Anna Forés Miravalles

Per seguir somiant


ES BUENO SER DIFERENTE [CORTOMETRAJE]

 

http://estudiosencomunicacion.blogspot.com.es/2017/08/es-bueno-ser-diferente-cortometraje.html

Quizá no eres lo que esperaban, quizá no eres como quieren, pero ¡Qué bello es ser diferente! El cortometraje Farmony nos presenta una realidad interesante ¿Qué pasaría si pudiéramos sembrar nuestra música? El agricultor, protagonista del video, se topa con una nota musical que resultó “defectuosa”, pero poco a poco descubrirá lo bonito de que sea distinta.

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Puede ser que notes algunos detalles imprecisos sobre la música y su ejecución, pero toma en cuenta que su directora, Jiyoon June Park, era una estudiante cuando realizó Farmony, nombre del corto ¡Una universitaria a la mitad del camino! Lo importante es su mensaje, disfrútalo.

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Si quieres ver el corto completo, da clic aquí.
Si deseas consultar más sobre la directora, acá está su blog.

Aquí te dejamos una versión del corto

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2F745116478913861%2Fvideos%2F1402147346544101%2F&show_text=0&width=560

Ficha técnica:

Título: Farmony
Director: Jiyoon June Park
ProducciónRingling College of Art and Design
Año: 2015
País: Estados Unidos
Música: Erez Koskas
Voz: Erez Koskas, Kevin Temmer
Faculty Adviser: Heather Thomson
Pre-Production Instructor: Billy Merrit
Visual Development Adviser: Jonathan Di Venti
Hardware: HP Workstations
Software: Maya, Renderman, Z-brush, Nuke, Photoshop, Premiere

Video completo: https://youtu.be/D_bXsETjB6M

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ABC del apego

 

 

http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/2013/10/abc-del-apego.html

A-P-E-G-O. Juego de letras que se traduce en un sentimiento afectivo que indica que alguien desea estar con otro alguien, que ama a esa persona, que la necesita para sentirse bien. Pero sobre todo, y principalmente, que esa persona ofrece unos cuidados y protección que reconfortan y protegen.

 

En otra entrada hablábamos de la diferencia entre vínculo y apego (si quieres leerla pincha encima) señalando que sólo se puede hablar de apego si hay una búsqueda de protección y se proporciona la sensación de seguridad y bienestar.

 

Es frecuente oír “este niño está muy apegado a su madre” cuando observamos que llora desesperadamente si su mamá se marcha, o cuando la elige de manera única para que sea quien le vista o le dé de comer. También es fácil encontrarnos expresiones del tipo “esta niña es una desapegada, no quiere nunca que le digamos nada y va a su aire, es muy suya” cuando la pequeña siempre evita hablar y decir  lo que le pasa cuando se frustra. ¿Son iguales los apegos de los dos niños? Claramente no.

 

Como si estuvieran entremezclados entre sí, indivisibles, dos conceptos se interrelacionan inevitablemente, las conductas de apego y la respuesta del cuidador/a.

 

La conducta de apego es un sistema innato del cerebro que evolucionó para dar seguridad al niño. Éste buscará la proximidad del progenitor, recurrirá a él como refugio seguro cuando sienta malestar para ser consolado e internalizará la relación con el cuidador/a como un modelo interno de base segura. Llorará, sonreirá, echará los brazos hacia el adulto.

 

¿Y la respuesta del cuidador/a?.

 

He ahí la cuestión…

El ABC del apego

Hay tres aspectos básicos a la hora de entender cómo se genera el apego y cómo se establecen los vínculos entre los padres e hijos (Sieguel & Hartzell, 2004):

(Attunement): Sintonía, resonar con. El estado interno del padre/madre está alineado con los de su hijo. Esto suele acompañarse de señales no verbales observables y contingentes.

 

B (Balance). Equilibrio, regulación. El niño se equilibra y regula en su cuerpo, emociones y estados mentales a través de la sintonía con el progenitor.

