ viure els seus resultats. Veure’l permet entendre el títol triat pel bloc: Renéixer.

Més i millor:


‘El chico a quien criaron como perro’

https://www.playgroundmag.net/now/el-chico-perro_22646396.html

Tina, de 7 años, ha sido violada en repetidas ocasiones.

Shandy, de 3, es la única testigo de un cruel homicidio que acabó con la vida de su madre.

Laura, de 4 años, se desnutre en una cama de hospital como reacción a la absoluta falta de afecto materno.

Leon es un adolescente manipulador, ha violado y matado brutalmente a unas chicas, y además le gusta alardear de ello.

El pequeño Justin no tiene cuna, sino jaula; su padre lo cría cual perro.

Y un grupo de niños y niñas temen enfrentarse al mundo real, después de haber sido atemorizados por la sangrienta secta en la que crecieron.

Estos son sólo algunos de los nombres y algunas de las historias que se recogen en el libro El chico a quien criaron como perro (Capitán Swing). Un diario de psiquiatría infantil firmado por Bruce Perry y Maia Szalavitz en el que Perry recuerda su trabajo con 10 de los casos más significativos que han pasado por su consulta.

Un cuaderno de atrocidades que sólo a veces, y con paciencia, tienen final feliz

Donde decimos significativos, nos referimos a tremendos. A los casos más extremos de menores que han sufrido traumas siendo aún muy pequeños y cuyo crecimiento personal, intelectual e incluso físico se ha visto afectado por sus vivencias.

Este cuaderno de atrocidades, con el que no habrá capítulo donde el lector no se sienta zarandeado, es en realidad una crónica de la inocencia interrumpida; un estudio del cerebro infantil y de cómo ciertas situaciones creadas por los adultos que rodean al niño, pueden convertir a este en una máquina sin sentimientos, en un obseso sexual, en una víctima de la anorexia, en un desconfiado o en una mente irreparable.

 

O en palabras de Bruce Perry, cuando no puede hacer nada ante casos como el de Leon —tan joven, tan falto de sentimientos, tan cruel y poco arrepentido de haber destrozado la vida de dos chicas de su edad—: “soy dolorosamente consciente de lo mucho que nos queda por averiguar”.

El propósito de Perry en estos textos es el de hacernos ver la importancia del cariño y el afecto para con nuestros hijos, así como la eliminación de los tabúes cuando hablemos con ellos, o la insistencia en tratar los problemas una vez, no dejarlos para el día siguiente, ir a la raíz para encontrar el daño y repararlo antes de que sea tarde.

Porque al contrario de lo que muchos piensan, en sus primeros años de vida los niños saben más de lo que parece. Sólo a través de gestos, tonos de voz o costumbres, un bebé puede intuir si el adulto lo cuida, si el entorno es seguro o si existe peligro.

«Déjame ver si lo  he entendido bien —empecé—. Una niña de tres años presencia cómo violan y después matan a su madre. A ella misma le hacen cortes en el cuello y la dan por muerta.

»Se queda sola en su casa junto al cuerpo sin vida de su madre durante once horas. Después la llevan al hospital, donde le curan las heridas que tiene en el cuello.

»En el hospital, los médicos recomiendan someterla a tratamientos y evaluaciones continuas de salud mental, pero, una vez le dan el alta la envían a una casa de acogida bajo tutela estatal.

»Los SPI que se ocupan de su caso no consideran que necesite la ayuda de un profesional de la salud mental, de modo que a pesar de las recomendaciones de los doctores no recibe ninguna clase de ayuda.

»Durante nueve meses, la niña va de una casa de acogida a otra sin recibir ningún momento cuidados terapéuticos o psiquiátricos, y nunca se comparten los detalles de sus experiencias con las familias de acogida porque la niña debe permanecer escondida. ¿Es así?»

El desamparo, la falta de afecto, nuestro empeño en pensar que un niño tiene toda la vida por delante y que “ya lo superará”. Bruce Perry derriba mitos y nos pone contra las cuerdas como lectores —y como padres— enseñándonos la parte más oscura de su trabajo, para que nos demos cuenta también de cuál es nuestra parte de culpa.

Lo más llamativo y lo que al final resulta más conmovedor e incluso indignante de El chico a quien criaron como perro, son las historias que no se cuentan.

Bruce Perry nos enseña cómo detener al trauma, aunque lo que de verdad quisiera es enseñarnos cómo evitarlo

Al fin y al cabo, aunque Perry explora y retrata aquí distintas capas de la sociedad estadounidense, lo que narra no dejan de ser historias del primer mundo, muchas de ellas aisladas y casi todas excepcionales.

Si ellos, desafortunados chicos blancos nacidos en familias blancas de clase media, son capaces de sufrir tantísimo dolor, ¿qué no serán capaces de sentir los niños que a diario se enfrentan al hambre, a la desigualdad, al terrorismo e incluso a la guerra?