(Coherencia). El sentido de integración que el niño adquiere a través de la relación con el progenitor hará que se sienta internamente integrado y en conexión con los demás.

 

SINTONIA:

 

El estado interno de los progenitores se encuentra en sintonía o alineado con el del del hijo. Podemos decir que su equivalente es la disponibilidad emocional, que tiene que ver, por una parte, con la sensibilidad (capacidad del cuidador de identificar las necesidades del bebé) y la accesibilidad (estar disponible). A veces no se dan las dos cosas. Por ejemplo, se puede tener la sensibilidad de saber que el bebé necesita en ese momento que le cojan  o que le cambien el pañal, pero no darse la disponibilidad o que no sea ésta consistente.

Cuando se está repetidamente no disponible y se rechaza al niño, éste se adapta a evitar la cercanía y la conexión emocional con el cuidador/a. O por ejemplo, si  el adulto interpreta las señales del niño en función de “su propio estado”, generará confusión en el niño, quien tendrá dificultades para diferenciar entre lo que siente y lo que le “dicen que siente”.

Los cuidadores  sensibles tienden a sintonizar sus respuestas para modular los estados emocionales del niño. Durante las interacciones entre madre e hijo, es frecuente que la madre imite las demostraciones de emoción con la intención de modular o regular lo que siente el niño.   La función reflexiva (capacidad para imaginar y pensar acerca de los estados mentales, tanto en uno mismo como en los demás) permite a los cuidadores distinguir entre sus propios afectos, pensamientos, sentimientos y los de su hijo. Si los cuidadores tienen suficientemente desarrollado esta capacidad, manejarán y regularán mejor los afectos negativos del bebé.

 

EQUILIBRIO:

 

El niño equilibra y regula su cuerpo, las emociones y los estados mentales a través de la sintonía con los progenitores. El adulto lo hace reconociendo adecuadamente el estado emocional de su hijo y entonando afectivamente con él. Identificando este estado y poniendo en palabras lo que al niño/a le pasa y dándole una respuesta apropiada. Esto le ayudará a desarrollarse tanto afectiva como intelectualmente.

El cuidador/a seguro ayuda al niño/a a poner nombre a estas emociones por lo que cuando se presenten podrá identificar una amplia gama de dichas emociones y serán más capaces de reconocerlas a su vez en los otros. El reflejo por parte de las madres (mirroring) de las experiencias subjetivas del niño ha sido reconocido por diversos autores como una fase clave en el desarrollo del self del niño.

 

El cuidador recibe las expresiones de emoción del niño y se las devuelve de tal forma que este pueda hacerles frente e ir construyendo el significado de sus propias sensaciones y la consecuencia que pueden tener. Consiste en que la madre (que tiene la mente de su hijo en cuenta) manifieste su atención y empatía por él con expresiones faciales y verbales acordes al afecto experimentado por el niño.

Si los cuidadores responden sólo a la expresión y vivencia emociones de malestar, enfado, miedo, etc. ignorando la afectividad positiva enseñan al niño a focalizar la atención en los afectos negativos, amplificando su importancia e influencia. La relación será lo importante para el niño y con ello se limita su posibilidad de explorar el mundo.

 

COHERENCIA:

 

El sentido de integración, de coherencia interna, que el niño/a adquiere a través de la relación con sus cuidadores hará que se sienta integrado y en conexión con los demás.Sentir malestar, miedo y ansiedad es un estado mental, pero si la respuesta del cuidador es sensible, identifica la causa que lo provoca y responde dándole seguridad, el niño integrará un modelo de relación coherente, consistente entre sus estados mentales y la respuesta obtenida.

Por el contrario, si de manera continuada se vuelven a reproducir una y otra vez situaciones similares de miedo o malestar no satisfechas, el niño sentirá que algunas de sus emociones pueden ser peligrosas. En ese estado la respuesta de la madre o el padre de no reforzar, no consolar, o de rechazo genera en el niño un autoconcepto negativo. Además de interiorizar que la conexión con otros genera ansiedad.

En ocasiones la conducta de los cuidadores es fuente de desorientación y/o miedo cuando estos muestra de manera continuada estar emocionalmente desbordados, asustados o funcionan de un modo caótico. En lugar de un refugio seguro, el cuidador es fuente de alarma y confusión para el niño, colocándole en una paradoja biológica. El sistema biológico de apego está programado para motivar al niño a buscar proximidad, recurrir al progenitor en momentos de malestar para ser consolado y protegido. ¡Pero el niño está aquí atrapado en una paradoja porque escapar de lo que nos genera miedo o alarma también es un mecanismo biológico!.

¿Cómo puede entender el/la niño/a que cuando llora el cuidador/a se levanta, va hacia él/ella dispuesto a parar su llanto intenso, le coge con brusquedad y le chilla porque le está molestando? ¿Coherencia?.
Al llegar el cuidador/a el/ella, siente primero alivio, para luego expresar más malestar ante la brusquedad de éste/a, lo cual a su vez genera una respuesta alterada del niño/a que extrema la conducta del progenitor, retroalimentándose y potenciándose más que regulándose la activación de ambos.

Según Fonagy (2003), si no se establece un vínculo afectivo seguro, los niños no lograrán desarrollar su propia capacidad para mentalizar y tendrán dificultad para discernir sus propios estados mentales o los estados mentales de los demás. Sin esta capacidad de mentalizar es difícil ser empático.

ABC… aprendamos la lección y será más fácil leer el idioma universal del apego.


El fracaso, esa cosa tan buena

 

El fracaso, esa cosa tan buena
Fracàs/Èxit (Oriol Malet)

La reivindicación del fracaso es el eje de un ensayo del filósofo francés Charles Pépin que ya ha sobrepasado en su país los 50.000 ejemplares vendidos ensalzando algo que el común de los mortales intentamos evitar: que las cosas nos salgan mal.

Las virtudes del fracaso, publicado ahora por Ariel, es a la vez un contradiscurso alternativo a la agobiante exigencia de éxito en el capitalismo competitivo pero, por otro lado, también puede leerse como un ensalzamiento de los valores liberales del macronismo, es decir, construirse a uno mismo extrayendo fuerza de los golpes recibidos sin perder la sonrisa, una especie de ética empresarial aplicada a la vida cotidiana. Eso sí: cualquier parecido con la realidad política catalana es mera coincidencia.

Pépin, que contesta a este diario por correo electrónico, analiza multitud de casos de personas célebres, tenidas por triunfadores, que cosecharon antes estrepitosos fracasos. “Los animales no pueden fracasar –observa–, la araña siempre teje bien su tela y el pájaro construye un buen nido. El instinto les dicta todo lo que hacen. Fracasar es aquello que nos hace humanos. Hay victorias que solo pueden obtenerse perdiendo batallas. Lo que recomiendo, en puridad, es cambiar nuestra mirada sobre el fracaso”.

Además de profesor de instituto, Pépin es asesor de directivos y ha observado una diferencia fundamental entre las empresas anglosajonas y las mediterráneas. “En Silicon Valley se elogia el fail fast (fracasar deprisa) y buscan sobre todo emprendedores que hayan obtenido lecciones de sus errores. Así piensan en EE.UU –no olvide que América fue descubierta gracias a un error–, Gran Bretaña, Finlandia o Noruega.

Son países que premian la audacia, el atreverse a hacer algo. Los europeos del sur, en cambio, estigmatizamos el fracaso, arruinarse es un hándicap muy difícil de remontar, incluso nuestras leyes limitan el crédito a una persona que ha tenido quiebras. Fracasar, en España o Francia, significa ser culpable. Pero el error es la única manera de aprender”. Sin embargo, el autor advierte que “también se da un exceso de la visión anglosajona, presentando el fracaso como algo que puede superarse meramente con perseverancia y voluntad. Eso es olvidar que la primera virtud del fracaso es recordarnos los límites de nuestro poder”.

“Nuestros métodos educativos latinos están equivocados –apunta el ensayista–, la clase magistral es un error. Finlandia, líder en todos los baremos de educación, adapta el ritmo de las clases a sus alumnos, da hasta los 9 años para aprender a leer, no pone notas hasta los 11, tiene programas flexibles y otorga una enorme libertad a cada profesor”.

Pépin recorre numerosos ejemplos de fracasos que se convirtieron en éxitos, desde la tarta Tatin a las cápsulas Nespresso (que se estrellaron primero como oferta para restaurantes y oficinas) pasando por el champán, el velcro o los post- it.

Para el ensayista francés, “el fracaso es además una buena escuela de vida, pues te vuelve más humilde, empático, sensible a la complejidad humana. Inmuniza contra la arrogancia, el ego inflado y el dogmatismo”.

Pero ¿cómo establecer qué es un fracaso? ¿No es, acaso, un concepto relativo? “Yo propongo –responde Pépin– una definición válida en todos los dominios: lo hay cuando se produce un desencuentro entre nuestro proyecto y lo real y lo vivimos mal, nos hace sentir heridos o humillados”. Cita el caso del cineasta Jean Luc Godard, que lamentaba ser “reconocido por sus películas fáciles, y no por las políticas”.

¿En qué ha fracasado Pépin, por cierto? “Mis sentimientos más intensos al respecto se remontan a la infancia, cuando no me atrevía a abordar a aquellas personas que me fascinaban, que me gustaban, por timidez. Al final, comprendí que es más fácil aceptar el fracaso si por lo menos has osado, lo peor de todo es fracasar por no atreverse”.

El director teatral Lluís Pasqual, paradigma del éxito, confiesa que “hace veinte años, le habría respondido que no, que no he fracasado nunca, pero ahora, repasando mi vida, creo que sí. No he tenido demasiados pero es que una cosa son los fracasos cara al público y otra cara a ti mismo. Yo hice un Julio César que fue un succès d’estime pero que yo viví como un profundo fracaso, sentí una gran vergüenza. Me hundí y, para al siguiente espectáculo, tuve que cambiar la piel, afrontarlo de un modo muy diferente. Es como los niños: si no se caen, no pueden aprender a no caerse. Lo mismo”. “Tal vez la gente no lo vio así –prosigue– porque allí estaba el texto de Shakespeare, unos buenos intérpretes… pero yo sé que allí no había alma, era todo cerebral, no me había bajado a las tripas, me sentía como un mero guardia urbano, dirigiendo el tráfico, sin haber aportado nada mío, tú no te puedes engañar”.

Resalta que, frente a otras disciplinas, “el teatro no admite que aparques algo que no te gusta, una vez empiezas a ensayar no hay marcha atrás, tienes que estrenar algo, no puedes destruir el cuadro, quemar el libro o hacer otro montaje de la película”. Dice envidiar solamente “a los directores de orquesta y a los pianistas, capaces de hacer cosas bellas que yo no sé hacer”.

Por su parte, el escritor Sergio del Molino, que acaba de publicar la novela La mirada de los peces, cuenta que “tengo varias obras fracasadas, libros que no han vendido nada, ni un clavel, como todo el mundo. Esto es una carrera de largo aliento y nadie ha nacido con una flor en el culo. De todos modos, este debate es impostado porque del fracaso solo se puede hablar desde el éxito, sería insultante llamar a alguien que está en el fracaso absoluto para preguntarle qué se siente”.

Del Molino no coincide con las tesis de Pépin pues “no tengo claro el prestigio didáctico del fracaso, fundamentalmente es una putada, luego lo puedes racionalizar de mil formas y levantarte, pero en esencia es algo indeseable para cualquiera, esta retórica épica de ensalzamiento del fracaso yo no me la trago, me suena a autoayuda, no tiene un armazón intelectual sólido. Es también una forma de consuelo en una sociedad en que el éxito esta muy banalizado y hay muchísima presión para conseguirlo, este es un mundo muy cruel para quien no lo consigue rápidamente y de una forma contundente”.

“Tengo libros rechazados –continúa– o libros en los que yo tenía fe y que no tuvieron la menor repercusión. Y no sé si he aprendido algo de ellos, más allá de algo tan obvio como que eso no funciona y que no debo seguir por ese camino. Eso no significa que tu proyecto fuera erróneo, el fracaso tiene que ver con circunstancias que no tienen que ver contigo, a veces es una cuestión de mera suerte”. Para él, “tirar novelas a la basura no se puede llamar fracaso, este oficio requiere ensayo y error y equivocarse mucho al principio.

Partimos del ego del artista, nos creemos geniales y nos cuesta aceptar que no lo somos, que somos unos aprendices que estamos intentando dominar un oficio y que hasta que no lo hagamos todo lo que produzcamos va a ser una basura. La gente cree que ha llegado a una meta cuando ni siquiera caminan. Aprender es muy duro para el ego, te exige admitir que no eres el genio que creías ser”.

El escritor mexicano Juan Villoro acaba de publicar el ensayo La utilidad del deseo (Anagrama), un compendio de escritos sobre literatura. “Hay grandes novelistas, pienso por ejemplo en los clásicos rusos, de Dostoievski a Tolstoi, que no se explican sin el fracaso –explica, en un hotel barcelonés–, no en vano los grandes poemas de amor los escriben gente rechazada por el objeto de su pasión”.

Pese a todo, ¿por qué nadie quiere fracasar? “Porque vivimos una visión culpabilizante del fracaso –responde Pépin–, asimilamos haber fallado con ser un fracasado. La vida, en cambio, nos muestra que fracaso y éxito suelen coexistir, a menudo en un mismo acto. Lo mejor es la frase de Samuel Beckett: ‘Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor’. Porque fracasar cada vez mejor es ya un éxito”, apunta.


3er Ateneo Intl. Edu1st: “VESS Empodera, Transforma e Impacta”

 

Espacio en donde los Colegios pertenecientes a la Red VESS, compartirán experiencias, aprendizaje, impacto, aporte y perspectivas construyendo una Cultura de Pensamiento VESS e implementando el Pensamiento Visible (VT), la Teoría de las Restricciones (TOC), Hábitos de Mente (HM) y otras múltiples estrategias que construyen una vida Equilibrada con Sentido y Sabiduría VESS.

https://www.facebook.com/events/1072172676221656/?acontext=%7B%22source%22%3A108%2C%22action_history%22%3A%22[%7B%5C%22surface%5C%22%3A%5C%22post_page%5C%22%2C%5C%22mechanism%5C%22%3A%5C%22surface%5C%22%2C%5C%22extra_data%5C%22%3A[]%7D]%22%2C%22has_source%22%3Atrue%7D&source=108&action_history=[%7B%22surface%22%3A%22post_page%22%2C%22mechanism%22%3A%22surface%22%2C%22extra_data%22%3A[]%7D]&has_source=1&fref=nf


Del blog wonderuni creando un AMABILIGRAMA Y UN AMABILIMÓMETRO

 

https://augustuni.blogspot.com.es/2017/10/creamos-un-amabiligrama-y-un.html

Hace poco se publicó en el blog del proyecto colaborativo #soyxqsomos un post titulado  “evaluación no calificativa”, contaba el proceso que llevo a cabo con mis estudiantes para evaluarlos y para que entiendan ese proceso y sean participes, es decir, para que la evaluación sirva para mejorar su trayectoria no simplemente para poner una nota. Pues bien, la siguiente fase que llevo a cabo es la de construir una rúbrica con ellos, que puede ser de casi cualquier cosa,  en este caso hemos creado una rúbrica para evaluar el grado de amabilidad de los compañeros de colegio de August, los ítems salieron de una lluvia de ideas en torno al tema. La rúbrica es muy sencilla, pero es el primer paso para que entiendan rúbricas más elaboradas. Después con los datos elaboramos el gráfico de resultados.

Os dejo los productos finales  y, por supuesto, el vídeo del proceso.

AMABILIMÓMETRO

AMABILIGRAMA